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domingo, 21 de junio de 2015
Definitivamente, Europa necesita de más Syrizas
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Isaac M. Casaubón
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miércoles, 15 de enero de 2014
Un pequeño paso para unos vecinos, pero un gran salto para toda la gente decente
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Isaac M. Casaubón
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lunes, 16 de julio de 2012
¿De camino hacia un gobierno de salvación nacional?
Gran parte de la población española ha interpretado los últimos recortes perpetrados desde el Estado español como un ataque directo contra sus derechos. El Gobierno se enfrenta ante un panorama de seria agitación social, contra la cual poco vale escudarse en la legitimidad de su mayoría absoluta. Ante tales circunstancias, la posibilidad del establecimiento de un gobierno de salvación nacional -igualmente controlado por la troika- se hace, cada día que pasa, más real.
Los últimos recortes anunciados por el Gobierno del Partido Popular, los más duros de la historia moderna, han provocado el rechazo de una parte significativa de la población española. Desde el 11 de julio, numerosas movilizaciones -tanto espontáneas como organizadas- no han dejado de sucederse[1]. La credibilidad del Gobierno, a pesar del incondicional apoyo de la caverna mediática, se encuentra bajo mínimos. El argumento de la mayoría absoluta[2], utilizado por aquél para hacer y -sobre todo- deshacer al antojo de los grandes poderes financieros, deja de tener legitimidad -si es que alguna vez la tuvo- cuando cada anuncio de recortes implica la ruptura de más promesas electorales.
El pretexto de la herencia recibida del anterior gobierno pierde cada vez más fuerza, pasando a interpretarse como una excusa para evitar reconocer que el trasfondo de los recortes es mucho más profundo que una consecuencia de la suma de errores pasados. Las indudables equivocaciones del expresidente Rodríguez Zapatero partieron de la misma base ideológica que ahora continúa Rajoy: la sumisión al neoliberalismo impuesto desde la Europa del capital, cuya embajadora es Angela Merkel, a partir de una particular interpretación del concepto de austeridad que conlleva al inexorable empobrecimiento de la población. Por tanto, detrás de cada recorte, haya sido impuesto por Zapatero o por Rajoy, hay un trasfondo ideológico cuyo fin último es el desmontaje del Estado del Bienestar, pues éste ha dejado de ser un instrumento necesario para los grandes poderes.
Ante la perspectiva, cada vez más tangible, del desmontaje de los -ya de por sí débiles- mecanismos del bienestar en España es lógico pensar que la deseada paz social peligre, pues ya no existe ningún contrato social que la garantice. Dicho de otro modo, el factor de contención social del pan y circo sólo tiene validez mientras haya un mínimo de pan. Los últimos recortes suponen la ruptura unilateral del contrato social hasta ahora existente e implica la reedición del camino de emprobrecimiento emprendido en su día por Grecia.
La dinámica de movilizaciones, disturbios y huelgas generales que ha venido azotando a Grecia puede reproducirse en España. Toda esta conflictividad ha de interpretarse como síntoma de que no se está gobernando para el interés de la mayoría, sino para el beneficio de unos pocos privilegiados; de hecho, dada la magnitud del conflicto, es razonable pensar que ningún gobierno actuaría de un modo tan evidentemente suicida -desde una visión electoralista- si pudiera evitarlo. Efectivamente, España y Grecia son gobiernos títere de los grandes grupos de poder cuya cabeza visible es la troika formada por el BCE, la Comisión europea y el FMI.
El reconocimiento a tal situación parte de los propios gobernantes electos, justificándose cualquier recorte con el consabido "nososotros no queríamos, pero nos obligan". De hecho, la impotencia del Gobierno se ilustra perfectamente en la afirmación de que, en caso de no tomar las medidas a motu proprio, vendrán de fuera a tomarlas[3]. En román paladino, esto significa que a Europa no le temblará el pulso en deponer a cualquier gobierno insumiso para colocar, a continuación, a algún tecnócrata de su confianza, como ya hizo con Berlusconi o Papandreu. La Europa intervenida ha pasado a ser un protectorado del gran capital, representado por la troika, al cual le da exactamente igual el bienestar de la población de los países rescatados con tal de que los créditos y sus intereses sean devueltos a los bancos acreedores[4]. En tal sentido, no han sido casuales los ataques orquestados por el Gobierno de Angela Merkel contra Syriza durante la campaña electoral de junio de 2012. El gran capital europeo hará lo que esté en su mano por asegurar la permanencia de gobiernos afines a sus intereses, manipulando lo necesario para que se mantenga una sensación democrática, aunque se reduzca exclusivamente al ámbito electoral.
La espiral de conflictividad a la que parece abocada la sociedad española puede que no tarde en reproducir un escenario como el que se produjo en Grecia, que supuso el fin del gobierno de Papandreu. En su caso, la presión social contra la aceptación de un nuevo rescate fue tal que obligó al entonces primer ministro a convocar un referendum. Su cese y sustitución por un títere afín a Berlín fue inmediato. Al igual que en Grecia, asociaciones y sindicatos afines a las Fuerzas de Seguridad del Estado y el Ejército han presentado diversos comunicados advirtiendo de su disconformidad con la actual situación[5]. Por otra parte, se plantean movilizaciones ciudadanas para el 25 de septiembre con el objetivo de "rodear el Congreso de los Diputados y permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir la disolución de las cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva constitución"[6].
