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lunes, 18 de mayo de 2015

La mala idea de copiar un modelo de universidad injusto

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Fuente: El Boletín
El hecho de que un candidato a la presidencia de una comunidad autónoma proponga, en plena campaña electoral, copiar un modelo de universitario a todas luces injusto -y desfavorable a la mayoría de la población- indica el nivel de sumisión de una gran parte de sociedad hacia los intereses de los grandes poderes. Su propuesta de dar líneas de créditos a los estudiantes universitarios para que puedan pagarse sus estudios es una sutil manera de condicionar el futuro laboral de unos jóvenes que, una vez terminados sus estudios, tendrán la urgencia de trabajar en lo que sea y como sea con tal de saldar sus deudas; es decir, más precariedad. Hay que tener en cuenta que, aunque -sin leer la letra pequeña- se indique que sean préstamos sin intereses para los estudiantes, la realidad es que éstos serían condonados por la administración, siendo aquélla la responsable de su abono a los bancos privados que provean la financiación; es decir, nos encontramos ante una nueva herramienta de trasvase de dinero público a entidades privadas. Además, vista la tendencia al alza de los precios de las matrículas, no es de extrañar que esta medida sirviese para estimular -según las leyes del libre mercado- nuevos incrementos en las tasas universitarias, creando un círculo vicioso que obligaría aún a más jóvenes -y sus familias- a endeudarse para poder pagar sus estudios. Por último, no podemos olvidar el evidente fracaso de esta medida en los EEUU, pionero en el préstamo universitario, donde existe actualmente una burbuja de jóvenes endeudados para pagar sus estudios.

viernes, 13 de junio de 2014

Becas convertidas en préstamos o estudiantes en deuda con la banca

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Fuente: El Diario
El Gobierno del Partido Popular plantea ahora sustituir el actual de sistema de becas de ayuda a los estudios universitarios por otro de préstamos bancarios. Desde su perspectiva de clase matan dos pájaros de un tiro. Por una parte, los hijos de los trabajadores lo tendrán un poco más difícil para estudiar. No todos estarán en condiciones de recibir créditos, además de la previsible subida de tasas de matrícula. Por otra parte, quienes hayan hecho uso de esos préstamos para estudiar estarán endeudados durante años con la banca, por lo que tendrán que aceptar cualquier trabajo -por muy precario que sea- para poder saldar su deuda. Este gesto no es un simple ejercicio de recorte de gastos, sino el enésimo ataque a la clase trabajadora.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Becas "populares" para las estudiantes con menos recursos

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Fuente: Málaga Hoy
Conociendo el desparpajo del ministro de Educación José Ignacio Wert -y su capacidad para "hacer amigos"-, no sería de extrañar que éste aprovechase la situación para alabar las bondades del mercado a la hora de brindar oportunidades a la juventud. Y es que ahora las universitarias malagueñas disponen de una alternativa a las becas para poder financiar sus estudios, adquiriendo una experiencia que bien podría encauzar un hipotético futuro laboral en Eurovegas, ese El Dorado del empleo en esta España profunda donde sobran titulados y falta industria. Si a nuestra juventud le espera inexorablemente un mercado laboral en el que será tratada como carne, las hijas de los trabajadores ya pueden ir viviendo la experiencia, pues ahora pueden ganar los euros que el Gobierno les niega participando en películas pornográficas -como sugieren los carteles anunciadores colocados en el campus universitario-.

viernes, 5 de julio de 2013

Crítica al apoyo a la Ley Wert por parte del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales de España

Reflexiones sobre la nota de prensa emitida por el Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales de España, que apoya abiertamente la Ley Wert.

En las escuelas de ingeniería se suele decir, no sin cierta resignación, que los ingenieros comienzan su trayectoria profesional pensando en voltios para finalizarla pensando en euros. En cierto modo, la reciente nota de prensa del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales acerca de la Ley Wert[1] parece confirmar aquel dicho, dando la impresión de retrotraerse inconscientemente incluso a épocas en las que la unidad monetaria era la peseta, cuando ésta era canjeable por diez perras gordas.

Hay que recordar que, en épocas pasadas, en España sólo podían estudiar los más privilegiados. Los costes de las carreras universitarias suponían un ímprovo sacrificio para las familias humildes que, en demasiadas ocasiones, no se podían permitir. Fueron las becas el mecanismo que corrigieron tal desequilibrio, dando la oportunidad a aquellas personas con capacidad y talento de obtener el título que les permitiera desarrollarse profesionalmente, independientemente de su capacidad económica.

