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miércoles, 9 de abril de 2014

El pueblo griego vuelve a las calles contra el austericidio

La imagen de la jornada

Fuente: HispanTV
Grecia se ha convertido en el paradigma del fracaso de la austeridad como forma de gobierno. Como si de un bucle que se repite una y otra vez, la troika exige al pueblo griego nuevos sacrificios en forma de recortes, privatizaciones; nuevas mutilaciones en derechos fundamentales que sólo terminarán cuando éstos se diluyan en el recuerdo de un pasado que sin duda fue mejor. Es el presente en Grecia, el futuro cercano en España, Portugal o Italia y, muy posiblemente, el destino de toda Europa. Es la consecuencia directa de una falsa democracia relegada a los mercados, a los grandes poderes financieros, económicos e industriales, esta forma de gobierno donde el interés de unos pocos prima sobre los derechos fundamentales de la mayoría. ¿Qué otra cosa queda al pueblo europeo que organizarse, salir a las calles, resistir? Grecia, para lo malo y lo bueno, sigue marcando el camino.

jueves, 4 de abril de 2013

Los sindicatos británicos plantean una huelga general

La imagen de la jornada

Fuente: BBC News
Lejanos quedan aquellos años de lucha obrera contra las políticas neoliberales de Margaret Thatcher, simbolizada por aquellos miles de mineros derrotados por la Guerra de las Malvinas que pasaron al olvido de una sociedad lobotomizada por el espejismo del consumo. Desde entonces, la clase trabajadora británica ha estado aletargada, sufriendo en silencio los efectos recortes, terceras vías y más recortes. Quizás se trate de una vana ilusión, pero el hecho de que los sindicatos británicos planteen una huelga general contra las políticas de austeridad suponga un primer paso a esa necesaria huelga general a escala europea, un desafío al capital que gobierna Europa, una primera toma de conciencia de que el elemento común que une a la mayor parte de europeos es su condición de trabajadores.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Hoy día de los inocentes: no te olvides de Alfon

Mensaje en apoyo de Alfon, convertido a la fuerza en icono de la lucha de clases. Con los mejores deseos para su familia y amigos.

Parece mentira que cosas como éstas puedan estar ocurriendo en pleno siglo XXI. ¿No nos habían contado que aquellas historias sobre detenciones arbitrarias, presos políticos y oscuras represalias habían quedado atrás después de aquella ejemplar transición?

El asunto de Alfon hace pensar que quizás todo ha sido un gran engaño, una descomunal obra teatral de la que todos fuimos partícipes al mirar hacia otro lado, olvidando que las conquistas sociales se llevan a cabo -y se defienden- activamente en las calles, mediante la movilización pacífica, y no pasivamente desde el sofá mientras creemos todo lo que la televisión nos quiere contar.

Hasta que fue demasiado tarde y bruscamente comprobamos que a los trabajadores no nos queda más que el recuerdo de un espejismo en que el nos creímos ricos. Pero a diferencia de aquéllos -quienes a pesar de la crisis siguen enriqueciéndose[1]- de repente nos vimos sin los derechos más esenciales, injustamente arrastrados a aquellas grises épocas pasadas.

Como era de esperar, muchas personas tímidamente comenzaron a tomar conciencia de la gravedad de la situación que se iba presentando. No dudaron en salir a las calles, en reclamar una justicia social que, lamentablemente, se desvanecía de la noche a la mañana. La reacción de los grandes poderes sería implacable, insinuando así su peor rostro. De repente nos encontramos ante un mundo al revés donde se criminaliza la protesta, se culpa de la crisis a sus víctimas, se tacha de irresponsable a quien hace huelga[2]. Se asientan, en definitiva, las bases para repetir las peligrosas decisiones políticas que se llevaron a cabo en los años 30 del siglo pasado.

Evocando las épocas de las santas cruzadas, nuestros gobernantes tenían que encontrar un enemigo turco cuya cabeza colocar sobre una lanza, bien elevada, a vista de todos. La idea era fomentar el miedo, poderoso aliado de quienes pueden y saben ejercerlo, miedo a protestar, miedo a movilizarse. En el fondo, cualquier persona que participase en algún piquete informativo aquel día de Huelga General, o que simplemente estuviese en alguna de las manifestaciones convocadas aquella jornada, tiene la sensación de que bien podría estar en el lugar de Alfon[3].

Sin quererlo, Alfon se ha convertido en un icono de la lucha de clases, en mártir de la sinrazón y el abuso de una oligarquía que no admite discusión alguna. Es por ello que, más que nunca, este inmenso sector de la sociedad vituperado por los recortes ha de exigir la liberación sin cargos de Alfon[4] y el firme compromiso por parte de las autoridades de no volver a consentir montajes[5] contra quienes tan sólo defienden derechos fundamentales.


[1] "Los ricos son un 8,4% más ricos, pero el Gobierno prefiere los recortes a gravar a las grandes fortunas". El Plural, 23 de diciembre de 2012.
[2] "González dice que Madrid perdió un 0,5 por ciento de riqueza por abuso de huelgas y manifestaciones". El Diario, 27 de diciembre de 2012.
[3] ""El régimen penitenciario de 'Alfon' implica una tortura psicológica"". Público, 27 de diciembre de 2012.
[4] "Concentraciones de apoyo a Alfon en 30 ciudades". Diagonal Periódico, 28 de diciembre de 2012.
[5] "¡Alfon Libertad! Stop montajes policiales". Público, 21 de diciembre de 2012.

jueves, 15 de noviembre de 2012

El día después de la huelga general

Más allá de cualquier baile de cifras, la importancia de la huelga general de 14 de noviembre estriba en que ha sido la primera huelga de la historia que ha implicado a los trabajadores de varios estados de Europa que además, en el caso de España, ha sido organizada por los sindicatos de clase en conjunción con los movimientos sociales.

El día después de la huelga general tendría que ser el momento para la recapitulación de lo sucedido, una jornada para la reflexión de toda la sociedad. No se trata de buscar ganadores o perdedores, porque cuando llegan a darse las condiciones para que se convoque una huelga general es que la sociedad en su conjunto lleva perdido demasiado, más de lo que está dispuesta a aguantar. Las huelgas se convocan porque las cosas no funcionan. A pesar de la ceguera imperante en algunas capas de la sociedad, negar el drama de la miseria, el desempleo o los suicidios rozaría el cinismo.