Ante la situación descrita se plantea un escenario en el que la Unión Europea, en aras de la normalización, la responsabilidad y el sentido de Estado -con el oportuno apoyo de los todólogos de los medios de comunicación tradicionales-, podría imponer la creación de un gobierno de salvación o concentración nacional[7] formado por los partidos más representativos, fundamentalmente PP, PSOE y CiU. De hecho, la coalición catalana lleva tiempo sugiriendo la posibilidad de que tal gobierno sea llevado a cabo[8]. En todo caso, de ocurrir así, todas las movilizaciones, todas las luchas a pie de calle no habrán servido para nada, repitiéndose lo ocurrido en Grecia.
Es fundamental que la sociedad haga uso de la movilización como instrumento para la toma de conciencia de clase. Las movilizaciones no pueden reducirse a simples actos de protesta, de demostración de inconformidad hacia las medidas lesivas a los ciudadanos, sino que han de ser la referencia de una lucha constructiva hacia objetivos claros. De nada sirve desafiar al Estado, por muy degradado que se encuentre ante injerencias de terceros, si no se utilizan tales desafíos para construir relaciones de poder favorables para la clase trabajadora. De ahí la importancia de la consolidación de un frente cívico que canalice la preocupación de la ciudadanía hacia una toma real de conciencia de clase, que permita así plantear una alternativa sólida y eficaz a futuras imposiciones desde el gran capital europeo.
El pretexto de la herencia recibida del anterior gobierno pierde cada vez más fuerza, pasando a interpretarse como una excusa para evitar reconocer que el trasfondo de los recortes es mucho más profundo que una consecuencia de la suma de errores pasados. Las indudables equivocaciones del expresidente Rodríguez Zapatero partieron de la misma base ideológica que ahora continúa Rajoy: la sumisión al neoliberalismo impuesto desde la Europa del capital, cuya embajadora es Angela Merkel, a partir de una particular interpretación del concepto de austeridad que conlleva al inexorable empobrecimiento de la población. Por tanto, detrás de cada recorte, haya sido impuesto por Zapatero o por Rajoy, hay un trasfondo ideológico cuyo fin último es el desmontaje del Estado del Bienestar, pues éste ha dejado de ser un instrumento necesario para los grandes poderes.
Ante la perspectiva, cada vez más tangible, del desmontaje de los -ya de por sí débiles- mecanismos del bienestar en España es lógico pensar que la deseada paz social peligre, pues ya no existe ningún contrato social que la garantice. Dicho de otro modo, el factor de contención social del pan y circo sólo tiene validez mientras haya un mínimo de pan. Los últimos recortes suponen la ruptura unilateral del contrato social hasta ahora existente e implica la reedición del camino de emprobrecimiento emprendido en su día por Grecia.
La dinámica de movilizaciones, disturbios y huelgas generales que ha venido azotando a Grecia puede reproducirse en España. Toda esta conflictividad ha de interpretarse como síntoma de que no se está gobernando para el interés de la mayoría, sino para el beneficio de unos pocos privilegiados; de hecho, dada la magnitud del conflicto, es razonable pensar que ningún gobierno actuaría de un modo tan evidentemente suicida -desde una visión electoralista- si pudiera evitarlo. Efectivamente, España y Grecia son gobiernos títere de los grandes grupos de poder cuya cabeza visible es la troika formada por el BCE, la Comisión europea y el FMI.
El reconocimiento a tal situación parte de los propios gobernantes electos, justificándose cualquier recorte con el consabido "nososotros no queríamos, pero nos obligan". De hecho, la impotencia del Gobierno se ilustra perfectamente en la afirmación de que, en caso de no tomar las medidas a motu proprio, vendrán de fuera a tomarlas[3]. En román paladino, esto significa que a Europa no le temblará el pulso en deponer a cualquier gobierno insumiso para colocar, a continuación, a algún tecnócrata de su confianza, como ya hizo con Berlusconi o Papandreu. La Europa intervenida ha pasado a ser un protectorado del gran capital, representado por la troika, al cual le da exactamente igual el bienestar de la población de los países rescatados con tal de que los créditos y sus intereses sean devueltos a los bancos acreedores[4]. En tal sentido, no han sido casuales los ataques orquestados por el Gobierno de Angela Merkel contra Syriza durante la campaña electoral de junio de 2012. El gran capital europeo hará lo que esté en su mano por asegurar la permanencia de gobiernos afines a sus intereses, manipulando lo necesario para que se mantenga una sensación democrática, aunque se reduzca exclusivamente al ámbito electoral.
La espiral de conflictividad a la que parece abocada la sociedad española puede que no tarde en reproducir un escenario como el que se produjo en Grecia, que supuso el fin del gobierno de Papandreu. En su caso, la presión social contra la aceptación de un nuevo rescate fue tal que obligó al entonces primer ministro a convocar un referendum. Su cese y sustitución por un títere afín a Berlín fue inmediato. Al igual que en Grecia, asociaciones y sindicatos afines a las Fuerzas de Seguridad del Estado y el Ejército han presentado diversos comunicados advirtiendo de su disconformidad con la actual situación[5]. Por otra parte, se plantean movilizaciones ciudadanas para el 25 de septiembre con el objetivo de "rodear el Congreso de los Diputados y permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir la disolución de las cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva constitución"[6].
Ante la situación descrita se plantea un escenario en el que la Unión Europea, en aras de la normalización, la responsabilidad y el sentido de Estado -con el oportuno apoyo de los todólogos de los medios de comunicación tradicionales-, podría imponer la creación de un gobierno de salvación o concentración nacional[7] formado por los partidos más representativos, fundamentalmente PP, PSOE y CiU. De hecho, la coalición catalana lleva tiempo sugiriendo la posibilidad de que tal gobierno sea llevado a cabo[8]. En todo caso, de ocurrir así, todas las movilizaciones, todas las luchas a pie de calle no habrán servido para nada, repitiéndose lo ocurrido en Grecia.
