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martes, 3 de febrero de 2015
Un pacto antiyihadista y probipartidista
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miércoles, 7 de mayo de 2014
Hooligans del Tratado de Libre Comercio EEUU-UE
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martes, 11 de marzo de 2014
Una propuesta de gobierno de concentración como síntoma de la crisis del régimen del 78
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domingo, 14 de julio de 2013
A buenas horas mangas verdes (o la ruptura de Rubalcaba con el PP)
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martes, 2 de julio de 2013
PP y PSOE: distintos pero iguales
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sábado, 22 de junio de 2013
La hora del sacrificio de los políticos
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miércoles, 12 de junio de 2013
Bipartidismo al servicio de la troika
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viernes, 31 de mayo de 2013
Un gran pacto de Estado para salvar el caduco régimen de 1978
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Transición modélica
jueves, 25 de octubre de 2012
Diccionario de la Crisis: bipartidismo
bipartidismo.
[*] Definición basada en el artículo de Pablo Iglesias Turrión: "Galicia y el efecto Syriza". Público, 22 de octubre de 2012.
1. m. Turnismo entre dos opciones políticas que mantienen consensos sobre los asuntos fundamentales. Ese turnismo se basa en que, hasta cierto punto, el centro-izquierda y el centro-derecha pueden gobernar de manera diferente sin alejarse de las pautas de un orden económico diseñado por sus dueños; lo que antaño se denominaba, sin temor, la clase capitalista.*
[*] Definición basada en el artículo de Pablo Iglesias Turrión: "Galicia y el efecto Syriza". Público, 22 de octubre de 2012.
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Diccionario de la Crisis
martes, 11 de septiembre de 2012
Una entrevista como Dios manda
La reciente entrevista de Mariano Rajoy en TVE no ha pasado de ser una operación de limpieza de imagen de un Gobierno duramente tocado por el descrédito ante la opinión pública. En contraste con la benevolencia de las cuestiones planteadas, se ha echado en falta preguntas relacionadas con la realidad que sufre la población en los tiempos actuales.
Algo no funciona bien en España cuando el simple hecho de que su presidente conceda una entrevista sea presentado ante la sociedad como todo un acontecimiento. Lo que tendría que ser un ejercicio periódico de transparencia hacia la ciudadanía ha quedado reducido a un triste paripé de respuestas ambiguas a preguntas que parecían seguir un guión preestablecido[1].
Algo no funciona bien en España cuando el simple hecho de que su presidente conceda una entrevista sea presentado ante la sociedad como todo un acontecimiento. Lo que tendría que ser un ejercicio periódico de transparencia hacia la ciudadanía ha quedado reducido a un triste paripé de respuestas ambiguas a preguntas que parecían seguir un guión preestablecido[1].
Poco podía esperarse de este presidente poco amigo a dar la cara, más aún en una entrevista realizada en su propia cancha, en una televisión modelada según sus intereses a golpe de despidos y destituciones[2]. Como tal, el telespectador se encontró ante una edulcorada autopromoción del presidente, muy en la línea de los planes de mejora de imagen recientemente anunciados por su partido[3]. Tampoco podía esperarse mucho más de un elenco de periodistas de perfil similar -unos más escorados al neoliberalismo del Gobierno, otros a su sucedáneo socioliberal, el del PSOE- que, como mucho, se atrevieron a plantear la cuestión del reiterado incumplimiento del programa electoral del PP, sin profundizar en ello.
El rescate, supuestamente el tema estrella de la entrevista, ha dejado de ser repentinamente una amenaza sobre la ciudadanía para convertirse en una intrascendental elección a manos del presidente, un asunto sobre el que finalmente no aclaró nada. Por lo demás, no se plantearon temas realmente importantes como hubieran sido la actual destrucción por decreto de la sanidad y educación públicas; la creciente pobreza que ya afecta a uno de cada cuatro españoles[4], mientras la fractura entre ricos y pobres es cada vez mayor; o la inutilidad de una amnistía fiscal que, además de profundamente injusta, estaba desde el principio abocada al fracaso[5]. También se echó de menos que alguien le preguntase por la motivación real de una reforma laboral que sólo sirve para facilitar el despido, por mucho que el presidente Rajoy insistiera en la entrevista de que se trata de un "instrumento decisivo". Tan decisivo que la Organización Internacional del Trabajo anunció recientemente que España ha batido el récord mundial de paro que, presumiblemente, mantendrá al menos hasta el 2015[6].
Ninguna pregunta referida a Bankia ni a su compañero de partido Rodrigo Rato. Ningún entrevistador sugirió nada acerca de depurar responsabilidades ante todo lo que está cayendo. Nadie cuestionó que este Gobierno parezca mantener la tradición de otorgar puestos de responsabilidad a dedo[7]. El corporativismo brilló por su ausencia ante el hecho de que ninguno de los periodistas aprovechase la ocasión para quejarse de la descarada purga de periodistas en RTVE, que continúa hasta día de hoy[8].
La moraleja de Rajoy es que los españoles "no entienden" lo que hace el ejecutivo. Efectivamente, resulta difícil de entender lo que no se explica, lo que contradice promesas previas a las elecciones, lo que convierte un programa electoral en un simple folleto de supermercado. Resulta imposible entender tantas cosas en este país de la falta de transparencia, como los motivos por los que hay privilegiados que se libran de los recortes mientras la situación de muchas familias es cada vez más insostenible. Igualmente es imposible entender la falta de soberanía del Estado español, plegado a las exigencias de la banca europea y, desde hace unos días, a las de una multinacional del juego[9]. Lamentablemente, a ninguno de los cinco periodistas se le ocurrió -o autorizó- a plantear tales cuestiones.
[1] "Rajoy da la cara en televisión". Público, 10 de septiembre de 2012.
[2] "‘The Guardian’ destaca las “purgas” del Ejecutivo de Rajoy en RTVE". El Plural, 6 de agosto de 2012.
[3] "El PP anuncia una campaña surrealista para hacer cómplices de los recortes a sus víctimas". Público, 18 de agosto de 2012.
[4] "La pobreza extrema se acentúa en España: Una de cada cuatro personas en España roza el umbral de la pobreza". 9 de septiembre de 2012.
[5] "La amnistía fiscal de Rajoy fracasa y tan sólo logra recaudar 50 millones". Noticias de Álava, 10 de septiembre de 2012.
[6] "España bate el récord mundial de paro, según el Financial Times Deutschland". ABC, 10 de septiembre de 2012.
[7] "Hijos, hermanos, cuñados… el Gobierno tira de la familia para los altos cargos". El Confidencial, 18 de marzo de 2012.
[8] "TVE se 'desayuna' a tres tertulianos progresistas". Público, 10 de septiembre de 2012.
[9] "Soria abre la puerta a cambios legales para acoger Eurovegas". Levante, 10 de septiembre de 2012.
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domingo, 19 de agosto de 2012
Mendigos de la credibilidad
El anuncio, por parte del Gobierno, de una campaña informativa en la que explicaría los motivos de los recortes que lleva aplicados durante la presente legislatura se puede interpretar como un desesperado intento de salvar la poca credibilidad que le queda ante la ciudadanía.
Evocando quizás a Santa Teresa de Jesús en los momentos posteriores a sus famosos éxtasis, el presidente Mariano Rajoy exclamaba solemnemente que "los seres humanos somos sobre todo personas, con alma y con sentimientos, y esto es muy bonito y me reconforta mucho"[1]. Quizás, consciente de la constante bajada de credibilidad de su Gobierno, aquel momento transcendental pudo servirle de inspiración para la singular campaña de imagen que el Partido Popular pretende lanzar en septiembre, en la que básicamente apelará al alma y los sentimientos de los ciudadanos para pedirles su "complicidad" con las medidas tomadas hasta ahora y las que quedan por tomar[2].
La estrategia prevista para la mencionada campaña pasaría por reunirse con los sectores y organizaciones afectados por las reformas del Gobierno, explicarles los contenidos de aquéllas, los motivos que llevaron a su aplicación y, por supuesto, pedirles su colaboración. En otras palabras, el Partido Popular, consciente del desgaste que le están suponiendo todos los recortes, pretende convencer a los más ingenuos de que se va por el buen camino a base de repetir la retahíla del "no queríamos, pero no quedaba más remedio que hacerlo" a la que se añadirá la coletilla de la necesidad de "tapar los agujeros que han dejado los socialistas con el señor Rubalcaba a la cabeza"[3].
No sería de extrañar que la campaña de imagen transmutara hacia una campaña de ataque, quizás preventivo, al sempiterno rival. No en vano, otra de las declaraciones que acompañaba al anuncio de esta campaña sostenía que "es posible convertir la pendiente de decadencia de los gobiernos del PSOE en una pendiente de prosperidad"[4]. Para estos señores del Gobierno parece ser que el mejor modo de superar un momento extremadamente crítico como el actual, en el que el Estado está a las puertas de un rescate total, pasa por hacer oposición a la oposición. De hecho, llama la atención que los ataques no sean hacia el responsable del anterior ejecutivo, Rodríguez Zapatero, sino contra el actual líder del Partido Socialista.
En definitiva, nos encontramos ante un desesperado intento de salvar la imagen del partido, a base de utilizar las tácticas de siempre: culpar a los demás. El argumento de la mayoría absoluta, que permite hacer y deshacer al antojo de quienes gobiernan, deja de tener peso cuando las encuestas dicen que aquella mayoría se perderá en unas próximas elecciones[5].