De ninguna manera puede aceptarse que la reciente huelga general haya sido un fracaso, como algunos medios pretenden vender a la opinión pública. No se puede considerar un fracaso cuando, a pesar del miedo latente a las represalias patronales, muchísimos trabajadores han secundado la convocatoria. Es justo admitir que en estos momentos el derecho a huelga está, más que nunca, amenazado a convertirse en papel mojado en un entorno laboral donde muchos jefes y mandos intermedios, ya sea por cuestiones de filosofía empresarial o por una lamentable ambición personal de colocarse medallas frente a sus patronos, presionan a sus trabajadores para que renuncien a un derecho fundamental.

Lecturas positivas de esta jornada de huelga hay muchas; lo primero de todo, su motivación y origen. Es la primera huelga general de la historia en la que han participado trabajadores de varios estados europeos. Al contrario de lo que insisten algunos medios, no se ha tratado de una huelga de unos pocos izquierdistas contra la voluntad de un gobierno, el español, legitimado -sin discusión- por una mayoría absoluta. Se trata de un acto de protesta llevado a cabo por parte de cientos de miles de trabajadores de las zonas más castigadas de Europa[1] por la crisis, por los recortes, por la especial interpretación de la austeridad que hacen unos gobernantes lacayos del gran capital europeo. No hay que mirar tan sólo las incontables manifestaciones organizadas a lo largo de la geografía española o el resto de los países donde se convocó huelga, sino las que se produjeron en la Europa rica por parte de trabajadores solidarizados con sus compañeros del Sur. Porque ellos saben que, tarde o temprano, si no se hace nada al respecto también les llegará su turno

Por supuesto, de momento, el Gobierno poco o nada cambiará sus políticas de recortes tras la huelga[2]. No lo hará simplemente porque no gobierna, tan sólo obedece órdenes, porque el poder real ya no es del pueblo, ni siquiera de los políticos en el poder, sino de la deuda, o -mejor dicho- de los acreedores. Sin embargo, es erróneo aceptar que esta huelga no valdrá para nada. En el pasado han servido y, en estos momentos, aunque sea un proceso lento, también pueden haber cambios. Lo que jamás provocará cambios -al menos a mejor- es el inmovilismo, el conformismo, el borreguismo. La historia demuestra que el detalle más insignificante de protesta puede provocar avances. Recordemos, si no, la anécdota de los carritos de los supermercados y cómo, poco después, el Gobierno dio marcha atrás en su decisión de retirar la ayuda de los cuatrocientos euros[3].

Por eso la importancia de que esta huelga haya traspasado fronteras, que haya sido organizada no sólo por los sindicatos mayoritarios, sino por la mayoría de los sindicatos de clase de todo el Estado y, sobre todo, los movimientos sociales. A pesar de las manipulaciones de los medios, no se ha tratado de una huelga más sino de la más clara demostración de descontento por parte de una ciudadanía que empieza a creer en sí misma[4].

Sirva, a pequeña escala, la experiencia personal de quien escribe estas líneas, sorprendido por haber encontrado a personas manifestándose que jamás anteriormente se habían preocupado de estos temas. Porque esta crisis desgraciadamente ha hecho bajar de la nube, de forma traumática, a mucha gente. Ya no vale con sentirse parte de una clase media que, para mucho o para poco, tenía unos mínimos asegurados. La población es cada vez más consciente de que sólo hay dos clases: los de arriba, que lo tienen casi todo, y los de abajo, que apenas disfrutamos de nada. Y no puede olvidar que, quien toma conciencia de que no tiene nada que perder, rápidamente deja a un lado cualquier miedo.

Decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se transforma en verdad. Es el único sentido que tiene repetir hasta la saciedad que las huelgas no sirven para nada. Sin embargo, detrás de aquella insistencia sólo se esconde el interés de un Gobierno cómplice de las grandes oligarquías financieras y empresariales que desea que las huelgas no tengan efecto. Sólo así puede entenderse que éste afronte la huelga general como un problema de orden público, que en vez de negociación ofrezca violencia de Estado gratuita contra manifestantes pacíficos, a quienes hiere y detiene[5] sin más sentido que el de fomentar un miedo irracional.

Quizás pronto regresen aquellos tiempos en los que quien decida ir a trabajar un día de huelga -sin presión de sus jefes-, tenga que inventarse de nuevo excusas creíbles; que se le caiga la cara de vergüenza por reconocer su insolidaridad; o, mejor aún, quien ayer presumía de ejercer su derecho a trabajar recuerde que esta huelga general se hizo por reclamar ese mismo derecho para los millones de ciudadanos europeos que se ven privados de un empleo digno, y sea consecuente.


[1] http://www.20minutos.es/noticia/1646885/0/huelga/europa/manifestaciones/
[2] http://www.eleconomista.es/publicidad/acierto/economia/noticias/4400675/11/12/el-gobierno-dice-que-mantendra-sus-politicas-tras-la-huelga-general-del-14n.html
[3] http://www.publico.es/espana/440996/rajoy-cede-a-las-presiones-y-prorroga-el-subsidio-de-400-euros
[4] http://www.eldiario.es/miradaalmundo/Wall-Street-Journal-Espana-importante_6_69353067.html
[5] http://www.que.es/ultimas-noticias/espana/201211141639-huelga-general-detenidos-cargas-policiales-cont.html

martes, 13 de noviembre de 2012

El Gobierno en un universo paralelo (donde la imagen de España lo es todo)

Se ha convertido en costumbre que los anuncios de grandes huelgas y movilizaciones en el Estado español sean criticados por el Gobierno con el argumento de que perjudican a la imagen de España. Al respecto, los medios internacionales hacen eco de los problemas que realmente afectan a aquella imagen son los relacionados con la ineficiencia de una casta gobernante instalada en la mediocridad y el clientelismo, cuyas consecuencias termina sufriendo la ciudadanía.

