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domingo, 18 de marzo de 2012

Algunas excusas para no secundar la huelga general (excusas, sólo excusas)

El inmovilismo tiene a su disposición miles de excusas. En nombre del "derecho a trabajar" miles de trabajadores darán la espalda al resto de sus compañeros de clase al no secundar una huelga que surge como respuesta a una reforma laboral realmente lesiva a los intereses de todos los asalariados. Ahora, más que nunca, la unidad entre los trabajadores es muy necesaria. Esta huelga es una herramienta para demostrar unidad, de ahí que estas actitudes de oposición a la huelga sean aplaudidas desde los grandes poderes.

Tal como era de esperar, el anuncio de huelga general en el Estado español ha conllevado una importante polarización de posturas y opiniones al respecto. Habida cuenta de que la huelga general se convoca a consecuencia de la más regresiva reforma laboral aprobada en tiempos de democracia, igualmente lesiva para asalariados y desempleados, la respuesta de la ciudadanía tendría que ser unánime a favor de esta huelga. Por desgracia, nuestra sociedad se encuentra tan confundida por la contrainformación proporcionada por la mayoría de los medios de comunicación; tan desorientada por la actitud de Gobierno y agentes sociales; y, sobre todo, tan atenazada por el miedo a un presente incierto y a un futuro gris; que hay muchos que se refugian bajo cualquier pretexto para eludir su responsabilidad de hacer uso del derecho a huelga, instrumento imprescindible en una época como la actual para frenar la sangría de recortes y agresiones sociales que la clase trabajadora lleva sufriendo en los últimos tiempos.

En la calle, en los foros, en las redes sociales, durante estos días podemos oír y leer las opiniones de personas contrarias a la huelga, en su mayoría trabajadores -ya sean en activo o desempleados-, quienes por cuenta propia han decidido tomar cierta actitud activista en la divulgación de excusas en las que basar su decisión de acudir a trabajar el próximo 29 de marzo. Como excusas que son, todas están basadas en falacias fácilmente desmontables pero bien vistas -y sostenidas- desde los medios de comunicación más conservadores.

"No voy a la huelga porque la convocan los sindicatos"

Se trata de la excusa "estrella" en muchos foros y a pie de calle. La enorme campaña de descrédito desatada contra los sindicatos mayoritarios -UGT y CCOO- a través de muchos medios de comunicación ha terminado cumpliendo su objetivo. Ciertamente, por demérito propio, los sindicatos mayoritarios no han sabido estar a la altura de las circunstancias, ejemplificadas en su aceptación apenas sin lucha de anteriores reformas laborales. A pesar de las horas bajas por las que pasan los sindicatos mayoritarios, hay que ser conscientes de que sus bases están fundamentalmente compuestas por gente luchadora y con capacidad de movilización, que creen y se aplican en la lucha obrera. En cualquier caso, todos los sindicatos de clase del Estado español apoyan la huelga del 29 de marzo -a diferencia de algunos denominados "sindicatos independientes", que no la secundarán-, lo que implica que los motivos que llevan a esta jornada de huelga general va mucho más allá de los intereses particulares de UGT o CCOO.

En todo caso, hemos de recordar siempre que las huelgas las convocan los sindicatos pero las secundan los trabajadores. El sindicato es necesario al ser la herramienta fundamental para la organización de la clase trabajadora; su desaparición supondría la vuelta a la época de la gleba, donde cada trabajador negocia sus condiciones de trabajo con el empleador de turno en relación de inferioridad al no haber unos mínimos a partir de los que comenzar las negociaciones. Esta última reforma laboral ataca directamente a los convenios colectivos, por lo que la indefensión del trabajador es ahora más real que nunca.

Así, quien afirme no ir a la huelga porque ésta la convocan los sindicatos, simplemente habla desde el desconocimiento. Podrá esgrimir que los sindicatos no han hecho nada por su persona en particular, ignorando que cada conquista social de la que actualmente disfruta -quizás no por mucho tiempo- proviene de la lucha sindical. El problema no es ya la percepción de que los sindicatos actualmente no nos den nada, sino la fortaleza de los lobbies empresariales en disposición de quitarnos lo poco que tenemos. Y lo harán sin dudarlo si no ponemos todos y todas de nuestra parte.