La solución a los graves problemas por los que pasa el Estado español, y que sufren miles de familias, no pasa por fomentar una nueva edición del "y tú más", al que tanto nos tienen acostumbrados los dos partidos dominantes. El problema no son las diferencias entre las políticas de ambas formaciones, sino las similitudes. Ambas han abrazado el neoliberalismo subyacente tras las directrices de Alemania -dígase mejor, la banca privada alemana-, unos por convicción y otros por necesidad. Directrices que conforman una hoja de ruta a la que ninguno de los dos partidos estaría dispuesto a renunciar.
A partir septiembre lamentablemente comprobaremos los efectos de la campaña cuando oigamos a muchos conciudadanos repetir acríticamente, como ovejas que sumisamente acuden al matadero, aquello de "es que no podían hacer otra cosa, con lo mal que los otros lo dejaron todo". Mientras tanto, la sangría de pérdida de derechos sociales continuará sin más paliativos.
[1] "Rajoy, en el 'Rocío Chico': "Somos personas con alma y eso es bonito"". Público, 18 de agosto de 2012.
[2] "El PP anuncia una campaña surrealista para hacer cómplices de los recortes a sus víctimas". Público, 18 de agosto de 2012.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] "El rescate de la banca se lleva por delante la mayoría absoluta del PP". El Periódico, 25 de junio de 2012.
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lunes, 16 de julio de 2012
¿De camino hacia un gobierno de salvación nacional?
Gran parte de la población española ha interpretado los últimos recortes perpetrados desde el Estado español como un ataque directo contra sus derechos. El Gobierno se enfrenta ante un panorama de seria agitación social, contra la cual poco vale escudarse en la legitimidad de su mayoría absoluta. Ante tales circunstancias, la posibilidad del establecimiento de un gobierno de salvación nacional -igualmente controlado por la troika- se hace, cada día que pasa, más real.
Los últimos recortes anunciados por el Gobierno del Partido Popular, los más duros de la historia moderna, han provocado el rechazo de una parte significativa de la población española. Desde el 11 de julio, numerosas movilizaciones -tanto espontáneas como organizadas- no han dejado de sucederse[1]. La credibilidad del Gobierno, a pesar del incondicional apoyo de la caverna mediática, se encuentra bajo mínimos. El argumento de la mayoría absoluta[2], utilizado por aquél para hacer y -sobre todo- deshacer al antojo de los grandes poderes financieros, deja de tener legitimidad -si es que alguna vez la tuvo- cuando cada anuncio de recortes implica la ruptura de más promesas electorales.
El pretexto de la herencia recibida del anterior gobierno pierde cada vez más fuerza, pasando a interpretarse como una excusa para evitar reconocer que el trasfondo de los recortes es mucho más profundo que una consecuencia de la suma de errores pasados. Las indudables equivocaciones del expresidente Rodríguez Zapatero partieron de la misma base ideológica que ahora continúa Rajoy: la sumisión al neoliberalismo impuesto desde la Europa del capital, cuya embajadora es Angela Merkel, a partir de una particular interpretación del concepto de austeridad que conlleva al inexorable empobrecimiento de la población. Por tanto, detrás de cada recorte, haya sido impuesto por Zapatero o por Rajoy, hay un trasfondo ideológico cuyo fin último es el desmontaje del Estado del Bienestar, pues éste ha dejado de ser un instrumento necesario para los grandes poderes.
Ante la perspectiva, cada vez más tangible, del desmontaje de los -ya de por sí débiles- mecanismos del bienestar en España es lógico pensar que la deseada paz social peligre, pues ya no existe ningún contrato social que la garantice. Dicho de otro modo, el factor de contención social del pan y circo sólo tiene validez mientras haya un mínimo de pan. Los últimos recortes suponen la ruptura unilateral del contrato social hasta ahora existente e implica la reedición del camino de emprobrecimiento emprendido en su día por Grecia.
La dinámica de movilizaciones, disturbios y huelgas generales que ha venido azotando a Grecia puede reproducirse en España. Toda esta conflictividad ha de interpretarse como síntoma de que no se está gobernando para el interés de la mayoría, sino para el beneficio de unos pocos privilegiados; de hecho, dada la magnitud del conflicto, es razonable pensar que ningún gobierno actuaría de un modo tan evidentemente suicida -desde una visión electoralista- si pudiera evitarlo. Efectivamente, España y Grecia son gobiernos títere de los grandes grupos de poder cuya cabeza visible es la troika formada por el BCE, la Comisión europea y el FMI.
El reconocimiento a tal situación parte de los propios gobernantes electos, justificándose cualquier recorte con el consabido "nososotros no queríamos, pero nos obligan". De hecho, la impotencia del Gobierno se ilustra perfectamente en la afirmación de que, en caso de no tomar las medidas a motu proprio, vendrán de fuera a tomarlas[3]. En román paladino, esto significa que a Europa no le temblará el pulso en deponer a cualquier gobierno insumiso para colocar, a continuación, a algún tecnócrata de su confianza, como ya hizo con Berlusconi o Papandreu. La Europa intervenida ha pasado a ser un protectorado del gran capital, representado por la troika, al cual le da exactamente igual el bienestar de la población de los países rescatados con tal de que los créditos y sus intereses sean devueltos a los bancos acreedores[4]. En tal sentido, no han sido casuales los ataques orquestados por el Gobierno de Angela Merkel contra Syriza durante la campaña electoral de junio de 2012. El gran capital europeo hará lo que esté en su mano por asegurar la permanencia de gobiernos afines a sus intereses, manipulando lo necesario para que se mantenga una sensación democrática, aunque se reduzca exclusivamente al ámbito electoral.
La espiral de conflictividad a la que parece abocada la sociedad española puede que no tarde en reproducir un escenario como el que se produjo en Grecia, que supuso el fin del gobierno de Papandreu. En su caso, la presión social contra la aceptación de un nuevo rescate fue tal que obligó al entonces primer ministro a convocar un referendum. Su cese y sustitución por un títere afín a Berlín fue inmediato. Al igual que en Grecia, asociaciones y sindicatos afines a las Fuerzas de Seguridad del Estado y el Ejército han presentado diversos comunicados advirtiendo de su disconformidad con la actual situación[5]. Por otra parte, se plantean movilizaciones ciudadanas para el 25 de septiembre con el objetivo de "rodear el Congreso de los Diputados y permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir la disolución de las cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva constitución"[6].
Ante la situación descrita se plantea un escenario en el que la Unión Europea, en aras de la normalización, la responsabilidad y el sentido de Estado -con el oportuno apoyo de los todólogos de los medios de comunicación tradicionales-, podría imponer la creación de un gobierno de salvación o concentración nacional[7] formado por los partidos más representativos, fundamentalmente PP, PSOE y CiU. De hecho, la coalición catalana lleva tiempo sugiriendo la posibilidad de que tal gobierno sea llevado a cabo[8]. En todo caso, de ocurrir así, todas las movilizaciones, todas las luchas a pie de calle no habrán servido para nada, repitiéndose lo ocurrido en Grecia.
Es fundamental que la sociedad haga uso de la movilización como instrumento para la toma de conciencia de clase. Las movilizaciones no pueden reducirse a simples actos de protesta, de demostración de inconformidad hacia las medidas lesivas a los ciudadanos, sino que han de ser la referencia de una lucha constructiva hacia objetivos claros. De nada sirve desafiar al Estado, por muy degradado que se encuentre ante injerencias de terceros, si no se utilizan tales desafíos para construir relaciones de poder favorables para la clase trabajadora. De ahí la importancia de la consolidación de un frente cívico que canalice la preocupación de la ciudadanía hacia una toma real de conciencia de clase, que permita así plantear una alternativa sólida y eficaz a futuras imposiciones desde el gran capital europeo.
El pretexto de la herencia recibida del anterior gobierno pierde cada vez más fuerza, pasando a interpretarse como una excusa para evitar reconocer que el trasfondo de los recortes es mucho más profundo que una consecuencia de la suma de errores pasados. Las indudables equivocaciones del expresidente Rodríguez Zapatero partieron de la misma base ideológica que ahora continúa Rajoy: la sumisión al neoliberalismo impuesto desde la Europa del capital, cuya embajadora es Angela Merkel, a partir de una particular interpretación del concepto de austeridad que conlleva al inexorable empobrecimiento de la población. Por tanto, detrás de cada recorte, haya sido impuesto por Zapatero o por Rajoy, hay un trasfondo ideológico cuyo fin último es el desmontaje del Estado del Bienestar, pues éste ha dejado de ser un instrumento necesario para los grandes poderes.
Ante la perspectiva, cada vez más tangible, del desmontaje de los -ya de por sí débiles- mecanismos del bienestar en España es lógico pensar que la deseada paz social peligre, pues ya no existe ningún contrato social que la garantice. Dicho de otro modo, el factor de contención social del pan y circo sólo tiene validez mientras haya un mínimo de pan. Los últimos recortes suponen la ruptura unilateral del contrato social hasta ahora existente e implica la reedición del camino de emprobrecimiento emprendido en su día por Grecia.
La dinámica de movilizaciones, disturbios y huelgas generales que ha venido azotando a Grecia puede reproducirse en España. Toda esta conflictividad ha de interpretarse como síntoma de que no se está gobernando para el interés de la mayoría, sino para el beneficio de unos pocos privilegiados; de hecho, dada la magnitud del conflicto, es razonable pensar que ningún gobierno actuaría de un modo tan evidentemente suicida -desde una visión electoralista- si pudiera evitarlo. Efectivamente, España y Grecia son gobiernos títere de los grandes grupos de poder cuya cabeza visible es la troika formada por el BCE, la Comisión europea y el FMI.
