viernes, 21 de noviembre de 2014

Mariano Rajoy: ¿el Forrest Gump de la política?

Mariano Rajoy, posiblemente el presidente menos carismático que ha pisado La Moncloa, el más distante con la prensa y, por ende, con la ciudadanía, se ha grajeado ante la opinión pública una imagen opuesta a la que correspondería a un dirigente serio y respetado. En cualquier caso, no se puede descartar que su actitud y peculiares declaraciones estilo Forrest Gump sean parte de una particular estrategia de supervivencia política en un ambiente realmente complicado, permitiéndose así ganar tiempo hasta agotar la legislatura.

Forrest Gump (1994) es una de esas películas que ha conseguido hacerse hueco en el imaginario colectivo moderno. No en vano presenta un impactante repaso audiovisual de los clichés del estilo de vida estadounidense de la segunda mitad del siglo XX a través de la biografía de una persona que, a pesar de sufrir un leve retraso mental, es capaz de tener éxito en la vida. Aunque, en primera aproximación, no se salga del típico guión hollywoodiense acerca del hombre hecho a sí mismo, el film de Robert Zemeckis añade mensajes mucho más sutiles que, en cierto modo, abundan en esa tendencia al adoctrinamiento tan común en la industria del cine norteamericano.

Al clásico mensaje de ensalzamiento del individualismo, esta película añade la moraleja de que quien cumple las reglas a pie juntillas, quien no discute la autoridad, quien tiene clara su posición -o clase- y obedece a quienes realmente saben -los poderosos y los "expertos" por decreto-, tiene la oportunidad de triunfar en la vida. "Obedece y no cuestiones", es el mensaje subliminal de los guionistas de Forrest Gump. En tal sentido, resulta icónica la escena en la que Gump, recién enrolado en el ejército norteamericano, es interrogado por su sargento:
- Soldado Gump, ¿Para qué estás aquí?
- Para hacer todo lo que usted mande mi sargento.
- ¡Demonios, Gump. Eres un maldito genio! Es la mejor respuesta que jamás he oído.
Inspirados en el contexto de la película, no sería difícil imaginarse a Angela Merkel haciendo el papel de sargento mientras recibe a Mariano Rajoy en alguna de sus visitas a Berlín. Al igual que el personaje interpretado por Tom Hanks, el presidente español hace lo que -según sus palabras- tiene que hacer, es decir, cumplir las directrices de sus superiores.

No es casual que la tentación de comparar a ambos personajes haya ido creciendo, fundamentalmente en las redes sociales, a raíz de la suma de declaraciones un tanto peculiares, aparatosas escapadas a los medios de prensa, la incapacidad de leer su propia letra o sus antológicos "finales de cita". Sin embargo, mientras Gump es un personaje plano que, por falta de personalidad, se va amoldando a los acontecimientos, Rajoy es un tipo sin carisma que intenta parecer plano como peculiar mecanismo de defensa ante las responsabilidades que le supone su condición de presidente. Y es que, por muchos despropósitos que aquél parezca cometer, el famoso dicho de la madre de Forrest Gump "tonto es el que hace tonterías" no se aplica en absoluto a Rajoy.

Rajoy es un superviviente nato a quien no le importa pasar por idiota si eso le supone ganar tiempo. Sin duda, tomó nota de las advertencias de la troika acerca de los riesgos de salirse del guión establecido cuando, coincidiendo con la campaña electoral, Berlusconi y Papandreu fueron reemplazados por tecnócratas previamente a sueldo de la gran banca. Así, con la particular espada de Damocles de los mercados sobre su cabeza, desde el primer día, el plan de gobierno de Rajoy se ha reducido a la más elemental supervivencia política a base de contemporizar la obediencia a la troika y los intereses de su partido. No en vano, el Financial Times llegó a decir acerca de él que "es un oportunista que gobierna por decreto y carece de sentido de Estado"[1].

Mariano Rajoy se ha convertido en la personalización de la des-democracia de los mercados, en la caricaturización del todo para el pueblo sin el pueblo. En cierto modo, es el individuo perfecto para cumplir los designios de los soberanos del siglo XXI, esa oligarquía compuesta por multinacionales instaladas en España, banca privada nacional y extranjera, empresarios del IBEX-35, organismos financieros supranacionales y rancios terratenientes de toda la vida.

