sábado, 19 de noviembre de 2011

En el día de reflexión

Reproduzco a continuación este artículo firmado por Julio Anguita, Miguel Candel, Salvador López Arnal, Manuel Monereo, Ramón Pérez Almodávar, Miguel Riera, Antonio Santamaría, Jorge Verstrynge, cuya difusión considero fundamental entre todos aquellos ciudadanos con espíritu crítico, preocupados por el presente y el gris futuro que se nos avecina:
Tanto las sociedades como las personas evolucionan, mezclando continuidad, cambio y ruptura. Hay momentos y momentos. Hoy toca la ruptura. Si bien puede parecer que las personas no hacen la historia y que la dirigen quienes tienen el poder, esto es una verdad a medias. Cuando los trabajadores, los pueblos, las mujeres y los hombres comunes y corrientes se organizan, se dotan de un proyecto y se movilizan, ellos y ellas marcan la historia. En este contexto, eso es más necesario que nunca pues vivimos una etapa sustancialmente nueva y, sobre todo, peor. Si no tomamos nota de esto, no tendremos fuerza para resistir y mucho menos para pasar a la ofensiva. 
Desde hace tres años, vivimos un estado de excepción decretado por el capital financiero internacional y que tiene a la Unión Europea como instrumento dedicado a desposeer a la ciudadanía de sus derechos políticos, sociales y sindicales, y como herramienta para forzar la renuncia a la soberanía popular en cada uno de los Estados. Es el llamado Consenso de Viena, la versión europea del Consenso de Washington, aplicado en el territorio europeo y en sus Tratados de Libre Comercio con terceros países.

Este estado de excepción tiene dos características: el predominio de los poderes reales, de hecho, y la suspensión del Derecho.

En nuestro país, este Estado de Excepción está significando el desmontaje sistemático de los nodos democrático-sociales de la Constitución de 1978 y el tránsito hacia un nuevo régimen que podemos muy bien denominar demediada democracia oligárquica. Es decir, un sistema dirigido y organizado por el capital y puesto a su servicio. Es eso que en las calles se dice: la dictadura de los mercados, del 1%.

Creemos que estas elecciones, lo decimos en el día de reflexión, serán fundacionales. Gane el PP (lo más probable) o gane el PSOE, lo que sería un milagro, la clase política reinante en nuestro país va a transitar hacia un nuevo régimen político. Estas elecciones legitimarán esa operación. Nadie se ha atrevido a decir esto, pero es lo que realmente está en juego en estas elecciones. Por eso es absurdo, a nuestro entender, hacer discursos y realizar propuestas como si nuestro país viviese una situación normal y como si el orden constitucional fuese el mismo de la etapa anterior.

Estamos ante una reforma constitucional al margen de la voluntad popular y de unas formas mínimamente democráticas, dirigida por el capital financiera, por la Banca, de ahí que hablemos de una democracia oligárquica. El primer paso fue el desmantelamiento de los derechos laborales en junio 2010, en pleno mundial de fútbol; el segundo se concretó en La Moncloa, en la reunión de los 35 empresarios más poderosos con Zapatero. Lo siguiente fue declarar el estado de excepción para tomar el control de AENA, operación sustentada en demonizar a sus trabajadores para encubrir la privatización de la empresa a un precio más barato: ninguna empresa asumiría los altos costos laborales de los trabajadores de AENA.

Zapatero siguió con sus medidas neoliberales por orden de Merkel y Sarkozy, mientras Goldman Sachs, que realizó las auditorías de las cuentas griegas (y que entonces sí cumplían con los requisitos para entrar en el euro), ahora controla el Banco Central Europeo.

Ha caído Grecia, está cayendo Italia y Dolores de Cospedal reconoce a pocos días de las elecciones que Rajoy no ha dicho lo que de verdad va a hacer: seguir apretándonos el cinturón porque ellos llevan tirantes. El PP empieza como acabó en 2004: mintiendo.

Lo que viene, ya lo sabemos: lo que en América Latina se denominó un ajuste estructural permanente o la larga y triste noche neoliberal: usar el chantaje de la deuda soberana para subordinar los Estados y a sus ciudadanos a los intereses del capital financiero; limitar sustancialmente los derechos sociales y sindicales y liquidar lo que queda de movimiento obrero organizado. Como enseña Esperanza Aguirre en Madrid, el neoliberalismo tiene voluntad “contrarrevolucionaria”. Esto implica crear un tipo de sociedad y de Estado que haga irreversible el capitalismo realmente existente y la estructura de poder que lo mantiene.

