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martes, 2 de diciembre de 2014
Entre NODOs y falsos triunfalismos los españoles siguen sufriendo precariedad
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Isaac M. Casaubón
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lunes, 22 de septiembre de 2014
¿Para qué asistir a reuniones sobre el desempleo juvenil pudiendo ir al Rocío?
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Isaac M. Casaubón
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martes, 4 de marzo de 2014
Trabajadores deshumanizados por querer trabajar
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Isaac M. Casaubón
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sábado, 1 de marzo de 2014
El miedo como instrumento de control de los trabajadores
El miedo se ha convertido hoy, más que nunca, en una herramienta fundamental para el control de los trabajadores. Prueba de ello es el caso aquí relatado de una empresa con beneficios que decide echar a uno de sus empleados tan sólo para demostrar quién manda.
Se trate de crisis o de estafa, lo cierto es que estamos inmersos en una época donde la seguridad en el empleo ha desaparecido. Muchos de los trabajadores de antaño hoy son precarios o, directamente, parados. Es el drama de una sociedad que no alcanza aún a entender que el espejismo del estado del bienestar era precisamente eso. La tradicional protección de la que disfrutábamos los trabajadores ha ido mermando a base de reformas laborales y recortes. El derecho al trabajo queda en papel mojado desde el momento en que prima la flexibilidad laboral por encima de este derecho fundamental. Si bien muchas empresas cierran por falta de financiación o el descenso de ventas, muchas otras están aprovechándose de la coyuntura actual para aligerar sus plantillas y ahorrar así en masa salarial, pero también para imponer un ambiente de miedo e inseguridad entre sus empleados que los haga más manejables, más dóciles y, sobre todo, menos conflictivos.
Resonando aún el caso de Coca-Cola y el despido masivo de trabajadores en el centro de la Península, es necesario llamar la atención de que esta forma de proceder no es sólo coto de multinacionales con grandes beneficios, sino de pequeñas y medianas empresas también rentables que deciden echar a sus trabajadores sin más razones que las meramente especulativas. Al respecto, hace unos días un buen amigo fue despedido de la compañía en la que ha trabajado durante más de tres años. Se trata de una empresa del sector de la ingeniería informática, cuyo principales clientes son administraciones públicas y grandes corporaciones, a las cuales cede sus trabajadores a precio de saldo. A nivel de cuentas, sus beneficios para el 2013 estaban alrededor de los 20 millones de euros, nada mal para una empresa que no llega a los doscientos trabajadores. Una empresa que, tal como me contaba este amigo, se sostiene gracias a una red clientelar que le asegura contratos a medio y largo plazo y la participación en suculentos proyectos financiados por la Unión Europea, de esos en los que lamentablemente parece resultar tan sencillo falsear horas de trabajo ante posibles auditorías.
La historia que nos ocupa comienza el día en que el departamento de Recursos Humanos se reúne con cada uno de los trabajadores de la plantilla para anunciar las subidas salariales para el año entrante. Es una práctica habitual en muchas empresas aplicar el consabido "divide y vencerás" a base de poner frente a cada empleado a los lacayos más insensibles, gente que no tendrán reparos en contar las mismas milongas de siempre para finalmente soltar una cifra que ya estaba más premeditada y, por supuesto, recordar la suerte que tiene con seguir trabajando. Sin embargo, en el caso de esta persona, no fue así. Directamente le comunicaron que iba a ser despedido.
En comparación, el resto de la plantilla no salió mal parada, tan sólo les congelaron el sueldo. Esta persona en particular no se esperaba en absoluto que lo fuesen a echar de la empresa, pues durante 2013 había hecho un buen trabajo, refrendado por sus responsables directos; incluso había hecho gala de ese eufemismo tan actual como es el compromiso con la empresa, que viene a ser más o menos trabajar más horas de las contratadas de manera gratuita para la empresa. Sin embargo, durante la fatal entrevista, le anunciaron su despido de modo fulminante. A pesar de no ser tratado con la mayor de las cortesías, los entrevistadores le aclararon que lo echaban exclusivamente por cuestiones económicas, pues habían estado muy satisfechos con su trabajo. Incluso le dijeron que lo tratarían como despido improcedente, pagándole la indemnización pertinente, y que podía marcharse a su casa de inmediato.