El problema de la Ley Wert es que ataca directamente al mecanismo de asignación de becas, por lo que es imprudente apoyarla sin más. Reducir becas no va a contribuir a ninguna cultura del esfuerzo. No lo va a hacer, al menos, de un modo modo equitativo. Con el modelo de becas propuesto en la Ley Wert sólo se exigiría un sobreesfuerzo a quienes dependiesen de las becas para seguir estudiando, los hijos de gente humilde, mientras que los hijos de los ricos podrán permitirse pagar sus estudios a base de los talonarios de sus progenitores.

Continuando con el tópico de la cultura del esfuerzo, convendría valorar entonces el empeño de aquellos estudiantes que compaginan estudios y trabajo, estos últimos siempre precarios, para costearse su carrera e, incluso, ayudar a la economía familiar. La necesidad de trabajar para obtener ingresos complementarios supone un esfuerzo adicional que, como es lógico, suele suponer una merma en el rendimiento académico de quien lo realiza; todo ello sin contar con las trabas impuestas por el modelo de evaluación del Plan Bolonia, donde la presencialidad suele puntuar. Por último, no se debe olvidar que, en el caso de la ingeniería industrial, hablamos de una títulación muy exigente en lo académico, cuya tasa de abandono por la dificultad de la misma ya es de por sí elevada.

Por otro lado, avanzando en la nota de prensa, es justo aplaudir la loable aspiración de cualquier colegio profesional a la excelencia en sus correspondientes titulaciones universitarias. Por tanto, no hay nada que objetar acerca de la reclamación del Consejo de Colegios de Ingenieros de cuidar el actual prestigio de las carreras de Ingeniería Industrial. Sin embargo, no es justo asociar prestigio o calidad a la cantidad de alumnos.

En la actualidad, a pesar del número de titulados, los ingenieros españoles tienen una excelente preparación, lo cual queda perfectamente reflejado en su magnífica cotización allende las fronteras españolas. Tal como se desprende de la nota de prensa, el hecho de que sean otras sociedades las que se beneficien del trabajo de muchos ingenieros formados en España es motivo de malestar para los Colegios, una inquietud que por cierto tendría que ser compartida por toda la ciudadanía. No cabe discusión en afirmar que no es justo que la sociedad española dedique recursos para la formación de profesionales que luego otros estados disfrutarán a coste cero.

Ahora bien, aceptar la problemática del exilio de nuestros titulados no implica que sobren ingenieros. Dicho de otro modo, no se puede culpabilizar a los estudiantes de la falta de oportunidades profesionales en su tierra. Aceptar otra perspectiva supondría reducir las Escuelas de Ingenieros a factorías de titulados cuya producción dependa de las necesidades de la industria. Es necesario, ante todo, un sólido ejercicio de crítica acerca de la situación de la industria española, degradada a causa de un modelo productivo alejado -salvo excepciones- de la alta tecnología tras sucesivas reconversiones. A estas alturas debiera quedar claro que la ingeniería punta del continente se desarrolla casi en exclusiva en los núcleos industriales del Centro de Europa, fundamentalmente Alemania.

Antes que plantear la reducción de plazas ofertadas por las Escuelas Superiores de Ingenieros Industriales, sería imprescindible reclamar un cambio en el modelo productivo español, un desafío a aquellos grandes poderes que decidieron que la industria española sea de segunda categoría. Sólo con las políticas adecuadas, sería posible revitalizar la industria nacional para que fuese capaz de absorber la oferta de ingenieros españoles. En caso contrario, si nos conformamos con el modelo Eurovegas no sólo sobrarán ingenieros, sino la mayoría de los titulados universitarios.

En definitiva, ante la grave situación socioeconómica que vive España, cuya principal consecuencia es el agravamiento de la desigualdad entre las clases populares y las clases pudientes, no es asumible un modelo educativo que reduzca la oportunidad de estudiar, ya sea recortando becas, ya sea reduciendo plazas en escuelas y facultades. Los principales damnificados por estas medidas serán, como es de esperar, los hijos de los trabajadores, de los autónomos, de quienes dependen de su propio trabajo para llegar a final de mes, en un escenario donde sólo los hijos de los pudientes podrán escoger carrera.


[1] "Los ingenieros industriales apoyan al ministro Wert en su intento de reimplantar la cultura del esfuerzo". Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales de España, 28 de junio de 2013.

martes, 4 de junio de 2013

¡Valientes alumnos tiene Wert!