En la ciencia ficción es común describir los universos paralelos como lugares similares al nuestro pero con acontecimientos históricos diferentes a los que aquí hayan tenido lugar. La mayor parte de los autores de aquel género suelen imaginarse mundos en positivo, donde las miserias de la humanidad jamás han tenido lugar. Así, la correspondiente literatura cuenta historias de idílicos mundos a salvo de los horrores de la guerra y el hambre, quizás un planeta Tierra que jamás sufrió los espantos de Hiroshima y Nagasaki. En ese mismo contexto, de existir algún universo paralelo en el que haya una España a punto de salir de la crisis con paso firme, y todo lo que ello conllevaría, éste podría situarse en la Moncloa y la mayor parte de los Ministerios.

Y es que, mientras la Comisión Europea pronostica las peores previsiones económicas para España en los años venideros[1], la ministra Báñez insiste en ver "señales esperanzadoras" que marcan el fin de la crisis[2]. El problema de todo esto es que la ministra se basa en meras especulaciones, en palabrería cuyo argumento más sólido es el "capote" echado -según ella- por la Virgen del Rocío, "una aliada privilegiada"[3]. Quizás aún no se haya enterado la ministra, y el resto del Gobierno por extensión, que la fe, a pesar de ser algo respetable e indiscutible, no es válida para gobernar un país. Es justo recordar que el deseo de encontrar una salida a esta crisis que condena a familias a la pobreza es compartido por la mayor parte de los españoles, independientemente de sus creencias religiosas.

Frente a la esperanza del cambio se encuentra el pragmatismo de la realidad que, como todo el mundo sabe, es tozuda. De aplicar baños de realidad se encargan los poderes económicos más allá de las fronteras nacionales cuyos voceros, como el caso del The Wall Street Journal, no tienen inconveniente en afirmar que España puede ser rescatada pero no salvada[4], refiriéndose expresamente a la ineficiencia del partido gobernante. Nótese que se trata de un artículo escrito desde la Meca del neoliberalismo -nada sospechoso de antisistema- donde se denuncia la cantidad de contradicciones y despropósitos del actual Gobierno, citando ejemplos muy ilustrativos.

El descrédito a nivel internacional del Gobierno de España parece ser mayor del que se sospecha dentro de sus fronteras. Es realmente grave que la prensa extranjera se refiera abiertamente a la lacra del enchufismo y el clientelismo como frenos del desarrollo económico y social del Estado, llegando a calificar a la mayoría de los políticos españoles que han pasado por el poder como "mediocres". Es necesario insistir que estas críticas surgen de los grandes medios de prensa afín al establishment internacional, los mismos que aplauden la reducción del déficit -a cualquier costa-, los recortes o salvajes reformas laborales. Ahora bien, a pesar de la ausencia de reparos por parte de aquellos medios en señalar abiertamente la mediocridad del actual Gobierno de España, parece ser que éste no se da por enterado.

Para el presidente Rajoy parece que todo se reduce a una cuestión de imagen. Se insiste en entes incomprensibles como "la marca España" en un país en el que se multiplica el número de suicidios a causa de la crisis, en el que la preocupación sobre el "qué dirán" roza el ridículo cuando España desgraciadamente toca fondo en demasiadas cuestiones. La obsesión por lo estético se convierte en un sinsentido que sólo puede corresponder a quienes navegan sin brújula, sin norte, que parecen anhelar el "España va bien" aznariano a base de insistir en una imagen, una sombra del pasado, un Gobierno que tan sólo sabe hablar de  la "herencia recibida".

Pero, ¿acaso no se encuentra bastante deteriorada ya la imagen de España? Con la convocatoria de la huelga general de noviembre de 2012 se volvió a repetir el ya tradicional ritual, por parte de Gobierno y sus aliados naturales, de encomendarse a la imagen de España para mostrar su rechazo[5][6][7]. Parece ser que aún no se han enterado de que las movilizaciones son consecuencia, y no causa, de la depauperada imagen de aquello llamado España, que poco sentido tiene cuando sus ciudadanos no cuentan para nada.

Y ése es el principal problema, mientras la opinión pública internacional comienza a empatizar con la ciudadanía, el Gobierno se enroca en su postura de darle la espalda. Prueba de ello es que cuando en el extranjero las acciones simbólicas de apropiación de alimentos de primera necesidad fueron vistas como actos de un Robin Hood moderno[8], los ministros de Justicia e Interior españoles unían fuerzas para perseguir a Sánchez Gordillo[9]. Eso sí, presuntos ladrones de guante blanco campan a sus anchas, creando en la población la sensación de que existe una justicia para los ricos y otra para los pobres.

La imagen de la España del pelotazo, la de los desahucios, la del récord de desempleo, la de la violencia de Estado contra quienes se manifiestan exigiendo más democracia es la realmente significativa. De poco vale ganar mundiales y eurocopas, o pedirle al Papa que rece por España[10] cuando el Jefe de Estado alcanza la fama mundial gracias a su afición a la caza de elefantes. ¿De verdad se preocupan por la imagen de España? Que expliquen entonces cómo es posible que España aún tenga tantos fallecidos anónimos enterrados en cunetas mientras partidos golpistas siguen legalizados, así como toda la simbología de un pasado afín al nazismo y al fascismo.

Les preocupa el impacto en la imagen de España de una huelga general, pero no son lo bastante honestos para reconocer que el pueblo se moviliza a causa de los recortes que crean precariedad, de la reforma laboral que fomenta el desempleo y obliga a tantos jóvenes a emigrar. ¿Qué imagen acaso da un ministro que ve con buenos ojos la fuga de cerebros del país?[11].

Si se trata de imagen parece que nadie allende las fronteras está dispuesto a dar un céntimo por la España actual. Una España necesitada de una urgente regeneración de todas sus estructuras de poder, necesariamente de cara al pueblo, tal que se gobierne para el interés de la mayoría, no de los llamados mercados. Es cuestión de algo más que imagen. Se trata de democracia.