El reconocimiento a tal situación parte de los propios gobernantes electos, justificándose cualquier recorte con el consabido "nososotros no queríamos, pero nos obligan". De hecho, la impotencia del Gobierno se ilustra perfectamente en la afirmación de que, en caso de no tomar las medidas a motu proprio, vendrán de fuera a tomarlas[3]. En román paladino, esto significa que a Europa no le temblará el pulso en deponer a cualquier gobierno insumiso para colocar, a continuación, a algún tecnócrata de su confianza, como ya hizo con Berlusconi o Papandreu. La Europa intervenida ha pasado a ser un protectorado del gran capital, representado por la troika, al cual le da exactamente igual el bienestar de la población de los países rescatados con tal de que los créditos y sus intereses sean devueltos a los bancos acreedores[4]. En tal sentido, no han sido casuales los ataques orquestados por el Gobierno de Angela Merkel contra Syriza durante la campaña electoral de junio de 2012. El gran capital europeo hará lo que esté en su mano por asegurar la permanencia de gobiernos afines a sus intereses, manipulando lo necesario para que se mantenga una sensación democrática, aunque se reduzca exclusivamente al ámbito electoral.
La espiral de conflictividad a la que parece abocada la sociedad española puede que no tarde en reproducir un escenario como el que se produjo en Grecia, que supuso el fin del gobierno de Papandreu. En su caso, la presión social contra la aceptación de un nuevo rescate fue tal que obligó al entonces primer ministro a convocar un referendum. Su cese y sustitución por un títere afín a Berlín fue inmediato. Al igual que en Grecia, asociaciones y sindicatos afines a las Fuerzas de Seguridad del Estado y el Ejército han presentado diversos comunicados advirtiendo de su disconformidad con la actual situación[5]. Por otra parte, se plantean movilizaciones ciudadanas para el 25 de septiembre con el objetivo de "rodear el Congreso de los Diputados y permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir la disolución de las cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva constitución"[6].
Ante la situación descrita se plantea un escenario en el que la Unión Europea, en aras de la normalización, la responsabilidad y el sentido de Estado -con el oportuno apoyo de los todólogos de los medios de comunicación tradicionales-, podría imponer la creación de un gobierno de salvación o concentración nacional[7] formado por los partidos más representativos, fundamentalmente PP, PSOE y CiU. De hecho, la coalición catalana lleva tiempo sugiriendo la posibilidad de que tal gobierno sea llevado a cabo[8]. En todo caso, de ocurrir así, todas las movilizaciones, todas las luchas a pie de calle no habrán servido para nada, repitiéndose lo ocurrido en Grecia.
Es fundamental que la sociedad haga uso de la movilización como instrumento para la toma de conciencia de clase. Las movilizaciones no pueden reducirse a simples actos de protesta, de demostración de inconformidad hacia las medidas lesivas a los ciudadanos, sino que han de ser la referencia de una lucha constructiva hacia objetivos claros. De nada sirve desafiar al Estado, por muy degradado que se encuentre ante injerencias de terceros, si no se utilizan tales desafíos para construir relaciones de poder favorables para la clase trabajadora. De ahí la importancia de la consolidación de un frente cívico que canalice la preocupación de la ciudadanía hacia una toma real de conciencia de clase, que permita así plantear una alternativa sólida y eficaz a futuras imposiciones desde el gran capital europeo.
[1] "Los funcionarios vuelven a salir a la calle y cortan la Gran Vía para protestar por los recortes". RTVE Noticias, 16 de julio de 2012.
[2] Por ejemplo, véase como ejemplo: "El PP bloquea la comparecencia de Rajoy para explicar los recortes". El País, 17 de abril de 2012.
[3] "Cospedal: si España no toma medidas, "van a venir otros" a ponerlas". Europa Press, 16 de julio de 2012.
[4] De hecho, la prensa extranjera no tiene reparos en definir a la UE como "los nuevos amos de España". Vid. "The Economist: "Subir el IVA es una imposición de los nuevos amos de España"". El Economista, 15 de julio de 2012.
[5] "Militares avisan que su capacidad de aguante tiene un límite". Público, 15 de julio de 2012.
[6] "Movimientos sociales de toda España pretenden ocupar el Congreso el 25 de septiembre". Tercera Información, 15 de julio de 2012.
[7] Esta posibilidad ya fue planteada por Julio Anguita en la entrevista: ""Seré rebelde hasta que me muera, porque no soporto esta injusticia"". Diario de Córdoba, 1 de julio de 2012.
[8] "Duran: "El Gobierno de Rajoy me ha decepcionado: son unos burócratas"". La Vanguardia, 21 de mayo de 2012.
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viernes, 29 de junio de 2012
El papel de España en la UE: "el tonto de la clase que sólo destaca en deportes y en religión"
Gran parte de la ciudadanía tiene la sensación de que, en muchos aspectos, España está tocando fondo. Tras el eficientísimo desmontaje del Estado del Bienestar, como tributo a la Europa del capital, nuestra élite gobernante parece perdida, sin rumbo, en una continua lucha por ganar tiempo en una huida hacia ninguna parte. La población española se encuentra embargada por el pesimismo, con la única esperanza de que los enormes sacrificios realizados en honor a los dioses mercados sirvan para algo. Se trata del reflejo de la impotencia de saberse condenados a vivir peor que generaciones anteriores, donde sólo queda aferrarse a aquella ley empírica que dice que las crisis son cíclicas, lo que asegura saldremos de ésta. Pero, ¿en qué condiciones quedarán los ciudadanos después de la crisis?
Los últimos gobiernos han sido cómplices de la destrucción y desaparición de derechos que habían costado décadas de lucha. Hemos pasado de la aznarísima "España va bien" (para los de siempre) a la del "no os fallaré" (amigos banqueros) de Zapatero. Sonados eslóganes que con el tiempo demostraron estar vacíos de significado para la ciudadanía de a pie, resultando ser tan sólo frases bonitas en el marco de una continua campaña electoral que comienza justo al día siguiente de las últimas elecciones. Nos encontramos con políticos al servicio de los grandes poderes, cuyas demandas en perjuicio de la clase trabajadora justifican en torno a una ridícula neolengua orweliana, diseñada para evitar decir lo que se pretende realmente hacer. Ya no se desmantela el sector público, ahora se realizan ajustes estructurales; ya no se bajan los salarios, ahora se llevan a cabo devaluaciones internas; la lucha de clases quedó en el olvido, pues ahora es unilateral y se denomina austeridad.Es natural que la población desconfíe cada vez más de la casta política. Los representantes de las formaciones que acaparan el monopolio del acceso al gobierno -comúnmente conocido por bipartidismo- demuestran con sus actos que sus palabras no tienen más validez que la publicidad engañosa para obtener votos. De este modo, cuando el Presidente afirma sin complejos que "hará cualquier cosa aunque haya dicho que no lo haría"[1], tan sólo reafirma su compromiso hacia sus verdaderos señores, los oligarcas de la Europa rica.
Con razón hay quien denomina a este trozo de tierra Españistán, la España cañí, la de las tradiciones bien arraigadas, como los toros o la sumisión a los banqueros alemanes; tradición esta última que se remonta a los tiempos de Carlos I[2]. Por eso mismo, quien afirma que España es "el tonto de la clase que sólo destaca en deportes y en religión"[3], ha dado en el clavo. La Unión Europea es como aquel grupo de educación secundaria en el que se cumplen todos los tópicos posibles, donde el rol del abusón va adjudicado sin dudarlo a Alemania, mientras Francia sería su lugarteniente.
Así, el tonto de la clase, en cuanto tiene oportunidad, se aplica para mostrar su pleitesía a los mismos grandullones que se burlan de él. Como rito de iniciación, el tonto de la clase ha de demostrar de que es capaz de hacer lo que se le pida[4]. El resto es historia, la de un pueblo abocado a seguir sufriendo de la ineptitud de quienes hasta ahora les han gobernado, la de gobernantes que sistemáticamente dan la espalda a su pueblo. Prueba de ello es que los próximos recortes ya ni siquiera se anuncian en el Congreso o en ruedas de prensa: se comunican en una asamblea de la patronal de empresarios, la CEOE[5].
¿Cuántos más recortes por el bien del pueblo se continuarán realizando? El precedente de Grecia es preocupante, y no hay indicios que aporten tranquilidad al respecto. El pan y circo permite mantener a las masas distraídas mientras haya pan, pero ¿y cuándo el pan comience a escasear? En nuestro particular espejo griego rara es la semana en la que, a pesar del velo informativo, no nos enteramos de nuevos suicidios por desesperación[6]. Por muchas jornadas religiosas, años jubileos, copas de fútbol o deportistas de élite, el camino reservado para el pueblo español no parece nada halagüeño. Ante tan negro panorama puede ser, como ocurre en la vida real, que el tonto se deje aconsejar por las malas influencias y decida que la solución a sus problemas pasa por el juego y las apuestas. ¿Les suena Eurovegas?
[1] "Rajoy reconoce que su palabra no vale nada: “Haré cualquier cosa aunque haya dicho que no lo haría”". El Plural, 7 de mayo de 2012.
