sábado, 14 de enero de 2012

Comunicado en relación a los sucesos acontecidos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz

Reproduzco a continuación un comunicado de la Delegación de Alumnos de la Universidad de Cádiz con relación a los graves sucesos acontecidos el pasado jueves 12 de enero en la Facultad de Filosofía y Letras de dicha universidad:
Como todos sabréis el jueves pasado hubo una carga policial dentro de la Facultad de Filosofía y Letras. Seguramente a través de las redes sociales habréis visto ya imágenes de lo ocurrido. El Delegado de Centro de Filosofía y Letras fue uno de los agredidos y no pertenece al movimiento "Valcárcel Recuperado". Os lo explico a grandes rasgos. Durante la ponencia de Grande Marlaska algunos miembros del movimiento "Valcárcel Recuperado" leyó un manifiesto sobre el desalojo del edificio, mostraron pancartas durante la lectura del mismo y tras eso abandonaron el Salón de Actos, el mismo Marlaska aceptó lo ocurrido diciendo que quizás no era el momento más adecuado, pero que formaba parte de la libertad de expresión, algo que formaba parte del tema del día que era la libertad y la Constitución del 12. A partir de aquí os cuento lo que pude ver. Desde dentro del Salón de Actos se escucharon abucheos, al salir fuera habían alrededor de 15-20 antidisturbios, justo enfrente donde se desarrollaba el acto. La policía le pidió el DNI a un compañero nuestro, de Filosofía, y le contestó que se lo daba pero que mostrara su identificación, algo obligado por ley y que no respetaron. El policía golpeo a nuestro compañero e inmediatamente se procedió a cargar contra todos los presentar sin diferenciar entre gente del movimiento y los presentes en el edificio. Lo demás ya lo sabréis, una brecha en la cabeza, el Delegado de Centro en urgencias y nuestro compañero detenido.
Con todo esto os comunico como están las cosas, nuestro compañero está imputado por "atentado contra la autoridad". Debemos tener en cuenta que no podemos permitir que la policía entre en nuestra facultad, además sin permiso del Rector y de nuestro Decano y ejerza la violencia de forma tan indiscriminada. Actualmente la DAUC, Delegación de Alumnos de la Universidad de Cádiz, estamos empezando a movernos para tomar las medidas adecuadas para pedir responsabilidades, pero debemos saber que es una obligación de todos defender la integridad de la universidad, y proteger nuestro espacio, rechazando los actos deleznables cometidos por las fuerzas de seguridad del Estado dentro de nuestro centro educativo. Debemos mostrarnos unidos y mostrar todo nuestro apoyo a nuestro compañero, acusado de los delitos ya explicados.
En cuanto tengamos más información, a principios de la semana entrante, os la daremos. Ahora nos parecía lo más adecuado comunicar todo lo ocurrido, sin  entrar en detalles, para que todo este tema no se diluya y se olvide, menos habiendo un compañero nuestro en una situación tan injusta.
Esperamos que desde la Universidad de Cádiz, se denuncien los hechos y se proteja así a la comunidad universitaria y nuestros derechos. En momentos como estos debemos estar unidos, no solo alumnos, sino también PDI y PAS.
Un cordial saludo.
Jorge Guerrero Valle
Delegado de Centro de Filosofía y Letras

martes, 10 de enero de 2012

Falacia: "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades"

Se puede afirmar categóricamente que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. En este artículo se explican argumentos que permiten comprender que la repetida consigna no es más que una excusa para justificar recortes en los derechos de los ciudadanos.

A base de repetir lo mismo una y otra vez, los medios de comunicación tradicionales nos han adoctrinado para que afirmemos de manera acrítica que la culpa de la crisis y la dificultad para salir de aquélla es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Este argumento ha calado tan hondo en gran parte de la sociedad que se ha convertido en una especie de mantra, un mea culpa a entonar para tranquilizar a los temidos dioses de los mercados que justamente nos castigan por haber cometido el pecado de atrevernos, tan siquiera, a pensar que podríamos vivir mejor.

Pero, ¿quién o quiénes han vivido por encima de sus posibilidades?, ¿los ciudadanos?, ¿el Estado?, ¿qué significa vivir por encima de las posibilidades? Unos se refieren al hecho de que muchos españoles de a pie hayan participado activamente en el boom inmobiliario, que se hayan endeudado hasta las cejas para comprar un piso -o los que el banco financiase-, encerrados en el mundo irreal donde la regla fija era que lo que hoy cuesta uno mañana se podrá vender por cuatro. Otros, con intenciones más mezquinas, señalan directamente al Estado del Bienestar, al cual consideran un despilfarro que las administraciones públicas no se pueden permitir y, por tanto, lo mejor sería aceptar que hay que reducir aquellos gastos -de ahí su mezquidad- de los que los ciudadanos nos hemos beneficiado.

