Mostrando entradas con la etiqueta igualdad de oportunidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta igualdad de oportunidades. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de abril de 2013

Un juramento por y para el pueblo venezolano

La imagen de la jornada

Fuente: Telesur
Nicolás Maduro, presidente democráticamente elegido por el pueblo de Venezuela, accedió a su cargo bajo el juramento de cumplir su "Constitución en todo lo inherente al cargo para construir una Patria de felicidad independiente y socialista para todos y para todas". En la Venezuela bolivariana, la de la revolución bonita, los gobernantes hablan de felicidad para el pueblo. Qué extraño suena todo aquello en una Europa neoliberal consagrada al recorte de derechos, cuyos líderes sólo saben aplicar sacrificios a la mayoría que menos tiene en nombre de los mercados, para satisfacción de los que más tienen.

miércoles, 6 de marzo de 2013

El pueblo de Hugo Chávez

El principal logro de Hugo Chávez en sus años de gobierno ha sido el cambio en la mentalidad del pueblo que por vez primera se siente dueño de su destino, motivo por el cual siempre tuvo en su contra a los grandes poderes.

La larga agonía del presidente Chávez en su lucha contra la enfermedad ha terminado. La gente humilde de todo un continente llora su ausencia[1] mientras, en el autodenominado Primer Mundo, los medios de comunicación se empeñan en mancillar su memoria con los descalificativos de siempre, mostrando más preocupación por las inquietudes de unos pocos venezolanos residentes en Miami[2] que por el destino de todo un pueblo.

El proceso bolivariano es el gran legado de Hugo Chávez a los ciudadanos latinoamericanos, una revolución tranquila que ha permitido que los pobres de Venezuela por fin tengan voz; de lejos, la mayor lección de talante democrático que un presidente pudiera dar a su pueblo. Gracias a él, latinoamérica ya no tiene complejos. El tradicional patio trasero del todopoderoso imperio yanki definitivamente pasó a la historia.

Aún queda un gran camino por recorrer, pero los datos hablan de un trecho andado que quizás un día lleguemos a envidiar en Europa. Porque, mientras la pobreza en Venezuela se redujo un 21,6% en apenas 10 años[3], los últimos gobiernos de España pueden presumir de haber condenado a un 21,1% de la población a vivir por debajo del umbral de pobreza[4], o los de Grecia de haber perdido el estatus de país desarrollado[5]. Cuando los recursos de un estado se dedican a la mejora de las condiciones de vida de su pueblo, cuando se lucha abiertamente contra la desigualdad, el analfabetismo o la pobreza, cuando la inversión social es objetivo prioritario para el Gobierno, puede hablarse de democracia. Hugo Chávez se dirigió a su pueblo ofreciéndoles el pez y la caña, responsabilizándolos en su aprendizaje en el arte de la pesca, haciéndolo soberano, mientras que Mariano Rajoy se limita a aparecer parapetado tras un monitor de televisor para no decir nada fuera del guión establecido desde la Europa del capital.

Gracias a sus políticas para el pueblo, Chávez ganó 13 elecciones limpiamente en "el mejor sistema electoral del mundo" -según palabras de Jimmy Carter[6]- donde la participación electoral supera el 80% del censo, algo inimaginable en la vieja Europa neoliberal, donde se legisla a golpe de recorte. A pesar de ello, los grandes medios insisten en llamarlo "dictador", un descalificativo que esconde el resentimiento del gran capital y sus acólitos hacia quien se atrevió a nacionalizar bancos y empresas con el objetivo de reducir la desigualdad entre ricos y pobres[7], permitir que los hijos de los trabajadores pudieran acceder a la universidad, alfabetizar a más de dos millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir.

El pueblo venezolano ha madurado con Hugo Chávez al frente. Una nueva etapa se abre con la esperanza, por parte de quienes creemos en los valores democráticos, de que sepa continuar su camino.


[1] "Venezuela llora la muerte de su líder: "¡Chávez vive para siempre, la lucha continúa!". RTVE Noticias, 6 de marzo de 2013.
[2] "Muere Hugo Chávez: Los venezolanos en el exilio confían en un cambio". La Vanguardia, 6 de marzo de 2013.
[3] "El secreto de Venezuela en su lucha contra la pobreza". BBC Mundo, 5 de enero de 2012.
[4] "Pobreza en España: 12 datos para la alarma". El Diario, 22 de octubre de 2012.
[5] "Greece reclassified to 'emerging market' from developed". The Telegraph, 2 de marzo de 2013.
[6] "Venezuela, con el mejor sistema electoral del mundo: Carter". Los Ángeles Press, 19 de septiembre de 2012.
[7] "Elías Eljuri: La Cepal avala cifras de reducción de pobreza en Venezuela". Correo del Orinoco, 21 de noviembre de 2011.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Hoy día de los inocentes: no te olvides de Alfon

Mensaje en apoyo de Alfon, convertido a la fuerza en icono de la lucha de clases. Con los mejores deseos para su familia y amigos.

Parece mentira que cosas como éstas puedan estar ocurriendo en pleno siglo XXI. ¿No nos habían contado que aquellas historias sobre detenciones arbitrarias, presos políticos y oscuras represalias habían quedado atrás después de aquella ejemplar transición?

El asunto de Alfon hace pensar que quizás todo ha sido un gran engaño, una descomunal obra teatral de la que todos fuimos partícipes al mirar hacia otro lado, olvidando que las conquistas sociales se llevan a cabo -y se defienden- activamente en las calles, mediante la movilización pacífica, y no pasivamente desde el sofá mientras creemos todo lo que la televisión nos quiere contar.