En consonancia con los tiempos que corren, Rajoy se puede identificar con un producto de consumo -como lo fuese en las taquillas el propio Forrest Gump- que ejemplifica los mantras modernos del "hay que aguantarse", el "qué le vamos a hacer" y el "esto es lo que hay" a través de una actitud pasiva en cuanto a las formas -aunque implacable en cuanto a los modos- que evoca al Gump que recordaba "ese día, [cuando] estábamos caminando como siempre, y luego, así como si nada, alguien paró la lluvia, y el sol salió". Una lastimera forma de hacer política que en este mismo blog denominásemos el arte de gobernar dando pena.

Mariano Rajoy se siente indudablemente cómodo con la imagen de tipo tozudo y paciente que se ha forjado a en torno a su persona, cosa en la que se han aplicado a la perfección los medios de prensa afines y sus colaboradores más cercanos[2]. Así, su aparente actitud de continua huida hacia adelante le funciona de maravilla, como si alguien le repitiese "corre Forrest, corre". Cuando se le cuestiona, suelta la primera incongruencia que se le ocurre y, por poco que nos guste admitirlo, consigue salir del paso. No es casual que responda a la postura de su partido respecto a la cuestión catalana diciendo que "los catalanes hacen cosas" o que "todo es falso salvo alguna cosa" para salir del paso del asunto de los papeles de Bárcenas.

No hay que dudar ni por un instante de que el estilo de Rajoy ha calado en la sociedad. Prueba de ello es que, a pesar de sus bajas cuotas de popularidad, se permite la desfachatez de explicar que el reparto de esfuerzos en España para salir de la crisis ha sido equitativo[3], justo el día en que se anuncia que los grandes empresarios españoles son en promedio un 67% más ricos que cuando éste llegó a La Moncloa. En un país con una tasa de pobreza de aproximadamente el 22% esto tendría que haber generado tal crispación que hubiese hecho tambalear al propio Gobierno. En cambio, la única voz que sonó en aquel momento fue la de Emilio Botín felicitándolo por "lo bien que lo está haciendo"[4].

Esto no quita que en ocasiones colme la paciencia de una oligarquía española, impaciente por finalizar el desmontaje de lo que queda de Estado del bienestar, o de los grandes poderes extranjeros, deseosos de profundizar en el experimento griego en España. Rajoy es, ante todo, fiel a su partido y especialmente a su entorno, como desvela el "sé fuerte Luis [Bárcenas]", priorizando sus intereses -sobre todo los electorales- a todo lo demás. No en vano, apenas un año tras alcanzar el poder, el británico The Telegraph dedicaría un artículo de opinión para atacar a Rajoy y compararlo, políticamente hablando, con un "muerto viviente"[5]. El tiempo, y los posteriores recortes, dejaría claro que al presidente le preocupaban más los resultados de su partido de las próximas elecciones andaluzas que las urgencias de la troika.

Mariano Rajoy representa también la condición de subalternidad a la que se ha ido degradando el Estado español. En un momento en el que la soberanía nacional está en manos de intereses extranjeros, la proyección internacional de España y su marca homónima se ha ido reduciendo a realizar el Camino de Santiago y paseos en bote con Angela Merkel, o intentar patéticamente llamar la atención de Obama para salir en la foto. Efectivamente, "is very difficult todo esto" cuando te das cuenta que nunca has sido un alumno destacado y, en realidad, eres el tonto de la clase que sólo aprueba en deportes y religión. A pesar de todo, hay que reconocer que la estrategia de adular a los poderosos le funciona. Bien se encargan los grandes medios de publicar a toda página las eventuales felicitaciones de Merkel a Rajoy por su condición de alumno aventajado del austericidio[6]; de hecho, ella, como premio, se ha comprometido a apoyarlo en la próxima campaña electoral[7].