Es fundamental que la sociedad haga uso de la movilización como instrumento para la toma de conciencia de clase. Las movilizaciones no pueden reducirse a simples actos de protesta, de demostración de inconformidad hacia las medidas lesivas a los ciudadanos, sino que han de ser la referencia de una lucha constructiva hacia objetivos claros. De nada sirve desafiar al Estado, por muy degradado que se encuentre ante injerencias de terceros, si no se utilizan tales desafíos para construir relaciones de poder favorables para la clase trabajadora. De ahí la importancia de la consolidación de un frente cívico que canalice la preocupación de la ciudadanía hacia una toma real de conciencia de clase, que permita así plantear una alternativa sólida y eficaz a futuras imposiciones desde el gran capital europeo.
[1] "Los funcionarios vuelven a salir a la calle y cortan la Gran Vía para protestar por los recortes". RTVE Noticias, 16 de julio de 2012.
[2] Por ejemplo, véase como ejemplo: "El PP bloquea la comparecencia de Rajoy para explicar los recortes". El País, 17 de abril de 2012.
[3] "Cospedal: si España no toma medidas, "van a venir otros" a ponerlas". Europa Press, 16 de julio de 2012.
[4] De hecho, la prensa extranjera no tiene reparos en definir a la UE como "los nuevos amos de España". Vid. "The Economist: "Subir el IVA es una imposición de los nuevos amos de España"". El Economista, 15 de julio de 2012.
[5] "Militares avisan que su capacidad de aguante tiene un límite". Público, 15 de julio de 2012.
[6] "Movimientos sociales de toda España pretenden ocupar el Congreso el 25 de septiembre". Tercera Información, 15 de julio de 2012.
[7] Esta posibilidad ya fue planteada por Julio Anguita en la entrevista: ""Seré rebelde hasta que me muera, porque no soporto esta injusticia"". Diario de Córdoba, 1 de julio de 2012.
[8] "Duran: "El Gobierno de Rajoy me ha decepcionado: son unos burócratas"". La Vanguardia, 21 de mayo de 2012.
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lunes, 2 de julio de 2012
Campeones de Europa en fútbol y en desempleo
La victoria de la selección española de fútbol en la Eurocopa ante Italia nos vuelve a mostrar la imagen de cientos de miles de personas invadiendo las calles para celebrar el acontecimiento. Desgraciadamente, el compromiso de movilización de una gran parte de los ciudadanos se reduce a este tipo de eventos. Es urgente el despertar de una conciencia de clase que desemboque en movilizaciones consecuentes con los grandes ataques -en forma de recortes- que el pueblo lleva sufriendo en los últimos años.
Es de justicia reconocer el mérito de la selección española de fútbol al alcanzar su tercer trofeo internacional consecutivo, inequívoca prueba de su magnífica calidad de juego en este deporte. Sin embargo, una vez congratulados por esta nueva victoria, es necesario volver a poner los pies en el suelo para tomar conciencia de la grave situación que, en lo social y en lo económico, se está viviendo en España.
Es de justicia reconocer el mérito de la selección española de fútbol al alcanzar su tercer trofeo internacional consecutivo, inequívoca prueba de su magnífica calidad de juego en este deporte. Sin embargo, una vez congratulados por esta nueva victoria, es necesario volver a poner los pies en el suelo para tomar conciencia de la grave situación que, en lo social y en lo económico, se está viviendo en España.
Desde la perspectiva de la situación actual, la victoria de la selección, como todo en esta vida, tiene sus luces y sus sombras. En lo positivo hay que admitir la inyección de moral que, para muchas personas necesitadas de buenas noticias, puede haber supuesto este victoria: ha de ser duro despertarse cada mañana ante la incertidumbre del desempleo, vivir cada día bajo la continua amenaza de que el presente sea el último día de trabajo -por tanto de ingresos- para cualquier padre o madre de familia. Todos nos merecemos alguna alegría en la vida, por muy intrascendente que sea. No obstante, el agradable sentimiento de euforia colectiva, de la que pudimos participar la noche de la final de la Eurocopa, no es más que un efímero parche de felicidad inducida por los medios con similar dosificación que las tabletas de soma de aquel mundo feliz al que se refería Aldous Huxley.
Desgraciadamente, el día después de la gran final sólo se habla del partido, de la gran hazaña patriotera, de los cuatro goles. Por unos días, la misteriosa prima de riesgo ya no es una amenaza para el ciudadano de a pie, como tampoco se dice nada del nuevo medicamentazo[1], ni siquiera ha sido noticia que importantes extensiones de los bosques de Valencia se hayan consumido por incendios muy posiblemente evitables de no haberse realizado recortes en prevención contraincendios en aquella comunidad[2][3].
Es la gran contradicción de las clases dominadas a lo largo de la historia, que demuestran su capacidad de movilización, su fuerza y determinación de invadir las calles, de mostrar públicamente sus sentimientos, siempre que se trata de festejar lo intrascendente. Por que, no nos engañemos, por mucha propaganda acerca de que la victoria española pueda beneficiar al PIB español[4], con éste ya son seis años seguidos de victorias en eventos deportivos -con un mundial incluido- y, sin embargo, España acaba de ser expulsada del club de los "cuatro grandes" del Banco Central Europeo[5].
