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lunes, 26 de enero de 2015
Syriza: la esperanza griega llegó a su destino
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Isaac M. Casaubón
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domingo, 22 de junio de 2014
Traducción al castellano de mi examen de bachillerato: ¿cómo convencería a un amigo para que no vote a Podemos?
El pasado 17 de junio, los alumnos extremeños que quisieran optar a los Premios Extraordinarios de Bachillerato tenían que elaborar un texto en inglés donde explicasen cómo convencerían a un amigo para que no votase a Podemos[1]. He aquí la traducción al castellano de mi examen:
Querido amigo,
Te escribo estas líneas para pedirte que desistas de votar a Podemos para las próximas elecciones. Soy consciente de que las cosas no están bien, que vivimos inmersos en una crisis que parece interminable, que nuestra generación dejó de aspirar a un futuro digno. No sabemos tan siquiera si nos será posible terminar los estudios que el próximo año comenzaremos, pues las tasas de matrícula de universidad volverán a subir mientras vuelven a reducir becas o, peor aún, las sustituyen por préstamos que nos supondrán hipotecar nuestros primeros años de trabajo al Banco de Santander.
Comprendo que hayas dejado de creer en quienes nos han gobernado hasta ahora, que estés cansado de tanta mentira e hipocresía, que rechaces tantas cosas injustas que hemos dado por supuestas. Injusto, por ejemplo, es el doble rasero por el cual las oportunidades vienen por tus relaciones y no por tu valía. Es la diferencia entre que te den un puesto de asesor en un ayuntamiento[2] y que te manden a Laponia a buscar trabajo[3].
Comparto tu desconfianza hacia esos políticos a quienes llamas casta, cuya principal función es la de sostener este régimen en decadencia. Un régimen construido alrededor de la cultura del pelotazo, que tan bien describió aquel ministro de Economía al decir que "España es uno de los países donde más fácil es hacerse rico", y la cultura del esfuerzo como eufemismo de querer hacernos trabajar como chinos. Un régimen de puertas giratorias, en las que ex-altos cargos políticos acaban en consejos asesores de grandes multinacionales[4], algunas de las cuales fueron empresas públicas posteriormente privatizadas por los gobiernos en los que participaron.
No voy a negar lo evidente, pues sería hipócrita por mi parte hacer de lo blanco negro. La sanidad pública, las pensiones, la educación, conquistas de nuestros padres y abuelos que están siendo salvajemente desmontadas en aras de una supuesta austeridad, que contrasta con los infames gastos militares que mantiene España. Yo también me doy cuenta de que cada vez estamos más cerca de Grecia, ese laboratorio donde la troika ha ensayado la "reforma del capitalismo" que en su día prometiese Sarkozy, cuyos resultados sin duda acabarán siendo aplicados en el resto de la Europa del Sur y, con el tiempo, en todo el continente.
Podríamos seguir enumerando los defectos de este sistema injusto pero, si te pones a pensar, quizás sea el menos malo. Podemos propone cosas irreales, utópicas. Si no, lee las opiniones de tanta gente en su contra. Por ejemplo, Cristina Cifuentes dice que el programa de este partido "dañaría la credibilidad de España"[5]. ¿Te arriesgarías con tu voto a lesionar la imagen de nuestro país? Es cierto que España no está demasiado bien vista en el extranjero; de entrada, forma parte de un grupo de países apodados los PIGS (cerdos), lo cual no suena demasiado bien. De hecho, cada vez son más frecuentes las denuncias por parte de organismos internacionales como la OSCE, que califican de inaceptables algunas actuaciones policiales frente a las movilizaciones ciudadanas[6]. También es verdad que en cuestión de imagen, los casos de corrupción[7], que salpican incluso a la familia real, no ayudan demasiado. Tampoco se puede decir que la Marca España sirva para mucho, reducida ésta, como dice la canción, a padres de familia buscando comida en contenedores de basura[8] mientras ONGs noruegas apadrinan a niños españoles que pasan hambre[9] y, por si fuera poco, financian la apertura de fosas del franquismo[10].
Pero bueno, que hay más políticos de toda la vida que nos recuerdan que la cosa no está para experimentos. Esperanza Aguirre y Rosa Díez nos alertan contra el populismo[11][12] y Felipe González[13] contra la utopía regresiva del mensaje de Podemos. Que no, amigo, que la política no consiste en decir a la gente lo que quiere oír para que luego te vote. ¿Te imaginas al PSOE negando una crisis evidente[14] o al PP prometiéndonos no subir el IVA[15], para luego hacerlo, justo antes de unas elecciones? Además, varias personalidades nos han advertido del carácter antisistema de Podemos, empeñado en hacer pagar más a los que más tienen, en perseguir la evasión de capital, en hacer cumplir la Constitución para asegurar la soberanía popular y el interés general. Pues si tanto les importa la Carta Magna, que hagan como los demás partidos de régimen y se centren en el artículo más importante, es decir, el que dice que España es monárquica y, si no les gusta, que ganen unas elecciones y la cambien, como hicieron PSOE y PP con el artículo 135 que convirtió nuestra forma de gobierno en deudocracia.
Me dirás ahora que Podemos es un ejemplo de democracia interna, que cuentan con la opinión de la gente, que hacen un magnífico uso las redes sociales para escuchar a los ciudadanos, pero olvidas que incluso así han tenido disputas internas. Nada que ver con el buen rollito que hay dentro del PSOE ahora que toca elegir candidato[16] o la tradicional lealtad demostrada en el PP a prueba de sobres[17].
Podría seguir dándote motivos para no votar a Podemos y no acabaría nunca pero, si aún te quedan dudas, toma nota de los periodistas de los medios más tradicionales. Fíjate la astucia de Eduardo Inda o Alfonso Rojo a la hora de poner en entredicho al líder del partido[18]. Desvelan sin tapujos su relación con la Venezuela de Chávez y Maduro, a quienes aconsejó en sus políticas. No obstante, hay que reconocer que tan mal no lo haría Pablo Iglesias cuando la pobreza en el país caribeño se ha reducido un 21,6% desde que empezó sus tareas de asesoramiento[19].
A pesar de todo lo que te he dicho, si algún sigues decidido en votar a Podemos, has de tener en cuenta que si piensas que la política se reduce al acto de depositar de vez en cuando un papel en las urnas y delegar las decisiones que te afectan en el día a día a gente distinta a ti con intereses opuestos a los tuyos, si consideras que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y por eso estamos como estamos, si opinas que a los ricos les ha de ir bien las cosas para que el resto de los ciudadanos tengamos alguna oportunidad, entonces mejor te convendría considerar otras opciones de voto.
[1] "Extremadura insta a sus alumnos a explicar cómo convencerían a alguien para no votar a Podemos". Público, 19 de junio de 2014.
[2] "Carromero asciende a asesor en el Ayuntamiento de Madrid". Público, 27 de marzo de 2013.
[3] "CEOE afirma que 'hay que aceptar trabajos aunque sean en Laponia'". El Mundo, 20 de febrero de 2012.
[4] "Veinte exministros y dos expresidentes están a sueldo de las grandes compañías españolas". 20 Minutos, 21 de diciembre de 2012.
[5] "Cifuentes cree que aplicar el programa de Podemos "dañaría la credibilidad" de España". Europa Press, 16 de junio de 2014.
[6] "Observadores internacionales denuncian las "inaceptables" agresiones policiales a periodistas el 29M". El Diario, 1 de abril de 2014.
[7] "La corrupción, el mayor lastre para la imagen de España en el exterior". El País, 22 de febrero de 2013.
[8] "Spain Recoils as Its Hungry Forage Trash Bins for a Next Meal". The New York Times, 24 de septiembre de 2012.
[9] "Ya somos tercermundistas. Apadrinan niños españoles". Periodista Digital, 6 de agosto de 2012.
[10] El dinero de un sindicato noruego permitirá la apertura de cuatro fosas del franquismo". Público, 22 de junio de 2014.
[11] "Esperanza Aguirre tacha a Podemos de "populista"". El Diario, 18 de junio de 2014.
[12] "Rosa Díez, sobre Podemos: “Los partidos populistas han llegado a España”". El País, 26 de mayo de 2014.
[13] "Felipe González, sobre Podemos: "La alternativa bolivariana sería una catástrofe"". El Plural, 29 de mayo de 2014.
[14] "Zapatero niega una crisis económica y resta importancia a la caída de la Bolsa". El Comercio, 7 de febrero de 2008.
[15] "Rajoy asegura que no subirá el IRPF ni el IVA y rebajará Sociedades a las pymes". Expansión, 19 de septiembre de 2011.
[16] "La sucesión de Rubalcaba provoca la guerra total entre los aspirantes a controlar el PSOE". Vozpópuli, 28 de mayo de 2014.
[17] "El Gobierno ordena a los cargos del PP en Madrid que eviten nuevas disputas públicas". InfoLibre, 3 de abril de 2014.
[18] "Anguita: “El poder ha soltado a la jauría de perros de los medios contra Podemos”". Iniciativa Debate, 14 de junio de 2014.
[19] "La pobreza continúa disminuyendo en Venezuela. INE.
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sábado, 31 de mayo de 2014
El fenómeno Podemos: sobre gatos, ratones y sentido común
Durante la mañana del domingo 25 de mayo recibí un mensaje en el móvil. Se trataba de una persona cercana que me pedía el enlace del vídeo de "los ratones". Pretendía enseñárselo a sus padres en un último intento para convencerlos de que no votasen en blanco. El día siguiente, a la hora del café, un conocido me confesaba que por primera vez se sentía liberado de las ataduras del voto útil y había dado su apoyo a quien realmente quería. A última hora de aquella jornada coincidía con dos amigos que estaban discutiendo sobre los resultados de las elecciones. "¿Pero qué va hacer 'el coleta' cuando llegue a Europa?, yo prefiero votar al PP sobre seguro", argumentaba uno de ellos.
Mordiéndome la lengua para no hacer un chascarrillo acerca del "sobre seguro", me limité a preguntar al aún votante popular si se sentía feliz con sus condiciones laborales. La obvia respuesta de alguien que hace años que no sabe lo que es un aumento de sueldo, que prolonga diariamente su jornada laboral sin cobrar más por ello, a quien sus jefes tratan como si de un favor le estuvieran haciendo por permitirle trabajar, me permitió ahondar en sus contradicciones. "¿Y a quién crees que votaron ayer los dueños de la empresa para la que trabajas?".