[2] "España y los banqueros alemanes". Expansión, 7 de junio de 2012.
[3] "Los Chikos del Maíz: "Utilizamos la música como medio de contrainformación de masas"". Público, 27 de junio de 2012.
[4] "Rajoy se reúne con Sarkozy y Merkel y les traslada que "España va a ser un país fiable"". RTVE Noticias, 8 de diciembre de 2011.
[5] "Rajoy anuncia que "pronto" aprobará nuevas medidas económicas "difíciles"". Cadena SER, 25 de junio de 2012.
[6] "Aumentan suicidios en Grecia provocados por la crisis". Prensa Latina, 29 de junio de 2012.
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martes, 22 de mayo de 2012
Quizás no haya sido tan buena idea formar gobiernos de coalición
Desde estas líneas se plantea la posibilidad de que los pactos de gobierno suscritos por Izquierda Unida para las comunidades autónomas de Andalucía y Asturias -pendiente de ratificación- sean malas decisiones desde un punto de vista estratégico a medio plazo.
Hay motivos para pensar que los pactos de gobierno alcanzados por Izquierda Unida en Andalucía y Asturias -pendiente de ratificación por sus militantes- pueden llegar a pasar factura. Se puede argumentar, desde una perspectiva más optimista, que ambas legislaturas acaban de comenzar, por lo que hay tiempo de sobra para demostrar que Izquierda Unida tendrá éxito en su papel natural de orientar hacia la izquierda las políticas desarrolladas por los respectivos gobiernos de coalición en ambas comunidades. Sin embargo, la realidad puede ser muy distinta debido, sobre todo, a las presiones desde el Gobierno Central en cuestiones presupuestarias. Y la tolerancia del electorado de IU hacia presumibles recortes será nula.Es justo reconocer que la época actual es realmente complicada para gobernar, donde los grandes poderes fácticos limitan el radio de acción de los representantes políticos quienes, por otra parte, se encuentran en su mayoría plegados al dogma neoliberal vigente e impuesto desde la banca y la gran patronal, tanto la española como la europea. Cualquier fuerza política que se encuentre en la tesitura de gobernar se encontrará ante la amenaza del desgaste político, el mismo desgaste que expulsó al PSOE de la Moncloa y el que dejó al PP, a pesar de las favorables encuestas, a las puertas del Palacio de San Telmo en Sevilla. Una parte del electorado se encuentra cansado del binomio PP-PSOE, representantes de un bipartidismo rancio de orientación neoliberal cuyas políticas sólo entienden de recortes a los más débiles, los ciudadanos. El "¡rebélate!" del eslogan de campaña de IU sugería una alternativa para quienes deseaban demostrar su desilusión hacia la política de los dos grandes partidos.
A pesar de que en Andalucía no había más alternativa real, por intención de voto, que Arenas o Griñán, la sensación de un sector de quienes otorgaron su confianza a IU en las últimas autonómicas es que el sillón de la presidencia se ha vendido demasiado barato. El famoso programa pactado por el que se prevé la aprobación de 28 leyes y más de 250 medidas[1], a pesar de resultar atractivo, corre el peligro de no llegar a cumplirse en su totalidad. El motivo es que a nadie se le escapa que éste ha sido aceptado por Griñán más por el deseo de renovar su presidencia que por convicción hacia el mencionado programa.
Sánchez Gordillo, voz crítica hacia el pacto de gobierno entre IU y PSOE, advirtió no hace mucho que no sólo no serán cumplidas gran parte de las medidas acordadas sino que el partido de Griñán sacará a IU del Gobierno andaluz en cuanto tenga ocasión[2]. En la actualidad, quien gobierna se enfrenta al desgaste; el mismo que comienza a sufrir Rajoy desde la Presidencia del Estado. Indefectiblemente, poco a poco se irá nivelando de nuevo la balanza del bipartidismo. Griñán, con su sillón asegurado, tan sólo tiene evitar perder de vista la progresión de las encuestas de popularidad. Los continuos anuncios de recortes por parte de Rajoy sugieren que, más pronto que tarde, las encuestas le favorecerán.
En este gobierno de coalición, a poco que se descuide, el gran perjudicado por el desgaste será Izquierda Unida. Sánchez Gordillo, uno de los más críticos dentro de la formación, asegura que esta formación llega al gobierno en el peor momento, lo cual va a pagar gravemente[3]. Las diferencias ideológicas y programáticas de PSOE e IU son demasiado divergentes como para asegurar que la coalición de izquierdas no vaya a verse en el compromiso de firmar leyes a las que se hubiera opuesto frontalmente en caso de haber estado en la oposición. La primera prueba de ello se ha visto con el Plan económico-financiero aprobado recientemente por el Consejo de Gobierno de Andalucía. Desde IU, conscientes de ello, saltaron voces pidiendo que se rectificase "la injusticia que en él se plantea en relación con las medidas que afectan a los trabajadores públicos"[4]. Son los gajes de formar un gobierno de coalición.
A pesar de que muchas voces oportunistas han aprovechado la coyuntura para acusar a IU de pactar con la única intención de conseguir cargos, no se puede dudar de las intenciones de Izquierda Unida al entrar en el Gobierno de Andalucía. En realidad, hay que reconocer que han pecado de ingenuos al pensar que un pacto con los socialistas les permitiría reconducirlos a la izquierda. Por simple sentido común, el PSOE está respaldado por muchísimos más votos que hará valer a la hora de frenar cualquier cambio fuera de guión propuesto por IU. Los acuerdos pactados siempre correrán peligro de convertirse en papel mojado ante la realidad de los presupuestos y las presiones desde Madrid. Además,
Mientras tanto, la maquinaria mediática está siendo despiadada con Izquierda Unida. No se puede olvidar que la prensa, los medios de comunicación, son mayoritariamente o pro-PP o, los menos, pro-PSOE. Los voceros y "expertos" al servicio del establisment se afanan en justificar los recortes como algo normal al recordar que la izquierda también recorta[5]. Sin duda, un tópico en los próximos debates en el Congreso serán las respuestas del Gobierno a los diputados de IU recordándoles que ellos también saben lo que es hacer recortes. IU acaba de entrar en el juego del "y tú más".
Por todo esto, hay que temerse que pronto, desde el seno de Izquierda Unida, muchos se arrepentirán de no haber seguido el consejo de Julio Anguita cuando, sabedor de la encrucijada que se presentaba a la formación, recomendó limitarse a un pacto de investidura condicionado por un número de medidas concretas y de rápido cumplimiento, para inmediatamente después pasar a hacer oposición.
Asimismo, quizás más de un simpatizante de la formación de izquierdas en Andalucía o Asturias suspire al enterarse que la federación extremeña de Izquierda Unida, otrora criticada por permitir la entrada al Gobierno de Extremadura del PP, ha decidido desafiar cualquier amenaza de intervención y votará en contra de cualquier tipo de recorte[6]. Son las ventajas de estar en la oposición, el mejor lugar desde donde actuar con margen para identificarse como fuerza alternativa a las que defienden el modelo neoliberal. A Syriza, en Grecia, saber hacer oposición le comienza a dar sus frutos[7].
[1] "IU ve en la intervención de Griñán 'nueva letra y nueva música'". Diario de Sevilla, 2 de mayo de 2012.
[2] "Sánchez Gordillo asegura que UGT-A y CCOO-A demuestran tener "muchísimo cariño" a PSOE-A y "poquísimo" a IULV-CA". Andalucía Crítica, 9 de marzo de 2012.
[3] "Sánchez Gordillo avisa de que IU va a 'pagar gravemente' llegar al gobierno 'en el peor momento'". Europa Press, 2 de mayo de 2012.
[4] "IU-CA ve "mejorable" el Plan económico-financiero y pide "no tocar ni un céntimo" a empleados públicos "mileuristas"". La Información, 16 de mayo de 2012.
[5] "La izquierda también recorta: 2.500 millones en sueldos y subida de impuestos". Vozpópuli, 15 de mayo de 2012.
[6] "Izquierda Unida votará en contra de los recortes en Extremadura y la comunidad podría ser intervenida". La Información, 22 de mayo de 2012.
[7] "Tsipras, la alternativa griega". Télam, 19 de mayo de 2012.
[3] "Sánchez Gordillo avisa de que IU va a 'pagar gravemente' llegar al gobierno 'en el peor momento'". Europa Press, 2 de mayo de 2012.
[4] "IU-CA ve "mejorable" el Plan económico-financiero y pide "no tocar ni un céntimo" a empleados públicos "mileuristas"". La Información, 16 de mayo de 2012.
[5] "La izquierda también recorta: 2.500 millones en sueldos y subida de impuestos". Vozpópuli, 15 de mayo de 2012.
[6] "Izquierda Unida votará en contra de los recortes en Extremadura y la comunidad podría ser intervenida". La Información, 22 de mayo de 2012.
[7] "Tsipras, la alternativa griega". Télam, 19 de mayo de 2012.
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lunes, 7 de mayo de 2012
La extrema Europa
Los grandes triunfadores de las recientes elecciones presidenciales en Francia y Grecia han sido los partidos de ultraderecha. Gracias a efectivos discursos simplistas de corte ultranacionalista y xenófobo, parte de la sociedad comienza a ver a estas agrupaciones como una opción de voto, alternativa al clásico bipartidismo que ha alternado el poder en estos países.