Hasta que fue demasiado tarde y bruscamente comprobamos que a los trabajadores no nos queda más que el recuerdo de un espejismo en que el nos creímos ricos. Pero a diferencia de aquéllos -quienes a pesar de la crisis siguen enriqueciéndose[1]- de repente nos vimos sin los derechos más esenciales, injustamente arrastrados a aquellas grises épocas pasadas.

Como era de esperar, muchas personas tímidamente comenzaron a tomar conciencia de la gravedad de la situación que se iba presentando. No dudaron en salir a las calles, en reclamar una justicia social que, lamentablemente, se desvanecía de la noche a la mañana. La reacción de los grandes poderes sería implacable, insinuando así su peor rostro. De repente nos encontramos ante un mundo al revés donde se criminaliza la protesta, se culpa de la crisis a sus víctimas, se tacha de irresponsable a quien hace huelga[2]. Se asientan, en definitiva, las bases para repetir las peligrosas decisiones políticas que se llevaron a cabo en los años 30 del siglo pasado.

Evocando las épocas de las santas cruzadas, nuestros gobernantes tenían que encontrar un enemigo turco cuya cabeza colocar sobre una lanza, bien elevada, a vista de todos. La idea era fomentar el miedo, poderoso aliado de quienes pueden y saben ejercerlo, miedo a protestar, miedo a movilizarse. En el fondo, cualquier persona que participase en algún piquete informativo aquel día de Huelga General, o que simplemente estuviese en alguna de las manifestaciones convocadas aquella jornada, tiene la sensación de que bien podría estar en el lugar de Alfon[3].

Sin quererlo, Alfon se ha convertido en un icono de la lucha de clases, en mártir de la sinrazón y el abuso de una oligarquía que no admite discusión alguna. Es por ello que, más que nunca, este inmenso sector de la sociedad vituperado por los recortes ha de exigir la liberación sin cargos de Alfon[4] y el firme compromiso por parte de las autoridades de no volver a consentir montajes[5] contra quienes tan sólo defienden derechos fundamentales.


[1] "Los ricos son un 8,4% más ricos, pero el Gobierno prefiere los recortes a gravar a las grandes fortunas". El Plural, 23 de diciembre de 2012.
[2] "González dice que Madrid perdió un 0,5 por ciento de riqueza por abuso de huelgas y manifestaciones". El Diario, 27 de diciembre de 2012.
[3] ""El régimen penitenciario de 'Alfon' implica una tortura psicológica"". Público, 27 de diciembre de 2012.
[4] "Concentraciones de apoyo a Alfon en 30 ciudades". Diagonal Periódico, 28 de diciembre de 2012.
[5] "¡Alfon Libertad! Stop montajes policiales". Público, 21 de diciembre de 2012.

martes, 3 de enero de 2012

Un propósito de año nuevo: ser dueños de nuestras propias vidas

Con la excusa de la crisis los ciudadanos vemos cada día empeorar nuestras condiciones mientras los poderosos son cada vez más ricos e influyentes. Como paso previo para cambiar esta injusta tendencia, cada trabajador, como individuo, ha de plantearse ser dueño de su propia vida, despertar la mentalidad crítica necesaria para ejercer una verdadera libertad de pensamiento.

La crisis llega a su quinto año. Aunque España se encuentra al borde de la recesión[1], se continuará insistiendo en las mismas recetas basadas en recortes sociales y laborales. Seguiremos siendo los trabajadores -e incluyo en ese término a pequeños empresarios y autónomos- quienes pagaremos cada intento de recuperación de la crisis.

Nos hemos acostumbrado a que las apariciones de nuestros políticos sean para anunciar recortes, los cuales asumimos como necesarios para salir de la crisis. Incluso se empieza a dar el caso de ministros que justifican sus agresivas medidas en que, en cualquier caso, “las hubieran impuesto otros”[2]. Declaraciones inquietantes, síntoma de una peligrosa delegación de soberanía en otros a quienes el pueblo español no ha elegido que ya tiene precedentes. No hace mucho el Banco Central Europeo forzó a los gobiernos español e italiano a cambiar sus constituciones para introducir en ellas un límite al déficit, además de dar prioridad sobre cualquier otro gasto al pago de la deuda pública. Días antes de las elecciones generales Mariano Rajoy contactaría con Angela Merkel para expresarle que  “a cambio de 100.000 millones de euros está dispuesto a hacer las medidas que sea necesario”[3]. 

La Unión Europea liderada por el tándem Merkel-Sarkozy demuestra estar al servicio del sector financiero y, muy especialmente, de la banca privada, de quienes se han convertido en portavoces. El neoliberalismo ha infectado a los gobiernos de la Zona Euro y están imponiendo su dogma económico a fuerza de crisis. No se permiten opiniones alternativas. Mientras este dogma siga indiscutible, nuestros derechos irán siendo recordados uno tras otro. Los argumentos de los economistas críticos apenas son divulgados por los medios de comunicación tradicionales, en una clara manipulación para que parezca que no hay alternativas. 

Pero sí hay alternativas, como argumentan expertos economistas de ambos lados del Atlántico. El problema está en el sistema financiero que con su comportamiento destructivo está condenando a Europa a una Gran Recesión[4]. La salida a la crisis no será posible mientras no se produzca un cambio de rumbo en las políticas económicas a escala europea.