Desde la más simple lógica es inconcebible que explotados y explotadores vayan de la mano, apuesten los las mismas fuerzas políticas, compartan más intereses que el aire que respiran. Al fin y al cabo, de eso se trata la fábula de los ratones que con tan magnífica maestría contase Pablo Iglesias en un mitin de campaña. De la incongruencia de que una mayoría explotada confíe su gobierno a la minoría que los explota. Del país de los ratones que votaban a los gatos como gobernantes. Gatos negros, gatos blancos, gatos moteados. Siempre gatos.
Ya venía siendo hora de que, tan siquiera, los ratones aspirasen a ser dueños de su propio destino. Por supuesto que siempre ha habido personas y organizaciones con sinceros deseos de que aquello fuese una realidad, sería injusto no reconocerlo, pero han pecado o bien de una completa incomprensión de los mecanismos que
mueven a las masas o bien, lo que es peor, de un molesto complejo de
inferioridad.
El gran mérito de Podemos no ha sido el gesto contable de haber conseguido
cinco eurodiputados en apenas cuatro meses de existencia, sino el haber
hecho mella en el sentido común -en su acepción gramsciana-,
hegemonizado hasta ahora por los grandes poderes, según el cual hay que
votar "sobre seguro" o, lo que es lo mismo, a los partidos del régimen;
que arriesgar apoyando a fuerzas de izquierda implica que los grandes
empresarios se enfaden y nos pongan las cosas aún peor; que es mejor
desentenderse de la política que, para eso, hay quienes piensan por
nosotros.
En una situación de emergencia social como la que
actualmente vivimos, el único camino posible para revertir la situación
pasa por canalizar el descontento generalizado con las políticas que las
mayorías llevamos sufriendo. Políticas lesivas para las mayorías, como
las limitaciones de velocidad para los ratones de la fábula, que los
convertía en presa fácil de los gatos. Llamémoslas recortes,
flexibilidad laboral, subidas del IVA. Ataques a los derechos en una
suerte de guerra de baja intensidad no declarada, pero llevada a cabo
unilateralmente por los gatos de la fábula y los grandes poderes en la
realidad. Esto se llama lucha de clases, aunque la mayoría aún no se
haya enterado de ello.
Podemos ha sabido señalar al enemigo, esa clase antagonista que
empieza a ponerse nerviosa y cada día que pasa lanza nuevas
descalificaciones contra los promotores de esta iniciativa ciudadana. Por
eso, cuando los personajes de la casta política -los gatos de la fábula que
gobiernan para los gatos- acuden a los púlpitos de los medios de
comunicación para tachar al proyecto Podemos de utopía regresiva, lepenista o, simplemente,
friki, evidencian su temor al derrumbe de sus particulares
torres de marfil, asentadas sobre décadas de conformismo y sumisión, debido a un potencial cambio de mentalidad fomentado por movimientos como Podemos. No obstante, volviendo a poner los pies en el suelo, no hay que olvidar que, en estos momentos,
lo más revolucionario posible es ahondar en ese cambio de mentalidad para que
rompa los tabúes, mitos y falacias en los que se apoyan los poderosos
para mantener sus privilegios.
Al menos, la chispa de
ilusión ha prendido en mucha gente, cosa que me confirmó un votante de Podemos cuando me confesaba
que no había sentido tal ilusión con unas elecciones desde la época de
Felipe González, allá por 1982. Le tuve que recordar que una sutil diferencia entre
Podemos y el PSOE de los ochenta es que, mientras los socialistas fueron
financiados por algunos poderes alemanes, los primeros recurrieron
exclusivamente al apoyo de sus simpatizantes.
Nos encontramos ante el enésimo intento de las clases populares de arrebatar a los poderosos sus privilegios, su capacidad de decidir sobre nuestros destinos. Podemos ha nacido con vocación de convertirse en instrumento de politización de aquella gran parte de la ciudadanía que se declara apolítica, en el
revulsivo necesario para que el espíritu de las mareas cívicas o el de los
movimientos vecinales como Gamonal impregne al resto de la población. Quizás nos encontremos ante la oportunidad de articular a la sociedad en torno a los valores de libertad, igualdad y fraternidad en su concepción más humana.
La moraleja de aquella fábula es que la alternativa es la barbarie, como amenazan las opciones totalitarias en otros estados en Europa. O los ratones se hacen dueños de su propio destino, o vendrá finalmente alguna rata extremista al servicio de los gatos para sumir al pueblo en la intolerancia y la opresión. Sirva Podemos como una vacuna contra fascismos venideros.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Mañana seguirá gobernando la casta, pero el sentido común está cambiando
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miércoles, 21 de mayo de 2014
Cuando lo que está en juego es el futuro, ¿quién mueve Europa?
Las próximas elecciones al Parlamento Europeo se perfilan como un referéndum sobre la firma de un tratado comercial con los EEUU, apenas divulgado por los medios de comunicación mayoritarios, que plantea una seria de medidas realmente lesivas para la mayoría de los ciudadanos europeos. Lamentablemente, la postura de los principales partidos del régimen del 78 es favorable a este tratado.
El bipartidismo oficial en España insiste en evocarnos un futuro sin adjetivos, que la mayoría percibimos como muy oscuro, a la vez que intenta implicarnos en una Europa cada vez más alejada de las personas. Es el discurso de campaña de dos gigantes que acaban de descubrir sus pies de barro entre contradicciones como repetir que no son lo mismo[1], a pesar de no ocultar su predisposición a gobernar juntos si llegase el momento[2].
Las próximas elecciones al Parlamento Europeo poco tienen que ver con la escasa sensibilidad de género de un ex-ministro entomófago aficionado a comer yogures caducados[3], o la irrupción de una candidata que no sabe distinguir entre un consejero de Gas Natural y un líder revolucionario[4]. El próximo 25 de mayo se celebrará, sobre todo, un plebiscito donde se decidirá el futuro de la democracia en todo el continente. Un futuro que depende de la firma del Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE. Así, sin que sirva de precedente, hay que reconocer que, en cierto modo, el Partido Popular dice la verdad en su eslogan cuando afirma que "lo que está en juego es el futuro".
Ya no nos encontramos ante aquella idílica Europa de los pueblos, hoy desfigurada entre medidas de austeridad y recortes. Ahora, más que nunca, vivimos en la Europa de los mercados. Una Europa al servicio de la oligarquía que envía hombres de negro a los estados desobedientes. Una Europa que se alía con instituciones financieras para someter a su periferia a la tiranía de la deuda. Una Europa que ya no aspira a ser los Estados Unidos de Europa que profetizase Winston Churchill, sino la Europa de los Estados Unidos.
Los ciudadanos no podemos dejar que la construcción de Europa quede en manos de los grandes poderes y sus acólitos, como hemos hecho desde los primeros días de la aventura europea. Lejano queda aquel primero de enero de 1986 cuando España entraba a formar parte de lo que hoy es la Unión Europea. En aquellos momentos Europa simbolizaba, para gran parte del pueblo español, los valores que durante cuatro décadas se le había negado. Modernidad, libertad e, incluso, ciudadanía pues, desde ese preciso instante, fuimos, además de súbditos españoles, ciudadanos europeos. Nos conformamos sólo con eso.
De aquel modo, los ciudadanos europeos fuimos parte pasiva en la reconstrucción del continente, más pendientes a cantos de sirena -y carteles en carreteras anunciando subvenciones con fondos europeos- que de ser protagonistas de aquel proceso. Aceptamos Maastricht y, más tarde, la Constitución Europea a ritmo de Los del Río sin un mínimo de escepticismo[5]. Todo aquello permitió asentar las bases de las actuales políticas de recortes que acabarían enterrando el espejismo del estado del bienestar.
Hoy en día, cuando ni tan siquiera se respira ilusión por esta Europa, se vuelve a dar una nueva vuelta de tuerca a las políticas neoliberales con la negociación, en el más absoluto de los secretos[6], de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI o TTIP), un tratado de libre comercio que puede suponer un antes y un después en cuestiones de derechos fundamentales y de soberanía.
El TTIP tendrá graves implicaciones en nuestras vidas, como el hecho de que las multinacionales escapen definitivamente al control político de los estados[7]. Esto significará que las grandes empresas podrán saltarse las constituciones nacionales al poder recurrir a tribunales internacionales de arbitraje, que incluso podrán estar compuestos por abogados de las mismas compañías. Previsibles sentencias en contra de los estados no servirán más que para agravar su deuda, generando un fuerte efecto disuasorio en las administraciones públicas a la hora de decidir sus políticas. Así, es normal preguntarse cuántas demandas de los ciudadanos serán desoídas ante la onerosa amenaza de enfrentarse a gigantes multinacionales que tendrán la sartén por el mango. Será el final de los derechos contemplados por las constituciones nacionales para dar paso a los intereses corporativos. Los grandes lobbies, más poderosos que nunca, exigirán competitividad como eufemismo de competencia a la baja, lo que afectará a nuestros derechos fundamentales, a la sanidad, a los sueldos, a la calidad de nuestras vidas. Una situación en la que dejaremos de ser ciudadanos para pasar a ser simplemente consumidores propiedad de las grandes multinacionales.
Sin embargo, el Parlamento Europeo tendrá que aprobar el TTIP, por lo que aún hay esperanza. Por eso mismo, en esta ocasión, la abstención no sirve. Hay que poblar Estrasburgo de gente contraria a la firma del pacto EU-EEUU, pues ya sabemos que los partidos del régimen del 78, los que se quejan de desafección hacia la política, darán su apoyo al Tratado de Libre Comercio[8]. En esta ocasión, el voto es más importante que nunca.
Hemos de darnos cuenta que ésta no es la Comunidad Europea que en el 86 ingenuamente recibimos con el canto de "¡qué viva el IVA!". Nos encontramos ante una evolución -aún a peor- de aquella Europa de Maastrich que aceptamos hipnotizados por los cantos de sirena de los mercados, los mismos que luego nos arrastrarían a la actual crisis, los mismos que ahora nos hacen pagar por sus errores. Una Europa de mercaderes donde todo está en venta, incluso la democracia y los derechos fundamentales. Es por eso necesario que la clase trabajadora se apropie del "tú mueves Europa", arrebatándoselo a los grandes poderes fácticos, lanzando un claro mensaje de que ya no acepta más agresiones a la democracia y los derechos fundamentales.
[1] "No somos lo mismo". El País, 16 de mayo de 2014.
[2] "PP y PSOE buscarán un pacto de Estado para gobernar juntos a partir de 2015". Asturias 24, 7 de abril de 2014.
[3] "Cañete: "Yo abro la nevera, como un yogur caducado y no me sienta mal"". Público, 10 de enero de 2013.