El fantasma del populismo más exacerbado recorre Europa. No es casual el importante apoyo que las fuerzas más reaccionarias han recibido en las recientes elecciones celebradas en Francia y en Grecia. Europa no puede permitirse un retroceso a los años treinta del siglo pasado, época en la que el extremismo condujo al pueblo de todo el continente a la calamidad y el sufrimiento. Sin embargo, hay signos que indican que se camina en tal dirección.
El fantasma del populismo más exacerbado recorre Europa. No es casual el importante apoyo que las fuerzas más reaccionarias han recibido en las recientes elecciones celebradas en Francia y en Grecia. Europa no puede permitirse un retroceso a los años treinta del siglo pasado, época en la que el extremismo condujo al pueblo de todo el continente a la calamidad y el sufrimiento. Sin embargo, hay signos que indican que se camina en tal dirección.
"Levantaos, mostrad respeto al líder" fueron las palabras que pronunciaron los guardaespaldas de Nikos Mijaloliakos, el máximo responsable de la organización Χρυσή Αυγή (Amanecer Dorado), al inicio de la rueda de prensa que éste daría con motivo de los resultados obtenidos por este partido filonazi en las elecciones de mayo de 2012. La negativa a cumplir tal orden implicaba la expulsión de la sala[1].
Mientras tanto, en Francia, un más sutil Front National (Frente Nacional) ha ido atrayendo para sí el voto de una ciudadanía acrítica, descontenta con las políticas de austeridad de Sarkozy, atenazada por las galopantes cifras del paro, que no alcanza a comprender el verdadero origen de los problemas que afectan a Europa.
En ambos casos, el discurso es el mismo. Un discurso con profundas raíces fascistas, que busca el apoyo fácil entre los principales perjudicados por la situación actual, los trabajadores, quienes son convertidos en masa acrítica, moldeable desde proclamas dogmáticas, aparentemente contrarias al sistema que ha llevado a la actual situación de crisis y desempleo.
Sin embargo, todo el discurso se reduce a culpabilizar al sindicalista, al inmigrante, al resto de Europa, para finalmente incluir en un mismo saco a quienes no acaten sus ideas. Patria, nación, tradición son los valores en los que aquellos partidos se apoyan para finalizar afirmando, en el caso de Mijaloliakos, que "ha llegado la hora del miedo para los traidores de la patria"[2].
Este discurso tan peligroso no se limita a estos países. Partidos de ideología filofascista han conseguido escaños en varios parlamentos europeos. Entre la Austria del extremista Jörg Haier al populismo del finlandés Timo Soini, nos encontramos el surgir de la islamofobia del holandés Geert Wilders o la entrada de antiguos nazis al parlamento de Suecia[3].
El fascismo no es más que el rostro populista del capitalismo cuando éste se desprende de la máscara de la democracia representativa, cuando las libertades y derechos arbitrariamente se identifican con obstáculos para regresar a una normalidad identificada con conceptos rancios como la tradición o la raza. Por desgracia, la derecha neoliberal tampoco está exenta de la tentación del populismo cuando acaba utilizando los mismos argumentos xenófobos y nacionalistas para captar votos y simpatizantes. Prueba de ello son los mensajes de Sarkozy en plena campaña electoral referentes a la población extranjera[4] o la vinculación que sistemáticamente realiza el Partido Popular español de la inmigración con el “fraude”, la “delincuencia”, la “baja cualificación” o “el abuso de ayudas”[5].
Son momentos como el actual, cuando la frustración de la sociedad corre el peligro de ser canalizada por emergentes fuerzas populistas que plantean su disconformidad con un sistema del que no desean dejar de formar parte. El fascismo no es más que una aberración del capitalismo y prueba de ello es que aquél no reniega de las estructuras de clase que lo sustentan. Un ejemplo empírico es el respaldo que Hitler recibió por parte de las grandes empresas alemanas o la financiación de un importante banquero español al golpe de estado de Franco a la República Española[6]. El palabras de Bertolt Brecht[7]:
Mientras tanto, en Francia, un más sutil Front National (Frente Nacional) ha ido atrayendo para sí el voto de una ciudadanía acrítica, descontenta con las políticas de austeridad de Sarkozy, atenazada por las galopantes cifras del paro, que no alcanza a comprender el verdadero origen de los problemas que afectan a Europa.
En ambos casos, el discurso es el mismo. Un discurso con profundas raíces fascistas, que busca el apoyo fácil entre los principales perjudicados por la situación actual, los trabajadores, quienes son convertidos en masa acrítica, moldeable desde proclamas dogmáticas, aparentemente contrarias al sistema que ha llevado a la actual situación de crisis y desempleo.
Sin embargo, todo el discurso se reduce a culpabilizar al sindicalista, al inmigrante, al resto de Europa, para finalmente incluir en un mismo saco a quienes no acaten sus ideas. Patria, nación, tradición son los valores en los que aquellos partidos se apoyan para finalizar afirmando, en el caso de Mijaloliakos, que "ha llegado la hora del miedo para los traidores de la patria"[2].
Este discurso tan peligroso no se limita a estos países. Partidos de ideología filofascista han conseguido escaños en varios parlamentos europeos. Entre la Austria del extremista Jörg Haier al populismo del finlandés Timo Soini, nos encontramos el surgir de la islamofobia del holandés Geert Wilders o la entrada de antiguos nazis al parlamento de Suecia[3].
El fascismo no es más que el rostro populista del capitalismo cuando éste se desprende de la máscara de la democracia representativa, cuando las libertades y derechos arbitrariamente se identifican con obstáculos para regresar a una normalidad identificada con conceptos rancios como la tradición o la raza. Por desgracia, la derecha neoliberal tampoco está exenta de la tentación del populismo cuando acaba utilizando los mismos argumentos xenófobos y nacionalistas para captar votos y simpatizantes. Prueba de ello son los mensajes de Sarkozy en plena campaña electoral referentes a la población extranjera[4] o la vinculación que sistemáticamente realiza el Partido Popular español de la inmigración con el “fraude”, la “delincuencia”, la “baja cualificación” o “el abuso de ayudas”[5].
Son momentos como el actual, cuando la frustración de la sociedad corre el peligro de ser canalizada por emergentes fuerzas populistas que plantean su disconformidad con un sistema del que no desean dejar de formar parte. El fascismo no es más que una aberración del capitalismo y prueba de ello es que aquél no reniega de las estructuras de clase que lo sustentan. Un ejemplo empírico es el respaldo que Hitler recibió por parte de las grandes empresas alemanas o la financiación de un importante banquero español al golpe de estado de Franco a la República Española[6]. El palabras de Bertolt Brecht[7]:
Para mi, el fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa.
Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo -que se condena- si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica.
Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.Ahora más que nunca, las fuerzas auténticamente progresistas han de convertirse en la alternativa que canalice la frustración de la sociedad, la vacuna que evite su conversión en masa informe y moldeable por los intereses populistas, ese soplo de inteligencia que conduzcan al pueblo a tomar conciencia de clase, para comprender así que cada recorte, ajuste o pérdida de derechos no es más que un ataque a traición desde la clase antagonista que representan los grandes oligopolios del capital.
[1] "«Levantaos, mostrad respeto al líder»". Público, 7 de mayo de 2012.
[2] Ibid.
[3] "Finlandia confirma el ascenso de la nueva extrema derecha en Europa". Público, 19 de abril de 2011.
[4] "Sarkozy adopta las ideas de la ultraderecha". La Sexta Noticias, 24 de abril de 2012.[2] Ibid.
[3] "Finlandia confirma el ascenso de la nueva extrema derecha en Europa". Público, 19 de abril de 2011.
[5] "El PP afianza su deriva xenófoba con su ataque a la inmigración". El Plural, 26 de abril de 2012.
[6] "El financiador de Franco". Diario de Mallorca, 10 de marzo de 2012.
[7] Bertolt Brecht (1934): Las cinco dificultades para decir la verdad.
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miércoles, 4 de abril de 2012
La encrucijada de IU en Andalucía
La llave del Gobierno de Andalucía está en manos de Izquierda Unida. La correcta gestión de este privilegio puede suponer el despegue definitivo de la coalición en el panorama político español, mientras que una mala gestión supondría un duro golpe para toda la izquierda.
El incontestable ascenso electoral de Izquierda Unida en Andalucía es motivo de satisfacción para militantes y simpatizantes. Por una parte, ha supuesto por primera vez en muchos años un esperanzador desafío al bipartidismo hasta hace poco reinante en la comunidad; por otra, demuestra que el trabajo de pedagogía al que se han dedicado muchos miembros de la formación empieza a dar sus frutos. Efectivamente, IU ha estado en el lugar y momento adecuados cuando la percepción de eternización de la actual crisis ha calado en gran parte de la ciudadanía. No es casual que las sucesivas mejoras electorales de la formación -elecciones municipales, generales y autonómicas- hayan tenido lugar a partir del surgimiento de los movimientos de indignación en mayo de 2011. No en vano, muchas de las propuestas que surgieron en las plazas españolas son coincidentes con los programas de IU desde hace más de una década.
El incontestable ascenso electoral de Izquierda Unida en Andalucía es motivo de satisfacción para militantes y simpatizantes. Por una parte, ha supuesto por primera vez en muchos años un esperanzador desafío al bipartidismo hasta hace poco reinante en la comunidad; por otra, demuestra que el trabajo de pedagogía al que se han dedicado muchos miembros de la formación empieza a dar sus frutos. Efectivamente, IU ha estado en el lugar y momento adecuados cuando la percepción de eternización de la actual crisis ha calado en gran parte de la ciudadanía. No es casual que las sucesivas mejoras electorales de la formación -elecciones municipales, generales y autonómicas- hayan tenido lugar a partir del surgimiento de los movimientos de indignación en mayo de 2011. No en vano, muchas de las propuestas que surgieron en las plazas españolas son coincidentes con los programas de IU desde hace más de una década.