Por eso, creemos que hoy tenemos que reflexionar para pasar a la acción y nada será igual como antes: ni el discurso, ni los mensajes, ni los símbolos. Nuestra propuesta no es nueva, sino forma parte de un sentido común que empieza a ser en nuestro país una aspiración de muchos y que solo las viejas inercias y prácticas, viejos hábitos, no dejan alumbrar lo nuevo. No dan cabida a la creatividad que viene de abajo.

Lo que proponemos es el M3R: organizar una amplia convergencia política y social para construir el Movimiento para la Tercera República (M3R).

En él, nadie tiene que renunciar a su propia identidad ni a anteriores pertenencias. Se trata de confluir en la acción y en el proyecto para generar una nueva identidad plural en torno a la ruptura democrática-republicana; es decir, aspiramos abiertamente a conseguir la Tercera República en el Estado español, para unir pueblos e identidades que recojan los intereses y las aspiraciones de las mayorías sociales, sin nostalgias de la primera o de la segunda. Soberanía popular y poder constituyente para dar vida un nuevo Régimen republicano-federal fundado en la democracia económica, social y cultural, con el objetivo constitucional de construir una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales emancipada del mal social de la explotación ,la discriminación y el dominio. En resumen, forjar entre todas y todos un nuevo consenso mayoritario para lograr la ruptura con un período histórico caduco, que no termina de morir y que nos bloquea el presente y amenaza nuestro futuro.


[*] Artículo reproducido mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Quien avisa no es traidor

Este artículo plantea, a aquellos ciudadanos que deseen ejercer su derecho al voto, la necesidad de ejercerlo de modo responsable a partir de la lectura pausada, crítica y comparada de los distintos programas electorales, evitando así el voto de castigo como opción, pues puede servir para apoyar medidas aún no explicadas, pero muy lesivas para los intereses de los ciudadanos.

A pocos días de las Elecciones Generales en España, una de las personas de confianza del máximo candidato a ganar los comicios realiza unas interesantes declaraciones que para nadie deberían de pasar desapercibidas:
"Algunos, los que no se han quejado nunca hasta ahora, van a protestar mucho cuando el Gobierno diga todo lo que hay que hacer para sacar el país adelante"[1].
Debido a la inminencia de las elecciones y los pronósticos dados por las encuestas, esta afirmación merece una seria reflexión. En primer lugar, expresa claramente el convencimiento, por parte de quienes aspiran a gobernarnos, de que las medidas tomadas durante su posible legislatura va a provocar serias reacciones por parte de un importante sector de la población. En segundo lugar, deja claro que el fin de "sacar el país adelante" justifica, para aquel partido político, los medios necesarios para ello.


De cumplirse los resultados previstos por las encuestas, se puede afirmar que se aproximan épocas convulsas para la sociedad. En ese sentido, es llamativo el hecho de que la declaración se refiera expresamente a aquellos ciudadanos que "no se han quejado nunca hasta ahora". Teniéndose en cuenta el cambio de actitud de la sociedad española desde la primavera de este año, que ha pasado del adormecimiento a la movilización, al inicio de un despertar del espíritu crítico, a la reclamación de derechos que la ciudadanía ve peligrar, que en una fecha clave como el 15 de octubre consiguió movilizar a cientos de miles de personas, parece que el candidato a presidir el Gobierno tiene muy claro que su agenda política va a generar un enorme malestar entre la mayor parte de los ciudadanos.

Según se desprende de aquellas declaraciones, para el partido candidato a tomar las riendas del gobierno, el fin justifica los medios. Ahora bien, el programa electoral de este partido no explica cuáles son aquellas medidas que, presumiblemente, provocarán protestas entre la ciudadanía. Esta falta de concreción en su programa ha sido también objeto de críticas internas por parte de Enrique Bellido, Presidente Provincial del partido en Córdoba, quien sensatamente expresa que no cree "debemos hacer la mayoría de los españoles un acto de fe, entregando un cheque en blanco sin haber fijado antes la cantidad que nos costará que nos gestionen lo que es propio y de todos"[2].

La mencionada ausencia de concreción en cuanto a programa de gobierno tampoco crea confianza fuera de nuestras fronteras, donde periódicos de corte conservador como The Wall Street JournalTimes afirman, respectivamente, que "es improbable que las elecciones curen los males de España" o  "los mercados están castigando ya esta falta definición"[3].