Esto significa un desafío claro al neoliberalismo, que no es más que el último estadio en la evolución del capitalismo. A pesar de que en la actual sociedad de lo políticamente correcto el concepto de lucha de clases se haya convertido en tabú, la realidad nos demuestra que ahora es un concepto muy vigente y, posiblemente, se esté llevando con mayor virulencia que nunca. No en vano, los ricos son cada vez más ricos y poderosos; mientras los trabajadores son cada vez más pobres tanto en lo económico como en derechos[5]. La lucha de clases es consustancial al capitalismo. Warren Buffet, quien amasa una de las mayores fortunas del mundo expresó en un arranque de sinceridad que “Claro que hay lucha de clases, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando”[6]. No podemos dejar de darnos por aludidos ante el descaro de tal mensaje: es una guerra contra usted, contra mí, contra todos nosotros, la clase trabajadora.

Quizás sea el comienzo del año, sobre todo uno que promete tanta dureza para los trabajadores como el 2012, el momento para plantearse el propósito de responder, aunque sea inicialmente de modo individual, a la beligerancia del neoliberalismo en ciertas actitudes personales, pequeños granos de arena que sirvan al menos para alcanzar la satisfacción personal de no sentirse sumiso hacia un sistema donde la democracia hace aguas, mientras la banca privada acrecienta a diario su poder e influencia.

Los 6 puntos que aparecen a continuación son ejemplos de esos granitos de arena, en forma de rebeldía y libertad de pensamiento, que toda persona libre debería plantearse en aras de despertar su conciencia de clase[7]:
  • Practicar el pensamiento crítico y libre; contrastar todo lo posible entre ideas, entre opiniones e informaciones opuestas; leer la prensa oficial y la alternativa disponible en Internet; cuestionar todo y permitir ser siempre cuestionado; practicar el método científico en nuestras vidas cotidianas (el contraste entre las teorías y entre la teoría y la práctica).
  • Someterse lo menos posible en el trabajo, cumplir lo estrictamente necesario en nuestros puestos de trabajo, trabajar para vivir y no al revés, tener siempre muy presente que la empresa es nuestra enemiga, en cualquier momento puede despedirnos, sólo somos números para ella.
  • Aprovechar nuestro tiempo libre al máximo, ser libres en nuestro tiempo libre, librarnos de compromisos y disciplinas innecesarios. Luchar por la cantidad y la calidad del tiempo libre. Procurar disponer del máximo tiempo libre posible y procurar ser lo más libre posible durante el tiempo libre de que dispongamos. Procurar satisfacer también nuestras necesidades intelectuales todo lo posible. Además de cuidar nuestro cuerpo, debemos cultivar nuestra mente, lo que más nos diferencia del resto de animales. De esta manera nos desarrollamos más como seres humanos. Somos así menos ovejas.
  • Controlar los gastos en vez de obsesionarnos con aumentar constantemente los ingresos; consumir menos, lo realmente necesario, endeudarnos lo menos posible; aprovechar todas las ocasiones en que podamos hacer cosas interesantes sin gastarnos mucho dinero; disfrutar de las cosas sencillas de la vida, dar prioridad a las cosas verdaderamente importantes, disfrutar de la familia, de los amigos, de la naturaleza, de la cultura; aprovechar al máximo nuestras posibilidades, sin obsesionarnos tanto en aumentarlas a toda costa e incesantemente.
  • Usar el derecho al voto de forma inteligente y realista, ejercer un voto útil, considerando que el voto más útil es el que puede contribuir a cambiar las cosas en profundidad, no conformarse con parches. No perder de vista que otro sistema es necesario y posible. No conformarse con cambios de gobiernos, aspirar a cambiar el propio sistema. El voto más útil, el ejercicio del derecho al voto más útil, es el que contribuye a los cambios sistémicos. Debemos votar a los partidos que apuesten por cambios profundos, que defiendan el desarrollo de la democracia. O, si no los encontramos, debemos practicar la abstención, o el voto protesta como el voto nulo (pero no el voto en blanco si beneficia a los grandes partidos, como así ocurre actualmente en España), como forma de boicot a la oligocracia, para intentar forzar los acontecimientos, para cuestionar a la escasa y simbólica “democracia” actual.
  • Desconfiar siempre del poder y de quienes lo defienden acríticamente o sólo lo critican superficialmente. Desconfiar de quienes no critican al sistema, de quienes no profundizan. El sistema dista mucho de la perfección. Quien evita criticarlo profundamente, lo sustenta, es sospechoso de ser uno de sus lacayos.
El único modo de ser dueños de nuestras propias vidas pasa por la rebeldía a este sistema de banqueros y especuladores. Una rebeldía con causa que no conciba vivir con la cabeza agachada, a expensas de los caprichos de patronales sin conciencia. Somos el pueblo pacífico a quienes nos declararon una guerra que no buscábamos ni deseábamos, pero que sufrimos cada vez con más intensidad. El camino puede ser arduo, complicado, implica compromiso y valentía, exige pensar sin miedo, requiere humanidad. Porque vivir de rodillas es el primer síntoma de esclavitud, para uno mismo y nuestra descendencia, y quien acepta ser esclavo sin lucha reniega de su condición humana.


[1] "Crisis: año V", Público, 1 de enero de 2012.
[5] Vicenç Navarro, "Concentración de la riqueza", Público, 29 de diciembre 2011.
[6] "In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning", The New York Times, 26 de noviembre de 2006.
[7] Tomo estos puntos de un magnífico artículo que encontré en el Blog de José López: "Un grano de arena".

lunes, 24 de octubre de 2011

115 propuestas concretas

Acaba de publicarse el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, escrito por los economistas Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón.