Izquierda Unida tiene, como se suele decir en estas ocasiones, la llave de gobierno de Andalucía, privilegio que podría convertirse en arma de doble filo si no se gestiona con la máxima precaución. Se plantean varios escenarios de pactos y/o apoyos puntuales (por ejemplo, a la investidura) que tendrán que ser estudiados con detalle por la ejecutiva de la coalición, además de las pertinentes consultas a las bases.
Decida lo que se decida, la presidencia de la IX Legislatura Autonómica de Andalucía recaerá en Griñán o en Arenas. Permitir la entrada en el ejecutivo andaluz a este último supondría reeditar la situación vivida en Extremadura hace unos meses; escenario, por otro lado, altamente inviable. En todo caso, habría que recordar que, frente a la distorsión habitual desde ciertos medios interesados[1], IU jamás dio su apoyo al PP de Extremadura; lo que realmente hizo fue abstenerse[2], aunque esto supusiese abrir las puertas a un gobierno en minoría de los conservadores. En aquellos momentos, el rodillo del Partido Popular en el Gobierno central era aún un futurible. El protagonista activo de los recortes era el Gobierno de Zapatero, aún con el apoyo de los populares. Por otro lado, las situaciones de clientelismo y presunta corrupción en Extremadura habían desgastado de tal modo al PSOE que su salida de la Junta se hacía, para muchos, una necesidad.
La prepotencia mostrada por Mariano Rajoy a través de su brutal política de recortes o la recientemente aprobada reforma laboral desaconsejan cualquier movimiento, por parte de IU, que facilite, por activa o pasiva, la extensión del azul popular por el mapa peninsular. Tampoco se puede olvidar el particular concepto de democracia del Partido Popular, cuyo presidente afirma recurrentemente sentirse legitimado con los votos que obtuvo el 20 de noviembre de 2011 para acometer los recortes que crea necesarios[3]. Todo ello a pesar del evidente rechazo de un importante sector de la población española, tal como quedó demostrado el pasado 29 de marzo.
Descartado un escenario "a lo extremeño", la única salida de IU es permitir la permanencia del PSOE en el gobierno andaluz. El problema para IU es que no se puede permitir volver a tomar el papel de escudero del Partido Socialista. Para ello hay que distinguir claramente -y así hacérselo saber a la opinión pública- entre apoyo a la investidura y pacto de gobierno. Lo primero es considerado por muchos como algo necesario para evitar la hegemonía -y las consecuentes justificaciones a nuevos recortes- del Partido Popular en el panorama estatal.
Cualquier pacto de gobierno con el PSOE, si bien supondría el acceso a alguna consejería, tendría a la postre más perjuicios que beneficios. Si bien es cierto que el Partido Socialista hace gala de una leve sensibilidad social que no comparte el Partido Popular, no podemos olvidar que sus políticas, a pesar de lo dicho en su propaganda electoral, no dejan de tener un fuerte sesgo neoliberal. A los hechos hay que remitirse para recordar que el PSOE no es un partido de izquierdas, por mucho que sus dirigentes insistan en ello. Además, un gobierno en coalición jamás podría ser en una relación entre iguales por el simple motivo de que el PSOE goza del apoyo de más de un millón y medio de andaluces, mientras IU apenas supera los cuatrocientos mil. Cualquier intento de imponer un giro a la izquierda desde dentro de un gobierno de coalición sería frenado con el argumento de que la voluntad de una minoría no puede imponerse a la de una mayoría. Todo esto sin olvidar que, como eslabón más débil y sin apoyo mediático, IU siempre podría ser culpada de los fracasos del bipartito, mientras las glorias serían otorgadas en exclusiva a los méritos de la agrupación socialista.
La opción más inteligente es la propuesta de Julio Anguita[4], quien sugiere que el acuerdo con el PSOE se circunscriba exclusivamente a la investidura. Este acuerdo implicaría, en primer lugar, la creación de una comisión de investigación sobre el asunto de los EREs. Un segundo punto para el acuerdo podría ser la exigencia de varias medidas concretas, de carácter urgente, que beneficie a los sectores más desfavorecidos del pueblo andaluz. Por último, desde la formación se plantea la posibilidad de exigir que la presidencia del Parlamento Andaluz recaiga en Izquierda Unida. Posiblemente, este punto será utilizado desde los medios más conservadores como argumento para acusar a IU de buscar algún sillón donde colocar a los suyos. En realidad se trata de un puesto estratégico desde donde atar en corto a los socialistas, pues el Parlamento disfruta de la facultad de llevar a cabo la creación de comisiones de investigación[5], la aprobación de las Cuentas Generales o el control de las empresas públicas dependientes de la Junta de Andalucía[6]. El siguiente paso, una vez apoyada la investidura, sería pasar a una oposición constructiva, exigente, vigilante y comprometida en contar al andaluz de a pie lo que se cuece en el Parlamento durante la legislatura.
Sea cual sea la decisión tomada, esta nueva legislatura promete ser complicada y condicionada por las políticas regresivas orquestadas desde Europa, fielmente interpretadas por el presidente Rajoy. Los recortes anunciados desde el Gobierno central afectarán sensiblemente a las partidas destinadas para la comunidad andaluza, por lo que las políticas sociales a las que pueda aspirar Izquierda Unida se verán seriamente limitadas. Ahora, más que nunca, esta agrupación se juega su futuro y el de la izquierda en Andalucía. Por tal motivo, ha de liderar una alternativa seria a los partidos que asumieron la crisis neoliberal ante una ciudadanía cada vez más decepcionada por los continuos acontecimientos que nos acercan, cada día más, a Grecia. Como explica Alberto Garzón[7], ahora es el momento de asentar una importante base social que apoye un proyecto cuyo objetivo final sea la superación del sistema económico capitalista. De este modo, Izquierda Unida ha de demostrar a la población andaluza -aún con el handicap de la hostilidad de los medios de comunicación mayoritarios- que está fuera de las perversiones consustanciales al sistema imperante, como la corrupción o el clientelismo.
Por lo pronto, Izquierda Unida está dando ejemplo de democracia participativa al implicar a todos sus militantes en un proceso asambleario de donde se determinará la decisión final. Muy posiblemente -el tiempo lo dirá- la voluntad mayoritaria de los militantes, tras el necesario debate interno, corresponderá con el escenario planteado por Julio Anguita que, como resume Sánchez Gordillo, no se trataría más que de "acuerdos puntuales y con la nariz tapada"[8]. La verdadera lucha comenzará en el Parlamento, desde la oposición, para continuar en las calles, a través de la necesaria labor pedagógica y las movilizaciones en las calles.
[1] "Las bases de IU apoyan dar al PP la Junta de Extremadura". Público, 19 de junio de 2011.
[2] "Izquierda Unida decide abstenerse en Extremadura y darle el gobierno al Partido Popular". RTVE Noticias, 19 de junio de 2011.
[6] Apartados 12, 14 y 15 del Estatuto de Autonomía de Andalucía.
[7] "¿Qué hacer en Andalucía?", 4 de abril de 2012.
[8] "Sánchez Gordillo `no descarta una escisión` si IU pacta con el PSOE". El Correo de Andalucía, 3 de abril de 2012.
[3] Por ejemplo, ver "Rajoy se siente legitimado porque su mayoría es «consciente de los sacrificios»", Diario Vasco, 9 de diciembre de 2011; y "El Gobierno se siente legitimado por las urnas para la reforma laboral", El Comercio, 21 de febrero de 2012.
[4] "Anguita propone apoyar la investidura de Griñan si acceden a varias “propuestas concretas” y pasar a la oposición". La República, 27 de marzo de 2012.
[5] Apartado 3 del artículo 106 del Estatuto de Autonomía de Andalucía.[6] Apartados 12, 14 y 15 del Estatuto de Autonomía de Andalucía.
[7] "¿Qué hacer en Andalucía?", 4 de abril de 2012.
[8] "Sánchez Gordillo `no descarta una escisión` si IU pacta con el PSOE". El Correo de Andalucía, 3 de abril de 2012.
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martes, 14 de febrero de 2012
De España a Españistán
Este artículo es un ejercicio de crítica constructiva a una ciudadanía inteligente, bien preparada, que aún así rehuye a pensar por sí misma, lo que la hace manejable a manos de una élite que, con la excusa de la crisis, no hace más que recortar derechos e incrementar el déficit democrático que minimiza la soberanía del pueblo.
Gran parte de la población española vive atenazada ante la dureza de estos tiempos de crisis, sumida en la indolencia, en un estéril inmovilismo a la espera de que otros les solucionen los problemas, resignada a asumir injustos cambios a sabiendas de que no harán más que agravar su situación. Esto sólo puede ser posible como consecuencia de un sutil trabajo de reeducación y enajenación de masas que nos ha convertido en mercancía en manos de los grandes poderes.