[4] "Valenciano dice que transitó "de Jesucristo a la revolución"". EuropaPress, 6 de mayo de 2014.
[5] ""Los del Río", apoyando el Sí a la Constitución Europea con la fuerza de la razón". Rebelión, 15 de enero de 2005.
[6] "Lo que esconde el tratado comercial transatlántico". Diagonal Periódico, 7 de octubre de 2013.
[7] "Las multinacionales escaparán al control político con el Tratado de Libre Comercio UE-EEUU. Público, 20 de mayo de 2014.
[8] "PP y PSOE rechazan someter a referéndum el tratado de libre comercio entre EEUU y la UE ". El Diario, 7 de mayo de 2014.
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lunes, 15 de abril de 2013
¿Puede un conductor de autobús llegar a presidente de una nación? (el pueblo venezolano dice que sí)
Uno de los argumentos contra Nicolás Maduro en la reciente campaña electoral venezolana ha sido su condición de conductor de autobús, como intento de asociar su profesión a una menor capacidad para gestionar la nación venezolana. Detrás de todo esto se encuentra un argumento ad hominem con el que justificar la negativa del gran capital a aceptar un gobernante que defienda los intereses de la clase trabajadora.
Resulta llamativo la insistencia de algunas personas en aferrarse a argumentos elitistas para juzgar la potencialidad de tal o cual dirigente político. Olvidan las cualidades básicas que habría que esperar de cualquier representante público -como la honestidad, la honradez, la fidelidad a unos principios- para centrarse en su profesión o incluso en sus orígenes. Con un claro doble rasero, se prejuzga de modo distinto al millonario que el humilde, como si el origen social fuese una suerte de pedigrí que asegurase una mínima calidad en su gestión política.
El caso de Nicolás Maduro ha sido realmente paradigmático en este sentido. Los opositores dentro y fuera de Venezuela -sobre todo en España- han utilizado la misma cuestión una y otra vez para desacreditar a esta persona como potencial presidente de la República Bolivariana. Todo un ejercicio de falacia ad hominem que se resumiría en la cuestión de si un conductor de autobús puede llegar a presidir una nación.
Tras los resultados de las elecciones en Venezuela, la respuesta es sí. Nicolás Maduro, antiguo chófer de autobús de Caracas, ha recibido el apoyo del pueblo venezolano para llevar las riendas del país durante los próximos años. A pesar de obtener un resultado menor al esperado -debido fundamentalmente al elevado listón dejado por su predecesor en las elecciones de octubre de 2012-, el éxito de Maduro es indiscutible. Gran parte del pueblo venezolano ha sabido abstraerse a la tesitura de elegir entre el conductor de autobús o el empresario de éxito, para comprender que la elección era entre el representante del pueblo o el delegado del neoliberalismo.
En todo caso, resulta difícil aceptar que la calidad de un representante público dependa de su profesión o de su procedencia. ¿Cuántos presidentes con carrera universitaria han ayudado, a lo largo de la historia, a empeorar las condiciones de sus respectivos países? Nada bueno puede decirse, por ejemplo, de la trayectoria del registrador de la propiedad que preside España, que tan siquiera es capaz de dar explicaciones a sus conciudadanos, si no es a través de la pantalla de un televisor.
La calidad de un gobernante se demuestra a priori con un programa electoral claro, sin ambigüedades, y a posteriori con hechos fundamentados en aquel programa. No hay otra. No se le puede exigir erudicción absoluta, sino la capacidad de rodearse de la gente adecuada que le asesore. Por eso, es triste que la prensa española critique a Maduro por su profesión -honorable como la que más-, mientras olvida que en los últimos años hemos tenido una colección de políticos en cargos de responsabilidad que harían saltar los colores en las democracias más avanzadas. Desde presidentes autonómicos salpicados por todo tipo de escándalos a ex-alcaldes de Marbella, pasando por candidatos que dieron con sus huesos en prisión por oscuras cuestiones bancarias. Pero es que, además, ¿es que nadie en España recuerda el historial del padre fundador del partido que ahora mismo gobierna? Se trata del ministro del franquismo que ordenó ejecuciones, el que rapó la cabeza de las esposas de los mineros, el que dijo a boca llena "la calle es mía", llegó a ser presidente de la Xunta de Galicia. Y ojo, que ningún medio se atreviese a recordar durante pasadas campañas electorales, siendo él candidato, su pasado franquista.
El fondo de la cuestión es que quienes firman columnas de opinión en la caverna mediática española no toleran que un trabajador llegue a lo más alto sin renunciar a su clase. Thatcher, hija de tenderos, bien que fue aceptada como primera ministra -¿dónde quedaba el machismo o el clasismo?-, pues había demostrado con creces su sumisión al gran capital británico. Maduro, sin embargo, es de origen humilde y, comprometido a su clase, accede al Gobierno de su patria.
Maduro no fue escogido por Chávez por su profesión de conductor de autobús, sino por la valía que ha demostrado en los cargos que, hasta el momento, ha desempeñado. A pesar de su timidez, de seguro que sabrá ganarse la confianza de aquellos que en su día votaron a Hugo Chávez que, sin embargo, esta vez le negaron su apoyo. Tiene cuatro años para ello.
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martes, 20 de noviembre de 2012
Un artículo más sobre el añito que nos lleva dando Rajoy
El año después de las elecciones generales de 2011 muestra cifras terribles que cuantifican la desastrosa situación de España. Las políticas de austeridad sólo sirven para ahondar en la frustración de la población que cada vez se ve más reflejada en la actual Grecia.
El anuncio de la fecha de las últimas elecciones generales, allá por julio de 2011, supuso un mal presagio. Veinte de noviembre, el día en el que los nostálgicos del antiguo régimen peregrinan al Valle de los Caídos a dar un nuevo último adiós a su referente ideológico. Es fácil imaginar como, entre lágrimas y cánticos, muchos de los asistentes a aquel acto se frotaban las manos con tan sólo pensar en los resultados de las elecciones.
El anuncio de la fecha de las últimas elecciones generales, allá por julio de 2011, supuso un mal presagio. Veinte de noviembre, el día en el que los nostálgicos del antiguo régimen peregrinan al Valle de los Caídos a dar un nuevo último adiós a su referente ideológico. Es fácil imaginar como, entre lágrimas y cánticos, muchos de los asistentes a aquel acto se frotaban las manos con tan sólo pensar en los resultados de las elecciones.
El desenlace, hace ahora un año, es bien conocido. Los deméritos de Rodríguez Zapatero permitieron que Rajoy pasase a la historia como el candidato a presidente que supo aglutinar el voto de la facción más rancia de España con el de millones de ciudadanos bienintencionados que, de buena fe, pensaban que los problemas del país se arreglaban con un simple cambio de Gobierno.
Sin embargo, una vez alcanzado el ansiado sillón en La Moncloa las ilusiones se desvanecieron para la mayoría de sus votantes. Desde entonces, Rajoy ha demostrado ser un presidente débil, más interesado en las sucesivas elecciones autonómicas acontecidas a lo largo del año que en su labor de gobernar. Ni da explicaciones de lo que piensa hacer, ni sus acciones son coherentes respecto a las expectativas que levanta. Así, la sensación que tiene una parte de la ciudadanía es que su labor se reduce a señalar las fechas en las que se cumplirán los deseos de la Europa del gran capital, al que eufemísticamente se referiría en alguna ocasión como "la realidad"[1]. Siguiendo el aleccionamiento de Merkel, el presidente ha asumido el término austeridad en su acepción más perversa para dedicarse en cuerpo y alma a recortar. El destino reservado a España parece ser el de un Estado satélite de la Europa rica, cuyos ciudadanos, también de segunda, se dedicarán básicamente a producir bienes a bajo precio y servicios de turismo y hostelería para los visitantes adinerados.
Un año después las cosas pintan mucho peor que el día de las elecciones. No sólo se trata de los desastrosos datos económicos que nos deja tras este primer año, ni siquiera de las infames cifras de desempleo, de por sí ya alarmantes. El problema es que Mariano Rajoy está tomando medidas similares a las que condujeron a Grecia a la ruina social en la que ahora se encuentra inmersa.
Así, la destrucción de pilares básicos del incipiente bienestar del que disfrutábamos los españoles es ya una realidad. La educación y la sanidad públicas están heridas de muerte desde el momento en el que se decidió que parte de sus presupuestos era más útil si era destinado a sanear a la banca[2]. En cierto modo, algo de esperar de un partido cuyos gerifaltes habitan en torres de marfil que el resto de la ciudadanía. Al igual que los grandes empresarios y los banqueros, aquéllos no envían a sus hijos a la escuela pública ni hacen uso de la sanidad pública.
Llegados a este punto es justo admitir que el problema no es exclusivamente Rajoy ni el Partido Popular. La cuestión es más profunda que unas siglas, llegando hasta el propio modelo de Estado. Simplemente, la soberanía no está en manos del pueblo sino de una poderosa oligarquía que hace y deshace a su antojo a través de sumisos capataces que firman leyes.
Sin embargo, no se puede olvidar que la misma insensibilidad que Rajoy ha manifestado hacia sus votantes al incumplir la mayor parte de sus promesas electorales[3], la ha mostrado hacia los asalariados castigándolos con la peor reforma laboral imaginable, por lo que la reacción de la clase obrera no se ha hecho esperar. Por ello Rajoy es el primer presidente en recibir dos huelgas generales en un año. Todo un récord. A todo esto, la reacción del ejecutivo de Rajoy ha sido criminalizar la protesta. La dureza con la que se reprimen las movilizaciones ciudadanas quedó patente durante la pasada jornada de huelga general, cuando se repitieron sucesos de ciudadanos pacíficos gravemente heridos[4][5][6]. No podemos olvidar de donde salieron las órdenes de actuar con contundencia. Mientras tanto, el código penal ha sido endurecido de modo que quieres rompan mobiliario urbano no salgan de rositas. Por el momento, en el Ministerio de Justicia parecen haberse olvidado de endurecer las penas para quienes cometan delitos de índole económico y fiscal.
En definitiva, el camino recorrido durante este "año mariano" de seguro está despertando los más húmedos sueños de los elementos más reaccionarios de la sociedad española. Un Gobierno "como Dios manda" que seguirá provocando huelgas, movilizaciones y altercados en las calles. Mientras tanto, la frustración provocada entre muchos votantes del Partido Popular resentidos con el constante incumplimiento de sus promesas electorales, podría ser canalizada por alguna advenediza agrupación política que tome el papel de los fascistas griegos de Amanecer Dorado. Pésimo futuro nos espera si esto llegase a ocurrir.