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Fuente: La Sexta
Cuando algunos de nuestros mejores universitarios deciden hacer el vacío al ministro de Educación y negarle el saludo, están llevando a cabo un hermoso ejercicio de rebeldía, tan necesario en los tiempos que corren. Pero también dan una lección de valentía, mostrando su indignación públicamente sin preocuparse por el qué dirán, señalando ante la opinión pública la hipocresía de quien con una mano entrega premios a los estudiantes y con la otra les encarece las tasas universitarias. Un magnífico mensaje también dirigido a la sociedad española, necesitada de recordar que los logros de nuestros estudiantes han sido fruto de nuestra educación pública, ahora condenada a muerte por obra y gracia de estos servidores de los grandes poderes económicos y financieros.

jueves, 17 de enero de 2013

Wert o el secuestro del lenguaje

Según el ministro de Educación, parece ser que fascista es quien realiza una protesta pública en contra de las decisiones antisociales de su Gobierno. Esta abuso del lenguaje no debe entenderse como accidental, sino como una práctica planeada de apropiación de términos manejados habitualmente por los sectores más progresistas, vaciándolos de contenido. 

Una de las virtudes del lenguaje castellano es su riqueza de expresiones coloquiales para indicar con elegancia e ingenio determinadas situaciones contradictorias. Asi, sería perfectamente aplicable aquella de "vino a saltar un cojo" o la aún más castiza "habló de putas La Tacones" a la ocurrencia de José Ignacio Wert de calificar de fascistas a quienes lo abuchearon en un reciente acto público[1]. Tenía que ser de Educación el ministro que utilizase tal calificativo con una ciudadanía enfadada ante las medidas que él viene firmando desde su privilegiado puesto.

A pesar de la sucesión de despropósitos que acumula en este año de legislatura, hay que decir que Wert no es tonto, en absoluto. En realidad es un perfecto estratega que ha asumido su rol en un ejecutivo que tiene muy claro el modelo de sociedad que pretende imponer. No en vano, Wert es uno de los cachorro de la FAES, alma ideológica del partido en el poder que, como tal, sigue a pie juntillas el pensamiento neoliberal más ortodoxo.

Como acertadamente afirmase Pablo Iglesias Turrión, los partidos se ganan en defensa y se pierden en ataque. El papel de Wert en esta legislatura es equivalente al de Pepe, el defensa del Real Madrid, en sus mejores tiempos. El defensa central del juego peligroso, las agresiones fuera de lugar y las tarjetas rojas, todo con tal de condicionar el juego de ataque rival, encuentra su reflejo en el actual ministro de Educación. Así, Wert ha demostrado su condición de provocador nato cuando afirma sin tapujos la necesidad de españolizar a los alumnos catalanes[2], respondiendo a las críticas que él es "como el toro brazo, que se crece con el castigo"[3]. Si Pepe ha sido tradicionalmente objetivo de los abucheos del público rival, Wert lo es de la comunidad educativa. Ambos por méritos propios, pero dentro de una estrategia perfectamente definida.

Al igual que Pepe llegó a ser la cara más antipática del Madrid, Wert es el ministro peor valorado en esta legislatura[4]. Sin embargo, hasta aquí llegan las comparaciones, pues la educación es algo mucho más serio que una liga de fútbol. La estrategia encomendada a Wert plantea objetivos con muchas implicaciones que un simple trofeo. No es casual que tenga la cartera de Educación. Hace ya muchos años que los pensadores neoliberales comprendieron que el control del sistema educativo conlleva el control de la sociedad misma[5].

Este Gobierno, fiel ejecutor de los deseos de las grandes oligarquías neoliberales, juega en defensa. La antigua aspiración de imponer una enseñanza pensada para domesticar a los ciudadanos y convertirlos en una masa borreguil que acepte sin rechistar los designios de la clase dominante. Para ello, acentúa el proceso de conversión de las escuelas en centros de adoctrinamiento "en tanto que imponen la obediencia, bloquean todo posible pensamiento independiente e interpretan un papel institucional dentro de un sistema de control y coerción"[6].