Tal nivel de resignación no se puede justificar exclusivamente con la profusión de ligas de las estrellas, programas del corazón, y demás inmundicia rosa, que alienan a una parte de la población que ha elegido dar la espalda a la realidad. Es triste recordar que una copa del mundo, ganada por una veintena de multimillonarios cuyas primas fueron declaradas en Sudáfrica para tributar menos impuestos[1], tuviese mayor capacidad de convocatoria de gente en calles y plazas que las protestas contra las duras reformas que van aprobando en este estado. Es el pueblo arrodillado, agarrado al clavo ardiendo del circo a la espera que el pan venga por la gracia de los que más tienen. Se trata de la mentalidad del esclavo, la que nos hace sumisos, conformistas, acríticos, borregos.
El gran problema de esta sociedad, la causa principal del inmovilismo aquí expuesto, es su grave déficit democrático, con profundas raíces históricas, que nos hace ignorar la esencia de la democracia y el estado de derecho, minusvalorar lo público, el poder de lo colectivo, la importancia de defender nuestros derechos. En un estado democrático, la soberanía es del pueblo. Los gobernantes han de realizar su trabajo por y para la ciudadanía. Sin embargo, cuando un presidente de gobierno se reune con los grandes empresarios para consultarles la salida de la crisis[2], cuando nuestros representantes en el Gobierno y oposición ceden a las presiones de otros estados para que reformemos nuestra Constitución[3], cuando la primera tarea de un presidente recién elegido consiste en consultar sus políticas con la canciller de Alemania[4], se demuestra que la soberanía no reside en el pueblo, ni siquiera en sus gobernantes; cuando se presume de una dura reforma laboral ante ministros cuyos países tienen estándares de vida que jamás hemos soñado aquí[5], se demuestra que no se gobierna para la mayoría de los ciudadanos.
Vivimos en un mar de medias verdades y falacias. Se ha aceptado que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, hemos asumido y magnificado nuestra parte de culpa de la crisis actual. Así, señalamos sin rubor al post-adolescente que dejó a medias sus estudios de bachillerato para trabajar de peón de albañil y dedicar su sueldo a la compra de un BMW que ahora no puede seguir pagando. Culpamos a cualquier trabajador a quien un banco le concedió una hipoteca, sin traba alguna, y ahora se queda sin su vivienda. Aplaudimos en su día la llegada del euro, aunque a los pocos días de su existencia los precios de los productos básicos se multiplicasen sin más justificación que la del vil redondeo. Llegamos a sentirnos europeos porque la Seat era comprada por Volkswagen y se abrían supermercados franceses y alemanes en cada barrio. Aplaudimos el Tratado de Maastricht sin saber de qué iba, sólo porque lo apoyaban nuestros políticos del bipartidismo. Votamos “sí” a la Constitución Europea seducidos por una campaña publicitaria protagonizada por Los Morancos y otros famosos contratados para captar votos a favor[6].
Duele decirlo, pero parece que hemos tocado fondo y vamos a tardar en volver a flotar mientras no cambiemos de actitud. Hemos tocado fondo porque hemos sido conducidos, sin resistencia, a una situación que puede tornarse tan grave como la que hoy se vive en Grecia. Hemos tocado tocado fondo porque nos encontramos en un estado desindustrializado, sin capacidad de producir ni de consumir, destinado a convertirse en el hogar del pensionista del jubilado alemán, condenando a gran parte de los jóvenes a trabajar al servicio de turistas procedentes de los países desde donde se pide a nuestros gobernantes que nos bajen los salarios. Hemos tocado fondo cuando en plena crisis no somos capaces de reaccionar ante todo lo que se nos presenta.
Puede que para la Europa rica esto ya no sea España sino Españistán. Al fin y al cabo, sin suliteza alguna, nos incluyeron en el club de los PIGS (“cerdos” en inglés), lo que ha venido a significar un total sometimiento a políticas de ajustes, recortes y una mal llamada austeridad para asegurar la devolución de la deuda nacional a los bancos, especialmente alemanes y franceses. Mientras tanto, gran parte de la población asume que hay que devolver esa deuda sin plantearse si es justa o no, ni quienes la causaron.
Españistán es la suma de los dos Españas en que se divide un gran sector de la ciudadanía cuando se trata de justificar las desgracias que nos ocurren. Asi, una gran parte de la población culpa de la situación actual a los políticos, normalmente a los del bando contrario al que confiaron su voto; porque simpatizar con una agrupación política o con otra se ha convertido en seña de identidad, puro forofismo, como la eterna pugna entre los hinchas del Madrid y del Barça. Otros, los menos, los culpan a todos sin distinción, metiendo en el mismo saco a los políticos del bipartidismo, a los de los partidos minoritarios, a los honrados, a los corruptos.
La media España forofa del partido ahora en el gobierno suspiró tranquila cuando Francisco Camps fue declarado no-culpable, mientras otra se negaba a aceptar el veredicto. La grave cuestión de la corrupción volvía a quedar reducida a arma política. El asunto no es qué partido político tiene mayor o menos número de corruptos, sino los motivos por los que la corrupción es una lacra en el estado español, el porqué de la falta de transparencia que provoca esa sensación de impunidad que parte de la población percibe y critica, aunque la contaminación partidista hace que en ocasiones sólo se critiquen los pecados cometidos por los políticos de partido ajeno. Ante tales circunstancias, la imparcialidad de la Justicia queda en entredicho, al fin y al cabo, la decisión de un juez ante cualquier caso de corrupción terminará siendo interpretada como una sentencia a favor o en contra de un partido u otro.
Más que nunca es necesario que la ciudadanía reaccione ante la situación actual, ante el déficit democrático que sigue permitiendo cuentas opacas, gastos inútiles, despilfarros, administraciones públicas manejadas como si se tratasen de cortijos privados por señoritos que alcanzaron su cargo a base de forofismo en vez de explicar a la ciudadanía sus intenciones, su programa. Muchos comenzamos a darnos cuenta que ya no estamos en España, de algún modo nos deportaron a Españistán y corremos el peligro de quedarnos aquí para siempre. El regreso a esa España -que algún día quiso ser- democrática, plural empieza por la ciudadanía. Mientras no apaguemos los televisores, desafiemos al amo, comencemos a pensar por nosotros mismos, dejemos a un lado forofismos políticos y exijamos programas, estaremos condenados a sufrir la Españistán de la caspa y la mediocridad, la de la interminable crisis y la sumisión a la banca europea.
[1] "Selección española e impuestos". 19 de julio de 2011.
[2] "Zapatero se reunirá con 30 grandes empresarios el sábado para implicarles en la salida de la crisis". El País, 24 de noviembre de 2010.
[3] "España: La reforma constitucional aprobada sin consenso". Euronews, 2 de septiembre de 2011.
[4] "Rajoy a Merkel: 'How are you, Angela?'". ABC, 26 de enero de 2012.
[5] "Rajoy presume entre sus colegas de que 'la reforma laboral me va a costar una huelga'". Diario Progresista, 30 de enero de 2012.
[6] "Famosos a favor de Europa". El País, 13 de enero de 2005.
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Isaac M. Casaubón
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jueves, 17 de noviembre de 2011
Quien avisa no es traidor
Este artículo plantea, a aquellos ciudadanos que deseen ejercer su derecho al voto, la necesidad de ejercerlo de modo responsable a partir de la lectura pausada, crítica y comparada de los distintos programas electorales, evitando así el voto de castigo como opción, pues puede servir para apoyar medidas aún no explicadas, pero muy lesivas para los intereses de los ciudadanos.
A pocos días de las Elecciones Generales en España, una de las personas de confianza del máximo candidato a ganar los comicios realiza unas interesantes declaraciones que para nadie deberían de pasar desapercibidas:
"Algunos, los que no se han quejado nunca hasta ahora, van a protestar mucho cuando el Gobierno diga todo lo que hay que hacer para sacar el país adelante"[1].
Debido a la inminencia de las elecciones y los pronósticos dados por las encuestas, esta afirmación merece una seria reflexión. En primer lugar, expresa claramente el convencimiento, por parte de quienes aspiran a gobernarnos, de que las medidas tomadas durante su posible legislatura va a provocar serias reacciones por parte de un importante sector de la población. En segundo lugar, deja claro que el fin de "sacar el país adelante" justifica, para aquel partido político, los medios necesarios para ello.
De cumplirse los resultados previstos por las encuestas, se puede afirmar que se aproximan épocas convulsas para la sociedad. En ese sentido, es llamativo el hecho de que la declaración se refiera expresamente a aquellos ciudadanos que "no se han quejado nunca hasta ahora". Teniéndose en cuenta el cambio de actitud de la sociedad española desde la primavera de este año, que ha pasado del adormecimiento a la movilización, al inicio de un despertar del espíritu crítico, a la reclamación de derechos que la ciudadanía ve peligrar, que en una fecha clave como el 15 de octubre consiguió movilizar a cientos de miles de personas, parece que el candidato a presidir el Gobierno tiene muy claro que su agenda política va a generar un enorme malestar entre la mayor parte de los ciudadanos.
Según se desprende de aquellas declaraciones, para el partido candidato a tomar las riendas del gobierno, el fin justifica los medios. Ahora bien, el programa electoral de este partido no explica cuáles son aquellas medidas que, presumiblemente, provocarán protestas entre la ciudadanía. Esta falta de concreción en su programa ha sido también objeto de críticas internas por parte de Enrique Bellido, Presidente Provincial del partido en Córdoba, quien sensatamente expresa que no cree "debemos hacer la mayoría de los españoles un acto de fe, entregando un cheque en blanco sin haber fijado antes la cantidad que nos costará que nos gestionen lo que es propio y de todos"[2].
