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lunes, 2 de junio de 2014
El pueblo quiere ser escuchado
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lunes, 14 de abril de 2014
La legalidad y la dignidad de una bandera
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martes, 24 de diciembre de 2013
Discurso de Navidad para la gente decente
Si Pablo Iglesias me lo permite, quisiera dedicar su particular discurso de Navidad a todos aquellos que siguen recomendando a quienes les rodean que no se señalen, que aguanten estos malos tiempos con resignación. Frente a aquéllos, nos encontramos con esta noble demostración de valentía, una inteligente declaración de intenciones, un "basta ya" a la situación actual, un sencillo gesto para encender ese necesario espíritu rebelde que clame contra la injusticia, y reivindique la dignidad de los de abajo y la indignidad de los poderosos. Muchas gracias Pablo... y feliz Solsticio de Invierno.
A veces la bandera pirata es la bandera de la libertad. Os aseguro que si alguna vez me tocara ser presidente de la III República Española y tuviera que dar un discurso por navidad, hay una fórmula que quedaría suprimida por decreto: “me llena de orgullo y de satisfacción”.
Esta noche es una noche muy especial para muchas familias y yo quiero lanzar dos reconocimientos y un desprecio:
Mi reconocimiento para esas personas que se ocupan de cuidarnos a todos, que casi siempre son mujeres, madres y abuelas que a lo mejor ahora están viendo de reojo la televisión mientras siguen trabajando, que se han dejado la piel estos días para que en las casas más humildes haya cosas ricas de comer esta noche. Mi reconocimiento para ellas y también para esos jóvenes que se han tenido que ir de nuestro país y que han hecho un esfuerzo enorme para coger un avión y estar esta noche con su familia, algunos no han podido coger ese avión y van a estar lejos.
Pero un desprecio también, el desprecio para los que tienen cuentas en Suiza, el desprecio para los de los sobres el desprecio para los que no pagan impuestos, para esas grandes fortunas que a lo mejor esta noche tienen caviar y botellas de champán muy caras y que van a seguir disfrutando de sus privilegios a costa del sufrimiento de la mayoría.
Decía el actual, el todavía, Jefe del Estado que la ley es igual para todos; yo creo que no es así, que hay que defender lo de todos, y defender lo de todos contra los privilegiados es asumir que podemos... y decir, que esta noche, ¡viva la República!
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lunes, 9 de diciembre de 2013
Una Constitución, una República
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domingo, 14 de abril de 2013
La necesidad de un proceso constituyente hacia la III República
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domingo, 23 de septiembre de 2012
La soberanía viene del pueblo (lo reconoce la Constitución española de 1978)
Poco sentido tiene recordar a Santiago Carrillo por sus errores políticos. Es sensato y útil recordarlo como el símbolo, que fue en su día, de la lucha desde el exilio contra el régimen franquista, además de su papel fundamental para conseguir que la Constitución española de 1978 reconociese que la soberanía viene del pueblo.
Tras el fallecimiento de Santiago Carrillo no se ha hecho esperar la publicación de numerosos artículos en su memoria, que repasan diversas facetas de este personaje clave de la denominada Transición española. A pesar de lo controvertido de su currículo político, todos los escritos por parte de sus ex-compañeros de partido han recordado con respeto y sin rencores a quien un día luchó por la libertad y por ello tuvo que exiliarse. También ha habido amistosos epitafios por parte de quienes jamás guardaron alguna afinidad política con él. En cierto modo es algo normal y compatible con aquella españolísima norma no escrita por la que, una vez que alguien fallece, es el momento de hablar exclusivamente bien de su persona.
Tras el fallecimiento de Santiago Carrillo no se ha hecho esperar la publicación de numerosos artículos en su memoria, que repasan diversas facetas de este personaje clave de la denominada Transición española. A pesar de lo controvertido de su currículo político, todos los escritos por parte de sus ex-compañeros de partido han recordado con respeto y sin rencores a quien un día luchó por la libertad y por ello tuvo que exiliarse. También ha habido amistosos epitafios por parte de quienes jamás guardaron alguna afinidad política con él. En cierto modo es algo normal y compatible con aquella españolísima norma no escrita por la que, una vez que alguien fallece, es el momento de hablar exclusivamente bien de su persona.