A pesar de las tradicionales deficiencias de los planes de estudios de las últimas décadas, en la actualidad hay demasiado hijo de trabajador con estudios, con potencial para pensar. Mayo del 2011 demostró que la conciencia de clase puede llegar a despertarse entre tanta mente distraída con el fútbol y la televisión basura. En aquella ocasión se trató de un aviso llamado "indignación", pero en cualquier momento podría convertirse en firmes exigencias de cambio, como viene advirtiendo la sucesión de movilizaciones y "mareas" que últimamente vienen produciéndose. En un modelo de sociedad inspirado en Eurovegas (ladrillo y hostelería) sobran los "cerebros" y, por supuesto, la gente que piensa por sí misma.

A una ciudadanía que renuncia al ejercicio de pensar es sencillo manipularla con eslóganes, con palabras previamente vaciadas de su significado. En tal situación, se utilizan términos como "democracia" o "libertad" para referirse exclusivamente a los derechos de los poderosos y sus capataces, cuando poca democracia y libertad disfruta una ciudadanía con miedo al desempleo y a la precariedad. Ya advertía Chomsky que a mayor fuesen las carencias democráticas de un sistema, más se les llenaría la boca de la palabra "democracia" a sus gobernantes. El juego en defensa de la clase dominante se demuestra con el continuo secuestro del lenguaje[7], hecho que refuerza mediante el control de los principales medios de comunicación.

Wert da una nueva vuelta de tuerca en su estrategia de jugar en defensa al querer apropiarse de la palabra "fascismo". Ya no son fascistas quienes apoyaron en su día un golpe de Estado contra un gobierno legítimo, ni quienes dejaron en las cunetas a cientos de miles de españoles contrarios a sus ideas, o quienes se niegan a condenar esos hechos. Ahora, según el ministro, fascista es todo aquel que, como último recurso, recurre a los abucheos para demostrar su disconformidad con unas políticas antisociales impuestas a golpe de mayoría absoluta. Protestas que, sin cortarse ni un pelo, utiliza el ministro como justificación de sus políticas a partir un extraño silogismo según el cual, si la gente la abuchea es que está mal educada y por tanto, hay que reformar el sistema educativo. En este mundo al revés, los gobernantes que ignoran al pueblo se atreven a dar lecciones sobre argumentación y diálogo. Aunque quizás también sea porque, en aquella ocasión, el ministro iba acompañado del presidente de la Patronal[8], la clase dominante española para quienes el diálogo siempre está abierto, y con un sí seguro por respuesta.


[1] http://noticias.lainformacion.com/educacion/ensenanza-y-aprendizaje/wert-dice-que-el-boicot-fascista-a-su-conferencia-evidencia-que-urge-la-reforma-educativa_7zRIh23e7jY3hUx8v8RWN5/
[2] http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/wert-centra-reforma-espanolizar-los-alumnos-catalanes-2265398
[3] http://politica.elpais.com/politica/2012/12/06/actualidad/1354801261_080388.html
[4] http://politica.elpais.com/politica/2012/03/03/actualidad/1330782952_903947.html
[5] Noam Chomsky (2012): La (des)educación. Ed. Crítica.
[6] Ibid., 8.
[7] http://www.publico.es/culturas/22498/la-derecha-ha-secuestrado-el-lenguaje
[8] http://noticias.lainformacion.com/educacion/ensenanza-y-aprendizaje/wert-dice-que-el-boicot-fascista-a-su-conferencia-evidencia-que-urge-la-reforma-educativa_7zRIh23e7jY3hUx8v8RWN5/

sábado, 18 de agosto de 2012

Un club de fans para José Ignacio Wert

El ministro Wert tiene bajo su haber el dudoso honor de haber puesto la puntilla al sistema universitario público. La dureza de las medidas tomadas, como las subidas de tasas o el endurecimiento de las condiciones para conceder becas, contrastan con la ligereza de sus declaraciones públicas, más cercanas a las de un tertuliano televisivo que a las de un ministro, con las responsabilidades que su cargo conlleva.

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, se ha ganado a pulso la condición de principal personaje mediático del actual Gobierno. Independientemente de afinidades políticas, hay que reconocerle su especial capacidad para crear noticia, generar polémica. La última, sus declaraciones a raíz de los resultados del equipo olímpico español en Londres, cuyo medallero, según él, hubiera alcanzado las 30 preseas en caso de que los Juegos hubieran durado una semana más[1].

A medio camino entre la obviedad y el disparate, aquellas declaraciones del ministro pueden llegar a resultar incluso simpáticas, evocadoras quizás de su no lejana época de tertuliano televisivo[2]. En definitiva, para la ciudadanía de un Estado sumido en una profunda crisis cuya única solución, para un buen número de políticos, pasa por encomendarse a la Virgen[3], poco o nada le va a importar el número de medallas que obtenga el equipo olímpico.