Está claro que, cuando echan a gente, que te congelen el sueldo es un mal menor. El efecto se había conseguido entre casi dos centenares de trabajadores que tendrían que estar maldiciendo a la empresa por ese 0% de subida. No hubo ni una sola protesta, ni tan siquiera para apoyar al compañero despedido. Es la doctrina del miedo, la aplicada por inhumanos gestores para quienes las personas sólo somos números. Un comportamiento así, por parte de una empresa que tiene beneficios, sólo puede entenderse desde el más básico sentido común, que quizás apurada por el deseo de sus dueños e inversores de ganar aún más, decide aprovechar la coyuntura actual para congelar salarios y, para evitar posibles protestas, decide someter a la plantilla al shock de descubrir que despiden a un buen compañero.
Días después, unos de los jefes reuniría a la plantilla para repetir una vez más aquella litúrgica arenga acerca de que "vosotros sois nuestro principal activo". De lo importante, sobre el reciente despido, no dijo nada; tampoco nadie se atrevería a preguntar. Es el papel reservado a esa minoría bien pagada de trabajadores poco productivos que cobra por controlar al resto. Esos gestores, directivos, jefes de medio pelo que, a modo de capataces, comprenden que en la fuerza de trabajo de los empleados está el beneficio de los dueños e inversores de la empresa, y a ella se deben. Los mismos que niegan subidas a sus subordinados, les escatiman gastos en dietas y kilometraje o infraestructura, pero les exigen lealtad hacia la empresa; los mismos que ante cualquier atisbo de protesta no dudan en sacar pecho y decir aquello de "si no estás de acuerdo ya sabes lo que hay"; que sin embargo no dudan en hacer uso de la VISA oro facilitada por la empresa para invitar a potenciales clientes a los más caros restaurantes o cualquier otro centro lúdico que sea menester. Cuán crecidos están ante la actual situación coyuntural, en la que saben que los trabajadores estamos más desprotegidos que nunca, sin capacidad organizativa, sin apenas voluntad para la movilización.
Es hora de que la sociedad española se plantee que la cuestión laboral no es sólo tener un puesto de trabajo, sino la necesidad de asegurar por ley que las empresas respeten la dignidad de sus trabajadores de modo efectivo, asegurando la calidad del trabajo, que cada hora trabajada sea remunerada, que cualquier despido tenga que ser perfectamente justificado y que, en caso de tratarse de empresas con beneficios, la indemnización sea relativa a aquéllos, como modo de prevenir despidos como el aquí descrito. No obstante, ha de quedar claro que ningún gobierno va a legislar para dignificar el derecho al trabajo de motu proprio, sino que tendrá que ser el clamor social quien lo exija. Utópico, quizás, pero con la situación actual cualquiera que ahora mismo tenga un puesto de trabajo puede ser el siguiente en sufrir un despido arbitrario como medio de control del resto de la plantilla.
Resonando aún el caso de Coca-Cola y el despido masivo de trabajadores en el centro de la Península, es necesario llamar la atención de que esta forma de proceder no es sólo coto de multinacionales con grandes beneficios, sino de pequeñas y medianas empresas también rentables que deciden echar a sus trabajadores sin más razones que las meramente especulativas. Al respecto, hace unos días un buen amigo fue despedido de la compañía en la que ha trabajado durante más de tres años. Se trata de una empresa del sector de la ingeniería informática, cuyo principales clientes son administraciones públicas y grandes corporaciones, a las cuales cede sus trabajadores a precio de saldo. A nivel de cuentas, sus beneficios para el 2013 estaban alrededor de los 20 millones de euros, nada mal para una empresa que no llega a los doscientos trabajadores. Una empresa que, tal como me contaba este amigo, se sostiene gracias a una red clientelar que le asegura contratos a medio y largo plazo y la participación en suculentos proyectos financiados por la Unión Europea, de esos en los que lamentablemente parece resultar tan sencillo falsear horas de trabajo ante posibles auditorías.