"No voy a la huelga para defender los intereses de aquel sindicalista que lleva un Rolex"

Esta excusa no es más que la particularización de la expuesta en el párrafo anterior en la persona de un dirigente sindical en concreto, carnaza de los tiburones mediáticos para desacreditar a las fuerzas sindicales. Resulta cuando menos paradójico, y posiblemente mezquino, que aquellos que se autoproclaman abanderados de la libertad individual señalen a alguien en particular, por muy sindicalista que sea, por utilizar un reloj de lujo -máxime cuando luego se demostrase que el supuesto Rolex era un reloj similar de otra marca[1]-. La preocupación de los trabajadores ha de ser la eficiencia con la que los sindicalistas defienden nuestro intereses de clase y no los supuestos lujos alrededor de su vida privada. Cualquier otro asunto implica entrar en el juego de cadenas de televisión y prensa que toman el papel de voceros de quienes les financian, grandes empresarios que sí que disfrutan de todo tipo de lujos a costa de nuestro trabajo.

"No voy a la huelga porque aún es demasiado pronto"

Esta excusa se basa en la esperanza de que la crisis se solucione por sí misma. De nuevo, se trata de una opinión mediatizada por las continuas informaciones de los medios de comunicación, que nos explican que esta crisis terminará cuando se hayan realizado los ajustes necesarios. La realidad es que nos encontramos en un serio proceso de desmontaje del mediocre Estado del Bienestar que hemos podido disfrutar en España. Las políticas ofrecidas por el actual Gobierno, con la aquiescencia de Angela Merkel, se basan en el control del déficit público a base de ajustes, eufemismo éste para referirse a recortes en gastos sociales y derechos laborales. El propio FMI ha llegado a advertir del peligro de tales políticas de ajustes, que pueden agravar la recesión de las economías más débiles, como es el caso de la economía española[2].

El primer paso necesario para reactivar la economía española pasa por la aplicación de políticas expansivas, esto es la realización de inversiones públicas para crear empleo y asegurar el nivel de vida de la población. Las políticas actuales van en el sentido contrario; así que a más tiempo dejemos pasar sin protestar contra tanto recorte, peor serán sus consecuencias sobre nuestros estándares de vida.

"No voy a la huelga porque tengo la esperanza de que esta reforma laboral sirva para crear empleo"

La nueva reforma laboral se justificó ante la necesidad de eliminar las supuestas rigideces del mercado laboral, identificadas como causas del desempleo. La realidad es que no existe correlación entre la creación de empleo y la rigidez del mercado laboral. Entendamos en primer lugar que se identifica rigidez con dificultad para despedir o, lo que es lo mismo, los costes para el empresario para destruir empleos. Además, parece ser que sólo se puede hablar de creación de empleo, pero no de la calidad de aquél. Como ya se argumentó en puntos anteriores, sin la existencia de los puntos de partida para la negociación, las condiciones de los nuevos contratos -y posiblemente los ya existentes- estarán condenadas a mínimos.

Además de la dudosa capacidad de esta reforma laboral para crear nuevos empleos de calidad, hay que señalar que ésta constituye, en palabras de Jueces por la Democracia, "uno de los mayores ataques al derecho del trabajo y a las instituciones laborales y que materializa una reforma ofensiva, regresiva, reaccionaria y profundamente injusta"[3], que además "limita las facultades del juzgador para valorar la finalidad y/o razonabilidad de la extinción del contrato por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, reduciendo el margen de tutela judicial ante el despido y desincentiva el ejercicio por el trabajador de reclamaciones judiciales". Es decir, la nueva reforma laboral coloca en una posición de ventaja al empresario respecto al trabajador a todas luces injusta, que condena a este último a una evidente situación de debilidad y consecuente precariedad.

El empleo no se crea a base de recortar derechos a los trabajadores; se crea a partir de la voluntad política de fomentar la creación de puestos de trabajo a partir de una seria apuesta por el desarrollo del sector público[4], consecuencia de políticas económicas expansivas: justamente lo opuesto a las actuales políticas del Gobierno.


[4] Vicenç Navarro: "¿Por qué España tiene un desempleo tan elevado?". El Plural, 12 de marzo de 2012.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Demagogia en torno a la Huelga General

Tal como vaticinó Rajoy, la reciente reforma laboral ha conllevado la convocatoria de una huelga general. Tras su anuncio, la maquinaria mediática al servicio de los grandes poderes ha comenzado su trabajo de desinformar y confundir a los trabajadores para minimizar el número de adhesiones a la huelga.