El panorama es desolador para una clase trabajadora que comprueba cada viernes anuncios de nuevos recortes. el proceso es tan sencillo como explicar que las cosas no van tan bien como se esperaba[6], para luego aplicar un nuevo zarpazo al poco bienestar del que aún disfruta la ciudadanía. El espejo donde mirarnos sigue en Grecia, donde los salarios se han reducido, en promedio, a la mitad desde el año 2009[7]. ¿Acaso nadie se ha parado a pensar que las decisiones políticas desde la crisis se han reducido al anuncio de recortes, ajustes y demás eufemismos para perjuicio de los trabajadores?[8]
En honor a la verdad, la población ha demostrado una tímida reacción a las políticas de recortes. Las movilizaciones del 15M ha sido el mejor ejemplo, que incluso ha sido vista con buenos ojos por una gran parte de la población que, de momento, prefiere movilizarse sólo para celebrar campeonatos de fútbol. Sin embargo, las actuales movilizaciones distan mucho de reflejar el drama social que se respira en España. Es lastimoso observar a desempleados vistiendo la camiseta roja, bañándose en alguna fuente en su pueblo o ciudad, incapaces, sin embargo, de salir a la calle a manifestarse para exigir su derecho al trabajo. Pero claro, salir a la calle para exigir derechos no está tan bien visto como hacerlo con la cara pintada de rojo y amarillo. Es cuestión de riesgo, de rebeldía, de amor propio.
He ahí la sombra del fútbol, convertido en elemento de control de multitudes, cuyos ánimos son dirigidos en función de los éxitos de sus equipos; instrumento deshumanizador, que reduce a la ciudadanía a masa informe, feliz o triste porque lo dicta el resultado de un juego. Acorde a los más atávicos sentimientos, tanto celebramos victorias como lloramos derrotas intrascendentes para nuestras vidas, mientras nuestros destinos recaen en manos de los mismos poderosos con quienes nos felicitamos de la fortuna de ser "español, español, español".
[1] "Farmacéuticos aseguran que el 'medicamentazo' puede "dañar" a los ciudadanos". EuropaPress, 29 de junio de 2012.
[2] "Arde en verano lo que no se 'apagó' en el invierno". Público, 2 de julio de 2012.
[3] "Un bombero carga en Canal 9 contra la falta de medios de prevención contra el fuego". El Mercantil Valenciano, 1 de julio de 2012.
[4] "Krugman cree que la Eurocopa hará que los españoles gasten más". Público, 2 de julio de 2012.
[5] "La mala racha económica pasa factura: España, expulsada del club de los '4 grandes' del BCE". Diario Crítico, 28 de junio de 2012.
[6] "De Guindos avisa de que la recesión se agrava y sugiere más sacrificios". Público, 1 de julio de 2012.
[7] "Los salarios en Grecia se han reducido a la mitad desde 2009 debido a los recortes". El Economista, 2 de julio de 2012.
[8] "La crisis es una manera de gobernar(nos)". Radio Klara, 13 de junio de 2012.
Desgraciadamente, el día después de la gran final sólo se habla del partido, de la gran hazaña patriotera, de los cuatro goles. Por unos días, la misteriosa prima de riesgo ya no es una amenaza para el ciudadano de a pie, como tampoco se dice nada del nuevo medicamentazo[1], ni siquiera ha sido noticia que importantes extensiones de los bosques de Valencia se hayan consumido por incendios muy posiblemente evitables de no haberse realizado recortes en prevención contraincendios en aquella comunidad[2][3].
Es la gran contradicción de las clases dominadas a lo largo de la historia, que demuestran su capacidad de movilización, su fuerza y determinación de invadir las calles, de mostrar públicamente sus sentimientos, siempre que se trata de festejar lo intrascendente. Por que, no nos engañemos, por mucha propaganda acerca de que la victoria española pueda beneficiar al PIB español[4], con éste ya son seis años seguidos de victorias en eventos deportivos -con un mundial incluido- y, sin embargo, España acaba de ser expulsada del club de los "cuatro grandes" del Banco Central Europeo[5].
El panorama es desolador para una clase trabajadora que comprueba cada viernes anuncios de nuevos recortes. el proceso es tan sencillo como explicar que las cosas no van tan bien como se esperaba[6], para luego aplicar un nuevo zarpazo al poco bienestar del que aún disfruta la ciudadanía. El espejo donde mirarnos sigue en Grecia, donde los salarios se han reducido, en promedio, a la mitad desde el año 2009[7]. ¿Acaso nadie se ha parado a pensar que las decisiones políticas desde la crisis se han reducido al anuncio de recortes, ajustes y demás eufemismos para perjuicio de los trabajadores?[8]
En honor a la verdad, la población ha demostrado una tímida reacción a las políticas de recortes. Las movilizaciones del 15M ha sido el mejor ejemplo, que incluso ha sido vista con buenos ojos por una gran parte de la población que, de momento, prefiere movilizarse sólo para celebrar campeonatos de fútbol. Sin embargo, las actuales movilizaciones distan mucho de reflejar el drama social que se respira en España. Es lastimoso observar a desempleados vistiendo la camiseta roja, bañándose en alguna fuente en su pueblo o ciudad, incapaces, sin embargo, de salir a la calle a manifestarse para exigir su derecho al trabajo. Pero claro, salir a la calle para exigir derechos no está tan bien visto como hacerlo con la cara pintada de rojo y amarillo. Es cuestión de riesgo, de rebeldía, de amor propio.
He ahí la sombra del fútbol, convertido en elemento de control de multitudes, cuyos ánimos son dirigidos en función de los éxitos de sus equipos; instrumento deshumanizador, que reduce a la ciudadanía a masa informe, feliz o triste porque lo dicta el resultado de un juego. Acorde a los más atávicos sentimientos, tanto celebramos victorias como lloramos derrotas intrascendentes para nuestras vidas, mientras nuestros destinos recaen en manos de los mismos poderosos con quienes nos felicitamos de la fortuna de ser "español, español, español".
[1] "Farmacéuticos aseguran que el 'medicamentazo' puede "dañar" a los ciudadanos". EuropaPress, 29 de junio de 2012.