El libro, prologado por Noam Chomsky, realiza un repaso de la situación actual de la economía de estado español -y, por extensión de Europa- desde una cuidada perspectiva científica, antítesis del discurso oficial del pensamiento único. Bajo tal enfoque, el texto plantea alternativas reales, perfectamente justificadas, a las soluciones que se llevan aplicando hasta el momento, que sólo sirven para acentuar la cada vez mayor brecha existente entre los ricos y el resto de la población. Como colofón final, el libro plantea un listado de 115 propuestas concretas en diversos ámbitos políticos, económicos y sociales, basadas en criterios racionales, muchas de las cuales responden a los planteamientos surgidos desde los movimientos sociales surgidos en la primavera de 2011.

La distribución del libro no ha sido sencilla, al frenarse su publicación por parte de la editorial que inicialmente llevaría a cabo tal labor sin explicación alguna. Sospechoso resulta un movimiento así justo en este momento preelectoral, que podría ser interpretado por muchos como autocensura de los editores ante el circo político bipartidista que nos espera en la inminente campaña electoral.

Es de vital importancia la divulgación de un texto de tal calibre, que se desmarca del discurso establecido y señala las causas reales de la crisis, sus culpables y las soluciones reales a aquélla, las soluciones que beneficien el empleo y el bienestar social. Es por ello por lo que los autores ofrecen la descarga gratuita del texto en formato electrónico y animan a su difusión.

La información es el arma más importante de la que puede disponer la ciudadanía, la que los grandes poderes más temen, pues los ciudadanos que desarrollan espíritu crítico utilizarán el poderoso recurso del escepticismo contra los discursos alienantes de los grandes medios de comunicación, siempre al servicio de aquellos poderes.

El libro puede ser descargado desde la web de ATTAC.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La fábrica de adultos

Poca gente ha sabido expresar las deficiencias del sistema educativo como Keny Arkana en su canción "L'usine à adulte" (La fábrica de adultos). Merece la pena leer la traducción de la letra al castellano:
Desde la infancia nos sueltan cosas de locos,
inútiles, del estilo “formad en fila”. Perdona, pero paso.
Ve a la escuela, cállate y aprende,
porque este mundo es una emboscada.
Hace falta diplomas y dinero, si no te espera un infierno.
Hay horarios para divertirse, otros para lo serio.
Todo está impuesto: obedece, tú no eliges nada.
¡Todo el mundo al paso! ¿te das cuenta o no?
En cierto modo nos adiestran y si te niegas es como:
“¿oh, pero éste de qué va?”
Desde pequeños nos ponen barreras mentales
y la espontaneidad juvenil y la pureza se atascan.
Preformateo, embalaje para la vida de adulto.
Eh niño, ¿en clase, sabes cuánto dura la receptividad?
8 horas sin parar, 36 horas a la semana
en las que cierras el pico y tragas;
en total, la misma rutina que en la vida activa.
¿Cuántos hay que, asqueados por la reflexión,
se convierten en buenos borregos,
manipulables, pasivos delante de sus televisores?
Dispuestos a creérselo todo, buen auditorio para la propagación
de su gran circo político, es el agujero negro para mi generación.
La misma historia, ya que es el dólar lo que la gente más venera.
Enseñanza obligatoria formateada desde que somos niños.

Pésimo sistema escolar que funciona como fábrica de adultos.
El mismo formato para todo el mundo,
la educación te modela en la calle.
Te hace perder tu naturaleza humana,
entra en la clase para entrar en una casta.
Te impide pensar por ti mismo.

Ven, entra en la calle, toma sitio, el culo sobre una silla.
¡No se muevan! Como una estatua de hielo.
Si quieres hablar, levantas el dedo.
Y si no estás de acuerdo, o bien te castigan o bien te aguantas.
Aquí ya no tienes más derechos que el de aprender las lecciones.
Para soltarlos les aprietan porque en el fondo
es una robotización a base de memorizar,
suavemente te hacen ponerte cadenas.
Clic clic: más tarde tendrás que ser un buen peón.
Te obligan a entrar en la máquina.
De todos modos, o entras o te marchas.
Y si te marchas la desgracia te atrapa y te preocupa:
estos cabrones son muy listos, han pensado en todo.
Por todas partes clasificación, colocación, última fila.
En efecto, parece que no hay nada que ver. Error.
Es en el fondo donde se ve todo.
Valores, a veces ridiculizados sin naturalidad.
La escuela es la entrada a una avenida bien trazada
donde escasas y peligrosas son las callejuelas.
Institución que te enseña desde el principio
que en este mundo el verbo “ser” no se puede conjugar sin “tener”.

Pésimo sistema escolar que funciona como fábrica de adultos.
El mismo formato para todo el mundo,
la educación te modela en la calle.
Te hace perder tu naturaleza humana,
entra en la clase para entrar en una casta.
Te impide pensar por ti mismo.

¿Te das cuenta que la educación no considera a los niños
más que futuros adultos, futuras herramientas de Babilonia?
Se les hace aprender, no para que se enriquezcan como personas,
sino para que pierdan su opinión.
Entra en vereda, empareda tu cerebro en esta clase.
Cada uno a lo suyo, te enseñan a pelearte por el primer puesto.
Poco importa tu edad, poco importa lo que desees.
Todo el mundo debe saber los mismos contenidos que encajan con el sistema.
Y si te sales del camino marcado, te espera el mundo marginal
un infierno, droga, cárcel, policía... vamos, nada genial.
Haz tu elección, niño,
pero la escuela de la calle no es la mejor escuela.
La escuela de la vida, la escuela de viajar,
es para mí la mejor escuela.
Eh niño, no cierres tu mente, tienes que ver las cosas por ti mismo.
No escuches todo lo que se dice en tus libros.
No es más que una pequeña parte de la verdad,
lo que se quiere que sepas.
Pero no te limites a sus escritos, evalúa, sé más sabio que ellos.