En realidad, ambas interpretaciones parten con la misma intención. Sea al estado o al individuo, en ambos casos se busca culpabilizarlos, responsabilizarlos de su situación. Que hay ciudadanos desahuciados, pues es totalmente por su culpa por manirrotos; que el Estado está en bancarrota, se lo ha buscado por gastar en lo que no debe. Simplemente, unos aceptan que ha sido el ciudadano de a pie con su irresponsabilidad quien se ha buscado su propia ruina, mientras otros culpan al propio Estado por derrochador, dando a entender que el sostenimiento de un mínimo Estado del Bienestar es un despilfarro.

Los medios tradicionales olvidaron aquellos años en los que se hacían eco de créditos maravillosos casi sin condiciones, del imparable aumento del precio de la vivienda -por lo que o comprábamos “ya” o en un futuro el precio nos sería prohibitivo-, de los “pelotazos” de advenedizos gurús del ladrillo y del mercado inmobiliario. En aquellos momentos no se hablaba de vivir por encima de las posibilidades de nadie. El gobierno de entonces negaba la existencia de burbuja inmobiliaria alguna cuando, según el presidente Aznar, España iba bien. Muy al contrario, aquel gobierno se esforzaba por mantener la ilusión de que no había riesgos, engaño que luego continuó Rodríguez Zapatero al afirmar pomposamente que la economía española se encontraba en la “Champions”.

Ambos gobiernos se quisieron aprovechar del boom del ladrillo para crear un clima de confianza que sabían efímero, detalle que silenciaban. De este modo, la facilidad de conseguir crédito junto al relativo bajo precio de los intereses condujo a muchos, particulares y empresas, a endeudarse para comprar no sólo inmuebles sino accesorios superfluos como automóviles y vacaciones de lujo. No podemos culpar exclusivamente a los mismos que lo perdieron todo a consecuencia de la crisis, ya que en realidad fueron víctimas del juego del gran capital, los principales beneficiarios de toda la vorágine especuladora del ladrillo, y de la irresponsabilidad de los gobiernos de turno y el Banco de España, quienes prefirieron dejar crecer la burbuja hasta que explotase violentamente llevándose a muchos por delante, como finalmente ocurrió[1].

La sensación de crecimiento desenfrenado de la economía en los supuestos años de bonanza contrastaba con las cifras correspondientes a los salarios reales, que cayeron un 8% entre 1996 y 2008. En el intervalo de 1999 a 2005 los beneficios empresariales en España crecieron un 73% -más del doble de la media de la Europa de los 15-, mientras que los costes laborales aumentaron apenas un 3,7% -cinco veces menos que la Europa de los 15-[2]. La brecha entre las rentas de los ricos y los asalariados en este país no ha dejado de crecer desde entonces. De estos datos se puede inferir que no todos los trabajadores se endeudaban por el placer de comprarse un BMW, sino principalmente por la disminución real de su capacidad adquisitiva.

Han sido los grandes capitales -los ricos- quienes han ampliado sus posibilidades a partir del boom del ladrillo y, actualmente, de las oportunidades de la crisis[3]. Sin embargo, esta bonanza económica en las clases pudientes no se ha visto repercutida como debiese en las arcas del Estado. El 1% de las rentas superiores de España pagan sólo el 20% de lo que pagan sus equivalentes en Suecia. De este modo, si España tuviera la misma política fiscal que Suecia, el Estado ingresaría 200.000 millones de euros más de los que ingresa[4]. La baja fiscalidad en España para las rentas altas ha limitado los ingresos y, por tanto el gasto público social. En el Estado español se gasta por habitante el 74% del promedio gastado en los países de la Europa de los 15.

A partir de los datos anteriores se comprende que la falacia de admitir la crisis actual -y la dificultad de salir de aquélla- como consecuencia de que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades no es más que pura propaganda para culpabilizar a los ciudadanos y al propio Estado del Bienestar de la situación actual. Una excusa diseñada para evitar a los políticos en el poder el trago de tener que enfrentarse a las grandes fortunas, la banca y las grandes empresas. Les es muchísimo más sencillo cebarse con el bienestar de una ciudadanía, aún en estado de shock, que en su deseo de salir de la crisis es capaz de aceptar casi cualquier cosa.