La historia que nos ocupa comienza el día en que el departamento de Recursos Humanos se reúne con cada uno de los trabajadores de la plantilla para anunciar las subidas salariales para el año entrante. Es una práctica habitual en muchas empresas aplicar el consabido "divide y vencerás" a base de poner frente a cada empleado a los lacayos más insensibles, gente que no tendrán reparos en contar las mismas milongas de siempre para finalmente soltar una cifra que ya estaba más premeditada y, por supuesto, recordar la suerte que tiene con seguir trabajando. Sin embargo, en el caso de esta persona, no fue así. Directamente le comunicaron que iba a ser despedido.
En comparación, el resto de la plantilla no salió mal parada, tan sólo les congelaron el sueldo. Esta persona en particular no se esperaba en absoluto que lo fuesen a echar de la empresa, pues durante 2013 había hecho un buen trabajo, refrendado por sus responsables directos; incluso había hecho gala de ese eufemismo tan actual como es el compromiso con la empresa, que viene a ser más o menos trabajar más horas de las contratadas de manera gratuita para la empresa. Sin embargo, durante la fatal entrevista, le anunciaron su despido de modo fulminante. A pesar de no ser tratado con la mayor de las cortesías, los entrevistadores le aclararon que lo echaban exclusivamente por cuestiones económicas, pues habían estado muy satisfechos con su trabajo. Incluso le dijeron que lo tratarían como despido improcedente, pagándole la indemnización pertinente, y que podía marcharse a su casa de inmediato.
Está claro que, cuando echan a gente, que te congelen el sueldo es un mal menor. El efecto se había conseguido entre casi dos centenares de trabajadores que tendrían que estar maldiciendo a la empresa por ese 0% de subida. No hubo ni una sola protesta, ni tan siquiera para apoyar al compañero despedido. Es la doctrina del miedo, la aplicada por inhumanos gestores para quienes las personas sólo somos números. Un comportamiento así, por parte de una empresa que tiene beneficios, sólo puede entenderse desde el más básico sentido común, que quizás apurada por el deseo de sus dueños e inversores de ganar aún más, decide aprovechar la coyuntura actual para congelar salarios y, para evitar posibles protestas, decide someter a la plantilla al shock de descubrir que despiden a un buen compañero.
Días después, unos de los jefes reuniría a la plantilla para repetir una vez más aquella litúrgica arenga acerca de que "vosotros sois nuestro principal activo". De lo importante, sobre el reciente despido, no dijo nada; tampoco nadie se atrevería a preguntar. Es el papel reservado a esa minoría bien pagada de trabajadores poco productivos que cobra por controlar al resto. Esos gestores, directivos, jefes de medio pelo que, a modo de capataces, comprenden que en la fuerza de trabajo de los empleados está el beneficio de los dueños e inversores de la empresa, y a ella se deben. Los mismos que niegan subidas a sus subordinados, les escatiman gastos en dietas y kilometraje o infraestructura, pero les exigen lealtad hacia la empresa; los mismos que ante cualquier atisbo de protesta no dudan en sacar pecho y decir aquello de "si no estás de acuerdo ya sabes lo que hay"; que sin embargo no dudan en hacer uso de la VISA oro facilitada por la empresa para invitar a potenciales clientes a los más caros restaurantes o cualquier otro centro lúdico que sea menester. Cuán crecidos están ante la actual situación coyuntural, en la que saben que los trabajadores estamos más desprotegidos que nunca, sin capacidad organizativa, sin apenas voluntad para la movilización.