Pero, como todo en esta vida, hay matices y de ello Vicenç Navarro da buena cuenta en un reciente artículo en el que sagazmente señala que el "paradójico (y predecible) homenaje que el establishment español está haciendo a su figura a la vez que ha hecho todo lo posible para que el proyecto que Carrillo representó desapareciera"[1]. Al hilo de aquella afirmación, conviene recordar a Lenin, quien ya avisaba que "en vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para 'consolar' y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola"[2].
Se puede afirmar categóricamente que Carrillo no fue en absoluto un revolucionario. En realidad, fueron sus maneras reformistas las que le grajearon ciertas antipatías entre la izquierda española y las que, a la postre, flaco favor hicieron al partido en el que tantos años militó. No obstante, fuera de hipocresías y de rencores, es justo reconocer las aportaciones positivas del político asturiano, convertido en símbolo de la España del exilio. No puede pasar al olvido el hecho de que hubo una España, aún con todos los defectos que pudiera tener, en la que el pueblo era soberano, en la que existía un proyecto de Estado moderno, de derecho, con garantías para todos, que fue bruscamente hecha añicos para transmutar en una pesadilla totalitaria de casi cuatro décadas de duración.
El Carrillo de aquellos años de brutal y represiva dictadura no puede diluirse, visto desde una perspectiva actual, en los posteriores errores de los que éste fue partícipe. Si bien fue unos de los padres de aquella Transición imperfecta, la de la desmemoria, la del paso de página para los cómplices del régimen represivo fascista, la del "todo atado y bien atado", conviene recordar que también llegó a ser uno de los símbolos de la resistencia a la opresión de la extrema derecha que gobernaba el Estado, la misma que represalió a miles de españoles.
Como advierte Vicenç Navarro, "vemos ahora cómo el establishment español intenta hacer suya la figura de Carrillo" para justificar aquella Transición -interesadamente calificada de "modélica"- de la que tanto unos pocos se han beneficiado. No obstante, es de justicia aceptar que Carrillo comprendiese que, en aquella época, vista la correlación de fuerzas, la Transición que hubo fuera la única y mejor posible. Al menos, como él mismo admitía, consiguió que la Constitución reconociera que la soberanía viene del pueblo.
Ahora más que nunca, viviendo en la zona cero de esta gran crisis que amenaza a los estándares de vida de la mayoría de la población española, es el momento de hacer efectiva esa soberanía para superar el sistema actual a base de luchar por un modelo de Estado más social, más plural, más justo, en definitiva, más democrático.
[1] Navarro, V. (2012): "Santiago Carrillo y la Transicion. Sistema, 21 de septiembre de 2012.
[2] Lenin, V.I. (1917): El Estado y la Revolución.
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sábado, 18 de agosto de 2012
El día en el que una bandera incitó a la violencia
La sanción a un ciudadano español por portar una bandera republicana durante un partido de balonmano, con la excusa de que la bandera pueda incitar a la violencia, es síntoma del alto nivel de intolerancia y resentimiento por parte de aquellos herederos de quienes destruyeron la democracia hace décadas.
El pasado 7 de abril de 2012, en un partido de balonmano entre las selecciones de España y Argelia, un aficionado portaba una bandera de la República Española, motivo por el cual fue expulsado, identificado y expedientado, en virtud de la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.
Meses después, el Gobierno argumentaba, ante una pregunta parlamentaria sobre tal suceso, que "portar una bandera republicana no es un comportamiento que per se incite a la violencia", pero "son las circunstancias en un contexto concreto, como en este caso, las que determinan, a juicio de los agentes responsables de la seguridad del evento, si puede convertirse en un acto de incitación a la violencia"[1]. Lo que en resumidas cuentas se puede interpretar como que la condición de incitación a la violencia de la bandera republicana queda al arbitrio de los responsables de seguridad de turno de cualquier evento deportivo.