[2] "Arde en verano lo que no se 'apagó' en el invierno". Público, 2 de julio de 2012.
[3] "Un bombero carga en Canal 9 contra la falta de medios de prevención contra el fuego". El Mercantil Valenciano, 1 de julio de 2012.
[4] "Krugman cree que la Eurocopa hará que los españoles gasten más". Público, 2 de julio de 2012.
[5] "La mala racha económica pasa factura: España, expulsada del club de los '4 grandes' del BCE". Diario Crítico, 28 de junio de 2012.
[6] "De Guindos avisa de que la recesión se agrava y sugiere más sacrificios". Público, 1 de julio de 2012.
[7] "Los salarios en Grecia se han reducido a la mitad desde 2009 debido a los recortes". El Economista, 2 de julio de 2012.
[8] "La crisis es una manera de gobernar(nos)". Radio Klara, 13 de junio de 2012.
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martes, 8 de mayo de 2012
Ahora que se acerca el 12M
El aniversario de los movimientos de indignación en España ha de corresponder con un ejercicio de autocrítica tanto de los simpatizantes de estos movimientos como de las principales fuerzas progresistas, condenados a entenderse en una época en las que las condiciones objetivas para un cambio social son tan evidentes.
El 12 de mayo supondrá la vuelta a las calles de un gran número de personas. Esta vez, a diferencia de hace un año, las movilizaciones se extenderán a ciudades de todo el mundo. Habida cuenta de la época que estamos viviendo, hay que valorar positivamente cualquier movimiento crítico hacia el neoliberalismo, aunque también es cierto que los movimientos de indignación no pueden dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre su presente y su futuro.
El 12 de mayo supondrá la vuelta a las calles de un gran número de personas. Esta vez, a diferencia de hace un año, las movilizaciones se extenderán a ciudades de todo el mundo. Habida cuenta de la época que estamos viviendo, hay que valorar positivamente cualquier movimiento crítico hacia el neoliberalismo, aunque también es cierto que los movimientos de indignación no pueden dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre su presente y su futuro.
En una primera etapa, el 15M supuso el despertar de una parte de la población que hasta aquellos momentos había estado aletargada. La sociedad del consumo, el Estado del Bienestar, los medios de comunicación, habían actuado hasta entonces como narcóticos para una ciudadanía que peligrosamente se había desvinculado de la realidad política del país. El pan y circo era, en aquellos momentos, más efectivo que nunca. El lenguaje se había pervertido. Lo políticamente correcto se había convertido en el más perfecto ejercicio de censura, la autocensura. Términos como "izquierda" habían sido apropiados por los partidos de la Tercera Vía europea; los trabajadores de oficina ya no decían sentirse obreros; la lucha de clases, se hacía convertido en un tabú que evocaba a conceptos políticos decimonónicos. Todo concepto tenía inexorablemente que pasar por el tamiz del pensamiento único.
Sin embargo, la crisis de 2008 fue instrumentalizada para justificar el desmontaje del Estado del Bienestar, la desaparición del crédito fácil dificultó el consumo y las nuevas tecnologías de difusión a través de Internet ensombrecían la capacidad de adoctrinamiento de los medios de comunicación. La sociedad, desclasada casi en su totalidad, comenzaba a despertar, a preguntar por los culpables de la situación. La población había pasado del limbo de la clase media al infierno de la lucha de clases. Una lucha que siempre había estado ahí, que pasaba entonces una nueva etapa de mayor agresividad.
Del inmovilismo se pasó a las manifestaciones, a las acampadas, a las asambleas. En ese primer momento la consigna en la cabeza de muchos bien podría ser realizar demostraciones de disconformidad con la nueva situación tan hostil. Aún era pronto para hablar de lucha de clases, de izquierdas, de derechas, de burgueses o proletarios. Simplemente, el pueblo tomó la decisión de salir a las calles y había que estar ahí.
Qué duda cabe de que la consigna de mantener una actitud apartidista en las asambleas fue un acierto. No olvidemos que la sociedad española, sumida en el bipartidismo, adolecía -y aún adolece- de una incultura política consecuencia del bombardeo mediático según el cual sólo tiene sentido apoyar a quien tiene posibilidades de vencer. La cultura del voto útil que tanto daño ha hecho -y sigue haciendo- a esta forma imperfecta de democracia. De ahí, bajo la restricción de no hablar de política partidista, la consigna fue la indignación. Término propuesto por Stéphane Hessel en su libro ¡Indignaos! que, por entonces, el establishment mediático no había puesto en la lista negra de lo políticamente incorrecto.
Fruto de la mencionada incultura política que adolecía la sociedad, el único camino posible para asegurar el éxito de las asambleas era compartir conocimientos, explicar del modo más sencillo -y en ocasiones excesivamente aséptico- las contradicciones del sistema capitalista para que los asistentes fueran tomando conciencia de clase. Por supuesto, las asambleas abiertas corrían el peligro de infiltraciones de todo tipo de gente que deseaba instrumentalizarlas para su particular beneficio. Numerosos simpatizantes del Partido Popular que tomaron las calles el 15 de mayo de 2011, no estarán presentes el próximo 12, puesto que encontraron en aquella fecha la oportunidad perfecta para desgastar aún más al Partido Socialista con vistas a las elecciones del 22 de mayo de aquel mismo año. También se reconocen intentos de infiltraciones de grupos anarcocapitalistas, otros de tintes fascistas, sectas como Zeitgeist, e incluso de personas próximas al Opus Dei[1].