Pésimo sistema escolar que funciona como fábrica de adultos.
El mismo formato para todo el mundo,
la educación te modela en la calle.
Te hace perder tu naturaleza humana,
entra en la clase para entrar en una casta.
Te impide pensar por ti mismo.

Eh niño, en este mundo la escuela es importante pero,
no obstante, no cierres tu mente.
Conserva tu espíritu crítico, analiza y ve las cosas por ti mismo,
no caigas en su trampa.
Piensa y recuerda que su enseñanza está formateada,
así que no todo está dicho.
No te dejes modelar, comprende por ti mismo,
enriquécete y piensa siempre por ti mismo.


jueves, 25 de agosto de 2011

Lo que la juventud necesita es futuro

De los últimos disturbios acontecidos en Inglaterra, los medios de comunicación tradicionales han destacado los altercados en los que han estado involucrados jóvenes, quienes parecen haber aprovechado las circunstancias para cometer actos delictivos. Visto de ese modo, parece que la juventud de los barrios periféricos de Londres se ha entregado gratuitamente a la barbarie y al pillaje por puro divertimento, tomando como excusa la muerte de un convecino a raíz de un altercado con la policía. Poco más que ésta es la información -y el análisis- que ha llegado al ciudadano medio a través de la prensa.

Es necesario realizar un análisis exhaustivo para comprender que los sucesos de Inglaterra son sintomáticos de la crisis social que sufrimos, principalmente como consecuencia de las políticas económicas que se están aplicando en la mayor parte de Europa, sobre todo en el Reino Unido, donde el gobierno de coalición entre los conservadores y liberales ha llevado al límite de la ruptura al ya de por sí mermado estado del bienestar británico. Las últimas medidas del gobierno de David Cameron han consistido en recortes en servicios esenciales -como los de formación profesional, sanidad, educación-, aumento de impuestos indirectos -el IVA en el Reino Unido es ya del 20%- y de tasas universitarias, que fueron multiplicadas por siete, hecho que provocó multitudinarias protestas estudiantiles.

Desde la época Thatcher las desigualdades sociales no han hecho más que acrecentarse, al igual que la brecha que separa las rentas entre los más pudientes y las clases populares. Este hecho ha ido provocando una sensación real de desprotección en las capas más desfavorecidas de la población, especialmente los más jóvenes, quienes no ven futuro ni esperanza de poder aspirar al menos a la misma calidad de vida que disfrutaron sus padres y abuelos.

Un deficiente sistema educativo como elemento a tener en cuenta

Por otra parte, en todo occidente esta sociedad del consumo ha destruido el principio del esfuerzo personal como medio de desarrollo del individuo. Contrariamente, la televisión glorifica a un olimpo de jóvenes convertidos en millonarios, presentados como iconos de la moda y la prensa del corazón. Modelos, actores, deportistas de élite sobrepagados se presentan como modelos inalcanzables para una juventud a la que se ha planificado su vida desde casi su primer día de vida. Guardería, educación básica, bachillerato o formación profesional, carrera universitaria, mundo laboral, jubilación. La consigna es seguir ese camino programado, donde -especialmente en la educación- no se prima la excelencia sino la mediocridad, modo de asegurar una legión de futuros ciudadanos moldeables, gregarios, acríticos. El alumno ideal para este sistema educativo es quien repite la lección sin rechistar, no quien pone en duda la veracidad de los datos aportados por el libro o el profesor.

Es la mezcla perfecta, jóvenes a quienes no se incentiva a pensar críticamente y un bombarbeo constante de incitaciones al consumo, a través de groseros arquetipos personalizados en las mencionadas estrellas mediáticas, aún condenadas a eclipsarse en unos pocos años. No hace mucho, una profesora de secundaria me contaba una experiencia que se repetía con sus alumnos en los últimos años: ella les daba la opción de elegir qué actividad realizar durante su hora de clase. Los alumnos simplemente no sabían que decir, pidiendo a la profesora que presentase varias propuestas para que ellos votasen. Para estos alumnos, faltos de imaginación y criterio propio, la libertad se reduce a la posibilidad de elección entre opciones ya preestablecidas.

Este sistema educativo, perfectamente encajado en el neoliberalismo más ortodoxo, ha implantado en las últimas generaciones tal concepción de darwinismo social que los jóvenes aceptan su destino laboral apenas sin rechistar, asumen que su papel se reduce en resignarse a lo que se les ofrece porque, en caso contrario, vendrán otros aún más sumisos que los relevarán. Así, poco a poco, nos encontramos con una sociedad cada vez más individualista, donde el concepto de solidaridad queda sustituido por el de caridad, menos peligroso para quienes detentan el poder real en nuestra sociedad.

Lo público, demonizado hasta la saciedad por los medios, ha dejado de ser concebido como un pilar esencial de nuestro sistema de vida. En esta sociedad esquizofrénica, la mayoría de los padres -salvo honrosas excepciones- repiten consignas sobre los derechos, cuando olvidan inculcar a sus hijos que existen obligaciones. Así, gran parte de la juventud no es consciente de que su derecho a la educación, pagado con dinero de todos, implica el deber de estudiar, esforzarse. La educación tendría que ser ese faro que ilumina el camino hacia una ciudadanía contestataria, consciente, dinámica, escéptica, imposible de manipular. Sin embargo, lo que se ha ofrecido a la juventud es el consumo como única opción, hasta el punto de considerarse a sí mismos clientes en vez de alumnos. Nos hemos convertido en un rebaño de obedientes y acríticos consumidores.