Es hora de que la sociedad española se plantee que la cuestión laboral no es sólo tener un puesto de trabajo, sino la necesidad de asegurar por ley que las empresas respeten la dignidad de sus trabajadores de modo efectivo, asegurando la calidad del trabajo, que cada hora trabajada sea remunerada, que cualquier despido tenga que ser perfectamente justificado y que, en caso de tratarse de empresas con beneficios, la indemnización sea relativa a aquéllos, como modo de prevenir despidos como el aquí descrito. No obstante, ha de quedar claro que ningún gobierno va a legislar para dignificar el derecho al trabajo de motu proprio, sino que tendrá que ser el clamor social quien lo exija. Utópico, quizás, pero con la situación actual cualquiera que ahora mismo tenga un puesto de trabajo puede ser el siguiente en sufrir un despido arbitrario como medio de control del resto de la plantilla.
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viernes, 3 de enero de 2014
Nos dicen que baja el paro, lo que no aclaran es que se trata de empleos precarios
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miércoles, 30 de octubre de 2013
Ojalá, por esta vez, De Guindos tuviera razón y los españoles perdiéramos el miedo a perder el empleo
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martes, 8 de octubre de 2013
La fábula del pastorcillo versionada por el Partido Popular
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miércoles, 2 de octubre de 2013
Dime de qué presumes... señor Rajoy
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martes, 3 de septiembre de 2013
Este agosto el paro descendió en España un 0,0006%
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lunes, 29 de julio de 2013
Un país de 6 millones de parados y 16 millones de estresados
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viernes, 26 de julio de 2013
Una acertada descripción de la sociedad de hoy
Pocas descripciones de la sociedad que vivimos superan a la contada en la letra de esta canción de Nega[1]. Un magnífico relato de nuestra condición de rebaño de supervivientes de una crisis inherente al sistema económico imperante del cual, en vez de desafiar, aceptamos sus contradicciones para convertirnos en cómplices pasivos en pos del consumo y el miedo.
En este mundo de llanto, de trepas y vulgares,
es la soledad y el desencanto lo que llena los bares.
Desigualdades, odio, Oriente Medio sigue en guerra
mientras Paquita se deja la pensión en la tragaperras.
En esta era del miedo masivo, la tele nos maneja,
donde el Euribor rompe enamoradas parejas.
Somos un rebaño de ovejas que sufre miopía,
no somos seres humanos, somos recursos, mercancía.
Cruel dicotomía, abrazos despedidas,
colas en el Inem de parados con la mirada perdida.
Lágrimas al funcionario que estudie bien tu caso,
mientras bajo el puente en Campanar inmigrantes duermen al raso.
Qué fracaso de sociedad, cada persona un islote,
madres solteras que hacen lo indecible por salir a flote.
Hacen falta Quijotes, que traigan conquistas,
es decir, hacen falta locos, hacen falta idealistas.
Cierro los ojos y aún me veo entre sus butacas,
derribaron el viejo cine y hoy es un Starbucks.
Pijas venden glamour, en garitos de La Alameda,
mientras en el puerto otras venden su cuerpo por unas monedas.
Así es la vida, nos dicen los de arriba,
y de tanto escucharlo interiorizamos la mentira.
Otros no encuentran salida y terminan con ese daño:
55.000 europeos se suicidan por año.
¿Y qué más da? si a la estructura de poder le da lo mismo,
y si hay que buscar un culpable la culpa será del terrorismo.
Y el rico más rico, preso del miedo, la histeria,
y el pobre convertido en atracción de feria.
Va a empezar el baile, va a empezar el baile,
vuestra democracia es un fraude.
Es obvio, grises son las circunstancias,
la vida puede ser maravillosa pero es rancia.
Sobredosis, ambulancias, seres humanos, ilegales,
dicen algunos que colapsan las urgencias y los hospitales.