Algo de cierto hay acerca de la incitación a la violencia por parte de la bandera de la República Española. Para ello hay que trasladarse a los días previos al 18 de julio de 1936, cuando el exiliado Alfonso XIII conspiraba con Benito Mussolini, junto a banqueros y grandes empresarios españoles, el derrocamiento de la República[2]. En poco tiempo estallaría la violencia, en la que un ejército apoyado por la Alemania nazi y la Italia fascista aplastaría las ilusiones de un pueblo que, por primera vez en su historia, se había sentido soberano y dueño de su propio destino. El Gobierno legítimo de la República acabaría finalmente depuesto a manos de unos generales traidores a su patria, con decenas de miles de muertos a sus espaldas. La violencia, sin embargo, no terminaría tras la Guerra Civil, acentuada ésta a base de represión contra cualquier sospechoso de simpatizar con el bando vencido.
En palabras de quienes sufrieron la violencia franquista, "la constante humillación y la enorme opresión psicológica, emotiva e intelectual, era totalitaria, pues invadía todos los resquicios de la persona, incluyendo su identidad"[3]. No se puede olvidar que aquella dictadura fue enormemente represiva: por cada asesinato que cometió Mussolini, Franco cometió diez mil. A día de hoy, 120 mil personas continúan desaparecidas[4]. Innumerables españoles fueron asimismo encarcelados, torturados y exilados durante casi cuatro décadas.
Volviendo al presente, hay que reconocer que la aparición de banderas republicanas en eventos deportivos no es nada nuevo ni extraño, como tampoco lo es cuando se trata de banderas preconstitucionales, mucho más comunes y numerosas. En todo caso, los sucesos de violencia en campos y canchas deportivas suelen estar asociados a los ideales ultras que simbolizan estas últimas[5], cuyos portadores suelen simpatizar con aquellos violentos que sumieron a todo un territorio bajo el yugo del miedo.
La bandera republicana, sin embargo, "liga las demandas presentes de un mundo mejor con nuestras luchas y las de nuestros antepasados para establecer otra España, la España de los distintos pueblos y naciones de España, frente a esta España del establishment, cuyas políticas están causando un enorme dolor sin que tengan ningún mandato popular para llevarlas a cabo pues nunca estuvieron en sus ofertas electorales"[6].
Cualquier censura a la bandera republicana viene a demostrar el alto nivel de intolerancia aún presente en algunos sectores, quienes mantienen un alto resentimiento hacia aquellos que defienden los valores de la democracia, la libertad y la igualdad entre las personas.
Cualquier censura a la bandera republicana viene a demostrar el alto nivel de intolerancia aún presente en algunos sectores, quienes mantienen un alto resentimiento hacia aquellos que defienden los valores de la democracia, la libertad y la igualdad entre las personas.
[1] "El Gobierno mantiene que enarbolar una bandera republicana puede incitar a la violencia". Público, 17 de agosto de 2012.
[2] Urbano, Pilar (2012): El precio del trono. Planeta, p.5.
[3] "Entrevista al profesor Navarro sobre su experiencia personal durante la dictadura". 14 de septiembre de 2011.
[4] Vicenç Navarro: "La lucha por la democracia". Diario Madrid 15-M, 13 de marzo de 2012.
[5] Ese hecho se ejemplifica, por ejemplo, en la siguiente noticia: "Basagoiti: "... y en Bucarest los hinchas del Atlético llevaban banderas "con el 'pollo'"". Deia, 22 de mayo de 2012.
[6] Vicenç Navarro: "¿Cuáles son la bandera y el himno españoles?". 17 de agosto de 2012.
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sábado, 14 de abril de 2012
Catorce puntos para la III República
Merece la pena leer estos catorce puntos, expuestos en el Ateneo de Madrid el 7 de diciembre de 2011, que lamentablemente apenas tuvieron eco en la prensa tradicional:
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- Independencia y soberanía nacional en forma de República federal, democrática y pluripartidista. Apertura de un proceso constituyente que permita de manera eficaz a la ciudadanía –ya sea por referendo o medio análogo- poder optar por esta nueva forma de organización estatal en sustitución de la Monarquía.