Sin embargo, no todas las declaraciones del ministro Wert, a lo largo de los pocos meses de legislatura que lleva a sus espaldas, pueden considerarse tan ligeras o inocentes, a pesar de mantener ese mismo tono a medio camino entre la jocosidad y la desfachatez. Porque no querer reconocer que la subida de tasas universitarias para el curso entrante supondrá la imposibilidad de estudiar para muchos jóvenes, implica o un desconocimiento total de la dura realidad que azota a miles de familias o una falta de respeto hacia los más débiles de nuestra sociedad. No tiene justificación alguna insinuar, como hizo en su día, que hay familias que no quieren dedicar recursos a pagar matrículas universitarias, pues los prefieren utilizar "para otras cosas"[4]. ¿A qué "otras cosas" se refería el ministro? Alimentarse y vestirse, por ejemplo, son de esas "otras cosas" de primera necesidad difícilmente al alcance de muchas familias[5]. Frivolizar con las penurias de los más débiles es, cuando menos, perverso.

A modo de colofón, con la misma lógica de la historia de las treinta medallas olímpicas, el señor ministro se atreve a afirmar que los incrementos en las tasas universitarias "no van a generar desigualdades sociales"[6]. Un nuevo disparate que intenta justificar con el hecho de que "quienes disfrutaban de la exención de tasas del 100% van a seguir disfrutando de ella", sin tener en cuenta que a aquellos estudiantes no se les permitirá error alguno. No en vano, las segundas y sucesivas matrículas prevén ser aún más caras[7] y las condiciones para recibir beca se verán severamente endurecidas, planteándose la posibilidad de que sus cuantías sean devueltas en caso de no aprobar la mitad de los créditos[8].

Detrás de aquellas declaraciones se encuentra, a primera instancia, el asunto económico. El empecinamiento por cumplir a rajatabla con los mandatos neoliberales de reducción de gasto público implica menos dinero para la enseñanza y, para compensar, mayores precios en las tasas. Por eso, no se corta ni un pelo a la hora de afirmar que "lo urgente" hoy es ahorrar[9], cuestión en la que se reitera cuando afirma que "no estamos para gastar 4.000 millones de euros en estudiantes que dejan la carrera a medias"[10]. Según el señor Wert, los estudiantes de procedencia humilde, los hijos de los trabajadores, no tienen derecho a tener ni siquiera un mal año o a encontrarse con alguna asignatura que se les atragante. A partir de ahora, cometer algún error en época de estudios universitarios queda como privilegio exclusivo de los hijos de los pudientes.

La polarización social en España se hace cada vez mayor, la brecha entre ricos y pobres, poderosos y trabajadores, aumenta en todos los aspectos de la vida, incluyendo el educativo. Más allá de lo meramente económico, detrás de las subidas de las tasas y las leoninas condiciones para la obtención de beca, se encuentra un fuerte componente ideológico que casa a la perfección con la intencionalidad última del Plan Bolonia. La Europa del neoliberalismo quiere trabajadores dóciles, gente sumisa al sistema, personas a quienes exprimir en aras de maximizar la rentabilidad económica de su fuerza de trabajo.

Declaraba recientemente la Premio Nacional de Poesía en 2011, Francisca Aguirre, que la educación es "el enemigo número uno de quienes quieren explotar a los demás"[11]. De ahí que se estén estableciendo las bases para que el perfil del futuro estudiante universitario responda al de "un cliente que paga por trabajar ocho horas diarias y que lleva tras sus espaldas el peso de una hipoteca"[12], el único modo que tendrán los más humildes de financiarse sus estudios. Queda claro que los poderosos no quieren que los hijos de los pobres estudien y, quien aún así lo intente, tendrá que pasar por un perverso ejercicio de adoctrinamiento hacia un futuro laboral aciago.

Prueba de que la libertad de pensamiento de los más débiles resulta molesta son las palabras que el ministro Wert dedicó en su día al movimiento 15M, cuando aseguró que aquél consta de "una mezcla de socialismo utópico, radicalismo político", con varias "gotas de ignorancia y de simpleza"[13]. Hay que recordar que el perfil de muchos de quienes participan, o han participado, en el movimiento corresponde a gente con estudios universitarios, desencantados con un sistema que los trata como pura mercancía[14].