Lo dice el pepero, el militar y el beato,
mientras una ecuatoriana limpia su casa sin contrato.
Exacto, es la doble moral burguesa,
¿mi niña con un sudaca? No, mi niña es una princesa.
Me cago en la libre empresa, y en la ley de extranjería,
¿extranjeros fuera? que empiecen por la Reina Sofía.
Otra cárcel fría, otro borracho en la plaza,
otra carnicería en la Franja de Gaza,
otra caza al terrorista, otra víctima civil,
otro inmigrante muerto en dependencias de la Guardia Civil,
otro misil inteligente que vuela un bloque de viviendas,
otra vez me roba hacienda, otra mentira en tele-tienda,
felices con la venda puesta.
Y los medios filtran preguntas para evitar incómodas respuestas.
Más bibliotecas, menos cuarteles,
coge a tu chati vete al campo y apaga la tele.
Va a empezar el baile, va a empezar el baile
Vuestra democracia es un fraude.
es la soledad y el desencanto lo que llena los bares.
Desigualdades, odio, Oriente Medio sigue en guerra
mientras Paquita se deja la pensión en la tragaperras.
En esta era del miedo masivo, la tele nos maneja,
donde el Euribor rompe enamoradas parejas.
Somos un rebaño de ovejas que sufre miopía,
no somos seres humanos, somos recursos, mercancía.
Cruel dicotomía, abrazos despedidas,
colas en el Inem de parados con la mirada perdida.
Lágrimas al funcionario que estudie bien tu caso,
mientras bajo el puente en Campanar inmigrantes duermen al raso.
Qué fracaso de sociedad, cada persona un islote,
madres solteras que hacen lo indecible por salir a flote.
Hacen falta Quijotes, que traigan conquistas,
es decir, hacen falta locos, hacen falta idealistas.
Cierro los ojos y aún me veo entre sus butacas,
derribaron el viejo cine y hoy es un Starbucks.
Pijas venden glamour, en garitos de La Alameda,
mientras en el puerto otras venden su cuerpo por unas monedas.
Así es la vida, nos dicen los de arriba,
y de tanto escucharlo interiorizamos la mentira.
Otros no encuentran salida y terminan con ese daño:
55.000 europeos se suicidan por año.
¿Y qué más da? si a la estructura de poder le da lo mismo,
y si hay que buscar un culpable la culpa será del terrorismo.
Y el rico más rico, preso del miedo, la histeria,
y el pobre convertido en atracción de feria.
Va a empezar el baile, va a empezar el baile,
vuestra democracia es un fraude.
Es obvio, grises son las circunstancias,
la vida puede ser maravillosa pero es rancia.
Sobredosis, ambulancias, seres humanos, ilegales,
dicen algunos que colapsan las urgencias y los hospitales.
Lo dice el pepero, el militar y el beato,
mientras una ecuatoriana limpia su casa sin contrato.
Exacto, es la doble moral burguesa,
¿mi niña con un sudaca? No, mi niña es una princesa.
Me cago en la libre empresa, y en la ley de extranjería,
¿extranjeros fuera? que empiecen por la Reina Sofía.
Otra cárcel fría, otro borracho en la plaza,
otra carnicería en la Franja de Gaza,
otra caza al terrorista, otra víctima civil,
otro inmigrante muerto en dependencias de la Guardia Civil,
otro misil inteligente que vuela un bloque de viviendas,
otra vez me roba hacienda, otra mentira en tele-tienda,
felices con la venda puesta.
Y los medios filtran preguntas para evitar incómodas respuestas.
Más bibliotecas, menos cuarteles,
coge a tu chati vete al campo y apaga la tele.
Va a empezar el baile, va a empezar el baile
Vuestra democracia es un fraude.
[1] "Baile de máscaras" de la maqueta Geometría & Angustia (2008).