[1] "Rajoy admite que sus promesas estaban fuera de la realidad". Público, 2 de septiembre de 2012.
[2] http://politica.elpais.com/politica/2012/04/09/actualidad/1333985643_619652.html
[3] http://maspublico.com/2012/11/20/un-ano-del-gobierno-de-rajoy-en-ocho-promesas-incumplidas/
[4] http://www.20minutos.es/noticia/1648327/0/barcelona-hospital-sant-pau/manifestacion-huelga-general-14N/mujer-herida-ojo/
[5] http://tribunadeljurista.foroes.net/t3257-video-que-desenmascara-las-mentiras-de-la-policia-murciana-fueron-ellos-quienes-desfiguraron-la-cara-a-este-ciudadano
[6] http://www.huffingtonpost.es/2012/11/14/un-menor-de-13-anos-herid_n_2129821.html?utm_hp_ref=spain
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viernes, 19 de octubre de 2012
Monólogo dedicado a Xosé Manuel Beiras
Transcripción del monólogo del profesor Pablo Iglesias Turrión, en el programa de televisión La Tuerka, acerca de la figura de Xosé Manuel Beiras y su singular estilo de hacer campaña, quien huye de la hipocresía de lo políticamente correcto para poner los puntos sobre las íes y alertar de la profundidad de esta crisis y de las terribles consecuencias que sufre la gente de a pie.
Beiras es mucho más que el candidato de la Syriza galega, llamado a movilizar al electorado gallego que puede derrotar a Feijóo; es mucho más que el referente histórico del nacionalismo galego. Un tipo que es catedrático de Economía, que habla varios idiomas, que es capaz de citar a Gramsci para decir que estamos ante una crisis de régimen y que las derrotas electorales llegan después que las derrotas políticas; un tipo que es capaz de citar a Otto Bauer y a los austro-marxistas para explicar qué es una nación -o a Giovanni Arrighi para decir que estamos ante una crisis sistémica- no es un político del montón, no es un político cualquiera. Un tipo que no se corta en decir que los recortes sociales provocan más muertos que los que haya podido causar cualquier grupo terrorista en este país, y que se refiere al presidente de la Xunta de Galicia como "la habichuela" o "el frijol".Fijaos, yo de campañas electorales entiendo un poco y lo normal es que los candidatos tiendan a moderarse, tiendan a ser prudentes y a asumir que la mediocridad da más votos que la brillantez porque, al fin y al cabo, vivimos en un mundo que premia a los mediocres, pues Beiras no. Tiene el ego necesario para no ser un mediocre y restregar todos los días a sus rivales que ninguno puede superarle en talla intelectual y en ingenio. Habrá quien diga que Beiras es arrogante -quizá lo sea-, yo -que queréis que os diga- estoy un poco harto de políticos no arrogantes que son prudentes y pragmáticos. Los cobardes, los tibios, los pragmáticos son los que casi siempre ganan en política -que nos lo digan en la izquierda-. Por eso Beiras es mucho más que Beiras al recordarnos que, a veces, la política para ser política tiene que ser incorrecta.
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martes, 9 de octubre de 2012
La Europa mediterránea y Venezuela: dos caminos opuestos
Mientras parte de Europa, coartada por ilógicas políticas de austeridad y recortes de gasto público, se hunde en una crisis de la que parece no tener salida, Venezuela se mantiene en la senda del desarrollo gracias, principalmente, a la aplicación de políticas redistributivas de las riquezas.
La Europa de la crisis, la que condena a pueblos enteros a la precariedad económica, se atreve a descalificar a un gobernante, nuevamente legitimado por las urnas, abiertamente comprometido con la erradicación de la pobreza en su tierra. Los medios de comunicación, al servicio del establishment, no dudan en tildar de dictador y tirano al presidente de Venezuela, aunque -como bien indica Eduardo Galeano- "Chávez es un dictador rarísimo, porque ganó doce elecciones limpias"[1], trece tras los resultados del pasado 7 de octubre.
Por encima del número de elecciones ganadas por un gobernante ha de valorarse lo que éste hace por su pueblo. No busca este artículo repasar la multitud de avances sociales producidos en Venezuela desde la llegada de Chávez al poder. Sin embargo, es inevitable comparar las pendientes de signo opuesto que marcan los devenires de la América Latina, que tomó la senda bolivariana, frente a la de una Europa mediterránea condenada a ser el patio trasero de la Europa rica.
Mientras en España la pobreza es cada vez más común y ya afecta a una de cada cuatro personas[2], en Venezuela ésta viene siendo erradicada a base de un admirable reparto de las riquezas[3]. Al mismo tiempo que en Europa las políticas económicas van orientadas hacia la reducción de un déficit que sólo sirve para recortar derechos sociales, en el país latinoamericano éstos no hacen más que crecer. En definitiva, mientras Europa destruye su Estado del Bienestar, Venezuela lidera un cambio revolucionario a favor de su pueblo.
Aún todas las positivas realidades acontecidas en Venezuela, para una parte de la ciudadanía europea es más sencillo repetir acríticamente una nutrida colección de eslóganes antichavistas que comprender el importante trasfondo de la realidad bolivariana. Lamentablemente, todavía es demasiado fuerte el influjo de unos medios de comunicación, convertidos en medios de persuasión, que olvidaron su papel de informar para pasar a influir activamente en la ciudadanía, modelar su opinión, convertirla en masa sin criterio, con el objetivo final de evitar que la gente de la calle comprenda que hay otros caminos.
En Europa hoy en día resulta utópico pensar en un gobernante del pueblo y para el pueblo. Paradigmático es el caso de Grecia, donde el ex-primer ministro Papandreu, que se atrevió tan siquiera a plantear un referéndum sobre la deuda, fue fulminado desde los órganos rectores de Europa y sustituido por un gobernante a medida de las apetencias de los grandes poderes financieros. En unas posteriores elecciones, la mínima posibilidad de un gobierno para el pueblo de la mano de Syriza fue coartada por una despiadada campaña desde los grandes medios de comunicación. Queda bien claro que en la Europa del capital sólo tienen cabida los candidatos de los grandes poderes.
Sin embargo, Chávez ha vuelto a ganar unas elecciones por ser el candidato del pueblo. Poco de dictador hay en un gobernante decidido a fomentar la democracia participativa -desconocida en España- donde las asambleas populares son convertidas en una herramienta en manos del pueblo para que éste sea pleno protagonista y no mero espectador del proceso político.
[1] "Galeano: “Chávez es un dictador rarísimo, porque ganó 12 elecciones limpias”". LibreRed, 1 de agosto de 2011.
[2] "El mapa de la pobreza en España". El Confidencial, 22 de julio de 2012.
[3] "El secreto de Venezuela en su lucha contra la pobreza". BBC Mundo, 5 de enero de 2012.
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domingo, 30 de septiembre de 2012
Cuando los medios extranjeros pretenden hacer la cama a Rajoy
La indefinición de Rajoy a la hora de aplicar algunas de las políticas de recortes dictadas desde Berlín -debido a la proximidad de elecciones autonómicas- junto al exceso de autoritarismo que demuestra ante las movilizaciones populares, llevan a algunos medios extranjeros a poner en duda su capacidad como presidente de Gobierno, que empiezan a verlo como un cadáver político que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Sin embargo, no hay que olvidar que el problema subyacente en el Estado español es más profundo que la presunta incompetencia de Rajoy.
Se suele decir que se le "hace la cama a alguien" cuando se tiene la sospecha, más que fundada, de que se le está preparando el terreno para relegarlo del puesto que ocupa. De la reciente proliferación de titulares y columnas de opinión en algunos medios internacionales -nada sospechosos de seguir líneas editoriales opuestas a los establishments occidentales- puede deducirse que existe algo más que desconfianza hacia el dirigente español, tal vez la intención de hacerle la cama.
El titular más reciente, que parece que no va a ser el último de este estilo, viene del periódico británico The Telegraph que afirma que "Rajoy es un muerto viviente"[1] refiriéndose a la constante pérdida de credibilidad, en los circuitos internacionales, acerca de su capacidad de gestionar cualquier mejora en la economía española desde su llegada al poder. Para reforzar tal idea, el columnista sentencia que "hace menos de un año que Rajoy llegó al poder en una aplastante victoria y ya está herido de muerte"[2].
Llama la atención la insistencia en la defenestración política de Rajoy, habida cuenta que éste sólo se ha limitado a cumplir órdenes. A estas alturas, a nadie se le puede escapar el detalle de que el Gobierno de España está siguiendo una hoja de ruta política y económica marcada desde los grandes estamentos financieros europeos. No en vano, siendo aún candidato a la presidencia, Rajoy se reunió con Merkel para rendirle pleitesía[3] y, una vez en posesión del cargo, poco tardó en volver a verla para reiterarle su disposición a cumplir con las directrices que ésta estimase oportuna[4].
A ojos de la opinión pública española, Rajoy ha sido -y sigue siendo- el fiel lacayo de Merkel[5]. Del famoso y repetido "como Dios manda" del presidente español, a tenor de su férrea obediencia, puede deducirse que éste sitúa a la mandataria alemana allá en los altares celestes, justo a la derecha de la banca privada europea. Sin embargo, a pesar de las apariencias, el Gobierno español no está libre de pecado aunque, de momento, no hayan sido motivo para desatar la ira de las deidades financieras. Unos de sus pecadillos de juventud fue, por ejemplo, ignorar los deseos de Alemania respecto a quien debiera ocupar el Ministerio de Economía[6]. La oligarquía europea pretendía a un tecnócrata cuya labor se limitase a obedecer sus dictados. El candidato era José Manuel González Páramo, consejero del BCE para más señas. No obstante, el Partido Popular, en su lógica aspiración a no ceder el cien por cien de su independencia, se decantó por Luis de Guindos, un hombre de la casa, próximo a sus fuentes ideológicas y, por tanto, a la FAES de José María Aznar.
Pero, quizás, el gran pecado de Rajoy ha sido su incapacidad de contemporizar las exigencias de la banca europea con los intereses electoralistas de su partido. Al PSOE, primero, y ahora al Partido Popular les ha tocado cumplir la particular hoja de ruta de la "refundación del capitalismo" en Europa; es decir, la destrucción de cualquier atisbo de bienestar social en la semi-periferia Europea. La impaciencia de los mercados, ávidos de ver cumplidas las antisociales y temidas reformas, se ha visto refrenada por la proximidad de las elecciones autonómicas. Al fin y al cabo, el partido en el Gobierno es consciente de la sangría de votos que le supone cada recorte llevado a cabo, por lo que es lógico que espere su anuncio a días posteriores a las susodichas elecciones.