Nos encontramos a una juventud, una adolescencia, tan rebosante de hormonas como siempre, pero más necesitada de consumo que nunca por un bombardeo mediático que les impone como único deber aspirar a los mencionados arquetipos del estilo de vida neoliberal; donde si no llegas a ser como aquéllos, simplemente eres un fracaso de individuo. El estudio como camino de cultivo personal ya no significa nada cuando los padres hace décadas que se rindieron a los cantos de sirena del consumo. En la sociedad de hoy, estudiar sólo es el camino para encontrar un trabajo mejor. Al menos ésa es la teoría.

La realidad es que los titulados superiores hoy en día aspiran a poco más del mileurismo, a la continua indefensión laboral. Mientras tanto, los jóvenes comprueban día a día cómo algunos pequeños traficantes de su entorno conducen coches de lujo, presumen de fajos de billetes, incluso se aseguran cierta impunidad a base de relacionarse con los contactos adecuados. A pesar de todo, aún hay a quien le extraña que, en una sociedad donde se ha imbuído el particular sentido del pragmatismo descrito en líneas anteriores, haya jóvenes -por suerte una minoría- que deciden trapasar la línea, aceptando el delito como un modo más de hacer dinero, llegando incluso a agruparse para realizar actividades delictivas.

Un importante muro de contención para que la juventud mantenga su natural nobleza son las actividades culturales y deportivas, talleres lúdicos, bibliotecas públicas, oficinas de asesoramiento para la búsqueda del primer empleo. En Inglaterra, la inmensa mayoría de estos servicios fueron eliminados de un plumazo por el gobierno Cameron. Asociaciones que fomentaban la convivencia, el espíritu de solidaridad entre los más jóvenes, de repente vieron cerradas sus instalaciones ante la falta de financiación pública. Las puertas a las bandas callejeras -gangs- se habían abierto de par en par.

Disturbios tras una primera protesta pacífica

La muerte de Duggan provocó una inicial protesta pacífica de sus conciudadanos de Tottenham pidiendo explicaciones a la policía. La torpe reacción de ésta y de los gobernantes provocó un aumento de la indignación popular que fue aprovechada por jóvenes pertenecientes a bandas callejeras para imponer su ley y, de camino, reclutar a más gente para su causa. Disturbios y saqueos desenfrenados por unos cientos de jóvenes descontrolados fueron la tónica, aunque también hubo gente que aprovechó para tomar de las tiendas saqueadas productos de primera necesidad porque ya vivía en la miseria, claro indicador de la degradación del nivel de vida que sufre Inglaterra.

Aquellos actos vandálicos no tienen justificación alguna, puesto que destrozaron bienes privados y públicos, incluyendo los ya maltrechos y cada vez más escasos equipamientos urbanos, empobreciendo aún más a la comunidad. Pero es importante continuar con el análisis de las causas que llevaron a un centenar de jóvenes a convertirse en delincuentes, porque estos jóvenes que iniciaron los destrozos y saqueos no hicieron más que lo que han aprendido de aquellos de sus mayores que detentan el poder. Los mismos que deciden los precios de los alimentos y materias primas en los mercados mundiales, causantes de hambrunas y miseria, en nombre de la austeridad han saqueado al estado del bienestar, han roto la esperanza de futuro de la mayor parte de la ciudadanía, condenada a la pobreza.

El neoliberalismo no hará autocrítica de los sucesos ocurridos; al contrario, los aprovechará para plantear medidas que, en otras circunstancias, serían consideradas represivas por la ciudadanía, ahora justificadas por el monopolizado problema de las bandas urbanas. El gobierno de Cameron ya ha anunciado su disposición a censurar e intervenir las redes sociales con la excusa de detectar focos de disturbios, lo que muchos ciudadanos británcios entienden como un nuevo alejamiento del estado de derecho. Julian Assange, al respecto, critica la utilización de las circunstancias por parte de los legisladores donde "el público inocente se muestra a menudo dispuesto a sacrificar su intimidad y las leyes que salvaguardan los derechos y libertades básicos a cambio de una seguridad garantizada por el Estado".

La población, aún en estado de shock por los acontecimientos, acepta sin condiciones que se apliquen penas desproporcionadas a algunos parcialmente implicados en los sucesos, como una mujer condenada a cinco meses de prisión por comprar unos pantalones robados durante los saqueos o dos adolescentes -cabezas de turco- castigados con cuatro años de cárcel por publicar mensajes en Facebook a favor de los disturbios. Las palabras de Cameron al respecto asustan: "los tribunales están enviando un mensaje de dureza, y creo que es bueno que puedan hacer eso. Lo que pasó en nuestras calles fue espantoso, y la Justicia debe dejar muy claro que no será tolerado".

Si la tendencia a castigar a la ciudadanía con recortes no cambia, sólo es cuestión de tiempo que sucesos similares a los de Londres vuelvan a ocurrir. Crear férreos mecanismos de censura, vigilancia orweliana, leyes cuasi-dictatoriales sólo suponen apretar un poco más la tapa de la olla a presión que supone una sociedad desangelada, sin esperanza ni futuro, condenada al sálvese quien pueda. La creciente polarización económica entre clases sociales no hace más que aumentar el número de ciudadanos que se instalan en la desesperanza. Por muy disuasorios que piensen los gobernantes que puedan llegar a ser las balas de goma o los cañones de agua, es difícil contener a quien no tiene nada que perder. La consecuencia a todo esto no puede ser más que una cruenta escalada de violencia que sólo puede perjudicar a los más débiles.