Cualquier movimiento social sufre el peligro de ser absorbido por el enemigo a combatir. Sin embargo, no cabe duda que la gran mayoría de los ciudadanos que deciden apoyar al movimiento 15M lo hacen porque desean que las cosas cambien. Ahora bien, no podemos esperar de inicio que se den las condiciones para un cambio global. Si a aquellas personas sentadas en las plazas durante junio del año pasado les hablamos de Marx o Lenin, simplemente salen huyendo. Hay que insistir en recordad que el discurso clásico de la izquierda ha sido destruido por el establishment. Y ahí el error de muchos ortodoxos de la izquierda. ¿Se esperaban que hablando de revolución los indignados concentrados en las plazas iban a realizar espontáneamente la toma de la Bastilla?
Ahora es el momento de estar ahí, escuchar los discursos de los movimientos de indignación, participar activamente -puesto que no dejan de ser movimiento asamblearios-, velar para que no sean apropiados por gropúsculos que pudieran tergiversar las condiciones para una revolución de clase. Hay quien acusó al movimiento 15M de fomentar una revolución naranja[2], es decir, una pseudorevolución controlada que tan sólo sirva para aliviar la presión del descontento social para, finalmente, no llevar a nada. No obstante, también hay que recordar la existencia de múltiples plataformas de izquierda anteriores a mayo de 2011 que han sabido integrarse en los movimientos de indignación, dotándolos de la necesaria base didáctica para mantener claro el objetivo de lucha por la justicia social.
Otro elemento a tener en cuenta es el resurgir de los partidos filofascistas en toda Europa. Los recientes casos de Grecia y Francia son un claro ejemplo del ascenso de estas ideologías que insultan a la inteligencia del ciudadano a base de adoctrinarlo con argumentos simplistas como la tradición, la patria o la raza. Desgraciadamente, una población oprimida por la desprotección social, desencantada con las políticas del bipartidismo clásico corre peligro de canalizar su natural frustración hacia estos partidos. La Europa de los años 30 del siglo pasado nos enseñaron bien la lección al respecto. La existencia de movimientos sociales alternativos como el 15M ha de actuar de cortafuegos contra las tendencias populistas.
Otro elemento a tener en cuenta es el resurgir de los partidos filofascistas en toda Europa. Los recientes casos de Grecia y Francia son un claro ejemplo del ascenso de estas ideologías que insultan a la inteligencia del ciudadano a base de adoctrinarlo con argumentos simplistas como la tradición, la patria o la raza. Desgraciadamente, una población oprimida por la desprotección social, desencantada con las políticas del bipartidismo clásico corre peligro de canalizar su natural frustración hacia estos partidos. La Europa de los años 30 del siglo pasado nos enseñaron bien la lección al respecto. La existencia de movimientos sociales alternativos como el 15M ha de actuar de cortafuegos contra las tendencias populistas.
El movimiento 15M se enfrenta a una nueva etapa de su existencia: un año de asambleas, reuniones, movilizaciones, supone una experiencia que ha de servir para algo. El objetivo ha de ser el despertar de la conciencia de clase. El camino, a pesar de las críticas, se está recorriendo. El inicial discurso de "no nos representan", que culpabilizaba a los políticos de todos los problemas, ha evolucionado hasta señalar a la banca y las grandes corporaciones como el gran problema. Ya se habla de una distinción clara entre "los de arriba" y "los de abajo". De ahí a hablar de burguesía y proletariado hay sólo un paso.
Por todo lo aquí expuesto, merece la pena renovar el voto de confianza hacia el movimiento 15M. Las agresivas políticas de recortes del actual Gobierno sólo servirán para multiplicar las condiciones objetivas para una revolución de clase. Recordemos que gran parte de los impulsores de los movimientos de indignación han sido gente de las llamadas clases medias y media-altas, con empleo estable, que ven peligrar su estatus. Es cuestión de tiempo de que comiencen a darse las causas subjetivas para que una ruptura con el sistema actual sea posible.
[1] "¿Quién destruye la lucha del 15 M?". Kaos En La Red, 7 de mayo de 2012.
[2] "¿15m y revolución naranja?". 15 de enero de 2012.
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viernes, 20 de abril de 2012
No todos los políticos son iguales: éste provoca la risa del rebaño
La reciente constitución del Parlamento de Andalucía tuvo como anécdota la particular promesa llevada a cabo por Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda a la hora de tomar posesión de su cargo:Por imperativo legal prometo y me comprometo a subvertir con todas mis fuerzas al culpable del paro, la corrupción y la crisis económica que no es otro que el sistema capitalista de producción, por eso me declaro insumiso a la dictadura del mercado, sus recetas y sus mandatos; me comprometo también a luchar con todo el coraje por esta nación sin soberanía que es Andalucía y por último me comprometo a darle voz a los sin voz en este parlamento y en la calle. ¡Viva Andalucía libre!
Estas palabras, como muestra el vídeo, causaron la risa de muchos, quienes evidenciaron su desconexión con la actual realidad social que vive el pueblo andaluz y, por extensión, el del resto del Estado español.
Habrá quien le pueda reprochar que la toma de posesión de un cargo no sea el momento más adecuado para expresar unos pensamientos, por desgracia, tan particulares. Hay que enfatizar el "por desgracia", porque en este mundo en el que nos ha tocado vivir hay demasiados políticos que se limitan a tomar su papel de capataces al servicio de sus grandes señores -banqueros y grandes empresarios-, que no tienen reparo en mostrar su lealtad a los dioses de los mercados, a convertirse en cómplices de la continua destrucción de derechos y conquistas sociales cuya consecución tantos sufrimientos costaron a la clase trabajadora.
Sin embargo, no tendría que ser motivo de burla que un político muestre abiertamente sus ideas, que diga lo que piensa con valentía, coherencia y dignidad. En todo caso, tendría que ser motivo de sonrojo para aquellos políticos que tan sólo desean acceder a algún sillón para tener su vida resuelta, a cualquier costa.