El destino de la economía española parece pasar por un rescate o, lo que es lo mismo, la cesión definitiva de cualquier soberanía económica a la troika. La cesión de un ala del Ministerio de Economía a los temidos "hombres de negro" supondría la ejecución inmediata de reformas dañinas no sólo a la ciudadanía sino a los intereses electorales a corto plazo del partido en el Gobierno. Así, a juicio de Matthew Lynn del Wall Street Journal, Rajoy, en su desesperación por ganar tiempo, se encuentra inmerso en un "juego de la gallina" con los mercados financieros[7], una indefinición que podría agravar la recesión en la que se encuentra el sistema económico español. Al respecto, Goldman Sachs ha hecho uso de los medios de comunicación para instar al Gobierno a dejar "de satisfacer los intereses políticos domésticos"[8].
Mientras tanto, Alemania se mantiene en el juego de la ambigüedad, ensalzando unos días la intachable actitud del Gobierno de España en sus compromisos con el cumplimiento de déficit[9] para, a continuación, mostrar su descontento con la actitud española ante sus obligaciones con Europa[10]. Algunos analistas, como Edward Hugh, interpretan la confusa postura alemana como un modo de ganar tiempo ante las próximas elecciones en el país centroeuropeo, debido a la indeterminación del impacto que supondría un rescate a España en la banca privada alemana y el más que probable coste electoral que supondría al partido de Merkel[11].
Todo parece indicar que es sólo cuestión de tiempo de que algún tipo de rescate sea llevado a cabo en España. La consecuencia inmediata será la aplicación de nuevas medidas, entre ellas la reforma -a peor- del sistema de pensiones o la reducción del salario mínimo interprofesional. La consecuente contracción del consumo acelerará la espiral de desempleo y precariedad laboral que, a su vez, agravará la conflictividad y presumiblemente incrementará las movilizaciones contra el Gobierno y sus medidas. Ante tal perspectiva, Damian Reece, columnista del rotativo The Telegraph, advierte que "España ha dado otro paso seguro para convertirse en la próxima Grecia", de lo que culpa principalmente a Rajoy[12]. En la misma línea, el semanal francés Challenges se pregunta si el presidente español está a la altura de las circunstancias[13].
Más allá de la cuestión económica se encuentra la credibilidad de un Gobierno que demuestra ser mucho más débil de lo que pretende aparentar. El fuerte resurgir del independentismo catalán es interpretado en el resto del mundo como una grave muestra de descontento hacia su gestión. Por otra parte, el creciente número de movilizaciones ciudadanas llevadas a cabo en los últimos tiempos -sobre todo desde el 25 de septiembre-, y las represivas respuestas dadas a aquéllas, han puesto en duda el manto democrático con el que la Europa del capital pretende cubrir los recortes del Estado social. Paradójicamente, una vez al descubierto la crudeza de las políticas de austeridad llevadas a cabo en España, la prensa internacional no duda en señalar a Rajoy como cómplice de un golpe de estado financiero[14].
Cada vez son más los medios que dan por hecho que a Rajoy le queda poco tiempo en La Moncloa, que su destino es el mismo que siguieron Berlusconi o Papandreu. No se trata de ningún tipo de manía hacia su persona, a pesar de que su fama de presidente parco en intervenciones públicas y explicaciones a los ciudadanos no sea bien vista entre los medios extranjeros. La historia reciente indica que los mandatarios que aceptan rescates suelen tener sus días contados en los gobiernos. Puede ser que pronto España se encuentre bajo la batuta de un Gobierno de concentración cuyo papel sea, fundamentalmente, acelerar la agenda de reformas dictadas desde Berlín.
Sin embargo, la situación actual de la economía española no tendrá arreglo mientras se mantengan las mismas reglas del juego. Mariano Rajoy es ahora quien firma las medidas que le ordenan desde las oligarquías europeas. La regla no escrita es que las pérdidas sean socializadas entre los ciudadanos, quienes día a día sufren en sus carnes el drama de una precariedad cada vez mayor. Ante tal panorama, el desgaste de Rajoy en el Gobierno es inevitable, al igual que ocurrió con el anterior presidente. Por supuesto, en contra de Rajoy está su actitud totalitaria, bajo la excusa de la mayoría absoluta, y las políticas represivas sobre quienes protestan. Sin embargo, el problema no es Rajoy, como una parte de los medios extranjeros -al servicio del establishment- pretenden hacernos creer. Al gran capital no le importa quien gobierne mientras sea fiel al lenguaje de los recortes y la mal llamada austeridad. El problema es la falta de soberanía en el pueblo español debido a un modelo de Estado que no está a la altura.
[1] ""Rajoy es un muerto viviente y España debe salir el euro", según The Telegraph". El Economista, 28 de septiembre de 2012.
[2] Ibid.
[3] "Rajoy trató en dos ocasiones con Merkel el ajuste para lograr ayuda". El Economista, 15 de noviembre de 2011.
[4] "Merkel insta a Rajoy a “poner en marcha las reformas necesarias rápidamente”". El País, 22 de noviembre de 2011.
[5] "La ama Merkel felicita al lacayo Rajoy por "el impresionante ritmo de las reformas"". Kaos en la Red, 6 de septiembre de 2012.
[6] "Alemania ‘aconseja’ a Rajoy que nombre ministro de Economía a González Páramo. Hispanidad, 14 de noviembre de 2011.
[7] "Spain’s chicken game won’t end happily". The Wall Street Journal, 26 de septiembre de 2012.
[8] "Goldman Sachs recomienda a España dejar "de satisfacer los intereses políticos domésticos"". El Economista, 26 de septiembre de 2012.
[9] "Merkel exige no abandonar las reformas ante la compra de deuda del BCE". La Vanguardia, 6 de septiembre de 2012.
[10] "Los aliados de Merkel pierden la paciencia con Rajoy: Que aclare ya la situación". Finanzas, 24 de septiembre de 2012.
[11] "La reforma de las pensiones: ¿Es ese el motivo por el que Rajoy no pide el rescate europeo?". La Carta de la Bolsa, 26 de septiembre de 2012.
[12] "Spain is turning into the new Greece, and Mariano Rajoy has himself to blame". The Telegraph. 26 de septiembre de 2012.
[13] "Mariano Rajoy est-il à la hauteur?". Challenges, 22 de septiembre de 2012.
[14] "The Spanish public won't accept a financial coup d'etat". The Guardian, 25 de septiembre de 2012.
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martes, 19 de junio de 2012
El Grecia-Alemania más importante se jugó el domingo 17 de junio
El próximo cruce futbolístico entre las selecciones de Alemania y Grecia en la Eurocopa es señalado, por algunos medios, como el partido en el que los griegos podrán desquitarse de los alemanes que amenazan su soberanía. La realidad es que el partido ya se jugó el pasado domingo, en unas elecciones en las que ganó el equipo por el que había apostado la oligarquía Alemana.
"Grecia puede ganar a Alemania"[1] repiten los medios de comunicación griegos para el aleccionamiento de una población desmoralizada, que comprende que la fuente de sus problemas se encuentra en Alemania. El cruce de cuartos de final en la Eurocopa es el único desahogo que se permite a la ciudadanía griega, una concesión de fútil esperanza en forma de victoria futbolística.
"Grecia puede ganar a Alemania"[1] repiten los medios de comunicación griegos para el aleccionamiento de una población desmoralizada, que comprende que la fuente de sus problemas se encuentra en Alemania. El cruce de cuartos de final en la Eurocopa es el único desahogo que se permite a la ciudadanía griega, una concesión de fútil esperanza en forma de victoria futbolística.
Sin embargo, a pesar de la pasión entre los hinchas de una afición, transmitida por igual al resto de un pueblo que sufre la vejación del desmontaje del Estado del Bienestar, tan sólo se trata de fútbol. Noventa minutos de gritos, aplausos, emoción, frente a cuatro años de crisis, y los que quedan por venir. El circo mediático vuelve a cumplir su papel amnésico para que el pueblo griego proyecte a través de sus seguidores -quienes aún tengan la posibilidad de costearse un viaje a Polonia- la frustración de sentirse la cenicienta de Europa, los eternos morosos, los pobres sin remedio.
Pero los griegos se encontrarán ante un espectáculo participado por once millonarios en cada mitad del campo: magníficos futbolistas, apasionados de su deporte, que simplemente irán a realizar su trabajo. La eventual victoria de Grecia será únicamente el resultado de una disputa deportiva en la que sólo puede ganar uno. Las banderas, la tarde del jueves 22 de junio, tendrán aún menos significado. La gloria de Grecia, para el pueblo griego, no cambiará con el resultado de un partido de fútbol.
Y es que el verdadero Grecia-Alemania se jugó en casa unos días antes. Un partido entre el pueblo griego y el capital privado alemán. Una disputa cuyo campo de fútbol se extendía por toda Grecia, de la que muchos ciudadanos no supieron apreciar su alcance. La intromisión de Angela Merkel, un día antes de las pasadas elecciones, pidiendo el voto para quien fuese a mantener sus compromisos con Alemania[2] fue el primer aviso de gol. El siguiente intento de gol vino por parte de Jean-Claude Junker, presidente del Eurogrupo, quien advertía de consecuencias "imprevisibles" en caso de una victoria de Syriza[3].
Miedo, intromisión, continuas injerencias. Todo el establishment mediático europeo se había unido al once titular de Alemania en su particular intento de golear al pueblo griego. La edición alemana de Financial Times pedía directamente el voto para Samarás y su partido Nueva Democracia[4].
Finalmente, en el último minuto, llegó el gol que decidiría la contienda. Fue en propia puerta. El pueblo griego había renunciado a pelear, aunque muriese en el intento, por elegir su destino. Los resignados otorgaron el voto al mismo bipartidismo que condujo al país a la ruina; los confundidos, a la extrema derecha[5].
Sin embargo, la historia sigue. El bravo pueblo griego que sorprendió a la clase trabajadora de todo el continente con su docena de huelgas generales, despertará de nuevo. Es cuestión de supervivencia. Los intentos de someter a toda una ciudadanía, ante el cargo de conciencia de lo que no son, no pueden durar siempre. De nada vale trasladar la decepción a los estadios, fomentar enfrentamientos entre los "vagos" griegos y los "abusones" alemanes. Tales tópicos sólo son reflejo de las manipulaciones por parte de las oligarquías que se han enriquecido -aún más- por esta crisis[6]. Oligarquía alemana y oligarquía griega, juntas contra todo un pueblo, independientemente de su bandera.