Los movimientos sociales pacíficos como contrapeso a cualquier tipo de violencia

Aún así, una luz hacia el posible caos que podría avecinarse se encuentra en la inteligencia colectiva que, en otras partes de Europa -principalmente España-, ha demostrado la creación de movimientos que han renunciado a la violencia como medio de protesta, canalizando sus deseos de salvar el estado del bienestar y establecer la dignidad en la política en la fuerza de la razón, los argumentos, la participación ciudadana. No podemos esperar a que sea demasiado tarde y la sinrazón y la barbarie sea predominante en las inevitables protestas que están por venir. Los ciudadanos hemos de tomar la iniciativa, participando y apoyando activamente a los movimientos que han ido surgiendo con tales fines, trabajar para cambiar los paradigmas del consumo que tanto daño han hecho a nuestra sociedad, a nuestros jóvenes, a nuestro entorno. Será necesario protestar, al fin y al cabo no se trata más que de un derecho y un sano ejercicio de democracia participativa, siempre que se haga organizada y pacíficamente, con respeto a los bienes ajenos, con argumentos. Cambiar el rumbo al que nos arrastra el neoliberalismo puede ser aún posible sin que las consecuencias sean traumáticas; para ello hay que ilusionar a la juventud con un futuro.

domingo, 10 de julio de 2011

Reflexiones sobre los salarios de los políticos

Pasada la vorágine del 22 de mayo, una vez constituidos los equipos de gobiernos de las nuevas legislaturas locales y autonómicas, la actualidad política se centra en las asignaciones de nuestros representantes políticos, normalmente resultantes en subidas salariales. El sentimiento popular, cuando se lee alguna noticia relacionada a los plenos donde se toman tales decisiones, es que parece que los políticos sólo se ponen de acuerdo cuando se trata de subirse los sueldos.

No hace mucho, saltó a la prensa un suceso ocurrido en Mollet del Vallès cuando el alcalde electo -Josep Monràs (PSC)- propone elevar su sueldo en un 32%. La reacción de los vecinos no se hizo esperar, quienes llegaron a perseguir y a recriminar al nuevo regidor su actitud. Finalmente su subida se rebajó a un 10%. Otro alcalde, éste de Sant Andreu de Llavaneres -Bernat Graupera (CiU)-, sí que consiguió elevar su sueldo en un 31%, para un montante total de 54.236 € anuales.

En épocas de crisis, como la que vivimos, donde se nos habla de recortes, austeridad, contención de gasto público, para la mayoría de los ciudadanos resulta indignante que aquellas personas elegidas democráticamente, cuyo teórico trabajo es el de servir a la ciudadanía, tome actitudes tan poco ejemplares, tan insolidarias como aplicarse subidas de sueldo en magnitudes que, en ocasiones, resultan vergonzantes. En la otra cara de la moneda, en algunos municipios se ha dado la situación de bajadas de sueldos e incluso la renuncia de alcaldes y concejales a cobrar. En realidad es justo recordar que, en el territorio nacional, el 60% de los alcaldes no cobra sueldo alguno por su trabajo, que suelen ser regidores de municipios de menos de 1000 habitantes. Salvo algunas renuncias voluntarias antes comentadas, el principal motivo de que existan regidores sin sueldo es el bajo presupuesto disponible en las arcas de unos municipios tan reducidos. Como veremos más adelante, la imposibilidad de cobrar un sueldo digno por desempeñar funciones políticas es un serio limitador para permitir el libre acceso a los cargos públicos a los ciudadanos de rentas medias y bajas.

Partiendo del principio de que todo trabajo ha de ser remunerado, los ciudadanos hemos de plantearnos el efecto de los sueldos de los políticos sobre la salud democrática. No es algo trivial: la gestión de los poderes públicos cae en manos de personas que se han presentado a listas electorales a quienes los ciudadanos hemos tenido la opción de votar. Está claro que no son admisibles remuneraciones con cifras desorbitadas, pero también hay que entender que alguien que presta su tiempo, o parte de él, en gestionar dinero público, no lo puede hacer gratis.

Es razonable establecer unos mínimos que permitan al político sentir que su función está siendo razonablemente compensadas en lo económico. Un buen sueldo es fundamental para asegurar el acceso a la función política de cualquier ciudadano, que podría establecerse en función de las rentas medias de los habitantes de su jurisdicción -por ejemplo, del sueldo medio de los habitantes de un municipio para el caso un alcalde-, su nivel de responsabilidad y dedicación. Tampoco tiene sentido la cuantía de ciertas nóminas, que superan hasta ocho veces el salario medio en el estado español. Hablamos de trabajos de mucha responsabilidad, pero recordemos que hay ciudadanos españoles muy cualificados, con grandes responsabilidades en sus respectivos trabajos, que jamás van a acercarse a una fracción de aquellas cifras. Como ya señalamos, para muchos ciudadanos resulta indecente que se realicen plenos para subirse los sueldos, por lo que sería adecuado que los salarios se fijasen a partir de otros criterios, o incluso organismos, como podría ser alguno creado ex profeso dentro de la Agencia Tributaria.