- Ruptura con los últimos lastres de la dictadura franquista –incluidas las distinciones nobiliarias– y anulación de sus sentencias. Entronque histórico, jurídico y moral con la legalidad democrática de la II República española.
- Bandera federal roja, amarilla y morada.
- El Estado republicano fomentará y posibilitará la participación democrática de la ciudadanía en todas las esferas de la vida pública.
- Concepción económica en clave de cohesión social y sostenibilidad medioambiental, con derecho a vivienda digna. La economía se orientará al pleno empleo, estable y de calidad, y a unos servicios públicos –Sanidad y Educación a la cabeza– garantizados por el Estado.
- Resortes estratégicos de la economía serán de titularidad pública y estatal.
- Legislación socio-laboral que garantice los derechos sociales, laborales y sindicales de los trabajadores.
- Derecho a la propiedad legítima. Apoyo estatal a los emprendedores capaces de activar la economía real y generar empleo. Penalización de las actividades especulativas.
- Administración pública basada en principios de subsidiariedad y cercanía, evitando duplicidades.
- Funcionariado independiente de los partidos políticos, por criterios objetivos y prestigiado socialmente.
- Separación efectiva Estado-Iglesia, garantizando la libertad de conciencia y confesión.
- Políticas estatales de paz y no violencia. Fuerzas Armadas al servicio de la defensa de la ciudadanía y el territorio de la República de cualquier invasión militar.
- Introducción de los referendos vinculantes como mecanismo normalizado de decisión democrática. Sometimiento a él de cualquier tratado internacional –vigente o por venir- que pueda afectar a la soberanía de la República.
- La estructura detallada del Estado republicano sobre las bases expuestas se establecerá mediante plebiscito.
[*] "Catorce puntos para la III República". Público, 18 de diciembre de 2011.
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sábado, 19 de noviembre de 2011
En el día de reflexión
Reproduzco a continuación este artículo firmado por Julio Anguita, Miguel Candel, Salvador López Arnal, Manuel Monereo, Ramón Pérez Almodávar, Miguel Riera, Antonio Santamaría, Jorge Verstrynge, cuya difusión considero fundamental entre todos aquellos ciudadanos con espíritu crítico, preocupados por el presente y el gris futuro que se nos avecina:
Tanto las sociedades como las personas evolucionan, mezclando continuidad, cambio y ruptura. Hay momentos y momentos. Hoy toca la ruptura. Si bien puede parecer que las personas no hacen la historia y que la dirigen quienes tienen el poder, esto es una verdad a medias. Cuando los trabajadores, los pueblos, las mujeres y los hombres comunes y corrientes se organizan, se dotan de un proyecto y se movilizan, ellos y ellas marcan la historia. En este contexto, eso es más necesario que nunca pues vivimos una etapa sustancialmente nueva y, sobre todo, peor. Si no tomamos nota de esto, no tendremos fuerza para resistir y mucho menos para pasar a la ofensiva.