La mencionada ausencia de concreción en cuanto a programa de gobierno tampoco crea confianza fuera de nuestras fronteras, donde periódicos de corte conservador como The Wall Street Journal o Times afirman, respectivamente, que "es improbable que las elecciones curen los males de España" o "los mercados están castigando ya esta falta definición"[3].
En realidad, a pesar del ambiguo e impreciso programa electoral que presenta este partido, bien podemos hacernos ciertas ideas de algunas medidas que plantea. Por ejemplo, el epígrafe 1.4 de su programa "Empleo seguro y flexible para todos" lleva al asalariado a preguntarse si esa flexibilidad es un guiño a los empresarios a la hora de facilitar las condiciones del despido, algo tradicionalmente reclamado por aquéllos. No obstante, son las declaraciones de algunos miembros del partido lo que dejan entrever las verdaderas intenciones de un gobierno que, al igual que el actual, estará plegado a los intereses de la Banca nacional y europea, lo que implica que sus políticas serán una continuación de recortes y privatizaciones. Un ejemplo claro se puede ver en los recientes recortes en educación y sanidad acometidos en las comunidades autónomas gobernadas por este partido[4].
Con las elecciones tan cercanas, es momento de plantearse la motivación del voto. Muchos ciudadanos que desean ejercer ese derecho, justifican su decisión de votar a este partido más por rechazo a Rodríguez Zapatero que por confianza al candidato conservador. Es decir, se trata de un voto de castigo, pero no olvidemos que también de un cheque en blanco que puede permitir un gobierno de mayoría absoluta y justificar así lo que para muchos sería una cuasi-dictadura de cuatro años de duración[5].
Aquellos que aún siguen pensando en el voto de castigo para echar al actual gobierno del poder, quizás tendrían que plantearse seriamente las consecuencias de un gobierno en las condiciones que vaticinan las encuestas. El amplio rechazo al gobierno saliente por gran parte de la población es debido, principalmente, a las políticas de recortes y austeridad, basadas en la aplicación de las doctrinas neoliberales dictadas desde Europa. ¿Acaso no es "austeridad" la palabra que más se repite en los discursos y mítines de los candidatos del Partido Popular? Una austeridad hacia la ciudadanía combinada con un rechazo de plano a subir las rentas a quienes más tienen. Así nunca se ha salido de las crisis sino que, muy al contrario, éstas se han agravado aumentando la brecha entre trabajadores y ricos. Se trata también de la trampa del bipartidismo, dejar de votar a un partido mayoritario para votar al otro, cuando ambos se nutren de la misma falaz doctrina económica.
"Quien avisa no es traidor" es el mensaje que pretende lanzarnos la Secretaria General del Partido Popular. Se trata de una velada advertencia, una declaración de intenciones de lo que su partido, en caso de gobernar, llevaría a cabo. En caso de que así fuera, cuando la ciudadanía en su conjunto saliera a las calles, el partido en el gobierno respondería al unísono que, frente a los cientos de miles de manifestantes en contra de sus políticas de austeridad, el gobierno tiene el respaldo de otros tantos ciudadanos que les confiaron su voto y, efectivamente, fueron avisados de lo que se avecinaba.
Como juiciosamente dice Enrique Bellido: "la democracia es corresponsabilidad y no puede marginarse al pueblo en la toma de decisiones por el mecanismo de pedirle el voto sin darle a conocer las medidas que, una vez cerradas las urnas, se adoptarán". Es decisión de cada ciudadano decidir si ejerce su derecho al voto y, en caso de llevarlo a cabo, realizarlo tras un responsable ejercicio de crítica ante las opciones que se le presenta. No se trata de votar para castigar a quienes lo hicieron mal o de apostar a ganador, se trata de apostar por el futuro que queremos como ciudadanos. Hay alternativas.
De cumplirse los resultados previstos por las encuestas, se puede afirmar que se aproximan épocas convulsas para la sociedad. En ese sentido, es llamativo el hecho de que la declaración se refiera expresamente a aquellos ciudadanos que "no se han quejado nunca hasta ahora". Teniéndose en cuenta el cambio de actitud de la sociedad española desde la primavera de este año, que ha pasado del adormecimiento a la movilización, al inicio de un despertar del espíritu crítico, a la reclamación de derechos que la ciudadanía ve peligrar, que en una fecha clave como el 15 de octubre consiguió movilizar a cientos de miles de personas, parece que el candidato a presidir el Gobierno tiene muy claro que su agenda política va a generar un enorme malestar entre la mayor parte de los ciudadanos.
Según se desprende de aquellas declaraciones, para el partido candidato a tomar las riendas del gobierno, el fin justifica los medios. Ahora bien, el programa electoral de este partido no explica cuáles son aquellas medidas que, presumiblemente, provocarán protestas entre la ciudadanía. Esta falta de concreción en su programa ha sido también objeto de críticas internas por parte de Enrique Bellido, Presidente Provincial del partido en Córdoba, quien sensatamente expresa que no cree "debemos hacer la mayoría de los españoles un acto de fe, entregando un cheque en blanco sin haber fijado antes la cantidad que nos costará que nos gestionen lo que es propio y de todos"[2].
La mencionada ausencia de concreción en cuanto a programa de gobierno tampoco crea confianza fuera de nuestras fronteras, donde periódicos de corte conservador como The Wall Street Journal o Times afirman, respectivamente, que "es improbable que las elecciones curen los males de España" o "los mercados están castigando ya esta falta definición"[3].
En realidad, a pesar del ambiguo e impreciso programa electoral que presenta este partido, bien podemos hacernos ciertas ideas de algunas medidas que plantea. Por ejemplo, el epígrafe 1.4 de su programa "Empleo seguro y flexible para todos" lleva al asalariado a preguntarse si esa flexibilidad es un guiño a los empresarios a la hora de facilitar las condiciones del despido, algo tradicionalmente reclamado por aquéllos. No obstante, son las declaraciones de algunos miembros del partido lo que dejan entrever las verdaderas intenciones de un gobierno que, al igual que el actual, estará plegado a los intereses de la Banca nacional y europea, lo que implica que sus políticas serán una continuación de recortes y privatizaciones. Un ejemplo claro se puede ver en los recientes recortes en educación y sanidad acometidos en las comunidades autónomas gobernadas por este partido[4].
Con las elecciones tan cercanas, es momento de plantearse la motivación del voto. Muchos ciudadanos que desean ejercer ese derecho, justifican su decisión de votar a este partido más por rechazo a Rodríguez Zapatero que por confianza al candidato conservador. Es decir, se trata de un voto de castigo, pero no olvidemos que también de un cheque en blanco que puede permitir un gobierno de mayoría absoluta y justificar así lo que para muchos sería una cuasi-dictadura de cuatro años de duración[5].
Aquellos que aún siguen pensando en el voto de castigo para echar al actual gobierno del poder, quizás tendrían que plantearse seriamente las consecuencias de un gobierno en las condiciones que vaticinan las encuestas. El amplio rechazo al gobierno saliente por gran parte de la población es debido, principalmente, a las políticas de recortes y austeridad, basadas en la aplicación de las doctrinas neoliberales dictadas desde Europa. ¿Acaso no es "austeridad" la palabra que más se repite en los discursos y mítines de los candidatos del Partido Popular? Una austeridad hacia la ciudadanía combinada con un rechazo de plano a subir las rentas a quienes más tienen. Así nunca se ha salido de las crisis sino que, muy al contrario, éstas se han agravado aumentando la brecha entre trabajadores y ricos. Se trata también de la trampa del bipartidismo, dejar de votar a un partido mayoritario para votar al otro, cuando ambos se nutren de la misma falaz doctrina económica.
"Quien avisa no es traidor" es el mensaje que pretende lanzarnos la Secretaria General del Partido Popular. Se trata de una velada advertencia, una declaración de intenciones de lo que su partido, en caso de gobernar, llevaría a cabo. En caso de que así fuera, cuando la ciudadanía en su conjunto saliera a las calles, el partido en el gobierno respondería al unísono que, frente a los cientos de miles de manifestantes en contra de sus políticas de austeridad, el gobierno tiene el respaldo de otros tantos ciudadanos que les confiaron su voto y, efectivamente, fueron avisados de lo que se avecinaba.
Como juiciosamente dice Enrique Bellido: "la democracia es corresponsabilidad y no puede marginarse al pueblo en la toma de decisiones por el mecanismo de pedirle el voto sin darle a conocer las medidas que, una vez cerradas las urnas, se adoptarán". Es decisión de cada ciudadano decidir si ejerce su derecho al voto y, en caso de llevarlo a cabo, realizarlo tras un responsable ejercicio de crítica ante las opciones que se le presenta. No se trata de votar para castigar a quienes lo hicieron mal o de apostar a ganador, se trata de apostar por el futuro que queremos como ciudadanos. Hay alternativas.
[1] "Cospedal vaticina protestas 'cuando Rajoy diga lo que hay que hacer'". Público, 15/11/2011.
[2] "Acto de fe". Montilla Digital, 16/11/2011.
[3] "'The Times' acusa a Rajoy de asustar a los mercados con su indefinición". Público, 16/11/2011.
[4] "Indignados por los recortes en sanidad y educación". Público, 18/09/2011.
[5] "Con mayoría absoluta, el PP aplicaría un programa extremista de derechas". El País, 17/11/2011.
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Isaac M. Casaubón
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