Desde el anuncio de la huelga general, convocada para el 29 de marzo de 2012, hemos podido ver multitud de voces en contra. Por una parte, la mayoría de los gobernantes claman que esta huelga tan sólo traerá perjuicios para la ya maltrecha economía nacional[1]; por otra, las confederaciones de empresarios victimizan a las propias empresas de las previsibles pérdidas a consecuencia de un día de huelga[2]. Como es de esperar, la escalada de calificativos alrededor de la convocatoria de huelga crece por días, pudiéndose destacar perlas como las lanzadas por Esperanza Aguirre que la califica de "escándalo" y "falta de patriotismo"[3].


A las élites empresariales del Estado español no les ha gustado en absoluto que los trabajadores decidan organizar una huelga general como respuesta a la reforma laboral más dura jamás impuesta en el Estado español. Los gobernantes, convertidos en fieles capataces, no durarán hasta el último momento en utilizar sus privilegiados púlpitos para desalentar a los trabajadores a secundar una huelga a todas luces necesaria. Por descontado, Gobierno y Patronal tendrán a su disposición el eco del poder mediático en todo su esplendor, habida cuenta que detrás de los medios de comunicación tradicionales se encuentran grandes emporios empresariales que también han salido beneficiados por la reciente reforma laboral.

Muchos días han pasado desde aquel posiblemente intencionado despiste de Mariano Rajoy en el que confesase a micrófono abierto a sus homólogos de Holanda y Finlandia que la reforma laboral que estaba por llegar le iba a costar una huelga general[4]. De hecho, para el día de la huelga habrá pasado un año desde que se filtró a la prensa el siguiente comentario de Rajoy -quien ya entonces se veía presidente- a sus allegados sobre las políticas que pensaba tomar una vez en el Gobierno: "si en los seis primeros meses no me montan tres huelgas generales, no lo estaré haciendo bien"[5]. Las varias referencias a posibles huelgas por parte del ahora Presidente a lo largo del tiempo parecen, en primer lugar, un juego de tanteo para comprobar los ánimos entre los ciudadanos, quienes en gran parte parecían haber asumido a pies juntillas la necesidad de aceptar recortes, ajustes y reformas laborales. No puede ignorarse, entre aquellos gestos del Presidente Rajoy, ciertos guiños hacia la troika comunitaria. De hecho, más importante que la medición de los ánimos de los trabajadores es el mensaje a Merkel -y a la banca privada alemana- de su disposición a reducir a mínimos los derechos de la clase trabajadora española, cueste lo que cueste, en una demostración de "autoritarismo machista"[6].

En todo caso, ningún gobierno puede permitirse una legislatura a la sombra del descontento popular y las consecuentes movilizaciones. Por ello, el Gobierno de Rajoy ha aplicado su usual política de tantear la situación en todos los frentes que ha podido. De este modo, fue muy significativa la reacción de la población de todo el Estado ante los recientes sucesos de Valencia, donde una desproporcionada e ilógica sucesión de intervenciones de los cuerpos antidisturbios contra chicos de instituto despertaron la indignación de un importante sector de la ciudadanía, que tomó las calles de las grandes ciudades en señal de protesta. La temperatura a pie de calle ha resultado ser más elevada de lo que Rajoy previó el día del micrófono abierto, la ciudadanía menos dormida y la clase trabajadora esté quizás aún lejos de tirar la toalla.

La carta que queda al Gobierno es la división, un juego en el que cuenta con el inestimable apoyo de los medios, convertidos más que nunca en caverna mediática, que se han acomodado a la perfección a los quehaceres del Presidente. Rara vez veremos informaciones, análisis, declaraciones u opiniones acerca de la próxima huelga general que hagan referencia a su causa principal, la injusta reforma laboral aprobada por el partido gobernante. Hemos leído y continuaremos leyendo mensajes catastrofistas sobre el impacto económico de la huelga, acusaciones de antipatriotismo, llamadas al desánimo a unirse a una huelga que no servirá para nada o que ha sido convocada demasiado tarde. Sin embargo, los mensajes más insidiosos irán a fomentar la división entre los trabajadores.