Desde hace tres años, vivimos un estado de excepción decretado por el capital financiero internacional y que tiene a la Unión Europea como instrumento dedicado a desposeer a la ciudadanía de sus derechos políticos, sociales y sindicales, y como herramienta para forzar la renuncia a la soberanía popular en cada uno de los Estados. Es el llamado Consenso de Viena, la versión europea del Consenso de Washington, aplicado en el territorio europeo y en sus Tratados de Libre Comercio con terceros países.Este estado de excepción tiene dos características: el predominio de los poderes reales, de hecho, y la suspensión del Derecho.En nuestro país, este Estado de Excepción está significando el desmontaje sistemático de los nodos democrático-sociales de la Constitución de 1978 y el tránsito hacia un nuevo régimen que podemos muy bien denominar demediada democracia oligárquica. Es decir, un sistema dirigido y organizado por el capital y puesto a su servicio. Es eso que en las calles se dice: la dictadura de los mercados, del 1%.Creemos que estas elecciones, lo decimos en el día de reflexión, serán fundacionales. Gane el PP (lo más probable) o gane el PSOE, lo que sería un milagro, la clase política reinante en nuestro país va a transitar hacia un nuevo régimen político. Estas elecciones legitimarán esa operación. Nadie se ha atrevido a decir esto, pero es lo que realmente está en juego en estas elecciones. Por eso es absurdo, a nuestro entender, hacer discursos y realizar propuestas como si nuestro país viviese una situación normal y como si el orden constitucional fuese el mismo de la etapa anterior.Estamos ante una reforma constitucional al margen de la voluntad popular y de unas formas mínimamente democráticas, dirigida por el capital financiera, por la Banca, de ahí que hablemos de una democracia oligárquica. El primer paso fue el desmantelamiento de los derechos laborales en junio 2010, en pleno mundial de fútbol; el segundo se concretó en La Moncloa, en la reunión de los 35 empresarios más poderosos con Zapatero. Lo siguiente fue declarar el estado de excepción para tomar el control de AENA, operación sustentada en demonizar a sus trabajadores para encubrir la privatización de la empresa a un precio más barato: ninguna empresa asumiría los altos costos laborales de los trabajadores de AENA.Zapatero siguió con sus medidas neoliberales por orden de Merkel y Sarkozy, mientras Goldman Sachs, que realizó las auditorías de las cuentas griegas (y que entonces sí cumplían con los requisitos para entrar en el euro), ahora controla el Banco Central Europeo.Ha caído Grecia, está cayendo Italia y Dolores de Cospedal reconoce a pocos días de las elecciones que Rajoy no ha dicho lo que de verdad va a hacer: seguir apretándonos el cinturón porque ellos llevan tirantes. El PP empieza como acabó en 2004: mintiendo.Lo que viene, ya lo sabemos: lo que en América Latina se denominó un ajuste estructural permanente o la larga y triste noche neoliberal: usar el chantaje de la deuda soberana para subordinar los Estados y a sus ciudadanos a los intereses del capital financiero; limitar sustancialmente los derechos sociales y sindicales y liquidar lo que queda de movimiento obrero organizado. Como enseña Esperanza Aguirre en Madrid, el neoliberalismo tiene voluntad “contrarrevolucionaria”. Esto implica crear un tipo de sociedad y de Estado que haga irreversible el capitalismo realmente existente y la estructura de poder que lo mantiene.Por eso, creemos que hoy tenemos que reflexionar para pasar a la acción y nada será igual como antes: ni el discurso, ni los mensajes, ni los símbolos. Nuestra propuesta no es nueva, sino forma parte de un sentido común que empieza a ser en nuestro país una aspiración de muchos y que solo las viejas inercias y prácticas, viejos hábitos, no dejan alumbrar lo nuevo. No dan cabida a la creatividad que viene de abajo.Lo que proponemos es el M3R: organizar una amplia convergencia política y social para construir el Movimiento para la Tercera República (M3R).En él, nadie tiene que renunciar a su propia identidad ni a anteriores pertenencias. Se trata de confluir en la acción y en el proyecto para generar una nueva identidad plural en torno a la ruptura democrática-republicana; es decir, aspiramos abiertamente a conseguir la Tercera República en el Estado español, para unir pueblos e identidades que recojan los intereses y las aspiraciones de las mayorías sociales, sin nostalgias de la primera o de la segunda. Soberanía popular y poder constituyente para dar vida un nuevo Régimen republicano-federal fundado en la democracia económica, social y cultural, con el objetivo constitucional de construir una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales emancipada del mal social de la explotación ,la discriminación y el dominio. En resumen, forjar entre todas y todos un nuevo consenso mayoritario para lograr la ruptura con un período histórico caduco, que no termina de morir y que nos bloquea el presente y amenaza nuestro futuro.
[*] Artículo reproducido mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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