Y es que sí, es hora de llamar a las cosas por su nombre. La corrupción y la crisis son fenómenos connaturales a este sistema económico del "sálvese quien pueda", el capitalismo. Como es de sospechar, no pasará mucho tiempo en el que los medios más reaccionarios hagan uso de esta anécdota de la toma de posesión para cebarse con Don Juan Manuel, como días atrás hizo el señor Bono, quien lo tachó de "estalinista" y acusó de realizar "un planteamiento que a lo que conduce es al odio social, al enfrentamiento y a la lucha de clases"[1].
La lucha de clases no la provoca el pueblo, cuyas gentes sencillas aspiran a una vida normal, sino los grandes poderes, quienes nunca han ocultado la existencia de tal lucha, como avanzase el multimillonario Warren Buffet cuando afirmó que “hay lucha de clases, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando”[2]. El enfrentamiento al que Bono se refiere muy posiblemente sea el que viene dándose unilateralmente desde las grandes patronales y los llamados mercados, que exigen recortes que son sufridos directamente por la clase trabajadora, sometida a condiciones cada vez más penosas. Una clase trabajadora que, en estos momentos, no tiene capacidad de odiar: simplemente se resigna. El problema no son las palabras de Sánchez Gordillo, sino de la naturaleza de un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre.
[1] "Sánchez Gordillo: “Bono es un meapilas y sus últimas declaraciones son propias de Franco”". El Plural, 17 de abril de 2012.
[2] "In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning", The New York Times, 26 de noviembre de 2006.
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Isaac M. Casaubón
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jueves, 8 de marzo de 2012
Despierta, porque mañana será aún peor
Corría el año 2008 cuando el mundo fue declarado en crisis. Ese mismo año Keny Arkana escribía este tema que adelantaba lo que una parte de la población comienza a sufrir en estos momentos. Merece la pena leer la traducción de la letra de esta canción[1], un llamamiento a la unidad del pueblo:
Esto apesta a injusticia, la tormenta ha sido programada,
todo va cada vez más rápido, la guerra ha sido proclamada.
Una guerra glacial cada vez menos discreta
contra los pobres y los que rehusan formar parte del disquete.
Dividir al populacho, instaurar el estado policial
si te sales de la fila te golpeará la porra del oficial.
Nuevo Orden extraoficial, terrorismo oficial,
múltiples ganancias para instaurar la vigilancia y el miedo.
Apaga tu tele y sus programas para retrasados,
apaga tu tele antes de acabar alienado,
propaganda de miedo para una sumisión oficial,
metro, trabajo, cama, biometría y fichaje.
Los rebeldes se pudren en la cárcel,
noticias de desapariciones, marketing para que aceptes chips en el cuerpo,
tenemos que despertar, mañana será aún peor,
los muros se estrechan, hay cada vez menos espacio.
Despierta, nos han declarado la guerra...
Despierta, pueblo del mundo e hijo de la tierra...
Despierta, antes de llegar al punto de no retorno...
Necesitamos a todo el mundo, todo el mundo, todo el mundo...
Despierta, porque mañana será aún peor...
Despierta, antes que nos pongan chips en el cuerpo...
Despierta, todas nuestras vidas están en juego...
Despierta, des-pier-ta.
Esto apesta a injusticia y la tormenta está cerca,
pueblo alienado, políticas para embaucarnos,
terrorismo de estado muy conciso,
pueblo explotado, condenado a consumir lo que construye.
Prisiones a cielo abierto con crímenes y normas,
las fronteras son barricadas de la muerte.
Desconfía de las cámaras de seguridad, guardianes del desastre,
desconfía, porque las detenciones se converten en redadas.
Condenan al excluido, propagan la exclusión,
explotan a los más pobres antes de apretar "expulsion".
Hacen caza de niños, la policía en las escuelas,
los velos les molestan, no más policía en las escuelas.
Si estubiéramos unidos no podrían sembrar el caos,
no creemos en su justicia, creemos en la de Arriba,
hermano no pierdas la fé, tu que no crees,
te necesitamos, mi hermana, te necesitamos.
Despierta, nos han declarado la guerra...
Despierta, pueblo del mundo e hijo de la tierra...
Despierta, antes de llegar al punto de no retorno...
Necesitamos a todo el mundo, todo el mundo, todo el mundo...
Despierta, porque mañana será aún peor...
Despierta, antes que nos pongan chips en el cuerpo...
Despierta, todas nuestras vidas están en juego...
Despierta, des-pier-ta.
Esto apesta a injusticia y la tormenta ha comenzado,
antes del combate demasiados hermanos han renunciado,
Dime, ¿a que esperamos para construir sin ellos?
¿a que el sol desaparezca o a que sus ejércitos sean clones?
Energia nuclear saqueando la creacion,
proceso establecido de deshumanización,
mente saturada de bombardeo subliminal,
Los grandes medias pertenecen a fábricas de armas,
mira en que mundo vivimos,
el saber es un arma necesaria, o patentarán lo viviente.
La ciencia está al servicio del miedo
porque un virus es mejor que una guerra para exterminar a un pueblo.
No tengamos miedo, confiemos en nosotros mismos,
la vida está con nosotros, sí, la vida está con nosotros,
Mi hermano, mi hermana, estemos unidos,
si hemos de ir a morir juntos, ¡vayamos ahora!
Despierta, nos han declarado la guerra...
Despierta, pueblo del mundo e hijo de la tierra...
Despierta, antes de llegar al punto de no retorno...
Necesitamos a todo el mundo, todo el mundo, todo el mundo...
Despierta, porque mañana será aún peor...
Despierta, antes que nos pongan chips en el cuerpo...