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domingo, 7 de julio de 2013
Un año de reforma laboral, un año de mayor precariedad
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miércoles, 26 de junio de 2013
Un premio a la ministra de Trabajo con toda la lógica
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jueves, 13 de junio de 2013
Positividad y buenrrollismo para acabar con el desempleo juvenil
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domingo, 19 de mayo de 2013
El misterio de la marca España
Tanto que se habla de ella, apenas nadie sabe cómo es, ni de qué se trata. Quizás sea como las meigas que, al igual que nuestro presidente, son gallegas y nadie las ha visto; pero no hay duda de que haberlas, haylas.
De la marca España sabemos que hay mucha gente que habla de ella, incluso hay una página web que intenta contar en qué consiste. En aquel sitio la definen como "una política de Estado"[1], lo cual hace suponer de inmediato que ésta se encuentra dirigida desde Berlín para mayor gloria de los mercados europeos. Incluso explican que su objetivo es "mejorar la imagen de nuestro país, tanto en el interior como más allá de nuestras fronteras, en beneficio del bien común", aclarando que "corresponde a los poderes públicos diseñar políticas que mejoren dicha imagen"[2]. Así que habrá que descartar, pese a las evidencias, que la marca España sea la escandalosa corrupción -tan criticada desde el extranjero[3]- o la bochornosa imagen del monarca posando junto al cadáver de un elefante[4]. Tampoco se corresponde la marca España con la de ningún fabricante de televisores, por mucho que el presidente insista en "dar la cara" a través de aquéllos, ni con ningún constructor de puertas giratorias, a pesar de que un gran número de ex-altos cargos políticos disfrute en la actualidad de importantes puestos en la empresa privada[5].
En la búsqueda de pistas que ayuden a aclarar el sentido de inventarse algo como la marca España, nos indican que en su planteamiento "debe primar los términos económicos, coadyuvando a la recuperación del crecimiento y del empleo"[6]. Desde luego, no hace falta que se insista en que los términos económicos priman sobre lo demás. Que se lo digan, si no, a la inmensa mayoría de los ciudadanos usuarios de unos servicios públicos de sanidad o educación, cuyos presupuestos son continuamente reducidos. Quizás, a todo esto, la marca España se identifique con los recortes. Pero es que los recortes no ayudan a crear empleo, como demuestran las siempre crecientes cifras de paro, dato que, por cierto, sí que tiene bastante proyección internacional[7]. Ante este drama, la ocurrencia de un gran defensor de la marca España -el presidente de la patronal de empresarios- es proponer que el número de desempleados pase a contabilizarse según otro criterio. Claro está que la preocupación de la oligarquía empresarial de este país no es la reducción del desempleo sino extraer las máximas ventajas de la coyuntura actual, imponiendo una reforma laboral que, además de mostrarse ineficaz para crear puestos de trabajo, reduzca las condiciones laborales de quienes aún trabajan.
Los promotores de la marca España insisten en su web que éste "es un país rico en historia que también se apoya en la modernidad". Rico en historia, por supuesto, aunque el partido en el Gobierno se empeñe en enterrar su memoria en las mismas cunetas en las que aún yacen miles de represaliados por el régimen de Franco, cuyos descendientes han de acudir a jueces argentinos para encontrar la justicia que aquí y ahora se les niega[8]. En cuanto a la modernidad de la que hablan tan sólo hay que comprobar el sistemático planeamiento de leyes retrógradas y regresivas, como la que limita el derecho de la mujer a decidir libremente sobre su cuerpo o la vuelta de los catecismos a las escuelas públicas.
A pesar de todas las explicaciones que puedan darnos sus promotores, sigue siendo complicado encontrar un sentido a la marca España. ¿Se referirán, pensándolo bien, a la cultura del pelotazo que tan buen rendimiento dio a unos pocos?, ¿o a la España de los aeropuertos vacíos, líneas de AVE infrautilizadas con dudosos trazados, mientras se suprimen servicios actualmente utilizados por más de millón y medio de viajeros al año[9]?