Una vez más se intentará hacer uso los desempleados, utilizados una vez más como "ejército de reserva" y fuerza de confrontación hacia los trabajadores que decidan hacer efectivo su derecho a la huelga. Cuando la ministra Báñez afirma que ninguna huelga general crea empleo[7], probablemente va en ese sentido. Ya la anterior huelga contó con la oposición de algunos colectivos de desempleados, contaminados por la propaganda creada con tal propósito[8]. Por supuesto, se insistirá en la necesidad de respetar el derecho individual a elegir trabajar el 29, obviando que -esquiroles o no- esta reforma laboral afecta a todos por igual y, sobre todo, la cantidad de pequeñas empresas a cuyos trabajadores les es imposible en la práctica ejercer su derecho a la huelga, sabedores que una actitud de rebeldía pondría en peligro su continuidad en el puesto. Asimismo, se demonizará a los piquetes informativos, se ensuciarán los trapos necesarios para destacar los pecados de los sindicalistas, mezclando injustamente a los vividores -que los hay- con aquellos que hacen de la lucha sindical su causa de vida. Se publicarán noticias con encuestas confusas cuyos resultados indicarán  previsiones de poco seguimiento[9].

Confusión, desinformación, demagogia, llamadas a la desunión y al desánimo. Es lo que nos espera durante los días previos a la huelga general, la huelga más importante y decisiva que haya sido jamás convocada en el Estado español. Recordemos que ninguna huelga cae en saco roto, siempre tendrá alguna repercusión, pues implica un serio pulso a los gobernantes por parte de la ciudadanía y, ante todo, una inequívoca demostración de unidad. Los trabajadores griegos han salido a la calle en múltiples ocasiones desde que la crisis se convirtió en la excusa para robarles sus derechos. Ciertamente, en Grecia la clase trabajadora lo está pasando muy mal pero, ¿acaso no estarían aún mucho peor si hubieran aceptado cada una de las imposiciones de sus gobernantes, fruto de las exigencias de la voracidad de la gran oligarquía europea? La movilización es el único modo que queda al ciudadano para demostrar su disconformidad con el rumbo que está tomando su situación en el mundo del trabajo y sus derechos en general. La unión hace la fuerza, cosa que hay que demostrar ahora más que nunca. Ya habrá tiempo de señalar a aquellos sindicalistas que en muchos momentos nos han fallado, ahora es el momento de recordar y comprender que las huelgas las convocan los sindicatos pero las lideran los ciudadanos. Los derechos que no se ejercen terminan perdiéndose, de ahí el interés de los grandes poderes de que desistamos secundar la próxima huelga general.


[1] Por ejemplo, véanse "Bauzá: ´Una huelga general no ayudará a reactivar la economía´". Diario de Mallorca, 1 de marzo de 2012; o "Artur Mas advierte que la huelga general perjudica a la economía y que ´no llevará a ningún sitio´". Diario Crítico, 10 de marzo de 2012.
[2] "Huelga general. CEOE denuncia que es una ´huelga política que van a pagar las empresas´". El Economista, 12 de marzo de 2012.
[3] "Esperanza Aguirre: ´El 29-M me parece un escándalo, es una falta de patriotismo´". ABC, 13 de marzo de 2012.
[4] "Rajoy, 'pillado': ´La reforma laboral me va a costar una huelga´". Público, 30 de enero de 2012.
[5] "Rajoy dará sorpresas en su Gobierno: muy corto, con ministros de fuera del PP. ´Si en los seis primeros meses no me montan tres huelgas generales, no lo estaré haciendo bien´". El Confidencial, 21 de marzo de 2011.
[6] Término que expresa perfectamente el prepotente comportamiento del Gobierno acuñado por Vicenç Navarro. Ver "La importancia de movilizarse en contra de las medidas neoliberales". Sistema, 17 de febrero de 2012.
[7] "Báñez recuerda que ninguna huelga general crea empleo". ABC, 13 de marzo de 2012.
[8] Véase, por ejemplo, esta nota de prensa de una asociación de parados, emitida el 10 de septiembre de 2010, ante el lema "¿yo a qué voy?".
[9] Por ejemplo, "´No a la Huelga General´, Trending Topic en España". Libertad Digital, 9 de marzo de 2012.