Las medidas planteadas para salir de la crisis por los gobiernos actuales no han sido más que la aplicación del dogma neoliberal. Una ciudadanía que se sienta culpable de la situación actual es mucho más manejable y totalmente acrítica ante argumentos que realmente sólo son excusas para justificar recortes de acuerdo a aquel dogma. Los mismos políticos que desde las administraciones nos acusan de haber vivido por encima de nuestras posibilidades olvidan el derroche de haber construido aeropuertos sin pasajeros o estaciones del AVE sin viajeros, además de ciertos privilegios exorbitados para algunos cargos públicos; los grandes empresarios y banqueros que repiten el mismo cántico olvidan que ellos mismos tributan al Estado muchísimo menos que sus homólogos en el resto de la Europa rica, además de haber utilizado dinero público -destinado a salvar sus empresas de la quiebra- para blindar sus cargos y asegurarse indemnizaciones o pensiones por cuantías escandalosas.


[1] El propio ex-presidente Zapatero llegó a reconocer durante el Debate sobre el estado de la Nación de junio de 2011 que la burbuja inmobiliaria se había ido de las manos a los gobiernos de la época. "Zapatero: 'Me arrepiento de no haber pinchado antes la burbuja inmobiliaria'", El Mundo. 28 de junio de 2011.
[2] Vicenç Navarro: "¿Estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades?", Sistema. 25 de junio de 2010.

martes, 3 de enero de 2012

Un propósito de año nuevo: ser dueños de nuestras propias vidas

Con la excusa de la crisis los ciudadanos vemos cada día empeorar nuestras condiciones mientras los poderosos son cada vez más ricos e influyentes. Como paso previo para cambiar esta injusta tendencia, cada trabajador, como individuo, ha de plantearse ser dueño de su propia vida, despertar la mentalidad crítica necesaria para ejercer una verdadera libertad de pensamiento.

La crisis llega a su quinto año. Aunque España se encuentra al borde de la recesión[1], se continuará insistiendo en las mismas recetas basadas en recortes sociales y laborales. Seguiremos siendo los trabajadores -e incluyo en ese término a pequeños empresarios y autónomos- quienes pagaremos cada intento de recuperación de la crisis.

Nos hemos acostumbrado a que las apariciones de nuestros políticos sean para anunciar recortes, los cuales asumimos como necesarios para salir de la crisis. Incluso se empieza a dar el caso de ministros que justifican sus agresivas medidas en que, en cualquier caso, “las hubieran impuesto otros”[2]. Declaraciones inquietantes, síntoma de una peligrosa delegación de soberanía en otros a quienes el pueblo español no ha elegido que ya tiene precedentes. No hace mucho el Banco Central Europeo forzó a los gobiernos español e italiano a cambiar sus constituciones para introducir en ellas un límite al déficit, además de dar prioridad sobre cualquier otro gasto al pago de la deuda pública. Días antes de las elecciones generales Mariano Rajoy contactaría con Angela Merkel para expresarle que  “a cambio de 100.000 millones de euros está dispuesto a hacer las medidas que sea necesario”[3]. 

La Unión Europea liderada por el tándem Merkel-Sarkozy demuestra estar al servicio del sector financiero y, muy especialmente, de la banca privada, de quienes se han convertido en portavoces. El neoliberalismo ha infectado a los gobiernos de la Zona Euro y están imponiendo su dogma económico a fuerza de crisis. No se permiten opiniones alternativas. Mientras este dogma siga indiscutible, nuestros derechos irán siendo recordados uno tras otro. Los argumentos de los economistas críticos apenas son divulgados por los medios de comunicación tradicionales, en una clara manipulación para que parezca que no hay alternativas. 

Pero sí hay alternativas, como argumentan expertos economistas de ambos lados del Atlántico. El problema está en el sistema financiero que con su comportamiento destructivo está condenando a Europa a una Gran Recesión[4]. La salida a la crisis no será posible mientras no se produzca un cambio de rumbo en las políticas económicas a escala europea.

Esto significa un desafío claro al neoliberalismo, que no es más que el último estadio en la evolución del capitalismo. A pesar de que en la actual sociedad de lo políticamente correcto el concepto de lucha de clases se haya convertido en tabú, la realidad nos demuestra que ahora es un concepto muy vigente y, posiblemente, se esté llevando con mayor virulencia que nunca. No en vano, los ricos son cada vez más ricos y poderosos; mientras los trabajadores son cada vez más pobres tanto en lo económico como en derechos[5]. La lucha de clases es consustancial al capitalismo. Warren Buffet, quien amasa una de las mayores fortunas del mundo expresó en un arranque de sinceridad que “Claro que hay lucha de clases, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando”[6]. No podemos dejar de darnos por aludidos ante el descaro de tal mensaje: es una guerra contra usted, contra mí, contra todos nosotros, la clase trabajadora.