[1] http://maspublico.com/2012/11/07/bruselas-confirma-el-peor-escenario-para-espana-mas-recortes-y-mas-paro/
[2] http://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/29/economia/1351524336.html
[3] http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/banez-invoca-virgen-para-salir-crisis/1430276/
[4] http://online.wsj.com/article/SB10001424052970204840504578086224291581676.html?mod=googlenews_wsj
[5] http://www.20minutos.es/noticia/1622293/0/rajoy/huelga-general/imagen-espana/
[6] http://www.elmundo.es/elmundo/2012/11/12/espana/1352740335.html
[7] http://www.publico.es/445292/wert-califica-de-incomprensible-la-huelga-general
[8] http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/spain/9467635/Spanish-mayor-hailed-as-modern-day-Robin-Hood.html
[9] http://www.europapress.es/nacional/noticia-ministro-interior-ordena-arresto-sanchez-gordillo-20120808135722.html
[10] http://www.publico.es/espana/444291/el-ministro-del-interior-pide-al-papa-que-rece-por-espana
[11] http://www.publico.es/espana/444186/el-gobierno-avala-la-teoria-de-wert-la-fuga-de-cerebros-no-es-negativa

jueves, 8 de noviembre de 2012

Jefes intimidatorios frente a la huelga

Según se acerca el día de la próxima huelga general, muchos jefes cumplen con su papel de piquete empresarial, advirtiendo a sus subalternos de la conveniencia de acudir ese día a trabajar: un hecho lamentable que vulnera a todas luces un derecho fundamental de todo trabajador.

Me acaba de llamar un buen amigo pidiéndome consejo. Él trabaja en una consultora de informática, de aquéllas coloquialmente conocidas como "cárnicas". Como muchos lectores podrán confirmar por propia experiencia, hay detalles que habitualmente se repiten en este tipo de empresas como, entre otros, jornadas de trabajo prolongadas en varias horas nunca remuneradas, imposición de un concepto de identidad con la empresa cercano al fanatismo, eternas promesas incumplidas de promociones y ascensos, o estructuras jerárquicas desquiciantes donde, como se suele decir, hay más jefes que indios.

Mi amigo en cuestión fue citado por su jefe, el típico mando intermedio que parece vivir bajo la ilusión de que algún día heredará la empresa. La conversación, en privado, sin testigos, estuvo centrada en la próxima huelga general:
- ¿Vas a hacer huelga el próximo miércoles? - Preguntó el jefe, sin rodeos.
- No lo tengo aún pensado. Es algo personal que decidiré en su momento. - Respuesta lógica, y con más razón que un santo: es una decisión personal y, habría que añadir, libre.
- A mí que gustaría que vinieses a trabajar ese día. - Insistió el jefe, como no dando otra opción.
- Como acabo de decir, es una decisión personal que tomaré en el momento adecuado. - No hay otra respuesta posible por parte de un empleado que tenga un poco de dignidad.
- Deberías saber que eres de los pocos empleados de esta empresa que se sumaron a la anterior huelga general y las cosas no están como para que uno se vuelva a señalar. - Lástima que mi amigo no hubiera grabado esta parte de la conversación con su jefe.
Se me ocurren demasiadas palabras para describir esta situación que, de seguro, se estará repitiendo durante estos días en todo el territorio español. Sin embargo, más que una palabra, lo primero que se me viene a la cabeza es aquello de "si quieres conocer a un españolito, dale un carguito". ¿Dónde queda el respeto a los derechos fundamentales por parte de aquel asalariado, nombrado enésimo jefecillo en la empresa de turno, hacia sus subalternos también asalariados? Posiblemente, en los magníficos cursos de coaching, liderazgo y demás buenrrollismos que habrá recibido, olvidaron recordarle el detalle de que la huelga es un derecho legal en España.

¿Qué consejo puedo dar a un amigo víctima de tal deplorable acción coercitiva por parte de un mindundi que ni siquiera se preocupa por conocer los derechos de los trabajadores que tiene a su cargo? Confieso que, desde el propio y más profundo sentido de la justicia, mi primera reacción es la de recomendar a mi amigo que sea fiel a sus principios, que no claudique, que si es lo que realmente considera justo, que secunde la huelga. Sin embargo, hay que reconocer que tampoco es justo influir en nadie para que ponga en peligro su carrera profesional en la empresa donde actualmente se desempeña.

La cuestión es demasiado complicada como para responderla a la ligera. Incluso por muy cordial que pudiera ser aquel jefe en la reunión descrita, no se nos puede olvidar que su intención era la de intimidar, la de transmitir una incómoda advertencia que, como es natural, busca crear la intranquilidad en el empleado, crearle un sentido de la culpabilidad por pretender ejercer un derecho. No en vano, el contexto social, económico y laboral que nos toca vivir es realmente grave como para pensarse, ante tales presiones, lo de la huelga. Todo un abuso de poder, un ejercicio de intimidación realizado por alguien que instrumentaliza una legítima herramienta de protesta como trampolín para conseguir sus propios objetivos personales.

Quizás podría aconsejar a mi amigo que dialogase con su jefe, que le explicase razonadamente su motivación para segundar la huelga, que no se trata de algo contra la empresa, sino contra las políticas del Gobierno que, por cierto, también afectan al resto de la plantilla -jefes incluidos-. Llegado a ese punto, podría añadir que la empresa tampoco se vería perjudicada en lo económico, pues ese día no sería incluido en nómina. Más aún, mi amigo es consciente de que en pocos días recuperaría en horas extras el tiempo no trabajado el día de huelga, y, como es tradicional en las "cárnicas", ¡gratis para la empresa! Sin embargo no, definitivamente no serviría para nada razonar con el jefe, porque la directriz que probablemente le habrán dado es la de obligar a sus subalternos acudir ese día al centro de trabajo.

Situaciones como ésta no dejan de ser baños de realidad que demuestran, una vez más, el déficit democrático que adolece el Estado español, donde empresas indican a sus capataces que limiten un derecho a sus empleados. Todo a base de coerción, de fomentar el miedo. Arengas del tipo "vosotros, los empleados, sois el capital más importante de nuestra empresa" se convierten en humo desde el momento en que alguno de ellos decide hacer efectivo un derecho fundamental. Sin duda quieren plantillas de gente asustada, manejable. "No seas problemático, no te señales si no quieres complicarte la vida", es el mensaje de fondo. Llegados a este punto, sólo puedo pensar que la aspiración de este tipo de empresas es la conversión de su plantilla en rebaño.