Propuestas como una "legislación laboral más rígida en lugar de más flexible, aumento de personal sanitario y educativo, control público de la investigación, expropiación por el Estado de viviendas para darlas en alquiler, aumento de los impuestos y restablecimiento del impuesto de Patrimonio, tasa Tobin"[15] son evidentemente molestas para quienes han decidido desmantelar los derechos fundamentales con la excusa de la crisis. El ocurrente tertuliano reconvertido a ministro no pestañea a la hora de demostrar en qué lado está al afirmar encontrar "una condición profundamente reaccionaria en buena parte de lo que proponen"[16].

Los grandes poderes no desean nuevas generaciones de jóvenes contestatarios que les organicen manifestaciones, que movilicen a la sociedad en su contra, que pongan en entredicho las contradicciones de un sistema basado en la explotación del humilde por el pudiente. Una Universidad, donde la gente tiene tiempo para pensar, es un peligroso foro paralelo a los canales oficiales de opinión de donde, tarde o temprano, surgirán molestos ramalazos de rebeldía que pongan en duda las mentiras sobre las que se sustenta la hegemonía de la plutocracia imperante. Quizás por ese motivo, a Wert no le importa que los universitarios españoles ya formados emigren a otros países[17]. Desde cierto punto de vista, es un modo de quitarse de encima a gente que potencialmente puede pensar en contra de sus intereses.

En su faceta de tertuliano, hay que reconocer la inconmensurable habilidad del ministro Wert para formular afirmaciones carentes de sentido para justificar lo injustificable. Sin duda, este ministro que se vanagloria de formar parte de un gobierno de "mayoría universal"[18] se merecería un club de fans por tal locuacidad e inventiva. Pero la realidad es tozuda, y nos recuerda que este señor es un cargo público, un representante electo que tiene una responsabilidad hacia la ciudadanía. En demasiadas ocasiones sus declaraciones sólo han servido para justificar daños a los más débiles, reducidos a simples números cuyas oportunidades en la vida poco importan.


[1] "Juegos Londres 2012: Wert cree que con una semana más de Juegos, España tendría "30 medallas"". El Huffington Post, 13 de agosoto de 2012.
[2] "Wert, el ministro tertuliano". Iessecundaria, 2 de febrero de 2012.
[3] "Los políticos españoles recurren a la virgen para salir de la crisis". Público, 15 de agosto de 2012.
[4] Las palabras de Wert fueron específicamente: “Que la familia no tiene recursos para afrontar el pago de las tasas, evidentemente se pueden dar casos, pero no tener recursos pregunto una vez más ¿que quiere decir? Que no se quieren dedicar recursos a eso en detrimento a usar recursos a otras cosas”. Disponible, por ejemplo, en "Wert se mofa de las familias sin recursos económicos para pagar las tasas de la Universidad". 22 de mayo de 2012.
[5] "La pobreza en España, "más crónica que nunca"". Público, 22 de febrero de 2012.
[6] "Wert reitera que la subida de tasas no generará desigualdades". La Verdad, 4 de julio de 2012.
[7] "Educación plantea subir hasta 540 euros las tasas universitarias". El País, 20 de abril de 2012.
[8] "El Gobierno endurece los requisitos para las becas universitarias". Público, 29 de junio de 2012.
[9] "Wert: 'Lo urgente hoy es ahorrar y ya después combatir el fracaso escolar'". La Gaceta, 1 de mayo de 2012.
[10] "Wert:"No estamos para gastar 4.000 millones de euros en estudiantes que dejan la carrera a medias"". El Economista, 28 de febrero de 2012.
[11] "´La educación es enemigo número 1 de aquellos que quieren explotar a los demás´". Información, 15 de agosto de 2012.
[12] Fernández Liria, C.; Serrano García, C. (2009): "El Plan Bolonia". Catarata, Madrid, p. 94.
[13] "Wert: El 15-M tiene "gotas de ignorancia" y un "puntito soviético"". Público, 22 de febrero de 2012.
[14] "Movimiento 15-M: perfil de los indignados". El Economista, 6 de junio de 2011.
[15] "Wert: El 15-M tiene "gotas de ignorancia" y un "puntito soviético"". Op. cit.
[16] Ibid.
[17] "Wert afirma en Alemania que la emigración de jóvenes españoles no es "un fenómeno negativo"". Europa Press, 12 de julio de 2012.
[18] "Wert: "La victoria del PP no fue sólo por mayoría absoluta, sino universal". Público, 22 de febrero de 2012.