Quizás sea el comienzo del año, sobre todo uno que promete tanta dureza para los trabajadores como el 2012, el momento para plantearse el propósito de responder, aunque sea inicialmente de modo individual, a la beligerancia del neoliberalismo en ciertas actitudes personales, pequeños granos de arena que sirvan al menos para alcanzar la satisfacción personal de no sentirse sumiso hacia un sistema donde la democracia hace aguas, mientras la banca privada acrecienta a diario su poder e influencia.

Los 6 puntos que aparecen a continuación son ejemplos de esos granitos de arena, en forma de rebeldía y libertad de pensamiento, que toda persona libre debería plantearse en aras de despertar su conciencia de clase[7]:
  • Practicar el pensamiento crítico y libre; contrastar todo lo posible entre ideas, entre opiniones e informaciones opuestas; leer la prensa oficial y la alternativa disponible en Internet; cuestionar todo y permitir ser siempre cuestionado; practicar el método científico en nuestras vidas cotidianas (el contraste entre las teorías y entre la teoría y la práctica).
  • Someterse lo menos posible en el trabajo, cumplir lo estrictamente necesario en nuestros puestos de trabajo, trabajar para vivir y no al revés, tener siempre muy presente que la empresa es nuestra enemiga, en cualquier momento puede despedirnos, sólo somos números para ella.
  • Aprovechar nuestro tiempo libre al máximo, ser libres en nuestro tiempo libre, librarnos de compromisos y disciplinas innecesarios. Luchar por la cantidad y la calidad del tiempo libre. Procurar disponer del máximo tiempo libre posible y procurar ser lo más libre posible durante el tiempo libre de que dispongamos. Procurar satisfacer también nuestras necesidades intelectuales todo lo posible. Además de cuidar nuestro cuerpo, debemos cultivar nuestra mente, lo que más nos diferencia del resto de animales. De esta manera nos desarrollamos más como seres humanos. Somos así menos ovejas.
  • Controlar los gastos en vez de obsesionarnos con aumentar constantemente los ingresos; consumir menos, lo realmente necesario, endeudarnos lo menos posible; aprovechar todas las ocasiones en que podamos hacer cosas interesantes sin gastarnos mucho dinero; disfrutar de las cosas sencillas de la vida, dar prioridad a las cosas verdaderamente importantes, disfrutar de la familia, de los amigos, de la naturaleza, de la cultura; aprovechar al máximo nuestras posibilidades, sin obsesionarnos tanto en aumentarlas a toda costa e incesantemente.
  • Usar el derecho al voto de forma inteligente y realista, ejercer un voto útil, considerando que el voto más útil es el que puede contribuir a cambiar las cosas en profundidad, no conformarse con parches. No perder de vista que otro sistema es necesario y posible. No conformarse con cambios de gobiernos, aspirar a cambiar el propio sistema. El voto más útil, el ejercicio del derecho al voto más útil, es el que contribuye a los cambios sistémicos. Debemos votar a los partidos que apuesten por cambios profundos, que defiendan el desarrollo de la democracia. O, si no los encontramos, debemos practicar la abstención, o el voto protesta como el voto nulo (pero no el voto en blanco si beneficia a los grandes partidos, como así ocurre actualmente en España), como forma de boicot a la oligocracia, para intentar forzar los acontecimientos, para cuestionar a la escasa y simbólica “democracia” actual.
  • Desconfiar siempre del poder y de quienes lo defienden acríticamente o sólo lo critican superficialmente. Desconfiar de quienes no critican al sistema, de quienes no profundizan. El sistema dista mucho de la perfección. Quien evita criticarlo profundamente, lo sustenta, es sospechoso de ser uno de sus lacayos.
El único modo de ser dueños de nuestras propias vidas pasa por la rebeldía a este sistema de banqueros y especuladores. Una rebeldía con causa que no conciba vivir con la cabeza agachada, a expensas de los caprichos de patronales sin conciencia. Somos el pueblo pacífico a quienes nos declararon una guerra que no buscábamos ni deseábamos, pero que sufrimos cada vez con más intensidad. El camino puede ser arduo, complicado, implica compromiso y valentía, exige pensar sin miedo, requiere humanidad. Porque vivir de rodillas es el primer síntoma de esclavitud, para uno mismo y nuestra descendencia, y quien acepta ser esclavo sin lucha reniega de su condición humana.


[1] "Crisis: año V", Público, 1 de enero de 2012.
[5] Vicenç Navarro, "Concentración de la riqueza", Público, 29 de diciembre 2011.
[6] "In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning", The New York Times, 26 de noviembre de 2006.
[7] Tomo estos puntos de un magnífico artículo que encontré en el Blog de José López: "Un grano de arena".