Desgraciadamente, la mayor parte de los compañeros y compañeras de aquellos que estén en la misma situación que mi amigo prefieren mirar hacia otro lado y obedecer, no señalarse. Excusas hay para ello y, si no, se las inventan y se las creen mediante acto de fe. Que si las huelgas no valen para nada, que si los sindicatos son lo peor del mundo, que si... Y es que, quienes consienten ser tratados como ovejas, tarde o temprano acaban siendo conducidos al matadero, destino que aceptarán sin rechistar. Este matadero es el de los recortes de derechos sociales, de servicios públicos, el del retraso de la edad de jubilación, el de las reducciones de sueldos.

¿Qué le vamos a hacer? Es la frase favorita, con tono de resignación, de quienes aceptaron ya hace mucho un gris destino. Parecen olvidar que nosotros -ellos incluidos- somos más, tenemos la fuerza y la legitimidad que nos da nuestra condición de pueblo. Pero un pueblo mudo, sin voz, no puede ejercer soberanía alguna.  Ésta sólo podrá llegar el día en el que una mayoría de los trabajadores y trabajadoras recuerden aquello de que la unión hace la fuerza y recuperen esa conciencia de clase perdida que les lleve a secundar sin miedos las huelgas que sean necesarias. No olvidemos nunca que las conquistas sociales, las mismas que ahora permitimos que nos quiten, se consiguieron en las calles, peleándolas, no agachando la cabeza. Al respecto, me consta que al menos mi amigo lo tiene bien claro.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Un solo motivo para unirse a la huelga general

Se suele decir que los derechos que no se usan se acaban perdiendo. Las reticencias de algunos trabajadores a secundar la huelga general del 14 de noviembre supone la renuncia a utilizar la principal herramienta de negociación de la clase trabajadora, un derecho dispuesto a ser cercenado por la patronal y los dirigentes políticos más conservadores.

Los trabajadores del Estado español vuelven a enfrentarse a la disyuntiva de secundar, o no, una convocatoria de huelga general. La decisión para muchos no es sencilla. Un significativa parte de la población es cada vez más consciente de que la interminable cadena de recortes y agresiones a los trabajadores no pueden llevar a nada bueno. Por el contrario, el espejo de Grecia se vuelve cada vez más diáfano, mostrando un panorama de precariedad generalizada en la que muchos españoles comienzan a ver reflejado su futuro inmediato, cuando no su presente.

No obstante, es razonable que cualquier asalariado siga planteándose en dilema de qué hacer el día 14 de noviembre. El hecho de ir a trabajar ese día no significa en absoluto estar de acuerdo con la desastrosa política de austeridad y recortes. Sin embargo, muchos trabajadores tienen miedo a "señalarse", a convertirse en candidatos a perder su puesto de trabajo, como ocasionalmente "advierten" sin tapujos algunos jefes prevaricadores; otros han caído presas del desánimo y piensan que de poco vale un huelga cuando el Gobierno va a continuar haciendo lo que le dé la gana. El depauperado estado de las economías familiares simplemente imposibilita a muchos trabajadores tan siquiera plantearse perder un día de su jornal, mientras otros saben que esas horas no trabajadas luego las tendrán que recuperar echando horas extras que jamás serán remuneradas.

La realidad es que todos los argumentos antes descritos, que bien podrían ser utilizados por trabajadores con plena conciencia de clase para justificar su no adhesión a la jornada de huelga, son también síntomas de un grave problema que adolece el panorama laboral en España: la casi total desprotección del asalariado, consecuencia de una sucesión de reformas laborales que tan sólo han servido para inclinar la balanza del pacto social hacia los intereses de la patronal. Es justo achacar parte de culpa de esta situación de desprotección a las fuerzas sindicales mayoritarias, las cuáles se han ajustado a su papel de apaciguar a los movimientos obreros a base de pactar unas mínimas condiciones con la patronal que garantizaban cierta paz social. El Estado del Bienestar supuso el desclasamiento de gran parte de la población, una pérdida de conciencia de clase que, con los años, se demostraría fatal, resultante en una paradójica división entre los propios trabajadores, llevando a algunos a identificar a todo el movimiento sindical como el principal enemigo. La consecuente pérdida de cualquier capacidad combativa por parte de los trabajadores supuso el debilitamiento de los propios sindicatos, cuya capacidad de negociar se había rebajado ostensiblemente. A esto habría que sumar la interesada amplificación de los defectos de los sindicatos mayoritarios por parte de los grandes medios de comunicación.

El resultado de lo anteriormente descrito es una situación en la que el movimiento sindical, en su totalidad, se encuentra desacreditado para una gran parte de la opinión pública, por lo que su apoyo se vuelve cada vez más tibio. Tibieza que, por otra parte, sólo sirve para reducir aún más la capacidad de los sindicatos a defender sus posiciones. Así, los sindicatos mayoritarios venden como triunfos alcanzar pactos que suponen, en la práctica, retrocesos en los derechos de los trabajadores[1]. En este mundo al revés, surgen advenedizos grupos sindicales que parecen estar más en sintonía con los intereses patronales que con los de sus propios afiliados, que incluso se niegan a secundar una huelga como la del 14 de noviembre, la primera de la historia en agrupar a trabajadores de varios estados europeos.

Valga el breve análisis anterior para recalcar la debilidad de la clase trabajadora en España, subsidiaria del coste de los desmanes del gran capital que ha provocado la actual crisis y sus miserias. Una clase trabajadora que necesita con urgencia recuperar la conciencia de clase que otrora tuvo si no quiere perder todas y cada una de sus conquistas sociales. Los tecnócratas de la troika ya proponen abiertamente reducir el sueldo mínimo, aumentar la jornada laboral[2] o retrasar -de nuevo- la edad de jubilación, mientras que la patronal española clama contra el derecho a la huelga[3] y el Partido Popular juega a su ya clásico juego de insinuar para luego negar lo insinuado, en este caso en lo referido a sus intenciones de limitar el mencionado derecho[4][5][6].