Miedo, intromisión, continuas injerencias. Todo el establishment mediático europeo se había unido al once titular de Alemania en su particular intento de golear al pueblo griego. La edición alemana de Financial Times pedía directamente el voto para Samarás y su partido Nueva Democracia[4].
Finalmente, en el último minuto, llegó el gol que decidiría la contienda. Fue en propia puerta. El pueblo griego había renunciado a pelear, aunque muriese en el intento, por elegir su destino. Los resignados otorgaron el voto al mismo bipartidismo que condujo al país a la ruina; los confundidos, a la extrema derecha[5].
Sin embargo, la historia sigue. El bravo pueblo griego que sorprendió a la clase trabajadora de todo el continente con su docena de huelgas generales, despertará de nuevo. Es cuestión de supervivencia. Los intentos de someter a toda una ciudadanía, ante el cargo de conciencia de lo que no son, no pueden durar siempre. De nada vale trasladar la decepción a los estadios, fomentar enfrentamientos entre los "vagos" griegos y los "abusones" alemanes. Tales tópicos sólo son reflejo de las manipulaciones por parte de las oligarquías que se han enriquecido -aún más- por esta crisis[6]. Oligarquía alemana y oligarquía griega, juntas contra todo un pueblo, independientemente de su bandera.
[1] "El fútbol, un bálsamo para la situación griega". Información, 17 de junio de 2012.
[2] "Merkel se "entromete" en las elecciones griegas de mañana". Gomera Actualidad, 16 de junio de 2012.
[3] "Juncker: La victoria de SYRIZA traería consecuencias "impredecibles" para la UE". EuropaPress, 16 de junio de 2012.
[4] "Revuelo en Grecia porque el «Financial Times» alemán pide el voto para la derecha". ABC, 15 de junio de 2012.
[5] "Partido neonazi "Amanecer dorado" se arraiga en Grecia". El Economista, 18 de junio de 2012.[4] "Revuelo en Grecia porque el «Financial Times» alemán pide el voto para la derecha". ABC, 15 de junio de 2012.
[6] Alberto Garzón: "¿Son los griegos unos vagos?". 14 de mayo de 2010.
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domingo, 17 de junio de 2012
La injerencia alemana y el acoso mediático a Syriza
Todo indica que la banca privada alemana ha dado claras instrucciones al Gobierno de Merkel y a todo el establishment mediático europeo para desincentivar la intención de voto de la ciudadanía griega a Syriza. La táctica del miedo a un futuro aún peor para Grecia es el único argumento que queda a una oligarquía que niega sistemáticamente el derecho de todo un pueblo a elegir libremente su destino.
Según se ha ido acercando la fecha del 17 de junio de 2012, el nerviosismo entre los representantes de la denominada troika se ha hecho más que notable. Por primera vez en muchísimo tiempo, se ha presentado la posibilidad real de que un candidato que cuestiona el dogma neoliberal pueda acceder a la presidencia de un estado europeo.
El clásico bipartidismo, por el cual dos partidos perfectamente en sintonía con las directrices económicas de la Unión Europea se suceden en los distintos gobiernos a lo largo del tiempo, se encuentra amenazado por la emergencia de Syriza. En vista de las favorables encuestas para esta formación política, Alemania, cuyo papel en Europa se reduce a asegurar que sus banqueros cobren las deudas de los estados periféricos, comenzó una campaña del miedo destinada a desincentivar la intención de voto de los ciudadanos griegos hacia el partido de izquierdas.
Por supuesto, el establishment mediático ha sido el primero en cargar tintas contra Syriza, que comenzó por lo fácil: el nombre de la entonces coalición. Syriza (ΣΥΡΙΖΑ) es el acrónimo de Συνασπισμός Ριζοσπαστικής Αριστεράς, que se traduciría como "Coalición de Izquierda Radical". El término "radical" ha sido repetido hasta la saciedad en la mayoría de las noticias referentes a la coalición. El término "radical", fuera de contexto, tiene connotaciones negativas. A casi nadie le gusta ser tachado de radical, pues puede ser sinónimo de extremista, de fanático. Sin embargo, la entrada tercera del término "radical" en el Diccionario de la RAE lo define como "partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático"[1], sentido mucho más acorde con las intenciones declaradas por el partido griego en su programa electoral.
Así, radicalidad se ha asociado con peligro para Europa. Se ha hablado del impacto de unos resultados favorables a Syriza que harían tambalear las bolsas europeas y al propio euro. La misma mañana de las elecciones, un titular en El País decía "Los griegos deciden en las legislativas el futuro del país y del euro"[2], en el que se implícitamente se asociaba una eventual victoria de Syriza con la salida de Grecia de la moneda europea. Si bien no es novedad afirmar que el pueblo griego lo está pasando realmente mal, su situación sería incluso aún peor en el caso de una eventual salida del euro, pues la consiguiente devaluación de la nueva moneda agravaría su emprobrecimiento, al afectar a sus ahorros y poder adquisitivo[3]. El asunto de la salida del euro ha sido utilizado como elemento de manipulación de tal calado que el líder de Syriza, Alexis Tsipras, ha tenido que aclarar repetidas veces su intención de mantener a Grecia en la Eurozona[4], llegando a hacer evolucionar su eslogan electoral a un clarificador "con los radicales y con el euro"[5]. Quien mejor ha expresado la situación de acoso a Syriza ha sido el Responsable Internacional de la formación, Costas Isychos, al sostener que todo el asunto de la salida del euro "es un chantaje mediático y político antes de las elecciones"[6].
La intención de Tsipras, tal como ha dejado claro en su programa electoral, es la ruptura con las políticas de austeridad que tanto daño han hecho a la clase trabajadora en Grecia, Portugal o España. La cuestión, como ya se apuntó anteriormente, es que estas políticas son impuestas por Alemania con el objetivo de asegurar los cobros de su banca privada. He ahí el temor del Gobierno Merkel: Syriza quiere hacer buena la máxima de que "si usted debe 6.200 euros a un banco tiene un problema, pero si debe 620.000 euros el problema es del banco". Más aún, el BCE no se encuentra en condiciones de permitir la salida de Grecia del euro, aunque llegase a gobernar un partido favorable al regreso al dracma. El motivo lo explica el profesor Vicenç Navarro, quien explica que la salida de Grecia del euro supondría un coste para Alemania del orden de 300.000 millones de euros, con un efecto contaminante sería imposible de evitar que "forzaría una inversión enorme por parte del BCE y Alemania a fin de que no se colapsaran España e Italia"[7].
Cuando Merkel anima a los ciudadanos griegos a votar a aquellas formaciones que digan "sí, mantendremos nuestros compromisos [del pago de la deuda]"[8], trata de eludir el derecho del pueblo griego a realizar una auditoría pública de su deuda, para determinar así qué parte de la deuda puede considerarse "odiosa" y, por tanto, procederse a su anulación. Ni que decir tiene, los primeros perjudicados por tal medida serían los bancos privados alemanes. Por eso mismo, Jean-Claude Junker, presidente del Eurogrupo, ha enviado un claro mensaje al electorado griego de las "impredecibles" consecuencias para la Unión Europea de una victoria de Syriza[9].
Grecia, la cenicienta de Europa, vuelve a sufrir una segunda injerencia en su política doméstica. Primero fue la imposición del tecnócrata Lukas Papadimos como presidente de Gobierno. Ahora, el chantaje del miedo a la población griega para que se abstenga de votar a un partido cuyo programa da la espalda a las nefastas políticas neoliberales, las mismas que llevaron a los trabajadores de todo un país a la ruina. Como bien indica el periodista Pascual Serrano, "cuando ganan los suyos es la fiesta de la democracia y cuando no consiguen ganar es un cataclismo"[10].
Así, radicalidad se ha asociado con peligro para Europa. Se ha hablado del impacto de unos resultados favorables a Syriza que harían tambalear las bolsas europeas y al propio euro. La misma mañana de las elecciones, un titular en El País decía "Los griegos deciden en las legislativas el futuro del país y del euro"[2], en el que se implícitamente se asociaba una eventual victoria de Syriza con la salida de Grecia de la moneda europea. Si bien no es novedad afirmar que el pueblo griego lo está pasando realmente mal, su situación sería incluso aún peor en el caso de una eventual salida del euro, pues la consiguiente devaluación de la nueva moneda agravaría su emprobrecimiento, al afectar a sus ahorros y poder adquisitivo[3]. El asunto de la salida del euro ha sido utilizado como elemento de manipulación de tal calado que el líder de Syriza, Alexis Tsipras, ha tenido que aclarar repetidas veces su intención de mantener a Grecia en la Eurozona[4], llegando a hacer evolucionar su eslogan electoral a un clarificador "con los radicales y con el euro"[5]. Quien mejor ha expresado la situación de acoso a Syriza ha sido el Responsable Internacional de la formación, Costas Isychos, al sostener que todo el asunto de la salida del euro "es un chantaje mediático y político antes de las elecciones"[6].
La intención de Tsipras, tal como ha dejado claro en su programa electoral, es la ruptura con las políticas de austeridad que tanto daño han hecho a la clase trabajadora en Grecia, Portugal o España. La cuestión, como ya se apuntó anteriormente, es que estas políticas son impuestas por Alemania con el objetivo de asegurar los cobros de su banca privada. He ahí el temor del Gobierno Merkel: Syriza quiere hacer buena la máxima de que "si usted debe 6.200 euros a un banco tiene un problema, pero si debe 620.000 euros el problema es del banco". Más aún, el BCE no se encuentra en condiciones de permitir la salida de Grecia del euro, aunque llegase a gobernar un partido favorable al regreso al dracma. El motivo lo explica el profesor Vicenç Navarro, quien explica que la salida de Grecia del euro supondría un coste para Alemania del orden de 300.000 millones de euros, con un efecto contaminante sería imposible de evitar que "forzaría una inversión enorme por parte del BCE y Alemania a fin de que no se colapsaran España e Italia"[7].
Cuando Merkel anima a los ciudadanos griegos a votar a aquellas formaciones que digan "sí, mantendremos nuestros compromisos [del pago de la deuda]"[8], trata de eludir el derecho del pueblo griego a realizar una auditoría pública de su deuda, para determinar así qué parte de la deuda puede considerarse "odiosa" y, por tanto, procederse a su anulación. Ni que decir tiene, los primeros perjudicados por tal medida serían los bancos privados alemanes. Por eso mismo, Jean-Claude Junker, presidente del Eurogrupo, ha enviado un claro mensaje al electorado griego de las "impredecibles" consecuencias para la Unión Europea de una victoria de Syriza[9].