Despierta, todas nuestras vidas están en juego...
Despierta, des-pier-ta.
No tengas miedo porque nosotros somos el mundo,
el sistema no es nada sin nosotros,
recuperemos el espacio público, nuestras calles, nuestros barrios,
No jodamos el sistema intentándolo destruir,
jodamosle construyendo sin él,
construyamos, retomemos nuestras vidas con nuestras manos,
porque las suyas están llenas de sangre,
Intercambiemos, todos tenemos algo para aportar al otro,
y no dejemos nuestras competencias a Babilonia,
démoslas a la resistencia que está en marcha,
formamos parte de la solución,
no olvidemos que somos el mundo,
incluso si tienen la cifra somos mas fuertes, tenemos el número:
¡Un pueblo unido jamás será vencido!
[1] "Reveillez-vous" del álbum Désobéissance (2008).
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Isaac M. Casaubón
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sábado, 15 de octubre de 2011
La rabia del pueblo se materializó el 15 de octubre
El 15 de octubre ha supuesto un gesto de protesta internacional sin precedentes. La ciudadanía, por vez primera, ha salido a la calle en las principales ciudades del mundo para decir "basta" a los abusos de los grandes poderes financieros. La rabia del pueblo, este sentimiento global de indignación, por fin se hace patente y se dirige contra los verdaderos culpables de esta crisis de civilización que nos toca sufrir.
Llegó el 15 de octubre. Desde Japón hasta los Estados Unidos, en casi mil ciudades de todo el mundo, los ciudadanos hemos comenzado a mostrar nuestro hartazgo hacia una realidad que no nos gusta. Por fin somos conscientes de que la percepción de haber sido traicionados por la llamada clase política dominante no es individual, sino algo que afecta a cada trabajador, ya sea vecino o ciudadano del otro extremo del globo. Hemos aprendido a base de decepciones el verdadero significado del término globalización. En Occidente presumíamos de democracia cuando en realidad son los grandes poderes financieros mundiales quienes dictan las leyes, habiéndose constituido en un gobierno en la sombra, sin rostro pero con largas manos que provocan recortes en nuestra calidad de vida, en nuestros derechos sociales; fomentan guerras, hambre, desempleo; especulan con nuestro pan, con nuestro medio ambiente, con nuestro presente, con nuestro futuro.
Llegó el 15 de octubre. Desde Japón hasta los Estados Unidos, en casi mil ciudades de todo el mundo, los ciudadanos hemos comenzado a mostrar nuestro hartazgo hacia una realidad que no nos gusta. Por fin somos conscientes de que la percepción de haber sido traicionados por la llamada clase política dominante no es individual, sino algo que afecta a cada trabajador, ya sea vecino o ciudadano del otro extremo del globo. Hemos aprendido a base de decepciones el verdadero significado del término globalización. En Occidente presumíamos de democracia cuando en realidad son los grandes poderes financieros mundiales quienes dictan las leyes, habiéndose constituido en un gobierno en la sombra, sin rostro pero con largas manos que provocan recortes en nuestra calidad de vida, en nuestros derechos sociales; fomentan guerras, hambre, desempleo; especulan con nuestro pan, con nuestro medio ambiente, con nuestro presente, con nuestro futuro.
¿De verdad pensaban que nos íbamos a quedar en casa? Era cuestión de tiempo que la ciudadanía despertara del narcotizante efecto de unos medios de comunicación al servicio de los mismos poderes que controlan a los gobiernos. Por primera vez en la historia, la ciudadanía global toma conciencia de clase.
Que un mismo día los trabajadores del mundo se pongan de acuerdo para salir a la calle implica esperanza. Porque jamás un grupo tan numeroso de ciudadanos se ha congregado para señalar a los culpables, a ese 1 por cierto cuya avaricia rompe sueños, esperanzas, condena a muchos a la pobreza, al desempleo. Ésta es la rabia del pueblo, la rabia de ver nuestros objetivos obstaculizados, de vivir atados de manos. La rabia, de crecer demasiado rápido cuando los adultos te roban la infancia. La rabia de ver imposible esa paz tan querida. La rabia de ver tantos policías armados en nuestras calles. La rabia de ver este puto mundo autodestruirse y que sean siempre los inocentes los que están en la línea de fuego[1].
Esta rabia del pueblo es positiva, constructiva, pacífica -aunque en muchas ocasiones reciba como respuesta la brutalidad de agentes que aún no son conscientes de que pegan a los de su misma clase-. Una rabia que no terminará el día 15 de octubre, sino que se extenderá por la población, romperá prejuicios, abrirá nuestros ojos. Cada vez más ciudadanos nos daremos cuenta de que nuestra condición de víctimas de ese 1 por ciento es nuestro nexo de unión. Nos han condenado a ser los "de abajo", pues ahora vamos a mirar hacia arriba y les combatiremos con inteligencia, desmontando sus mentiras, denunciando sus excesos, sus manipulaciones.
Mandemos un mensaje a nuestros gobernantes presentes y futuros: es su deber gobernar para los ciudadanos, estar al servicio de los trabajadores y su bienestar. La población ha apagado los televisores y sale a la calle para romper las cadenas que sujetan a la clase política dominante al mandato de los mercados, los grandes poderes financieros. Que no vuelvan a justificarse agresiones al bienestar de los ciudadanos para "tranquilizar a los mercados". Exijamos gobernantes con el valor de demostrar a los "de arriba" que ellos están exclusivamente al servicio de los ciudadanos, quienes les confiamos el voto, a quienes han de servir.
[1] Extraído de la canción "La Rage" de Keny Arkana (2006). Se recomienda leer la letra completa:
Publicado por
Isaac M. Casaubón
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14:42
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