Decía Carl Sagan que "los derechos y las libertades, o se usan o se pierden"[7]. En esa tesitura se encuentra ahora el derecho a la huelga. No se puede olvidar que, gracias a las huelgas, la clase trabajadora consiguió que a partir de un primero de mayo de 1886 se estableciese la jornada de ocho horas que 126 años después vuelve a peligrar. Por eso, el principal motivo para hacer huelga el día 14 de noviembre es la defensa del propio derecho a la huelga, herramienta última de negociación de los trabajadores, su derecho a dejar de vender por un día su fuerza de trabajo para renegociar su valor.


[1] "Patronal y sindicatos se felicitan por el acuerdo para la moderación salarial". El Mundo, 25 de enero de 2012.
[2] "Rebajar el salario mínimo o ampliar la jornada laboral, las medidas propuestas por la troika". Cadena SER, 14 de octubre de 2012.
[3] "La patronal pide restringir el derecho de huelga". Público, 16 de febrero de 2012.
[4] http://www.publico.es/dinero/422720/el-gobierno-esta-dispuesto-a-revisar-el-derecho-de-huelga
[5] http://www.ppasambleamadrid.es/henriquez-de-luna-a-favor-de-regular-el-derecho-a-huelga/
[6] http://www.antena3.com/noticias/espana/maria-dolores-cospedal-reforma-derecho-huelga-prioridad-gobierno_2012022000022.html
[7] Carl Sagan (1995): El mundo y sus demonios. Barcelona, Planeta, capítulo 25.

domingo, 18 de marzo de 2012

Algunas excusas para no secundar la huelga general (excusas, sólo excusas)

El inmovilismo tiene a su disposición miles de excusas. En nombre del "derecho a trabajar" miles de trabajadores darán la espalda al resto de sus compañeros de clase al no secundar una huelga que surge como respuesta a una reforma laboral realmente lesiva a los intereses de todos los asalariados. Ahora, más que nunca, la unidad entre los trabajadores es muy necesaria. Esta huelga es una herramienta para demostrar unidad, de ahí que estas actitudes de oposición a la huelga sean aplaudidas desde los grandes poderes.

Tal como era de esperar, el anuncio de huelga general en el Estado español ha conllevado una importante polarización de posturas y opiniones al respecto. Habida cuenta de que la huelga general se convoca a consecuencia de la más regresiva reforma laboral aprobada en tiempos de democracia, igualmente lesiva para asalariados y desempleados, la respuesta de la ciudadanía tendría que ser unánime a favor de esta huelga. Por desgracia, nuestra sociedad se encuentra tan confundida por la contrainformación proporcionada por la mayoría de los medios de comunicación; tan desorientada por la actitud de Gobierno y agentes sociales; y, sobre todo, tan atenazada por el miedo a un presente incierto y a un futuro gris; que hay muchos que se refugian bajo cualquier pretexto para eludir su responsabilidad de hacer uso del derecho a huelga, instrumento imprescindible en una época como la actual para frenar la sangría de recortes y agresiones sociales que la clase trabajadora lleva sufriendo en los últimos tiempos.

En la calle, en los foros, en las redes sociales, durante estos días podemos oír y leer las opiniones de personas contrarias a la huelga, en su mayoría trabajadores -ya sean en activo o desempleados-, quienes por cuenta propia han decidido tomar cierta actitud activista en la divulgación de excusas en las que basar su decisión de acudir a trabajar el próximo 29 de marzo. Como excusas que son, todas están basadas en falacias fácilmente desmontables pero bien vistas -y sostenidas- desde los medios de comunicación más conservadores.

"No voy a la huelga porque la convocan los sindicatos"

Se trata de la excusa "estrella" en muchos foros y a pie de calle. La enorme campaña de descrédito desatada contra los sindicatos mayoritarios -UGT y CCOO- a través de muchos medios de comunicación ha terminado cumpliendo su objetivo. Ciertamente, por demérito propio, los sindicatos mayoritarios no han sabido estar a la altura de las circunstancias, ejemplificadas en su aceptación apenas sin lucha de anteriores reformas laborales. A pesar de las horas bajas por las que pasan los sindicatos mayoritarios, hay que ser conscientes de que sus bases están fundamentalmente compuestas por gente luchadora y con capacidad de movilización, que creen y se aplican en la lucha obrera. En cualquier caso, todos los sindicatos de clase del Estado español apoyan la huelga del 29 de marzo -a diferencia de algunos denominados "sindicatos independientes", que no la secundarán-, lo que implica que los motivos que llevan a esta jornada de huelga general va mucho más allá de los intereses particulares de UGT o CCOO.

En todo caso, hemos de recordar siempre que las huelgas las convocan los sindicatos pero las secundan los trabajadores. El sindicato es necesario al ser la herramienta fundamental para la organización de la clase trabajadora; su desaparición supondría la vuelta a la época de la gleba, donde cada trabajador negocia sus condiciones de trabajo con el empleador de turno en relación de inferioridad al no haber unos mínimos a partir de los que comenzar las negociaciones. Esta última reforma laboral ataca directamente a los convenios colectivos, por lo que la indefensión del trabajador es ahora más real que nunca.

Así, quien afirme no ir a la huelga porque ésta la convocan los sindicatos, simplemente habla desde el desconocimiento. Podrá esgrimir que los sindicatos no han hecho nada por su persona en particular, ignorando que cada conquista social de la que actualmente disfruta -quizás no por mucho tiempo- proviene de la lucha sindical. El problema no es ya la percepción de que los sindicatos actualmente no nos den nada, sino la fortaleza de los lobbies empresariales en disposición de quitarnos lo poco que tenemos. Y lo harán sin dudarlo si no ponemos todos y todas de nuestra parte.