Grecia, la cenicienta de Europa, vuelve a sufrir una segunda injerencia en su política doméstica. Primero fue la imposición del tecnócrata Lukas Papadimos como presidente de Gobierno. Ahora, el chantaje del miedo a la población griega para que se abstenga de votar a un partido cuyo programa da la espalda a las nefastas políticas neoliberales, las mismas que llevaron a los trabajadores de todo un país a la ruina. Como bien indica el periodista Pascual Serrano, "cuando ganan los suyos es la fiesta de la democracia y cuando no consiguen ganar es un cataclismo"[10].
[1] Definición de "radical" en el Diccionario de la Lengua Española, RAE.
[2] "Los griegos deciden en las legislativas el futuro del país y del euro". El País, 17 de junio de 2012.
[3] "Lo que realmente importa a los griegos… y decidirá su voto". La Información, 17 de junio de 2012.
[4] "El izquierdista Syriza promete trabajar para que Grecia siga en la Eurozona". RTVE Noticias, 12 de junio de 2012.
[5] "«Con los Radicales y con el euro», nuevo eslogan «conciliador» de la izquierda griega". ABC, 14 de junio de 2012.
[6] ""Decir que saldremos del euro es un chantaje político ante las elecciones"". Público, 15 de junio de 2012.
[7] Vicenç Navarro: "Por qué el euro no está en peligro". Sistema, 8 de junio de 2012.
[8] "Merkel se "entromete" en las elecciones griegas de mañana". Gomera Actualidad, 16 de junio de 2012.
[9] "Juncker: La victoria de SYRIZA traería consecuencias "impredecibles" para la UE". EuropaPress, 16 de junio de 2012.
[10] Pascual Serrano: "Ahora los medios ven una “tragedia griega” en la “fiesta de la democracia”". Mundo Obrero, 15 de junio de 2012.
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Isaac M. Casaubón
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sábado, 16 de junio de 2012
Políticas sociales: el programa electoral de Syriza y su extrapolación al Estado español
Este artículo continúa el recorrido por el programa electoral de Syriza para las elecciones de junio de 2012 en Grecia, centrándose en esta ocasión en las propuestas de carácter social, analizando asimismo la posibilidad de su extrapolación a la realidad española.
Si en artículos anteriores se revisaron las propuestas relacionadas con la deuda pública o la política fiscal, en éste se analizarán las políticas sociales propuestas por Syriza en su programa electoral[1]. Como ejercicio de política-ficción, se planteará la posibilidad de su extrapolación al Estado español.Utilizar los edificios del Gobierno, la banca y la Iglesia para alojar a las personas sin hogar.
En un momento de crisis no sólo económica sino social, no es mala idea legislar para que los edificios sin uso de administraciones, bancos o Iglesia sean reacondicionados para, temporalmente, alojar a quienes estén sin vivienda.
Asimismo, es inconcebible la cantidad de edificios y viviendas vacías existente mientras cada día tenemos noticias de nuevos desahucios, más gente sin hogar. El artículo 47 de la Constitución Española de 1978 deja bien claro el derecho a una vivienda digna. Sería por tanto legítimo que el Estado forzase a la banca a liberar la inmensa bolsa de viviendas vacías de las que dispone, que no saca a la venta para evitar una caída de los precios. Esa actitud de la banca es, ni más ni menos, que otro modo de especulación.
La cuestión de la vivienda, como elemento básico de bienestar, requiere un tratamiento serio que también implicaría el control de propietarios de múltiples viviendas que adquirieron en épocas de bonanza, y en la actualidad se dedican a su alquiler que, en ocasiones prefieren dejar vacías antes que alquilar por debajo de determinados precios. Para evitar actividades especulativas, podría conseguirse el compromiso de los ayuntamientos para utilizar el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) como herramienta para limitar el número de viviendas sin uso en muchos lugares de la geografía española. Esta medida podría hacerse también extensible a los locales comerciales, sujetos habitualmente a una especulación desmedida que dispara el precio de sus alquileres, dificultando la supervivencia de los negocios que sustentan a pequeños empresarios y autónomos.
Ayudas de hasta el 30% de sus ingresos para las familias que no pueden afrontar sus hipotecas.
Es una medida solidaria que, acompañada de una ley que contemplase de modo eficiente la dación en pago, evitaría muchos desahucios. No obstante, sería importante que el Estado estableciera mecanismos para evitar la picaresca y que personas que, desde la economía sumergida, tienen ingresos importantes se aprovechen de estas ayudas.
Subir las prestaciones de desempleo para los parados. Aumentar la protección social para las familias monoparentales, los ancianos, los discapacitados y los hogares sin ingresos.
No es justo el argumento neoliberal que sostiene que las prestaciones para el desempleo fomentan la holgazanería. La prestación de desempleo es un derecho que ha de ser respetado: quien pierde su puesto de trabajo se merece una protección. Lo importante es, de nuevo, la existencia de mecanismos de control de la picaresca y el fraude.
Rebajas fiscales para los productos de primera necesidad.
Esta medida tendría que afectar fundamentalmente al IVA, que tendría que ser de un tipo muy reducido para productos de primera necesidad.
Poner en marcha comedores en los colegios públicos para ofrecer desayuno y almuerzo gratuito a los niños.
Sobre el papel, el derecho a la sanidad pública gratuita universal se encuentra plenamente reconocido en el Estado español. No obstante, la reciente reforma sanitaria sienta las bases para una sanidad pública de dos velocidades. A pesar de las promesas de la Ministra de Sanidad, está por aclarar las limitaciones en los servicios que, en esta época de recortes de los servicios públicos, habrá para aquellos ciudadanos que tengan que sacarse la tarjeta sanitaria para los "sin recursos" y, sobre todo, el "limbo" sanitario en el que quedan aquellos ciudadanos que sean considerados "con recursos" a pesar de encontrarse desempleados[7].
Facilitar a los inmigrantes la reagrupación familiar. Permitir que los inmigrantes, incluso los indocumentados, tengan acceso pleno a la sanidad y la educación.
La cuestión de la inmigración es muy delicada, pues es fácilmente utilizable con los partidos más conservadores como arma electoral. Las políticas sinceras, y bien diseñadas, de integración son fundamentales para evitar, no sólo posibles problemas de convivencia, sino la satanización de los trabajadores de origen extranjero por parte de los medios afines a aquellas fuerzas políticas.
Un peligroso argumento utilizado para justificar la reciente reforma sanitaria iba referido a la cuestión del "turismo sanitario", que viene a asociar a los ciudadanos extranjeros con abusos sistemáticos del sistema público de salud. En primer lugar, hay que recordar que el hecho de apartar a cualquier grupo de personas del sistema sanitario implica un peligro latente para la salud pública que, además, atenta contra los derechos fundamentales de estas personas[8].
La cuestión del "turismo sanitario", como abuso, ha de combatirse en términos administrativos, básicamente con el establecimiento de acuerdos de reciprocidad con terceros países. Lo que es injusto es la negación del derecho a la salud de las personas.
Garantizar los derechos humanos en los centros de detención de inmigrantes.
Medida totalmente lógica y coherente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada tanto por España como Grecia. Sería deseable que las pesadillas denunciadas en los CIES pasen a ser un mal recuerdo tras la nueva regulación recientemente aprobada[9].
Despenalizar el consumo de drogas, combatiendo solo el tráfico. Aumentar los fondos para los centros de desintoxicación.
Efectivamente, lo que hay que combatir es el tráfico ilegal y no el consumo. Incluso sería interesante, con el objetivo de debilitar a las mafias del narcotráfico, abrir un debate en la sociedad sobre la conveniencia de legalizar la venta -a través de centros controlados por el Estado- de ciertos estupefacientes.
Asimismo, es inconcebible la cantidad de edificios y viviendas vacías existente mientras cada día tenemos noticias de nuevos desahucios, más gente sin hogar. El artículo 47 de la Constitución Española de 1978 deja bien claro el derecho a una vivienda digna. Sería por tanto legítimo que el Estado forzase a la banca a liberar la inmensa bolsa de viviendas vacías de las que dispone, que no saca a la venta para evitar una caída de los precios. Esa actitud de la banca es, ni más ni menos, que otro modo de especulación.
La cuestión de la vivienda, como elemento básico de bienestar, requiere un tratamiento serio que también implicaría el control de propietarios de múltiples viviendas que adquirieron en épocas de bonanza, y en la actualidad se dedican a su alquiler que, en ocasiones prefieren dejar vacías antes que alquilar por debajo de determinados precios. Para evitar actividades especulativas, podría conseguirse el compromiso de los ayuntamientos para utilizar el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) como herramienta para limitar el número de viviendas sin uso en muchos lugares de la geografía española. Esta medida podría hacerse también extensible a los locales comerciales, sujetos habitualmente a una especulación desmedida que dispara el precio de sus alquileres, dificultando la supervivencia de los negocios que sustentan a pequeños empresarios y autónomos.
Ayudas de hasta el 30% de sus ingresos para las familias que no pueden afrontar sus hipotecas.
Es una medida solidaria que, acompañada de una ley que contemplase de modo eficiente la dación en pago, evitaría muchos desahucios. No obstante, sería importante que el Estado estableciera mecanismos para evitar la picaresca y que personas que, desde la economía sumergida, tienen ingresos importantes se aprovechen de estas ayudas.
Subir las prestaciones de desempleo para los parados. Aumentar la protección social para las familias monoparentales, los ancianos, los discapacitados y los hogares sin ingresos.
No es justo el argumento neoliberal que sostiene que las prestaciones para el desempleo fomentan la holgazanería. La prestación de desempleo es un derecho que ha de ser respetado: quien pierde su puesto de trabajo se merece una protección. Lo importante es, de nuevo, la existencia de mecanismos de control de la picaresca y el fraude.
Rebajas fiscales para los productos de primera necesidad.
Esta medida tendría que afectar fundamentalmente al IVA, que tendría que ser de un tipo muy reducido para productos de primera necesidad.
Poner en marcha comedores en los colegios públicos para ofrecer desayuno y almuerzo gratuito a los niños.
Se trata de una medida deseable que, además de suponer un alivio económico para los padres, permitiría una mejor compatibilización de las jornadas laboral y escolar.
Aumentar los fondos para la sanidad pública hasta los niveles del resto de la UE (la media europea es del 6% del PIB y Grecia gasta el 3%).
En España el gasto en sanidad pública, aún mayor que el aplicado en Grecia, es inferior a la media europea, representando éste tan sólo el 79,5% del gasto sanitario público per cápita del promedio de la UE-15[2]. La principal causa de la subfinanciación de la sanidad pública española, respecto a la europea, es la reticencia de los sectores más pudientes de la población a aceptar el pago de más impuestos[3]. Un aumento de los fondos para la sanidad pública ha de ir acompañada, necesariamente, de una reforma fiscal progresiva por la que las rentas superiores sean las que más aporten.