En realidad, a pesar del ambiguo e impreciso programa electoral que presenta este partido, bien podemos hacernos ciertas ideas de algunas medidas que plantea. Por ejemplo, el epígrafe 1.4 de su programa "Empleo seguro y flexible para todos" lleva al asalariado a preguntarse si esa flexibilidad es un guiño a los empresarios a la hora de facilitar las condiciones del despido, algo tradicionalmente reclamado por aquéllos. No obstante, son las declaraciones de algunos miembros del partido lo que dejan entrever las verdaderas intenciones de un gobierno que, al igual que el actual, estará plegado a los intereses de la Banca nacional y europea, lo que implica que sus políticas serán una continuación de recortes y privatizaciones. Un ejemplo claro se puede ver en los recientes recortes en educación y sanidad acometidos en las comunidades autónomas gobernadas por este partido[4].

Con las elecciones tan cercanas, es momento de plantearse la motivación del voto. Muchos ciudadanos que desean ejercer ese derecho, justifican su decisión de votar a este partido más por rechazo a Rodríguez Zapatero que por confianza al candidato conservador. Es decir, se trata de un voto de castigo, pero no olvidemos que también de un cheque en blanco que puede permitir un gobierno de mayoría absoluta y justificar así lo que para muchos sería una cuasi-dictadura de cuatro años de duración[5].

Aquellos que aún siguen pensando en el voto de castigo para echar al actual gobierno del poder, quizás tendrían que plantearse seriamente las consecuencias de un gobierno en las condiciones que vaticinan las encuestas. El amplio rechazo al gobierno saliente por gran parte de la población es debido, principalmente, a las políticas de recortes y austeridad, basadas en la aplicación de las doctrinas neoliberales dictadas desde Europa. ¿Acaso no es "austeridad" la palabra que más se repite en los discursos y mítines de los candidatos del Partido Popular? Una austeridad hacia la ciudadanía combinada con un rechazo de plano a subir las rentas a quienes más tienen. Así nunca se ha salido de las crisis sino que, muy al contrario, éstas se han agravado aumentando la brecha entre trabajadores y ricos. Se trata también de la trampa del bipartidismo, dejar de votar a un partido mayoritario para votar al otro, cuando ambos se nutren de la misma falaz doctrina económica.

"Quien avisa no es traidor" es el mensaje que pretende lanzarnos la Secretaria General del Partido Popular. Se trata de una velada advertencia, una declaración de intenciones de lo que su partido, en caso de gobernar, llevaría a cabo. En caso de que así fuera, cuando la ciudadanía en su conjunto saliera a las calles, el partido en el gobierno respondería al unísono que, frente a los cientos de miles de manifestantes en contra de sus políticas de austeridad, el gobierno tiene el respaldo de otros tantos ciudadanos que les confiaron su voto y, efectivamente, fueron avisados de lo que se avecinaba.

Como juiciosamente dice Enrique Bellido: "la democracia es corresponsabilidad y no puede marginarse al pueblo en la toma de decisiones por el mecanismo de pedirle el voto sin darle a conocer las medidas que, una vez cerradas las urnas, se adoptarán". Es decisión de cada ciudadano decidir si ejerce su derecho al voto y, en caso de llevarlo a cabo, realizarlo tras un responsable ejercicio de crítica ante las opciones que se le presenta. No se trata de votar para castigar a quienes lo hicieron mal o de apostar a ganador, se trata de apostar por el futuro que queremos como ciudadanos. Hay alternativas.



[1] "Cospedal vaticina protestas 'cuando Rajoy diga lo que hay que hacer'". Público, 15/11/2011.
[2] "Acto de fe". Montilla Digital, 16/11/2011.
[3] "'The Times' acusa a Rajoy de asustar a los mercados con su indefinición". Público, 16/11/2011.
[4] "Indignados por los recortes en sanidad y educación". Público, 18/09/2011.
[5] "Con mayoría absoluta, el PP aplicaría un programa extremista de derechas". El País, 17/11/2011.

martes, 15 de noviembre de 2011

Diccionario de la Crisis: tecnócrata

tecnócrata.
1. com. Primer ministro de país de la Europa Periférica que alcanza su cargo con la aquiescencia del Banco Central Europeo sin necesidad de pasar por un proceso electoral. Es sucesor de un primer ministro que dimite de su cargo como consecuencia de desacuerdos con los gobernantes de los países de la Europa más rica. Ha trabajado anteriormente para alguna gran multinacional del sector financiero, lo que genera una inicial y esporádica confianza de los llamados mercados.
2. com. Consejero, asesor o miembro de equipo de gobierno cuyo primer ministro, elegido democráticamente, designa con la intención de complacer al Banco Central Europeo. Ha trabajado o guarda relación estrecha con alguna de las multinacionales del sector financiero.