"No voy a la huelga para defender los intereses de aquel sindicalista que lleva un Rolex"

Esta excusa no es más que la particularización de la expuesta en el párrafo anterior en la persona de un dirigente sindical en concreto, carnaza de los tiburones mediáticos para desacreditar a las fuerzas sindicales. Resulta cuando menos paradójico, y posiblemente mezquino, que aquellos que se autoproclaman abanderados de la libertad individual señalen a alguien en particular, por muy sindicalista que sea, por utilizar un reloj de lujo -máxime cuando luego se demostrase que el supuesto Rolex era un reloj similar de otra marca[1]-. La preocupación de los trabajadores ha de ser la eficiencia con la que los sindicalistas defienden nuestro intereses de clase y no los supuestos lujos alrededor de su vida privada. Cualquier otro asunto implica entrar en el juego de cadenas de televisión y prensa que toman el papel de voceros de quienes les financian, grandes empresarios que sí que disfrutan de todo tipo de lujos a costa de nuestro trabajo.

"No voy a la huelga porque aún es demasiado pronto"

Esta excusa se basa en la esperanza de que la crisis se solucione por sí misma. De nuevo, se trata de una opinión mediatizada por las continuas informaciones de los medios de comunicación, que nos explican que esta crisis terminará cuando se hayan realizado los ajustes necesarios. La realidad es que nos encontramos en un serio proceso de desmontaje del mediocre Estado del Bienestar que hemos podido disfrutar en España. Las políticas ofrecidas por el actual Gobierno, con la aquiescencia de Angela Merkel, se basan en el control del déficit público a base de ajustes, eufemismo éste para referirse a recortes en gastos sociales y derechos laborales. El propio FMI ha llegado a advertir del peligro de tales políticas de ajustes, que pueden agravar la recesión de las economías más débiles, como es el caso de la economía española[2].

El primer paso necesario para reactivar la economía española pasa por la aplicación de políticas expansivas, esto es la realización de inversiones públicas para crear empleo y asegurar el nivel de vida de la población. Las políticas actuales van en el sentido contrario; así que a más tiempo dejemos pasar sin protestar contra tanto recorte, peor serán sus consecuencias sobre nuestros estándares de vida.

"No voy a la huelga porque tengo la esperanza de que esta reforma laboral sirva para crear empleo"

La nueva reforma laboral se justificó ante la necesidad de eliminar las supuestas rigideces del mercado laboral, identificadas como causas del desempleo. La realidad es que no existe correlación entre la creación de empleo y la rigidez del mercado laboral. Entendamos en primer lugar que se identifica rigidez con dificultad para despedir o, lo que es lo mismo, los costes para el empresario para destruir empleos. Además, parece ser que sólo se puede hablar de creación de empleo, pero no de la calidad de aquél. Como ya se argumentó en puntos anteriores, sin la existencia de los puntos de partida para la negociación, las condiciones de los nuevos contratos -y posiblemente los ya existentes- estarán condenadas a mínimos.

Además de la dudosa capacidad de esta reforma laboral para crear nuevos empleos de calidad, hay que señalar que ésta constituye, en palabras de Jueces por la Democracia, "uno de los mayores ataques al derecho del trabajo y a las instituciones laborales y que materializa una reforma ofensiva, regresiva, reaccionaria y profundamente injusta"[3], que además "limita las facultades del juzgador para valorar la finalidad y/o razonabilidad de la extinción del contrato por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, reduciendo el margen de tutela judicial ante el despido y desincentiva el ejercicio por el trabajador de reclamaciones judiciales". Es decir, la nueva reforma laboral coloca en una posición de ventaja al empresario respecto al trabajador a todas luces injusta, que condena a este último a una evidente situación de debilidad y consecuente precariedad.

El empleo no se crea a base de recortar derechos a los trabajadores; se crea a partir de la voluntad política de fomentar la creación de puestos de trabajo a partir de una seria apuesta por el desarrollo del sector público[4], consecuencia de políticas económicas expansivas: justamente lo opuesto a las actuales políticas del Gobierno.


[4] Vicenç Navarro: "¿Por qué España tiene un desempleo tan elevado?". El Plural, 12 de marzo de 2012.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Demagogia en torno a la Huelga General

Tal como vaticinó Rajoy, la reciente reforma laboral ha conllevado la convocatoria de una huelga general. Tras su anuncio, la maquinaria mediática al servicio de los grandes poderes ha comenzado su trabajo de desinformar y confundir a los trabajadores para minimizar el número de adhesiones a la huelga.

Desde el anuncio de la huelga general, convocada para el 29 de marzo de 2012, hemos podido ver multitud de voces en contra. Por una parte, la mayoría de los gobernantes claman que esta huelga tan sólo traerá perjuicios para la ya maltrecha economía nacional[1]; por otra, las confederaciones de empresarios victimizan a las propias empresas de las previsibles pérdidas a consecuencia de un día de huelga[2]. Como es de esperar, la escalada de calificativos alrededor de la convocatoria de huelga crece por días, pudiéndose destacar perlas como las lanzadas por Esperanza Aguirre que la califica de "escándalo" y "falta de patriotismo"[3].


A las élites empresariales del Estado español no les ha gustado en absoluto que los trabajadores decidan organizar una huelga general como respuesta a la reforma laboral más dura jamás impuesta en el Estado español. Los gobernantes, convertidos en fieles capataces, no durarán hasta el último momento en utilizar sus privilegiados púlpitos para desalentar a los trabajadores a secundar una huelga a todas luces necesaria. Por descontado, Gobierno y Patronal tendrán a su disposición el eco del poder mediático en todo su esplendor, habida cuenta que detrás de los medios de comunicación tradicionales se encuentran grandes emporios empresariales que también han salido beneficiados por la reciente reforma laboral.

Muchos días han pasado desde aquel posiblemente intencionado despiste de Mariano Rajoy en el que confesase a micrófono abierto a sus homólogos de Holanda y Finlandia que la reforma laboral que estaba por llegar le iba a costar una huelga general[4]. De hecho, para el día de la huelga habrá pasado un año desde que se filtró a la prensa el siguiente comentario de Rajoy -quien ya entonces se veía presidente- a sus allegados sobre las políticas que pensaba tomar una vez en el Gobierno: "si en los seis primeros meses no me montan tres huelgas generales, no lo estaré haciendo bien"[5]. Las varias referencias a posibles huelgas por parte del ahora Presidente a lo largo del tiempo parecen, en primer lugar, un juego de tanteo para comprobar los ánimos entre los ciudadanos, quienes en gran parte parecían haber asumido a pies juntillas la necesidad de aceptar recortes, ajustes y reformas laborales. No puede ignorarse, entre aquellos gestos del Presidente Rajoy, ciertos guiños hacia la troika comunitaria. De hecho, más importante que la medición de los ánimos de los trabajadores es el mensaje a Merkel -y a la banca privada alemana- de su disposición a reducir a mínimos los derechos de la clase trabajadora española, cueste lo que cueste, en una demostración de "autoritarismo machista"[6].