Nacionalizar los hospitales privatizados. Eliminar toda participación privada en el sistema público de salud.
Los últimos recortes del ejecutivo de Rajoy presagian la degradación de la calidad de los servicios sanitarios. Un objetivo no explícito de estos recortes es la potenciación de la sanidad privada. Ni más ni menos, la destrucción de la sanidad pública implica una gran oportunidad de negocios para aseguradoras y otras empresas privadas que desean hincar el diente en un sector tan apetecible que, por meras cuestiones biológicas, siempre va a disponer de clientes[4].
En la actualidad, las estadísticas muestran que el sector privado sanitario atiende principalmente a las rentas más altas. El servicio privado se centra principalmente en ventajas relacionadas con la comodidad, que se resumen en la disposición de una cama por habitación, un mayor tiempo en la duración de la visita médica y una lista de espera inferior. Sin embargo, la calidad del servicio en cuanto a recursos y calidad del personal es superior en la pública. Otro elemento diferenciador que no puede subestimarse es el afán de lucro natural de cualquier empresa privada, incluyendo en ello a las compañías del ramo sanitario. Estando la cuestión del negocio sobre el servicio no es de extrañar que las estadísticas acerca de la mortalidad en los centros hospitalarios suelan ser superiores en los privados que en los públicos[4].
Lo lógico, sería la mejora de la sanidad pública en los aspectos de eficiencia y confort para el usuario. Sin embargo, los economistas neoliberales insisten en la inherente falta de eficiencia en la gestión de lo público, incluyendo el servicio público de salud. La realidad demuestra que la eficiencia está relacionada con la gestión, independientemente de sus gestores. Así, por ejemplo, el 68% de la población norteamericana está enormemente insatisfecha con el servicio sanitario en los EEUU, de capital privado[5]. En cambio, la sociedad española califica con un 6,2 (en una escala de 0 a 10) a la sanidad pública española, el servicio público mejor valorado[6].
Eliminar el copago en los servicios sanitarios.
El copago en los servicios sanitarios es una medida injusta que demuestra una clara falta de voluntad política en encontrar la financiación adecuada para la sanidad pública. Resulta más sencillo penalizar el uso de servicios médicos y medicamentos a la población que aplicar una política fiscal que exija solidaridad a las rentas más altas.
Con el copago lo único que se conseguirá será desincentivar a las rentas más humildes a la utilización de los servicios médicos, lo que a la postre supondrá una degradación de la calidad de vida de estas rentas.
Ofrecer sanidad pública gratuita para las personas desempleadas, sin hogar o sin ingresos suficientes.Aumentar los fondos para la sanidad pública hasta los niveles del resto de la UE (la media europea es del 6% del PIB y Grecia gasta el 3%).
En España el gasto en sanidad pública, aún mayor que el aplicado en Grecia, es inferior a la media europea, representando éste tan sólo el 79,5% del gasto sanitario público per cápita del promedio de la UE-15[2]. La principal causa de la subfinanciación de la sanidad pública española, respecto a la europea, es la reticencia de los sectores más pudientes de la población a aceptar el pago de más impuestos[3]. Un aumento de los fondos para la sanidad pública ha de ir acompañada, necesariamente, de una reforma fiscal progresiva por la que las rentas superiores sean las que más aporten.
Nacionalizar los hospitales privatizados. Eliminar toda participación privada en el sistema público de salud.
Los últimos recortes del ejecutivo de Rajoy presagian la degradación de la calidad de los servicios sanitarios. Un objetivo no explícito de estos recortes es la potenciación de la sanidad privada. Ni más ni menos, la destrucción de la sanidad pública implica una gran oportunidad de negocios para aseguradoras y otras empresas privadas que desean hincar el diente en un sector tan apetecible que, por meras cuestiones biológicas, siempre va a disponer de clientes[4].
En la actualidad, las estadísticas muestran que el sector privado sanitario atiende principalmente a las rentas más altas. El servicio privado se centra principalmente en ventajas relacionadas con la comodidad, que se resumen en la disposición de una cama por habitación, un mayor tiempo en la duración de la visita médica y una lista de espera inferior. Sin embargo, la calidad del servicio en cuanto a recursos y calidad del personal es superior en la pública. Otro elemento diferenciador que no puede subestimarse es el afán de lucro natural de cualquier empresa privada, incluyendo en ello a las compañías del ramo sanitario. Estando la cuestión del negocio sobre el servicio no es de extrañar que las estadísticas acerca de la mortalidad en los centros hospitalarios suelan ser superiores en los privados que en los públicos[4].
Lo lógico, sería la mejora de la sanidad pública en los aspectos de eficiencia y confort para el usuario. Sin embargo, los economistas neoliberales insisten en la inherente falta de eficiencia en la gestión de lo público, incluyendo el servicio público de salud. La realidad demuestra que la eficiencia está relacionada con la gestión, independientemente de sus gestores. Así, por ejemplo, el 68% de la población norteamericana está enormemente insatisfecha con el servicio sanitario en los EEUU, de capital privado[5]. En cambio, la sociedad española califica con un 6,2 (en una escala de 0 a 10) a la sanidad pública española, el servicio público mejor valorado[6].
Eliminar el copago en los servicios sanitarios.
El copago en los servicios sanitarios es una medida injusta que demuestra una clara falta de voluntad política en encontrar la financiación adecuada para la sanidad pública. Resulta más sencillo penalizar el uso de servicios médicos y medicamentos a la población que aplicar una política fiscal que exija solidaridad a las rentas más altas.
Con el copago lo único que se conseguirá será desincentivar a las rentas más humildes a la utilización de los servicios médicos, lo que a la postre supondrá una degradación de la calidad de vida de estas rentas.
Sobre el papel, el derecho a la sanidad pública gratuita universal se encuentra plenamente reconocido en el Estado español. No obstante, la reciente reforma sanitaria sienta las bases para una sanidad pública de dos velocidades. A pesar de las promesas de la Ministra de Sanidad, está por aclarar las limitaciones en los servicios que, en esta época de recortes de los servicios públicos, habrá para aquellos ciudadanos que tengan que sacarse la tarjeta sanitaria para los "sin recursos" y, sobre todo, el "limbo" sanitario en el que quedan aquellos ciudadanos que sean considerados "con recursos" a pesar de encontrarse desempleados[7].
Facilitar a los inmigrantes la reagrupación familiar. Permitir que los inmigrantes, incluso los indocumentados, tengan acceso pleno a la sanidad y la educación.
La cuestión de la inmigración es muy delicada, pues es fácilmente utilizable con los partidos más conservadores como arma electoral. Las políticas sinceras, y bien diseñadas, de integración son fundamentales para evitar, no sólo posibles problemas de convivencia, sino la satanización de los trabajadores de origen extranjero por parte de los medios afines a aquellas fuerzas políticas.
Un peligroso argumento utilizado para justificar la reciente reforma sanitaria iba referido a la cuestión del "turismo sanitario", que viene a asociar a los ciudadanos extranjeros con abusos sistemáticos del sistema público de salud. En primer lugar, hay que recordar que el hecho de apartar a cualquier grupo de personas del sistema sanitario implica un peligro latente para la salud pública que, además, atenta contra los derechos fundamentales de estas personas[8].
La cuestión del "turismo sanitario", como abuso, ha de combatirse en términos administrativos, básicamente con el establecimiento de acuerdos de reciprocidad con terceros países. Lo que es injusto es la negación del derecho a la salud de las personas.
Garantizar los derechos humanos en los centros de detención de inmigrantes.
Medida totalmente lógica y coherente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada tanto por España como Grecia. Sería deseable que las pesadillas denunciadas en los CIES pasen a ser un mal recuerdo tras la nueva regulación recientemente aprobada[9].
Despenalizar el consumo de drogas, combatiendo solo el tráfico. Aumentar los fondos para los centros de desintoxicación.
Efectivamente, lo que hay que combatir es el tráfico ilegal y no el consumo. Incluso sería interesante, con el objetivo de debilitar a las mafias del narcotráfico, abrir un debate en la sociedad sobre la conveniencia de legalizar la venta -a través de centros controlados por el Estado- de ciertos estupefacientes.
[1] Disponible en la web oficial de ΣΥ.ΡΙΖ.Α. (Syriza) y traducido al castellano en "El programa de la izquierda radical griega".
[2] Vicenç Navarro: "El error de las políticas de austeridad, recortes incluidos, en la sanidad pública". Gaceta Sanitaria, 18 abril de 2012.
[3] Vicenç Navarro: "Los recortes en la sanidad pública". El Plural, 14 de noviembre de 2011.
[4] "La sanidad privada se 'frota' ya las manos: asegura que atenderá todo lo que no cubra la pública". Diario Crítico, 10 de mayo de 2012.
[4] Vicenç Navarro: "El error de las políticas de austeridad, recortes incluidos, en la sanidad pública". Op. cit.
[5] Vicenç Navarro: "Los recortes en la sanidad pública". Op. cit.
[6] Ibid.
[7] "Cinco claves para leer la reforma sanitaria". Diagonal Periódico, 26 de abril de 2012.
[8] "Sin derecho a la asistencia sanitaria gratuita". Diagonal Periódico, 28 de abril de 2012.
[9] "Interior enseña el CIES de Aluche vacío de inmigrantes". Cadena SER, 16 de junio de 2012.
[2] Vicenç Navarro: "El error de las políticas de austeridad, recortes incluidos, en la sanidad pública". Gaceta Sanitaria, 18 abril de 2012.
[3] Vicenç Navarro: "Los recortes en la sanidad pública". El Plural, 14 de noviembre de 2011.
[4] "La sanidad privada se 'frota' ya las manos: asegura que atenderá todo lo que no cubra la pública". Diario Crítico, 10 de mayo de 2012.
[4] Vicenç Navarro: "El error de las políticas de austeridad, recortes incluidos, en la sanidad pública". Op. cit.
[5] Vicenç Navarro: "Los recortes en la sanidad pública". Op. cit.
[6] Ibid.
[7] "Cinco claves para leer la reforma sanitaria". Diagonal Periódico, 26 de abril de 2012.
[8] "Sin derecho a la asistencia sanitaria gratuita". Diagonal Periódico, 28 de abril de 2012.
[9] "Interior enseña el CIES de Aluche vacío de inmigrantes". Cadena SER, 16 de junio de 2012.
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