Su relación con las mayorías, ésas que sufren las consecuencias de los recortes, no parece tan idílica. El español de a pie es continuamente ninguneado, eclipsado con predicciones poco realistas o fórmulas fuera de lugar como las inexistentes raíces vigorosas. Así, Rajoy es capaz de considerar "inadmisible" un 43% de paro juvenil -que sin duda lo es- bajo el gobierno anterior mientras celebra con triunfalismos haber alcanzado durante su mandato un 53%. Las incongruencias y los eufemismos parecen ser su combustible para avanzar hacia la siguiente legislatura. Si la coyuntura del momento muestra un cambio levemente positivo en las cifras que ahogan al país, se venderá como un éxito de su Gobierno; en caso contrario, siempre queda el auxilio de la herencia recibida. Humo que, después de todo, se moverá con los vientos de cada momento. Así, el mismo presidente capaz de presumir de política social y negar haber recortado el Estado del bienestar[8], explica con orgullo ante el G-20 los logros conseguidos con sus reformas estructurales[9].

Su desconexión con la realidad de la mayoría de los españoles se refuerza con esa actitud distante, ejemplificada a la perfección con su afición a los televisores de plasma, de quien en una época de su vida negase la igualdad entre las personas y tildase de envidiosos a quienes la defendían[10]. Así, no se puede olvidar la cuestión ideológica. Si Forrest Gump, como se sugirió unas líneas atrás, es un artificio literario apologético de los dogmas del capitalismo, Mariano Rajoy es un conservador de la España tardo-franquista evolucionado a neoliberal[11], forzado por las circunstancias, a quien le ha tocado vivir una época, marcada por una crisis histórica, en la que le crecen los problemas. Por su parte, no le importa ser el centro de la diana de las críticas que inevitablemente le llueven, sabedor que así el desgaste sobre su partido es mínimo, pues, después de todo, es Rajoy quien se ha instalado en el subconsciente de muchos como un inútil más a la hora de resolver los males de España.

En definitiva, Mariano Rajoy no es en absoluto un idiota. A diferencia de Forrest Gump -y la famosa caja de bombones de la película que representa la incertidumbre-, Rajoy conoce la existencia del folleto incluido en la caja que identifica a cada bombón. No va a haber sorpresas en su legislatura porque su plan es obedecer a la Europa de los mercados y al establishment nacional. Al fin y al cabo ha sido el único modo que ha tenido para asegurar su supervivencia en La Moncloa durante esta legislatura. Cualquier paso en falso le hubiera llevado a aceptar una tecnocracia de baja intensidad compartiendo gobierno con el PSOE al estilo griego.

Si Rajoy ha "cogido el toro por los cuernos"[12] ha sido para hacernos olvidar, una vez más, que la culpa de la degradación de la vida de la mayoría de los ciudadanos en España es fruto de un sistema económico injusto, de políticas sumisas a los intereses de los grandes capitales y de un régimen en crisis incapaz de resolver nuestros problemas que, sin embargo, se hace más fuerte -en nuestra contra- cada vez que personalizamos nuestro pesar contra el presidente de turno.


[1] "'Financial Times': "Rajoy es un oportunista que gobierna por decreto y carece de sentido de Estado"". Público, 20 de septiembre de 2012.
[2] "Cospedal llama "vicezapatero" a Rubalcaba y elogia al "incansable" Rajoy". Público, 7 de octubre de 2011.
[3] "Rajoy dice que el reparto del esfuerzo contra la crisis ha sido "equitativo". SER, 7 de mayo de 2014.
[4] "Botín: "Voy a felicitar a Rajoy por lo bien que lo está haciendo"". Público, 8 de mayo de 2014.
[5] ""Rajoy es un muerto viviente y España debe salir el euro", según The Telegraph". El Economista, 28 de septiembre de 2012.
[6] "Merkel avala el aumento del peso político de España en la Unión Europea". ABC, 25 de agosto de 2014.
[7] "Rajoy ficha a Merkel para abrir su campaña de las elecciones generales de 2015". El Confidencial, 19 de noviembre de 2014.
[8] "Rajoy presume de política social y niega haber recortado el Estado del bienestar". El Diario, 6 de julio de 2014.
[9] "Rajoy presume de 'recortes' en el G-20". Madridiario, 16 de noviembre de 2014.
[10] "Rajoy negaba en 1984 que existiera la igualdad y tildaba de 'envidiosos' a los que la defendían". Público, 27 de junio de 2013.
[11] "Entrevista a Jorge Verstrynge". Jotdown, marzo de 2013.
[12] "Rajoy ve la mejora económica como fruto de "coger el toro por los cuernos"". La Sexta, 6 de julio de 2014.

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