En todo caso, ningún gobierno puede permitirse una legislatura a la sombra del descontento popular y las consecuentes movilizaciones. Por ello, el Gobierno de Rajoy ha aplicado su usual política de tantear la situación en todos los frentes que ha podido. De este modo, fue muy significativa la reacción de la población de todo el Estado ante los recientes sucesos de Valencia, donde una desproporcionada e ilógica sucesión de intervenciones de los cuerpos antidisturbios contra chicos de instituto despertaron la indignación de un importante sector de la ciudadanía, que tomó las calles de las grandes ciudades en señal de protesta. La temperatura a pie de calle ha resultado ser más elevada de lo que Rajoy previó el día del micrófono abierto, la ciudadanía menos dormida y la clase trabajadora esté quizás aún lejos de tirar la toalla.

La carta que queda al Gobierno es la división, un juego en el que cuenta con el inestimable apoyo de los medios, convertidos más que nunca en caverna mediática, que se han acomodado a la perfección a los quehaceres del Presidente. Rara vez veremos informaciones, análisis, declaraciones u opiniones acerca de la próxima huelga general que hagan referencia a su causa principal, la injusta reforma laboral aprobada por el partido gobernante. Hemos leído y continuaremos leyendo mensajes catastrofistas sobre el impacto económico de la huelga, acusaciones de antipatriotismo, llamadas al desánimo a unirse a una huelga que no servirá para nada o que ha sido convocada demasiado tarde. Sin embargo, los mensajes más insidiosos irán a fomentar la división entre los trabajadores.

Una vez más se intentará hacer uso los desempleados, utilizados una vez más como "ejército de reserva" y fuerza de confrontación hacia los trabajadores que decidan hacer efectivo su derecho a la huelga. Cuando la ministra Báñez afirma que ninguna huelga general crea empleo[7], probablemente va en ese sentido. Ya la anterior huelga contó con la oposición de algunos colectivos de desempleados, contaminados por la propaganda creada con tal propósito[8]. Por supuesto, se insistirá en la necesidad de respetar el derecho individual a elegir trabajar el 29, obviando que -esquiroles o no- esta reforma laboral afecta a todos por igual y, sobre todo, la cantidad de pequeñas empresas a cuyos trabajadores les es imposible en la práctica ejercer su derecho a la huelga, sabedores que una actitud de rebeldía pondría en peligro su continuidad en el puesto. Asimismo, se demonizará a los piquetes informativos, se ensuciarán los trapos necesarios para destacar los pecados de los sindicalistas, mezclando injustamente a los vividores -que los hay- con aquellos que hacen de la lucha sindical su causa de vida. Se publicarán noticias con encuestas confusas cuyos resultados indicarán  previsiones de poco seguimiento[9].

Confusión, desinformación, demagogia, llamadas a la desunión y al desánimo. Es lo que nos espera durante los días previos a la huelga general, la huelga más importante y decisiva que haya sido jamás convocada en el Estado español. Recordemos que ninguna huelga cae en saco roto, siempre tendrá alguna repercusión, pues implica un serio pulso a los gobernantes por parte de la ciudadanía y, ante todo, una inequívoca demostración de unidad. Los trabajadores griegos han salido a la calle en múltiples ocasiones desde que la crisis se convirtió en la excusa para robarles sus derechos. Ciertamente, en Grecia la clase trabajadora lo está pasando muy mal pero, ¿acaso no estarían aún mucho peor si hubieran aceptado cada una de las imposiciones de sus gobernantes, fruto de las exigencias de la voracidad de la gran oligarquía europea? La movilización es el único modo que queda al ciudadano para demostrar su disconformidad con el rumbo que está tomando su situación en el mundo del trabajo y sus derechos en general. La unión hace la fuerza, cosa que hay que demostrar ahora más que nunca. Ya habrá tiempo de señalar a aquellos sindicalistas que en muchos momentos nos han fallado, ahora es el momento de recordar y comprender que las huelgas las convocan los sindicatos pero las lideran los ciudadanos. Los derechos que no se ejercen terminan perdiéndose, de ahí el interés de los grandes poderes de que desistamos secundar la próxima huelga general.


[1] Por ejemplo, véanse "Bauzá: ´Una huelga general no ayudará a reactivar la economía´". Diario de Mallorca, 1 de marzo de 2012; o "Artur Mas advierte que la huelga general perjudica a la economía y que ´no llevará a ningún sitio´". Diario Crítico, 10 de marzo de 2012.
[2] "Huelga general. CEOE denuncia que es una ´huelga política que van a pagar las empresas´". El Economista, 12 de marzo de 2012.
[3] "Esperanza Aguirre: ´El 29-M me parece un escándalo, es una falta de patriotismo´". ABC, 13 de marzo de 2012.
[4] "Rajoy, 'pillado': ´La reforma laboral me va a costar una huelga´". Público, 30 de enero de 2012.
[5] "Rajoy dará sorpresas en su Gobierno: muy corto, con ministros de fuera del PP. ´Si en los seis primeros meses no me montan tres huelgas generales, no lo estaré haciendo bien´". El Confidencial, 21 de marzo de 2011.
[6] Término que expresa perfectamente el prepotente comportamiento del Gobierno acuñado por Vicenç Navarro. Ver "La importancia de movilizarse en contra de las medidas neoliberales". Sistema, 17 de febrero de 2012.
[7] "Báñez recuerda que ninguna huelga general crea empleo". ABC, 13 de marzo de 2012.
[8] Véase, por ejemplo, esta nota de prensa de una asociación de parados, emitida el 10 de septiembre de 2010, ante el lema "¿yo a qué voy?".
[9] Por ejemplo, "´No a la Huelga General´, Trending Topic en España". Libertad Digital, 9 de marzo de 2012.