Sin embargo, estando de acuerdo en que es preciso establecer unos márgenes salariales para los políticos, nos quedan ciertos flecos que considerar. El primero de ellos es la cuestión de sus rentas. Habría que seguir un modelo de transparencia total, al estilo del finlandés, donde sea posible acceder públicamente a los datos patrimoniales del núcleo familiar de cada político (aunque en Finlandia es extensible para absolutamente todos los habitantes del país). El derecho de los ciudadanos a controlar la honradez de sus representantes ha de prevalecer sobre cualquier ley de protección de datos. No es una exigencia desabellada; al fin y al cabo, quien elige tomar la senda de la política lo hace voluntariamente, por tanto ha de comprender que la confianza de la ciudadanía es lo primero.

Pero la preocupación de la ciudadanía no sólo ha de estar con la posibilidad de que los políticos engorden sus bolsillos ilegalmente metiendo sus manos en las arcas públicas. Otro importante problema a resolver es el clientelismo. Es por ello por lo que sería necesaria una estricta ley de incompatibilidades que garantice que el político de turno no vaya a tomar decisiones que beneficien a su entorno personal. Se nos vienen a la mente casos de empresas proveedoras de servicios a organismos públicos participadas por políticos, familiares o amigos de éstos que, casualmente, siempre ganan los concursos públicos. Pero no sólo ha de mantenerse ese estatus de incompatilidad durante la vida activa en política, sino por muchos años después. Recordemos el caso de un expresidente español que llevó a cabo la privatización de una empresa pública de la que años después pasó a formar parte como asesor. Aparte de lo chocante de la situación de por sí, lo justo hubiera sido que se le hubiera retirado la paga que actualmente recibe del estado por su antiguo cargo político.

La credibilidad de nuestros políticos está en horas muy bajas. La mala gestión del boom inmobiliario y la posterior gestión de la crisis por parte de las administraciones a todos los niveles -desde ayuntamientos al Gobierno central-, los casos de corrupción, los desmanes salariales de muchos políticos, la sumisión a poderes no democráticos -banca, grandes empresarios, multinacionales- los han convertido en una clase aparte de la ciudadanía. En democracia los representantes políticos han de estar al servicio de la mayoría, no al de unos pocos privilegiados. Lo contrario no es más que un grave síntoma de déficit democrático. Para revertir esto, los políticos han de considerarse a sí mismos, en primer lugar, ciudadanos y no una clase aparte.

El acceso a la política ha de ser igual en oportunidades para todos; por tanto, aplaudir que los políticos no cobren por ejercer sus funciones es demagógico y peligroso para la salud de la democracia en sí misma. No ayuda a ésto la prensa cuando destaca las bondades de aquellos alcaldes que renuncian a cobrar su sueldo, ni tampoco la actitud de quienes aplauden esas iniciativas; porque, si el pensamiento mayoritario es que es bueno que los políticos renuncien a sus sueldos, entonces sólo podrán ejercer política aquellas personas que dispongan de rentas muy altas o inversiones paralelas que les reporten ingresos. A esta potencial situación de exclusión para la mayoría de la ciudadanía se une el consecuente peligro de que las decisiones de los políticos se tomen en función de los intereses de sus inversiones personales.

Es también importante comprender que quien decide emprender el camino de la política está renunciando a su carrera profesional por, al menos, unos años. Por tanto se entiende defendible la postura de facilitar su reingreso al mercado laboral tras una eventual salida de la política activa, e incluso ayudas económicas en esa etapa transitoria. No obstante se requerirían ciertas matizaciones al respecto. Las prebendas a los políticos en temas salariales, de pensiones, etc. tendrían que realizarse siempre con la máxima de permitir el acceso de cualquier ciudadano al ejercicio de la política, por lo que las ayudas que éste pudiera recibir durante su transición a la vida profesional privada tendría que depender precisamente de sus rentas. Tampoco estaría mal la existencia de organismos públicos independientes encargados de evaluar la calidad del desempeño de nuestros políticos. No es justo que diputados que apenas pisan el congreso dispongan del mismo paracaídas de oro que quienes realmente realizan su trabajo con eficiencia. Al respecto también sería exigible una ley de incompatibilidad de cargos, pues resulta a todas luces ineficiente un alcalde que también sea diputado.

Lo natural es que los ciudadanos exijamos decencia a nuestros políticos. De esta exigencia surgen las críticas a manifiestas demostraciones de insolidaridad cuando algunos de estos deciden subir sus salarios o mantener sus prebendas cuando a los trabajadores públicos y pensionistas se les recorta su capacidad adquisitiva. Sin embargo, igual o más indecente son los casos de políticos en activo que cobran por varios cargos desempeñados simultáneamente, u otros ya retirados que reciben pensiones del Estado mientras perciben importantes sueldos de compañías privadas -a las que, en ocasiones, benefician por su estatus de ex-cargos políticos-. En España tenemos el caso de dos expresidentes: ninguno ha renunciado a su paga del Estado.

No olvidemos, sin embargo, que también hay honrosas excepciones. Algún ex-político ha tenido la decencia de renunciar a cobrar su pensión vitalicia del Estado. Ha de desaparecer del imaginario colectivo la idea de que todo quien se mete a la política lo hace con el fin de enriquecerse o, en su caso, asegurar sus riquezas. El político ha de estar al servicio de los ciudadanos. La clase política ha de ser ejemplarizante para la sociedad, justo lo contrario que es ahora. Somos los ciudadanos quienes hemos de exigir a nuestros representantes la adecuación de sus criterios salariales a la realidad económica del país, dentro de las normas más estrictas de transparencia y la igualdad de oportunidades de acceso a la vida política para todos. Al respecto, va siendo hora de que se active un fondo común para que los alcaldes y concejales de las poblaciones más pequeñas puedan acceder a un salario digno, haciendo realmente posible que el ciudadano más humilde pueda plantearse realmente servir a sus paisanos.