Quizás la clave está, como siempre, en el pan y circo. Ya que no podemos presumir de otra cosa, hagámoslo de los éxitos de nuestros deportistas profesionales, convertidos "en un ejemplo de superación y espejo para toda la sociedad"[10]. Quizás por eso sólo nos dejan salir a las calles para celebrar una Eurocopa o un Mundial, pero los defensores de la marca España dan órdenes de tolerancia cero hacia quienes deciden manifestarse para exigir soluciones a esta insostenible situación. La marca España se convierte así en rostros ensangrentados a golpes, ojos reventados por pelotas de goma, familias expulsadas de sus casas a la fuerza y cientos de multas en toda la geografía. De modo que, quien sale a la calle por algo distinto a celebrar un gol pasa a ser el "enemigo", se le llama "nazi" o se le acusa de "pro-etarra".
Mientras tanto, -salvo honrosas excepciones- una parte de aquellos deportistas de élite a quienes piden que adoremos siguen el ejemplo de otros defensores de la marca España y llevan sus dineros a paraísos fiscales. Quizás, en este punto, la marca España sea la creciente desigualdad entre los ricos y el resto de la población. Una población que ve impotente subir los impuestos indirectos, como el IVA o los carburantes, mientras sus sueldos menguan. Eso, quienes aún disfrutan de una paga; quienes no, ni siquiera están seguros si serán atendidos en los hospitales públicos con todas las garantías sanitarias[11]. Ante tal panorama, ¿es de extrañar que cada vez más españoles decidan emigrar a países sin marca pero que, al menos, dan una oportunidad a quienes quieren trabajar?
Quizás, después de todo, la marca España sea, como afirman los geniales Riot Propaganda "un padre de familia buscando en la basura"[12]. Por ello tenemos un ministro que no duda en recomendarnos ducharnos con agua fría, tomar yogures caducados y, si se tercia, unas tapas de gusanos que "cuando están fritos y son pequeñitos no son desagradables"[13].
[1] "¿Qué es marca España?". Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España.
[2] Ibid.
[3] "'The New York Times' publicará un reportaje sobre la corrupción en España". El Economista, 18 de enero de 2013.
[4] "El Rey también cazó elefantes en Zimbabue a casi 6.000 dólares la noche". El Confidencial, 17 de abril de 2012.
[5] "Las “Puertas Giratorias” en la política española". 8 de marzo de 2013.
[6] "¿Qué es marca España?", op. cit.
[7] "Spain Is Beyond Doomed: The 2 Scariest Unemployment Charts Ever". The Atlantic, 26 de abril de 2013.
[8] "La jueza argentina calcula que habrá imputaciones por los crímenes del franquismo en un año". Público, 18 de mayo de 2013.
[9] "Fomento suprimirá 48 líneas de Renfe". El País, 15 de mayo de 2013.
[10] "¿Qué es marca España?", op. cit.
[11] "La sanidad valenciana retira una prótesis de 152 euros a un joven que no podía pagarla". Público, 5 de mayo de 2013.
[12] "El miedo va a cambiar de bando" del álbum United Artists of Revolution (2013).
[13] "El ministro más rico bebe yogures caducados, se ducha con agua fría y… come gusanos". El Plural, 18 de mayo de 2013.
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La contabilización del desempleo o la lógica del esperpento
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lunes, 6 de mayo de 2013
Precariedad laboral como solución al desempleo
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sábado, 4 de mayo de 2013
La Monarquía española y la excusa del desempleo
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Isaac M. Casaubón
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lunes, 29 de abril de 2013
El rotundo éxito de la ministra de Trabajo
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Isaac M. Casaubón
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lunes, 4 de marzo de 2013
Éxitos de la reforma laboral: más de 20 mil despidos por ERE entre enero y febrero
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Isaac M. Casaubón
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